Recuerdo las tardes en las que devoraba tebeos con una mezcla de asombro y curiosidad.
Yo crecí viendo cómo los héroes americanos como «
superman» y «Batman» imponían el arquetipo del héroe urbano y la narrativa de acción; esos modelos trajeron a España la idea de la épica, las splash pages y la importancia del icono. Además, series de aventuras como «Flash Gordon» inspiraron las tramas de ciencia ficción y el sentido del espectáculo en los guiones, mientras que tiras cómicas como «Popeye» aportaron ritmos de gag y personajes exagerados que reverberaron en los guiones humorísticos locales.
Al mismo tiempo, la escuela franco-belga con «Tintín» y «Astérix» enseñó la disciplina del dibujo claro y la estructura de álbum, y el tono poético de «Corto Maltés» abrió la puerta a relatos más adultos y complejos. Todo eso se filtró en creaciones españolas: «Capitán
trueno», «El Guerrero del Antifaz», «El Jabato» y más tarde personajes de humor como «
mortadelo y filemón» acaban siendo síntesis de esas influencias. Personalmente veo en los tebeos españoles una mezcla orgánica: toman lo espectacular, lo cómico y lo literario y lo convierten en algo muy nuestro, y eso es lo que siempre me atrajo.