Lady Santos
Amar su vida no era algo de lo que sirviera en sus platillos diariamente. Por mucho que le duela que sea así.
En su lugar, a diario se suele degustar en desayuno, almuerzo y cena el desprecio de su esposo que la hizo odiar todo de si misma a sus tan jóvenes 21 años. Aunque para ella, tener 21 años era estar un paso cerca de la tumba.
Un paso que ella dudaba dar conservando en su corazón una adoración por la corta vida de los humanos. En su lugar, pensaba que dejaría este miserable mundo con su corazón lleno de una absoluta devoción hacia la muerte. Esa única escapatoria que veía en vida para todo su sufrimiento.
Lo irónico de todo esto... Es que será la misma muerte quien la haga amar la vida, tanto como llegó a amarlo en su día.
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