No puedo evitar recordar la anécdota del mural en la sede de «Facebook» cuando pienso en las colaboraciones comerciales de David Choe.
Ése es, sin duda, el caso más famoso: Choe pintó varias piezas murales para las oficinas de «Facebook» y aceptó parte de su pago en acciones, una decisión que luego le redituó muchísimo. Más allá de eso, ha hecho encargos similares para empresas tecnológicas y oficinas creativas, donde su lenguaje visual urbano y crudo encaja como experiencia de marca.
También ha trabajado con medios y productoras: produjo contenidos y colaboró con plataformas como «VICE» en formatos de video y series cortas, y ha realizado encargos editoriales para revistas y publicaciones que buscaban un trazo auténtico y provocador. En resumen, su trabajo comercial va desde murales corporativos y campañas visuales hasta comisiones editoriales y proyectos en formato audiovisual; siempre con ese sello visceral que lo identifica.
Siempre me ha divertido cómo el trazo de Choe aparece donde menos lo esperas: desde paredes enormes hasta camisetas y cápsulas limitadas.
Además del célebre trabajo con «Facebook», David Choe ha colaborado con medios culturales en video y editorial, ha aceptado comisiones comerciales para espacios físicos (restaurantes, oficinas, tiendas) y ha participado en proyectos de producto y merchandising con marcas que buscan esa estética cruda. Su presencia en campañas o proyectos editoriales suele venir acompañada de piezas gráficas, estampados o prints exclusivos.
Al final lo que más me queda es que su arte, incluso cuando es comercial, mantiene esa energía impredecible que atrapa; por eso tantas marcas han querido trabajar con él.
No recuerdo otra historia en el arte urbano moderno que haga tan evidente la tensión entre autenticidad y comercio como la carrera de David Choe.
Sus colaboraciones comerciales abarcan varios formatos: murales por encargo en espacios corporativos y culturales; trabajos editoriales e ilustraciones para revistas; series o piezas audiovisuales con medios alternativos; y proyectos de merchandising/ediciones limitadas para marcas que buscan capitalizar su estética singular. Las marcas lo buscan por esa mezcla de provocación y habilidad técnica, pero Choe suele conservar control creativo, lo que hace que sus colaboraciones no suenen a simples anuncios.
También he visto que artistas como él aceptan comisiones para restaurantes, bares y tiendas, poniendo su firma en experiencias físicas que atraen público —y eso transforma el encargo comercial en pieza pública. Mi sensación es que Choe ha sabido navegar entre encargo y expresión sin perder demasiado su voz.
Me resulta curioso pensar en David Choe desde el punto de vista práctico y empresarial: su trabajo con «Facebook» es casi material de caso de estudio.
Ese mural en las oficinas y la compensación en acciones se convirtieron en un ejemplo de cómo una colaboración artística puede tener un impacto económico enorme. Fuera de eso, ha realizado colaboraciones visuales con marcas que buscaban autenticidad para sus campañas, además de ediciones limitadas de prints y productos. También ha hecho trabajos para medios que producen contenido cultural y series documentales, aportando su imagen y narrativa.
Lo que saco en claro es que su nombre añade valor de marca, y que sus colaboraciones suelen ser inversiones de visibilidad tanto para él como para las empresas involucradas.
Me flipa cómo su estilo callejero se volvió moneda de cambio en el mundo comercial; recuerdo la historia de «Facebook» y sus acciones como ejemplo perfecto.
Además de murales para oficinas y proyectos corporativos, David Choe ha hecho colaboraciones con marcas de moda y cultura callejera, produciendo serigrafías, estampados y ediciones limitadas para ropa o productos. También ha sido contratado para portadas, ilustraciones editoriales y campañas visuales donde se le pide aportar no solo una imagen sino una narrativa transgresora.
En el terreno audiovisual trabajó con plataformas que mezclan periodismo y cultura pop (como «VICE») en piezas que explotaban su carisma y punto de vista. Para mí, lo interesante es cómo transforma encargos comerciales en piezas que aún conservan su voz personal.
2026-07-22 03:18:48
3
Leer todas las respuestas
Escanea el código para descargar la App
Related Books
Lo Ayudé a Triunfar y Lo Dejé
Thomasa Campos
0
1.3K
Empecé a salir con el desgraciado de Iker Díaz, y todos creían que lo amaba más que a mi propia vida.
Cuando se metía en peleas y faltaba a clases, yo le pasaba mis apuntes.
Cuando coqueteaba con otras, yo le cubría las espaldas.
Me pasé tres años arrastrándome por él. Me desviví ayudándolo hasta que consiguió entrar a una universidad de élite, pero justo antes de que comenzaran las clases, me dejó.
Del otro lado de la línea, con la arrogancia de siempre, soltó:
—Sé que llevas años enamorada de mí, pero no haces más que estudiar. Al lado de Alicia, eres demasiado aburrida. Mejor dejémoslo aquí. Quiero estar con ella.
Todos esperaban que me derrumbara.
Miré el saldo de mi cuenta bancaria, donde acababan de depositarme cinco millones de dólares, y respondí con toda sinceridad:
—Está bien. Felicidades.
Nadie más sabía que había aceptado aquel trato sin poner una sola objeción solo porque su madre me había ofrecido demasiado dinero.
Ahora que el dinero ya estaba en mi cuenta, aunque él no me hubiera dejado, yo habría terminado con él de todos modos.
Un matrimonio comprado. Un deseo incontrolable. Un imperio en juego.
Lorenzo Moretti no seduce.
Él domina.
Un CEO multimillonario temido en toda Europa, Lorenzo gobierna Milán como un rey moderno: frío, despiadado, intocable. Hasta que el testamento de su abuelo lo atrapa con una única y humillante condición: para conservar el imperio, debe tomar una esposa.
Sin amor. Sin romance. Solo estrategia.
Sofia Duarte está rota. El estudio de su familia se ahoga en deudas, su padre está destruido y el legado que juró proteger está a punto de ser borrado. Cuando Lorenzo le ofrece un trato obsceno —matrimonio a cambio de salvación—, ella odia cada palabra… y acepta.
Un contrato.
Doce meses.
Una casa.
Una cama.
Una imagen perfecta.
Lo que Lorenzo compra es una esposa.
Lo que obtiene es una mujer que se niega a inclinarse.
Entre discusiones explosivas, proximidad forzada y juegos de poder que se convierten en seducción, el odio comienza a arder. Las miradas duran demasiado. Los roces cruzan líneas prohibidas. La respiración cambia.
Y cuando la tensión finalmente se rompe, no es suave.
Es fuego.
Porque Lorenzo no sabe amar, sabe poseer.
Y Sofia no sabe obedecer, ella desafía, provoca y lo enciende.
Mientras los enemigos se acercan al imperio y la prensa busca grietas en su perfecta mentira, el contrato se convierte en una jaula dorada donde el deseo se transforma en arma, debilidad y adicción.
Él la compró para salvar su trono.
Ella se casó con él para salvar a su familia.
Ninguno de los dos estaba preparado para lo que sucede cuando el CEO más peligroso de Milán pierde el control…
en la cama, en el poder y en su corazón.
Lujo. Dominación. Proximidad forzada.
Matrimonio por contrato.
CEO obsesivo.
Heroína fuerte.
Tensión sexual que se convierte en incendio.
Despedido. Traicionado. Olvidado.
Después de perderlo todo a manos del despiadado CEO Dylan Loperse, Vanel Lensy regresa disfrazado de sirviente para destruirlo desde dentro. Pero la venganza se complica cuando Dylan se enamora del mismo hombre al que está persiguiendo... y Vanel también empieza a enamorarse de él.
ADVERTENCIA: CONTENIDO PARA ADULTOS
Jack Grant es un CEO multimillonario egocéntrico que no puede controlar sus impulsos. Cree que puede comprar a cualquier mujer con la cantidad correcta de dinero y las trata como basura.
Cindy Banks es una joven sexy y hermosa con un profundo rechazo hacia los hombres arrogantes e infieles. Tiene un solo objetivo: darle a su hermanito una mejor oportunidad en la vida.
Cindy se cruza con Jack en su búsqueda de un buen empleo y, de repente, él la quiere a sus pies, suplicando por más. Sin embargo, ella lo pone en su lugar y le lanza el trabajo en la cara.
Jack está molesto por el rechazo de Cindy, pero ella también logra despertar su interés. La ve como un desafío y se lo propone conquistarla con la intención de humillarla cuando finalmente logre estar entre sus piernas.
Lo que Jack no esperaba, sin embargo, era enamorarse perdidamente de su secretaria, pero ¿acaso es demasiado tarde para él?
¿Hasta dónde llegaría para demostrarle a Cindy que lo que siente por ella es verdad?
"—No creo que te des cuenta, pero no soy ese tipo de chica. Se creía mi dueño, pero de ninguna manera iba a dejar que me viera quebrarme.—Te compré... ¿recuerdas? —respondió, con una mueca en la comisura de los labios.—No, tú compraste mi virginidad. La risa estalló cuando su siniestra mirada recorrió mi cuerpo. —¿No es lo mismo?***Lyla, una estudiante universitaria, cae en apuros económicos al volver a estudiar. En un arrebato de desesperación -y borrachera- se inscribe en un sitio de Sugar babies con la esperanza de vender su virginidad al mejor postor. El único problema es que cuando Lyla vuelve en sí, se da cuenta de que no sólo se vendió a un hombre cualquiera, sino al Príncipe de Dubai. Un príncipe con secretos y sed de cosas oscuras y peligrosas. ¿Será capaz de resistirse a sus oscuras insinuaciones? ""Vendida al príncipe de Dubai"" es una obra de Scarlett Rossi, autora de eGlobal Creative Publishing."
Mientras estaba en la escuela, Hillary Futon fue retada por sus amigas a besar a su enamorado de la infancia, Nathan Trent. Él es el chico más lindo de la escuela y se rumorea que es el único heredero del grupo de empresas Trent.Ella se mantuvo alejada de ello porque todos saben cuánto odia Nathan estar con una mujer. Pero en el día de su graduación, decide aceptar el desafío y hacerlo solo por diversión.Nunca supo que su vida cambiaría después de ese beso...Nathan Trent es el único hijo de Simon Trent y heredero del imperio Trent. Es tan guapo y de carácter frío, sin embargo, cada chica desea ser su novia, pero él no puede acercarse a ninguna mujer porque se irrita con su presencia.Su posición como heredero es disputada por los ancianos de la casa Trent, ya que nunca se le ha visto con una mujer, por lo que todos asumen que es gay y los ancianos nunca aprobarían que un hombre gay dirija los negocios familiares.Nathan nunca sale con nadie y nunca se compromete con una mujer, pero cuando recibió un beso de Hillary, supo que la quería solo para él.
Me resulta imposible olvidar cómo estalló el tema de David Choe en redes y medios hace unos años: empezó siendo la historia de un artista que pintó murales para una startup y terminó convirtiéndose en conversación sobre poder, conducta sexual y cultura del arte.
En los hechos concretos, hay dos grandes ejes de polémica. Primero, su vínculo con Facebook: Choe pintó murales para la compañía y, según su versión, aceptó acciones en vez de dinero; cuando esas acciones subieron, la historia generó debate sobre cómo se valora el trabajo artístico frente al capital tecnológico. Segundo, mucho más grave, son las acusaciones de conducta sexual inapropiada y agresión que varias mujeres hicieron públicas en redes sociales alrededor de 2019. Esas denuncias incluyeron relatos de relaciones que ellas describen como no consensuadas y comportamientos que muchos consideraron violentos.
Él llegó a hablar públicamente y a disculparse en distintas ocasiones, y parte de la discusión ha sido cómo balancear la obra con las acciones del autor y qué significa responsabilizar sin necesariamente contar con procesos judiciales visibles. Personalmente, me dejó un sabor agridulce: admiro la valentía creativa en su trabajo, pero las historias personales que salieron a la luz hacen que ver sus piezas ya no sea lo mismo para mí.
Me encanta ver cómo algunos actores se mueven entre géneros con naturalidad, y John Cho es un ejemplo clarísimo de eso. En el cine comercial lo recuerdo mucho por su papel de Harold Lee en la trilogía «Harold & Kumar» («Harold & Kumar Go to White Castle», «Harold & Kumar Escape from Guantanamo Bay» y «A Very Harold & Kumar 3D Christmas»), donde encarna al tipo serio y con buen corazón que se mete en situaciones absurdas junto a Kumar. Es un papel cómico, físico y con timing perfecto, y aprovechó eso para convertirse en rostro reconocible del cine cómico americano.
También dio el salto a superproducciones cuando interpretó a Hikaru Sulu en las películas de «Star Trek» dirigidas por J. J. Abrams; ahí lo ves en un registro más heroico y de acción, formando parte de una franquicia enorme. Y más recientemente, en un giro sorprendente, sostuvo el peso dramático de «Searching», donde interpreta a David Kim, un padre desesperado que busca a su hija a través de la huella digital de la tecnología. Ese papel lo colocó como protagonista serio capaz de llevar una película entera sobre sus hombros.
Me gusta cómo Cho no se queda encasillado: uno lo puede reconocer por la comedia, pero también lo respeta por su trabajo dramático. Para mí, esa versatilidad es lo que lo hace interesante: puede hacerte reír, emocionarte y hasta ponerte en tensión dependiendo del proyecto.
Me encanta rastrear dónde aparecen artistas internacionales, así que te cuento lo que sé y cómo yo lo buscaría si quisiera una obra de David Choe en España.
No tengo constancia de una representación fija de Choe por parte de una galería española importante; su trabajo suele moverse por galerías internacionales y el mercado secundario. Dicho esto, yo personalmente vigilaría galerías españolas que programan artistas urbanos y contemporáneos internacionales, como Marlborough (que tiene sede en Madrid y suele traer nombres foráneos), Senda o ADN Galería en Barcelona, y Max Estrella o Ivorypress en Madrid. Estas no siempre venden obra de Choe, pero sí participan en intercambios y ferias donde podrían aparecer piezas.
Además, revisaría subastas y ferias: ARCO Madrid es un sitio clave donde a veces aparecen piezas de artistas globales en galerías expositivas o en stands de galerías internacionales invitadas; y casas de subastas como Ansorena o filiales regionales de Christie’s y Sotheby’s pueden listar lotes suyos. En mi experiencia, la combinación de chequear galerías, ferias y subastas es la vía más práctica para encontrarlas aquí.