Me resulta fascinante cómo el nombre y la figura de Santiago se filtran en el cómic como si fuera un personaje secundario que siempre está presente en el fondo de la escena. En muchos tebeos históricos europeos y españoles, Santiago aparece menos como protagonista nombrado y más como conjunto de símbolos: la vieira (concha de peregrino), el bordón (bastón), la capa y la silueta de la catedral de Santiago de Compostela. Esa iconografía se usa para ambientar épocas medievales o para dar un matiz de santidad y mito a escenas de Reconquista, rutas de peregrinación y relatos de milagros. En títulos clásicos de aventuras se recurre a ese imaginario para reforzar la épica: no es raro ver guiños similares a los que manejan series como «El Capitán Trueno» o «El Jabato», donde la escala religiosa y la mitología cristiana sirven como telón de fondo moral e histórico. También noto que el Santiago que aparece en el cómic puede ser urbano y moderno: Santiago de Chile, Santiago de Compostela o Santiago de otras ciudades funcionan como escenarios cargados de memoria y conflicto. En la historieta latinoamericana, por ejemplo, las tramas políticas y sociales toman a la ciudad como personaje real, con calles que cuentan golpe de estado, resistencias y migraciones. En ese registro, los recursos gráficos—carteles, plazas, tranvías, graffiti—sustituyen a la iconografía religiosa, pero la referencia al nombre sigue evocando identidad y pertenencia. Al mismo tiempo, en autobiografías gráficas y en cómic de viaje se exploran las rutas del Camino de Santiago como un recorrido íntimo: el camino físico que se convierte en metáfora de un proceso personal, donde la historia medieval convive con el turismo contemporáneo. Por último, me llama la atención la ambivalencia con que autores modernos tratan a Santiago: a veces se reivindica como patrimonio cultural, otras se usa para criticar usos nacionalistas del pasado, y con frecuencia aparece en clave irónica en historietas de humor, al estilo de «Mortadelo y Filemón», donde la referencia histórica es pasto de sátira. Esa polisemia hace que Santiago en el cómic sea a la vez reliquia, paisaje urbano y símbolo político; y como lector me encanta cazar esas capas: cada viñeta puede estar hablando de memoria colectiva, fe, turismo o conflicto, según cómo el autor coloque la concha en el borde del dibujo o la torre de la catedral en el horizonte.
2026-06-10 22:55:15
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