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No puedo evitar sonreír cuando pienso en cómo un gesto tan básico como un pedo puede convertirse en momento cinematográfico memorable. Desde mi punto de vista juvenil y algo gamberro, las comedias españolas de los 90 y 2000 usaron mucho ese recurso; títulos como «Torrente» y «Airbag» lo explotaron para marcar un tono irreverente y directo. No es que la historia gire alrededor del flatulento evento, pero muchas veces ese gag provoca el malentendido o la humillación que mueve la escena siguiente.
Además, en adaptaciones infantiles y de cómic se utiliza con más libertad porque encaja con el slapstick visual: un pedo en el momento justo y la secuencia entera cambia de rumbo. A mí me hace gracia cuando está integrado con ingenio; cuando es solo repetición, se vuelve cansino. Prefiero las películas que lo usan como chispa, no como muleta, y me quedo con las que logran que la risa salga natural.
Me encanta hablar de esto desde la perspectiva de alguien que ha pasado tardes enteras devorando comedias españolas: el pedo suele ser un recurso de choque que los guionistas emplean con dos intenciones claras —romper la tensión o humillar a un personaje— y en España lo usan sin mucho reparo. Películas como «Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo» o algunas entregas de «Torrente» recurren al gag escatológico para producir risa física y para acentuar la infantilidad o la brutalidad de ciertos protagonistas.
También he visto cómo en comedias más modernas el pedo se integra en cadenas de gags —un pedo provoca un malentendido, que provoca otro gag, y así hasta el clímax— y eso convierte el sonido en un pequeño motor cómico. No es demasiado sofisticado, pero cuando el ritmo del gag está bien medido, el efecto es satisfactorio y muy catártico. Personalmente, esas bofetadas de humor me parecen parte del ADN de la comedia popular española, con todo lo bueno y lo cuestionable que eso implica.
Hay películas españolas donde el pedo tiene un papel más memorable que en otras cinematografías: no es lo habitual que toda la trama dependa de él, pero sí aparece como momento clave en comedias desenfadadas. Personalmente me vienen a la cabeza los films de humor más grosero, sobre todo la saga de «Torrente», que se apoya en lo escatológico para construir el carácter del protagonista y para generar situaciones incómodas a propósito.
Otro ejemplo son comedias de choque y road movies cómicas como «Airbag», donde la irreverencia física forma parte del humor y ciertos detalles bufos se usan para cambiar el ritmo o provocar un giro cómico. Fuera de los largometrajes comerciales, hay cortos y sketches en festivales españoles que sí han usado el pedo como motor de la acción, transformándolo en el eje de una broma elaborada. Para mí, el acierto está en que no se abuse: cuando el recurso sirve a la historia, funciona; cuando es gratuito, se queda en mera grosería.
Me sigue pareciendo divertido cómo un pedo puede romper una escena y dejar a todo el cine riéndose a carcajadas; en España eso ocurre más de lo que uno creería. En mi experiencia viendo comedia española, el recurso escatológico suele aparecer en películas como «Torrente» (cualquiera de la saga) y «Airbag», donde no es tanto el motor de la historia como un detonante cómico que define el tono. En «Torrente» se usa el pedo para subrayar la vulgaridad del protagonista y para crear situaciones humillantes que avanzan la comedia negra.
También recuerdo escenas en adaptaciones de cómics y animación como «Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo», donde el gas corporal se emplea como gag físico que impulsa el desenlace de una broma larga. En general, el pedo rara vez es el eje dramático en el cine español; más bien funciona como catalizador de situaciones incómodas o como punchline que libera tensión. A mí me encanta ese tipo de humor si está bien insertado: puede ser pueril, sí, pero bien usado aporta ligereza y recuerda que cualquier detalle corporal puede ser material narrativo si el director lo aprovecha con criterio.
Me gusta pensar en esto con ojo crítico y algo de humor ácido: el pedo en el cine español raramente es el protagonista absoluto, pero sí aparece en momentos decisivos de comedias que buscan intencionalmente la risa baja. En la saga de «Torrente» se usa como herramienta recurrente para enfatizar lo grotesco del antihéroe; en «Airbag» y otras comedias de los 90 aparece como parte de la estética desmadrada de la época.
También hay ejemplos menores en películas familiares o adaptaciones de cómic donde el pedo es el punto de giro de una escena cómica —no la trama entera, pero sí el episodio que todos recuerdan después de salir del cine—. A mí me parece un arma de doble filo: funciona si hay ritmo y un propósito narrativo, pero cansa cuando es solo relleno. En fin, me quedo con las ocasiones en que sirve para subrayar la personalidad del personaje o para romper la tensión con una carcajada sincera.