Me atrapó la manera en que Irene Vallejo convierte la historia de los objetos en una novela de aventuras intelectual.
En «El
infinito en un junco» los temas principales giran alrededor del nacimiento y la supervivencia de los libros: el origen de la escritura, la invención del papiro a partir del junco, la transición del rollo al códice y cómo esas transformaciones materiales cambiaron la forma de pensar y de contar historias. El libro recorre el mundo antiguo —Mesopotamia, Egipto,
grecia, Roma— y explora cómo se crearon, copiaron y conservaron los textos. Un eje central es la memoria colectiva: por qué algunos textos sobreviven y otros se pierden, y cómo las bibliotecas funcionan como depósitos de identidad cultural.
También hay una fuerte reflexión sobre el poder político y social de los libros. Vallejo muestra cómo obras y bibliotecas han sido objetivos en guerras, censuras y persecuciones; los libros pueden ser consuelo, arma o peligro según quién controle su acceso. A eso se suma la presencia de historias humanas: bibliotecarios, escribas, lectores que arriesgaron todo para conservar el saber. El tono se balancea entre erudición y lirismo, mezclando datos históricos con anécdotas que hacen que la idea de “libro” parezca viva.
Al terminar me quedó una sensación de urgencia y ternura: leer es participar en una cadena que viene desde hace milenios, y proteger el libro es proteger nuestra capacidad de imaginar y recordar. Para mí, esa mezcla de historia, biografía y manifiesto a favor de la lectura fue lo que más me caló.