MasukUVPO. CAPÍTULO 10. La violencia también es un talentoLa terapeuta anotó algo mientras Alejandra respiraba hondo.—Debemos trabajar en distinguir entre defenderte, proteger a otros y recurrir innecesariamente a la violencia.—Conozco perfectamente la diferencia.—Sin embargo, tienes dieciséis detenciones.—Y ninguna por golpear a una persona agradable —replicó Alejandra—. ¿Quiere que le ahorre terapia? Es simple: soy una mujer entrenada, pero como no lo parezco, los hombres creen que pueden propasarse o intimidarme. Mi padre es un peleador invicto de jaulas clandestinas, así que sé muy bien la diferencia entre defensa y violencia. Puedo romper un cuello con la misma facilidad con que otras mujeres eligen joyas, y aun así ninguna de mis supuestas víctimas ha pasado de lesiones menores. Así que sé hacer un uso correcto de mi fuerza, lo que no sé es mirar hacia otro lado cuando veo una injusticia.La doctora se cruzó de brazos y para cuando la sesión terminó, era ella la que estaba pensa
UVPO. CAPÍTULO 9. Una vieja fotografíaSloan la miró como si estuviera haciendo una broma.—Una de dos, o pediste al mejor restaurante de la ciudad, o yo estoy viviendo en una dimensión alternativa, porque no hay forma humana en que alguien como tú pueda hacer algo que huela a eso.Y sí, olía a cielo, pero Alejandra no se ofendió, solo suspiró con resignación.—Honestamente, no sé qué tiene que ver mi exceso de actividad física…—Violencia —la corrigió Sloan.—…con mi capacidad para cocinar —terminó ella—. Pero si tanto te preocupa hagamos esto, yo puse la comida, tú lavas los platos.—¿Quieres decir tirar los envases desechables de lo que pediste? —se burló él, pero Ale no respondió, solo le señaló la mesa, que realmente estaba llena de comida deliciosa y por primera vez en el día, Sloan olvidó por completo que estaba odiándola con todas sus fuerzas.La carne estaba tan buena que terminó tragando como cavernícola, y solo se quejó la vez que Alejandra estuvo a punto de manchar el mant
UVPO. CAPÍTULO 8. Bienvenida al infierno, cariñoAlejandra siempre había sospechado que Sloan necesitaba un poco de emoción en su vida. Lo que nunca imaginó fue que un juez le daría autorización para proporcionársela personalmente. Porque matarlo de un infarto también era provocarle una emoción.Cuando llegó al lujoso edificio de Manhattan, bajó del automóvil y contempló satisfecha cómo los empleados descargaban sus pertenencias. Sloan, en cambio, observaba el equipaje con la expresión de un hombre que acababa de recibir cincuenta latigazos, ¡y no de los deliciosos!—¿Piensas instalarte definitivamente? —preguntó azorado porque aquella cantidad e cosas no sabían en su departamento por grande que fuera.—El juez dijo que mi tratamiento no tiene fecha de finalización —replicó Alejandra—. Podrían ser semanas, meses o años. ¿No es emocionante?Sloan se quitó los lentes y se masajeó el puente de la nariz. Siempre se había encargado de mantener una distancia prudente con Alejandra, porque e
UVPO. CAPÍTULO 7. Un hombre condenado—No… no, no, no, no, no, no, no… —fue lo único que salió de los labios de Sloan mientras su rostro se desencajaba, y el juez levantó la mirada con una expresión inocente que no le habrían creído ni sus pantuflas de conejo.—¿Perdón? —replicó.—Su Señoría, antes de que alguien tenga una idea terrible, deseo aclarar que no estoy disponible —sentenció Sloan que ya veía por dónde venía la avalancha y no quería quedarse enterrado en ella.Alejandra, en cambio, sonrió de oreja a oreja y lo señaló como si lo estuviera presentando en un concurso de talentos.—¡Sloan es mi adulto responsable, Su Señoría!—¡No lo soy! —exclamó él.—¡Claro que lo eres, desde hace quince años! —rio ella.—¡Hace quince años no era adulto! —siseó Sloan.—Pero desde que lo fuiste siempre has sido mi primo más… disponible. ¡Me has sacado dieciséis veces de la cárcel, no puedes negar eso!—¡Porque las demás veces logré enterrarlas entre compensaciones económicas y favores debidos
UVPO. CAPÍTULO 6. Un adulto responsableAlejandra estaba satisfecha, por supuesto que estaba satisfecha, pero no había sorpresa en aquella sensación, porque sabía que Sloan la habría sacado de cualquier problema legal, hiciera lo que hiciera.Sin embargo en ese momento el problema no era el Superboy, sino la mirada inquisitiva del juez que pasaba por encima de su expediente, y el hombre frunció el ceño mirando a Alejandra —Señorita Rivera, en cuanto al caso de esta tarde, queda exonerada del delito. Pero en su expediente consta que usted tiene dieciséis detenciones relacionadas con agresiones. —El silencio cayó sobre la sala como un mazo—. Dieciséis —repitió el magistrado.—Sí, Su Señoría —respondió Alejandra bajando la mirada como si de verdad se avergonzara—. Pero en mi defensa también he sido exonerada de todas esas.—Exonerada es una cosa, y libre de polvo y paja es otra, señorita Rivera. Dieciséis agresiones ya son un patrón. ¿O eso le parece normal?—Bueno… supongo que d
UVPO. CAPÍTULO 5. Un hombre demasiado tranquiloSloan quería que la tierra se lo tragara, pero siendo justos, ese no era un sentimiento nuevo. Le pasaba cada vez que tenía que sacar a aquella loca de la cárcel.El problema era que todo aquello estaba ayudando a Colt Whitmore, que estaba allí todo encogido, luciendo una pequeña venda sobre la nariz y una expresión de indignación que Alejandra consideró excesivamente teatral. El hombre había acudido dispuesto a demostrar que era una víctima inocente de una agresión brutal y, sobre todo, a cobrar los cinco millones de dólares que exigía como compensación. Y Sloan estaba histérico en lo que se refería a la mala actitud de Alejandra, pero en lo que se refería a la demanda, de hecho, estaba insultantemente tranquilo.Alejandra conocía aquella expresión. Era la misma que ponía cuando jugaban ajedrez de niños y él estaba a punto de anunciarle que había perdido. Así que cuando el juez volvió a los detalles del caso, ella se inclinó hacia su







