ログインDurante el mayor evento de ofertas del año, la asistente “inocente” de mi prometido vendió un diamante de un quilate por un solo centavo. En apenas veinte minutos, la empresa perdió doscientos millones. Yo temblaba de la rabia, pero Alejandro me sostuvo entre sus brazos para calmarme: —No te preocupes, déjamelo a mí. Esa misma noche, Luciana publicó en redes una transferencia de más de un millón, la cual venía acompañada con un mensaje apenas perceptible, ’para toda la vida’. Junto a la foto ella escribió: [Hoy cometí un gran error, pero mi jefe me consoló. Incluso me pidió que no discutiera con esa bruja loca, y que me portara bien.] Yo no me contuve y le comenté la publicación: [Qué bonito, que les dure para siempre.] Luciana borró la publicación al instante. Minutos después, Alejandro irrumpió en la habitación y me dio una bofetada. —¿Qué intentas al darle “me gusta” a la publicación de Lucy? ¡Ahora se siente tan mal que incluso quiere suicidarse! Solo se perdieron doscientos millones, ¿de verdad tenías que empujarla hasta ese punto? Hablaba con total seguridad, como si tuviera toda la razón. Sin embargo, más tarde cuando ni siquiera podía pagar veinte pesos para comer, ¿por qué terminó llorando?
もっと見るCuando Sebastián me contó con lujo de detalles la pelea de perros que hubo en la habitación del hospital, yo estaba tomando pequeños sorbos de té de almendra tibio y, al escuchar que Luciana había levantado una silla para rematar a Alejandro no pude evitar soltar una carcajada.—Ay, por favor… esos dos son tal para cual…Me limpié las lágrimas de la risa.—Uno es un idiota y, el otro un malvado; lo mejor es que se queden juntos y no sigan arruinándole la vida a nadie.Sebastián me miró, y en sus ojos se dibujó una pequeña sonrisa. Esperó a que dejara de reír y de pronto, se arrodilló frente a mí. Sacó una caja, dentro, un anillo de diamantes finamente diseñado brillaba con elegancia.—Vicky —alzó la mirada, con una seriedad y ternura que nunca antes había mostrado— cásate conmigo.No me esperaba eso. Sentí cómo se me encendían las mejillas, mientras el corazón me latía con fuerza.—¿No… ya no tenemos un matrimonio arreglado…? —murmuré casi inaudible.—No es lo mismo —respondió
—Al final, todo se reduce a lo mismo, esa inferioridad y esos defectos que llevas en la sangre. Por un lado, te aprovechas de los recursos y el estatus que yo te doy, y por el otro, buscas en Luciana esa supuesta dignidad masculina. —lo miré fijamente—. Alejandro, de verdad eres patético y ridículo.—¡No es cierto! ¡Victoria, la única persona que siempre he amado y amaré eres tú…! —intentó defenderse.—Parece que el señor Herrera tiene demasiado tiempo libre como para venir a molestar a mi prometida.La voz de Sebastián se escuchó desde atrás. Al verlo, Alejandro reaccionó como una bomba a punto de estallar. Me señaló y empezó a insultarme sin control.—¡Victoria! ¡Al final no eres más que una cualquiera! ¡Ni siquiera hemos roto oficialmente y ya estás corriendo detrás de otro hombre! ¡Tú…!Sus palabras sucias se cortaron en seco. Sebastián levantó sus manos y me cubrió los oídos, aislándome de todo ese ruido repugnante. Luego, con cuidado, me rodeó con el brazo y me llevó hasta e
La luz del sol se filtraba por la ventana, cálida, envolviéndome por completo. Sebastián me observaba. Su mirada era profunda pero serena.—Deja el pasado atrás. Tu futuro apenas está comenzando.Sostuve su mirada y asentí suavemente. Sí, mi futuro realmente estaba por empezar. Y para algunos, su pesadilla apenas comenzaba.Lo de Alejandro y Luciana, destrozándose entre ellos, no era más que una farsa que aceleraba su caída. El verdadero ajuste de cuentas aún estaba por venir.Pero la calma se rompió con una visita inesperada. Alejandro aprovechó un descuido en el cambio de guardia, y logró entrar. Se escuchó el sonido de cuando cayó de rodillas frente a mí.Su ropa estaba desordenada, y los ojos hundidos. Ya no quedaba nada del hombre seguro y orgulloso de antes, solo la desesperación de alguien acorralado.—¡Victoria , me equivoqué! ¡Por favor, te lo suplico! ¡Pídele a tu hermano y a la familia Montenegro que me perdonen!Lloraba sin control, aferrándose a mi falda.—¡Ten pie
A veces traía un ramo de lirios blancos aún cubiertos de rocío de la mañana. Otras, dulces recién hechos de una pastelería tradicional del oeste de la ciudad. Pero la mayoría del tiempo, se sentaba en el sofá junto a mi ventana.Mientras trabajaba, me iba contando las últimas noticias sobre Alejandro y Luciana.—Hoy la narrativa en internet va a dar un giro total.Esa tarde, me trajo una taza de leche tibia. Bajé la mirada y desbloqueé el teléfono. Tal como dijo, el primer lugar en tendencias ya había cambiado.[Luciana Vega falsificó chats para incriminar a Victoria Sotomayor.]Las supuestas conversaciones que antes me culpaban, fueron analizadas cuadro por cuadro por expertos, revelando múltiples rastros de edición en photoshop. Al mismo tiempo, se filtraron públicamente pruebas de que Luciana había contratado empresas de bots para difamar e inflar la tendencia, junto con registros de transferencias. Las evidencias eran irrefutables.Los mismos internautas que antes me insultaba
Apenas entró, Luciana se lanzó junto a mi cama. Antes de hablar, ya estaba llorando.—Victoria… los rumores en el internet los publiqué yo. ¡Y los chats los falsifiqué yo! Tenía miedo de que me hicieran responsable, por eso te culpé… ¡por favor, no culpes a Alejandro, él no sabía nada! Te lo suplic
—Alejandro, ¿qué soy yo para ti?Mi pregunta lo dejo sin palabras y, en su mirada se vio que estaba irritado. De pronto, levantó el pie y me dio una fuerte patada en la pantorrilla, la cual provocó que cayera dentro del almacén y, antes de que pudiera levantarme, la puerta se cerró de golpe.—Quéd
Las lágrimas en mi rostro se secaron… solo para ser reemplazadas por otras nuevas. Después de mucho tiempo, temblando, tomé el teléfono y marqué el número de mi hermano.—Hermano… me equivoqué. Retira la inversión y recupera la joya familiar. La próxima semana volveré, y aceptaré el matrimonio que
La mano con la que me había golpeado seguía suspendida en el aire. Su pecho subía y bajaba con fuerza, y la forma en que me miraba… era como si estuviera viendo a su peor enemiga.—Si a Lucy le pasa algo, ¡haré que pagues con tu vida!Me cubrí la mejilla, mirándolo sin poder creerlo.—Alejandro…












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