Se connecterEstaba dispuesta a terminarlo todo, a que nada quedara, ni siquiera los malos recuerdos, pero, al final, quedó lo mejor de los dos, y un nuevo inicio surgió.
Voir plus«Casarse es para siempre». No dejaba Miranda de repetirlo para sí misma. Y es que, desde la tarde anterior, un miedo irracional le estaba embargando, y ahora que se veía vestida de blanco, todo se ponía mucho peor; y no lo entendía. Ella se había planteado esa situación muchas veces, y siempre creyó que estaba bien, que casarse no era malo, es decir, sus dos hermanas mayores estaban casadas y se veían de verdad felices. Pero ahora que la ansiedad la tenía a punto de vomitar, no estaba segura de querer unir su vida a alguien para siempre. La joven castaña, de ojos azules casi grises, se miró en el espejo de nuevo y el hueco en su estómago se agrandó. Los nervios la carcomían. A pesar de verse totalmente hermosa en ese vestido blanco de escote discreto, con ese maquillaje perfecto y ese peinado alucinante, no se sentía nada segura. Vio por la ventana de su habitación cómo iban llegando uno a uno sus invitados, todos elegantes y felices, incluyendo a sus hermanas y sus familias; y se
—¿Siempre no intentarás volver a trabajar? —preguntó Meredith que, veía a sus hijas menores a punto de entrar al jardín de niños, de tres años, también.—Yo creo que no —respondió Marisa, viendo al menor de sus hijos: Saíd, corriendo detrás de su hermano mayor, que siempre jugaba a esconderse de él—. Me gusta ser madre y ama de casa; además, ser madre y ama de casa ya es tremenda chinga, no quiero ser algo más que eso, no creo que pudiera soportarlo sin volverme loca.—Pues yo si voy a regresar al trabajo —informó Meredith, que ya estudiaba un posgrado para ponerse al corriente de la medicina pediátrica, pues la había dejado un poco de lado, también por haberse convertido en mamá y decidido que sus hijos crecerían bajo su cuidado y protección hasta que debieran despegarse un poco de ella, y eso estaba a punto de ocurrir ahora que entrarían al jardín de infantes.» Me dieron trabajo en el centro médico de tu zona residencial —explicó la segunda hermana Carson—, y como queda cerca del c
—¡Kyaaaa! —gritó Meredith, dando pequeños saltitos de emoción, sin prestar atención a esa sonrisa nerviosa que su hermana mayor contenía.Y es que era tanta la felicidad de la mayor de las Carson, que sentía que explotaría algo si es que se dejaba llevar por esas emociones que la comenzaban a desbordar.—¿Por qué no me dijiste que podías embarazarte si era de manera asistida? —preguntó la pediatra, que no soltaba las manos de su hermana mayor.—Porque no lo sabía —respondió Marisa y Meredith ahora sí que la soltó, mientras su rostro ponía una expresión de confusión y llevaba sus manos a su cintura—, como pensé que no podía serlo, y temía que cualquier cosa pudiera romper mi corazón, decidí no investigar nada, para no tener esperanzas. Me quedé solo con la idea de que no podría ser madre jamás.—Ay, mensa, tonta, idiota, pendeja —le dijo Meredith cada cosa al tiempo que golpeaba uno de los brazos de su hermana mayor—. Eres tan idiota que quiero pegarte.—Ya me pegaste —señaló Marisa, m
—Pues, según los estudios realizados, no debería haber ningún problema para la implantación de un óvulo fecundado —aseguró la médico que los estaba atendiendo y a los que, por puros nervios, Marisa estuvo a punto de negarse a conocer—, aparte de los riesgos normales, me refiero.Marisa casi se emocionó; pero, al conocer la aclaración, se dio cuenta de que, en realidad, no iría a la segura, así que de nuevo comenzó a tener miedo y ganas de salir de ese lugar, así, sin intentarlo siquiera.Porque, como bien decía el dicho, el que no intenta, no gana; y ella y Marisa tenían un complemento para ese dicho popular, que era: el que no arriesga, no gana, pero tampoco pierde; y ella no quería perder, sabía que no sobreviviría si lo hacía.Sabino, que conocía lo suficientemente bien a su esposa como para saber en lo que estaba pensando, tomó su mano, fría por los nervios que la estaban invadiendo, y la llevó a su boca para depositar en ella un dulce beso y poder hacer la promesa que quería hace












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