LOGINAl descender los últimos peldaños de la escalinata de entrada, la resistencia de Lucien colapsó por completo. Un vértigo violento le nubló la vista y sus piernas cedieron de golpe; antes de llegar a la portezuela del sedán, se dobló sobre sí mismo y comenzó a vomitar estrepitosamente sobre los adoquines, salpicándose el abrigo y los zapatos.Seiya lo sostuvo desde el costado a duras penas, sujetándolo por las axilas con el rostro desfigurado por una angustia desgarradora, sin entender porque su amigo acababa de colapsar.—¡Luci! ¿Qué pasa? ¿Qué hago? —preguntó mientras trataba de mantenerlo erguido.Lucien se limpió los labios con el dorso de la manga con la mano temblorosa, haciendo un esfuerzo sobrehumano para recomponerse.—Estoy bien... —murmuró en un hilo de voz rasposo y débil—. Solo necesito salir de aquí...El enigma lo ayudó a subir al asiento trasero del vehículo como pudo. El chofer, al ver el rostro pálido del alfa y la mancha de sangre en la mejilla del enigma, encendió e
El cielo sobre Lisboa amanecía teñido de un gris plomizo y melancólico, envuelto en esa llovizna fina y persistente de primavera que empapaba los adoquines de la pista sin llegar a convertirse en tormenta. El aire fresco y húmedo de la mañana se filtraba por los ventanales del aeropuerto, trayendo consigo el aroma salino del estuario del Tajo.Tras abandonar el desembarque, Lucien y Seiya caminaban a la par por el pasillo despejado. El alfa vestía un abrigo largo bien estructurado, ajustándose el cuello con evidente incomodidad mientras tiritaba levemente; el frío atlántico era su peor enemigo. El enigma, en cambio, avanzaba con un paso fluido y mucho más ligero, apenas cubierto por una chaqueta fina mientras arrastraba con soltura una maleta de ruedas sobre el suelo pulido.Sin entretenerse en miradas ni perder tiempo entre los pasajeros, se adentraron en la exclusividad de la sala VIP del aeropuerto. Cruzaron el salón de descanso a paso firme y, desviándose hacia el fondo, se colaro
El brillo cálido de los candelabros de cristal de Bohemia se multiplicaba sobre las superficies de mármol veteado y las molduras doradas de la boutique de Erissu, en el corazón de la Galleria Vittorio Emanuele II. El ambiente olía a cuero fino, alfombras tupidas y al suave perfume de flores frescas dispuestas en jarrones de porcelana. A través de los ventanales arqueados, la luz tamizada de la tarde milanesa recortaba las siluetas de los transeúntes vestidos con abrigos estructurados, mientras al interior, el murmullo de los dependientes mantenía un rigor casi litúrgico.En una de las salas privadas de la tienda, rodeado de espejos de cuerpo entero con marcos tallados y sofás de terciopelo borgoña, Kyle vivía su propio e interminable infierno personal. Salía por enésima vez del probador, ajustándose con cierta torpeza la chaqueta de un conjunto en tono verde aguamarina que acentuaba el fuego de su cabello rojizo y la claridad de sus ojos azules.Apenas pisó la alfombra, Seiya se puso
La mañana se filtraba por los ventanales de la habitación principal, tiñendo el espacio con una luz dorada y apacible que acentuaba la calma de la mansión. Frente al gran espejo de cuerpo entero, Seiya lidiaba en un silencioso dilema con su propia imagen. Pasaba los dedos entre sus mechones oscuros que, tras varios meses sin cortar, le caían ya sobre los hombros. Intentó peinarlos hacia atrás y luego sujetar un costado tras la oreja, pero el cabello simplemente volvía a caer, reflejando bajo el tragaluz destellos casi azulados mientras ajustaba el cuello de su camisa.En medio de su batalla silenciosa, Eliot apareció en el umbral. Aún vestía su pijama holgada, se apoyó contra el marco de la puerta cruzando los brazos con una postura relajada.—Buenos días, Bambino... —saludó observándolo con una sonrisa perezosa y tibia—. ¿A dónde vas tan temprano?El enigma abandonó el reflejo del espejo y caminó hacia él sin dudarlo, acortando la distancia para inclinarse y dejarle un beso suave sob
La habitación de huéspedes del penthouse guardaba una calma tibia, ajena al ajetreo que poco a poco se apagaba en el resto de la casa. La iluminación tenue daba un matiz suave a la estancia mientras Shun permanecía sentado sobre el borde de la cama, apoyando la espalda contra los cojines. Théon, arrodillado con naturalidad sobre la alfombra, le masajeaba las piernas cansadas con un cariño pausado y reverente, aplicando justo la presión necesaria para aliviar la tensión del día.El omega observaba los detalles de la habitación con detenimiento, recorriendo con la mirada los muebles de madera clara y las cortinas pesadas, hasta que finalmente fijó los ojos en su alfa.—Mamushi... ¿aquí dormías cuando te estabas escondiendo de mí? —preguntó con un tinte de timidez en la voz, jugando con el borde de su camisa.El francés dejó escapar una sonrisa tranquila sin interrumpir el ritmo de sus manos.—Yo no me estaba escondiendo de ti... —respondió con suavidad—, pero es verdad que dormí aquí al
La noche veraniega terminó por asentarse sobre el horizonte de Milán, transformando la terraza de CityLife en un espectáculo de luces lejanas. En el interior del penthouse, la sala lucía un ambiente mucho más distendido y cálido tras la cena, con el murmullo de las distintas conversaciones repartidas por el espacio.Alrededor de la mesa de centro, las gemelas disputaban una animada partida de cartas con Lucien y Kyle, simulando un pequeño casino entre risas y fichas de colores.A unos metros, en un rincón de la sala decorado con elegantes sillones de cuero, Eliot, Théon y Nataniel compartían un vaso de whisky con camaradería.— Hacía mucho que no pasábamos un rato tan alegre —comentó el patriarca, contemplando el grupo con una sonrisa tranquila antes de darle un sorbo a su bebida—. Creo que deberían dejar que el joven Bellmont haga más fiestas, tiene talento para entretener a los niños.—Claro, cualquiera es divertido si solo se aparece para dar dulces y regalos —replicó Eliot con evid





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