Me encanta mirar cómo la historia editorial se colorea más por ciertos géneros que por otros.
Si miro al volumen total de ejemplares vendidos a lo largo de los siglos, los textos religiosos y filosóficos ocupan el podio: «La Biblia» y «El Corán» han tenido tiradas masivas, traducciones y reediciones constantes que los convierten en los libros más difundidos de la historia. Muy cerca están los textos políticos o ideológicos con grandes reimpresiones, como «Citas del Presidente
mao», que además cuentan con campañas de distribución centralizadas.
En la esfera de la literatura de consumo, la ficción juvenil y la fantasía —pienso en series como «Harry Potter»— han generado olas de ventas modernas gracias a fandoms, traducciones y adaptaciones. El romance y la novela popular (incluyendo novelas históricas) y el thriller/misterio también dominan listas contemporáneas por su capacidad de enganchar a grandes públicos.
Mi sensación personal es que la mezcla de alcance cultural (textos religiosos), utilidad social (manuales o textos ideológicos) y el deseo de evasión (fantasía, romance, misterio) explica por qué esos géneros aparecen repetidamente entre los bestsellers históricos. Al final, el gusto por leer combina necesidad, identidad y entretenimiento.