LOGINUVPO. CAPÍTULO 31. Un ataque de pánicoDurante las siguientes semanas, la situación empeoró considerablemente.Alejandra continuó desempeñando su trabajo con una eficiencia impecable. Llegaba puntual, lo acompañaba a las reuniones y revisaba los protocolos de seguridad sin descuidar un solo detalle.Sin embargo, en cuanto terminaba su jornada y dejaba a Sloan protegidito en su departamento… desaparecía. Y casi siempre lo hacía con Samuel.Sloan descubrió aquella desagradable costumbre gracias a las redes sociales. La primera fotografía apareció un domingo: Alejandra montaba un caballo negro en un campo abierto. Llevaba botas, pantalones de montar y una sonrisa enorme. Samuel aparecía a su lado, sobre un caballo cobrizo.“Domingo perfecto con la mejor compañera de aventuras”, decía la publicación.Sloan la observó durante varios minutos. Después dejó el teléfono. Lo recogió treinta segundos más tarde y bloqueó mentalmente cualquier acceso a las redes que pudiera llevarle noticias.Pero
UVPO. CAPÍTULO 30. Un búho, un tigre y un secretoSloan había pasado las últimas dos horas del parque de diversiones intentando comprender cómo un hombre adulto podía caminar abrazado a un tigre de peluche sin perder la dignidad. Samuel, aparentemente, no tenía ese problema.Había llevado al gigantesco animal durante todo el recorrido, lo había sentado junto a él mientras comían y hasta le había comprado un sombrero diminuto. Alejandra se había reído tanto que terminó quejándose del dolor en el hombro.Cuando finalmente regresaron al edificio, Tiffany se despidió con un beso rápido y anunció que necesitaba llegar a casa para darse un baño urgente y quitarse el polvo del día.—Honestamente no sé cuál si no nos subimos ni a un juego —rezongó Sloan en voz baja.Alejandra esperó a que se marchara antes de volverse hacia él.—¿Qué te pasa? ¿Estás bien?—Nada. Y sí —masculló él mientras subían en el ascensor—. ¿No lo parece?—Llevas toda la tarde con cara de que alguien te robó la herencia
UVPO. CAPÍTULO 29. Malditos celos—¡Eso fue increíble! —exclamó Alejandra jadeando como si acabara de correr una maratón.—¡La segunda caída fue brutal! —respondió Samuel.—¡Tenemos que repetirla!Sloan miró hacia la estructura. Realmente habría querido subir, agarrar la mano de Alejandra, salir mareado y reírse con ella como se estaba riendo él.—Si van a la segunda vuelta, yo me apunto —aseguró, y Tiffany lo sujetó del brazo.—¡Sloan! ¡Dijiste que me acompañarías!Él cerró los ojos.—No te estoy acompañando a ningún lado porque no estamos haciendo nada —siseó él en voz baja, porque incluso para un estirado como él era demasiado ir a un parque de atracciones y quedarse sentado en un restaurante tomando café.La siguiente atracción fue todavía peor. Una torre que elevaba a los pasajeros hasta una altura considerable antes de dejarlos caer. Alejandra y Samuel subieron encantados. Bajaron tambaleándose.—Creo que mi estómago sigue arriba —declaró Samuel.Alejandra se dobló de la risa.—
UVPO. CAPÍTULO 28. Una llamada de agradecimientoEl jueves, Tiffany apareció en el bufete para almorzar con Sloan. Llevaba un vestido elegante y una sonrisa que desapareció cuando descubrió que su novio estaba mirando por tercera vez hacia la puerta.—Cariño, ¿me estás escuchando? —lo increpó.—Por supuesto.—Entonces, ¿qué opinas?—Me parece una buena idea.Tiffany entrecerró los ojos.—Te pregunté si debería operarme la nariz —siseó Tiffany y Sloan levantó la cabeza.—¿Qué?—¡No me estás prestando atención!En aquel momento Alejandra cruzó el pasillo cargando una carpeta y Sloan se levantó inmediatamente.—¡Alejandra! ¡No deberías cargar peso!Ella contempló la carpeta, más ligera que una pluma.—Son doce hojas, Sloan.—Tienes una herida…—En el hombro, no en el cerebro —murmuró ella en automático, mirándolo como si de verdad no pudiera creer que él estaba diciéndole eso.Tiffany dejó los cubiertos sobre el escritorio con un golpe seco.—¡Sloan!Él se volvió con impaciencia.—¿Qué?
UVPO. CAPÍTULO 27. Un apodo peligrosoSloan levantó inmediatamente la cabeza, como si de repente le hubiera picado un escorpión en las pelotas.¿Qué acababa de decir Alejandra? ¿Ironman? ¿En serio?Pero antes de que pudiera poner el grito en el cielo sin saber por qué lo hacía, Samuel soltó una carcajada.—¿Ahora soy Ironman?—Por supuesto. Eres egocéntrico, crees que puedes hacer cualquier cosa y tienes una preocupante tendencia a meterte donde vuelan las balas —replicó Alejandra con esa sonrisa genuina que parecía iluminar cualquier habitación y Samuel el revolvió el cabello después de abrazarla.—Pensé que eso último también lo hacías tú.—Yo lo hago con elegancia.—Y con elegancia te llevas balas de rebote —advirtió Samuel.—Porque las directas saben que no pueden conmigo —replicó Alejandra y ambos rieron.Sloan apretó tanto el bolígrafo que tenía en la mano, que estuvo a punto de romperlo.Llevaba semanas intentando recuperar los sobrenombres de Alejandra y aquel desconocido acab
UVPO. CAPÍTULO 26. Un momento inesperadoSloan consiguió llegar a su apartamento sin cometer ninguna infracción de tránsito, lo cual consideró un milagro dadas las circunstancias.Había dejado a Alejandra frente a su puerta, comprobado tres veces que tenía los medicamentos y exigido que lo llamara si sentía el menor dolor. Ella había terminado cerrándole la puerta en la cara, asegurándole que necesitaba dormir y que no pensaba morirse durante la noche.Ahora, mientras dejaba las llaves sobre la mesa, Sloan descubrió que le temblaban las manos. Se quedó mirándolas. No había temblado durante el tiroteo. Ni cuando discutió con los policías, ni cuando exigió explicaciones a los médicos.Pero ahora sí.Porque Alejandra había recibido un disparo. Un maldito disparo. Y la imagen de aquella mancha roja extendiéndose por su espalda volvió a atravesarle la cabeza.Sloan se sentó lentamente.Hasta entonces había considerado las amenazas contra su vida como un riesgo profesional. Sabía que sus ca







