5 Respuestas
Tengo la sensación de que el humor sobre pedos en la novela española es más tímido y funcional que en otras formas de cultura popular.
En los grandes antiguos, «Lazarillo de Tormes» y «La vida del Buscón» usan lo corporal para satirizar la sociedad; esos pasajes no buscan solo la risa, sino la denuncia. En autores del siglo XX, Eduardo Mendoza recupera la gag-escatología dentro de su comedia urbana —«Sin noticias de Gurb» es un ejemplo perfecto—, y Camilo José Cela no rehúye lo grotesco en «La colmena» para mostrar lo cotidiano.
Así que, aunque no hay muchas novelas que traten el pedo como tema único, sí hay varias donde aparece con humor inteligente o descarnado. A mí me encanta ese tipo de humor porque, bien usado, desarma y humaniza al personaje.
Me parto solo de imaginar ciertas escenas en novelas con humor caústico.
Si te interesa la risa escatológica, la literatura española la usa más como detalle puntual que como tema protagonista. En la tradición picaresca —piensa en «Lazarillo de Tormes» y «La vida del Buscón»— aparecen episodios burlescos ligados al cuerpo. Más adelante, Eduardo Mendoza en títulos como «El misterio de la cripta embrujada» y «Sin noticias de Gurb» pone esos gag físicos al servicio del absurdo, y Cela en «La colmena» no rehuye lo grosero para dar textura social.
En definitiva, el pedo aparece para romper solemnidades y dibujar personajes con humor; no es el protagonista, pero cuando sale, cumple su función humorística con eficacia.
Me encanta descubrir ese humor castizo que aparece donde menos lo esperas.
En la tradición española el tema del pedo no suele ser el hilo central de una novela, pero sí aparece como recurso cómico en varios textos. Si buscas risas explícitas o escenas groseras, los ejemplos más claros vienen de la picaresca: «Lazarillo de Tormes» y «La vida del Buscón» contienen pasajes donde lo corporal se usa para la burla y la ironía social. Ese humor sirve para ridiculizar status y costumbres, más que para provocar risa gratuita.
En clave moderna me entretienen mucho Eduardo Mendoza y su ironía absurda; novelas como «El misterio de la cripta embrujada» o «Sin noticias de Gurb» recurren a lo escatológico y a los deslices físicos para provocar carcajadas. Camilo José Cela, en «La colmena», introduce un humor más áspero y realista donde lo grotesco y corporal tiene un papel cómico. Personalmente disfruto cómo esas escenas, aunque burdas, sirven para desnudar hipocresías y afianzar el tono humorístico de la obra.
No puedo evitar sonreír al pensar en cómo el humor corporal ha sobrevivido desde la picaresca hasta la novela contemporánea.
Tanto «Lazarillo de Tormes» como «La vida del Buscón» muestran cómo la burla hacia el cuerpo sirve para criticar clases sociales y moralidades establecidas; ahí el pedo o la ventosidad son herramientas narrativas más que chistes sueltos. Avanzando en el tiempo, autores como Eduardo Mendoza emplean la escatología con un tono surreal y urbano en novelas como «Sin noticias de Gurb» o «La aventura del tocador de señoras», donde lo físico añade absurdo y humaniza personajes exagerados.
También me gusta señalar a Camilo José Cela y su «La colmena», que no desdeña lo soez para pintar la vida diaria. En resumen, el tratamiento del pedo en la novela española suele ser breve y funcional: provoca risa, baja la solemnidad y apunta a la crítica social. Eso me parece deliciosamente español.
Me viene a la cabeza la carcajada que provoca lo inesperado en muchos clásicos: no es raro encontrar humor con flatulencias en relatos españoles antiguos y modernos.
En novelas picarescas como «Lazarillo de Tormes» y «La vida del Buscón» la escatología aparece para subrayar miserias y humillaciones con un humor afilado. En la literatura contemporánea, Eduardo Mendoza utiliza la broma física como parte de su arsenal cómico —«Sin noticias de Gurb» y «El misterio de la cripta embrujada» funcionan así—. También autorazos como Camilo José Cela en «La colmena» no rehúyen lo grosero para mostrar la realidad cotidiana.
Si lo que buscas es algo que trate el pedo como tema central, vas a topar con poca literatura; suele ser más un gag puntual que un eje narrativo. Aun así, cuando aparece, casi siempre tiene intención crítica y divertida.