Início / Romance / AMOR PARA DOS / PARTE II. CAPÍTULO 1

Compartilhar

PARTE II. CAPÍTULO 1

Autor: Mary Ere
last update Data de publicação: 2023-02-01 13:36:23

—Dijo que no podía creer en mis palabras —explicó el ebrio jefe de enfermeros que se lamentaba por todas las malas decisiones que había tomado en su vida.

Porque, es decir, si no era porque él decidió jugar con todas las enfermeras que se lo permitieron, sin comprometerse con nadie, definitivamente no habría terminado con la reputación que ahora tenía; y, sin esa reputación, definitivamente, Emilia no habría descartado por completo sus sentimientos cuando los declaró.

» Pero sí la amo —aseguró Alejo Díaz, comenzando a lagrimear—. La amo demasiado... La amo como jamás había amado a nadie...

La chica a su lado, una joven de cabello café claro, casi rubio, y ojos azules, respiró profundo, demasiado profundo mientras seguía jugando con su cabello liso y largo, cosa que hacía todo el tiempo, más por manía que por gusto; aunque, si debía señalarlo, era complaciente seguir pasando sus dedos entre esas hebras delgadas, suaves y brillantes que eran su cabello.

» Yo habría hecho lo que fuera por ella —declaró el hombre, con la voz entrecortada y que ya sonaba demasiado nasal—... Si ella me hubiera elegido... Si ella me hubiera amado... Yo...

Alejo no pudo decir más, pues el nudo en su garganta no le permitió más que ahogar sus gemidos.

Él se había declarado de nuevo a la mujer que amaba, porque muchas veces antes le había insinuado y dicho que la quería, y que, si ella quería, la haría muy feliz, a ella y a su hijo; pero Emilia jamás le creyó, ella siempre le agradeció el cariño con una sonrisa y se tomó sus declaraciones como un simple halago que no podía ir más allá.

—De todas formas —habló la castaña, mirando al techo de ese posible bar, porque afuera no decía exactamente qué era ese establecimiento que se veía muy elegante y cómodo para ser una simple cantina—, ella no era para ti.

—Lo sé —aseguró Alejo tras un nuevo trago a esa horrible bebida que no cumplía con su propósito de aminorar el dolor que lo estaba matando—... Ella siempre fue de él... Aunque él no la merecía.

—Es que no hay manera de que la razón le gane al corazón —aseguró esa castaña de nombre Meredith Carson, que era, ni más ni menos, que la mejor amiga de Alejo Díaz desde que ambos estuvieron en la primaria—, al menos no cuando se trata de amor. Ya ves yo, que te amo desde siempre y tú nada más no me pelas.

Alejo hizo una mala cara al fijar sus ojos en la castaña que le sonreía burlonamente, pues esa broma estaba de más justo en ese momento.

Sí, él sabía que ella lo había amado en algún momento de la vida, tanto era así que Meredith siempre se refería a él como su primer amor, el más doloroso por no haber sido correspondido jamás.

Pero ya no era así, ahora Meredith, o Mer, como Alejo la llamó siempre, estaba enamorada de alguien más; aunque, lamentablemente, esta vez ella tampoco era correspondida; o al menos eso sugerían todas las críticas que esa joven pediatra hacía del ahora amor de su vida, un joven cardiólogo que trabajaba con ellos en el mismo hospital, y lo seguiría haciendo por poco tiempo.

Sabino Méndez era el nombre del nuevo amor de la vida de Meredith Carson, un joven rubio cenizo de ojos verdes y de perfecta sonrisa.

Sabino era el médico más amable que ese hospital tuvo el honor de conocer, pero era demasiado tímido, o demasiado “alzado” según las observaciones de todos aquellos que se enteraron que era hijo de médico de más prestigio y dinero de la ciudad y decidieron decidir que su aparente timidez no era más que una fachada para no tener que relacionarse con el pueblo.

Por alguna razón, que alguna vez algunas cuantas pensaron que había sido el destino, ese joven cardiólogo terminó haciendo sus prácticas médicas en el hospital donde Meredith tenía una plaza en pediatría, y fue ahí donde la castaña se enamoró de él.

Pero, tal vez, una médico de familia común, y más bien pobre, no era suficiente para alguien como él, y por eso Meredith decidió dejarlo todo por la paz, amando en silencio y sufriendo sola por la manera en que ese joven fingía no ver que ella lo amaba y la forma nada sutil en que se desvivía por él.

—¿Quieres que te ame? —preguntó Alejo y, aunque por medio segundo el corazón de la joven se paralizó, la pediatra terminó por sonreír burlonamente.

—¿Crees que quiero las sobras de algo que ni siquiera será real? —preguntó la joven, mirando a la nada y sintiendo cómo el poco alcohol que ingirió le hacía liviano el cuerpo y pesados los párpados—... Además, no, no quiero que me ames a mentiras y me rompas el corazón de verdad. Yo solo tengo un corazón, y ya está hecho muchos pedazos.

—Deberías decirle que lo amas —sugirió Alejo, haciéndole un gesto a su bebida—. En realidad, nunca se lo dijiste, ¿o sí?

Meredith negó con la cabeza antes de suspirar.

—Pero se lo insinué tanto que me gané el apodo de mantequilla —soltó la joven antes de reír un poco, igual que su mejor amigo quien, a unísono con ella, terminó por decir—: por resbalosa.

Ambos profesionales de la salud rieron a carcajadas, luego de eso respiraron profundo y volvieron a suspirar. Sus males de amores eran algo malo, pero no definían sus vidas por completo, así que también tenían sus buenos ratos.

—¿Sabes que ya se va la próxima semana? —preguntó Alejo y Meredith asintió mientras se mordía los labios—. Le harán una fiesta de despedida. ¿Quieres ir conmigo?

—También fui invitada, ¿sabes? —cuestionó la joven con el ceño fruncido—. Pero, sí, te acompañaré porque, aunque definitivamente no le molestará, quiero que vea que, al final, yo soy quien elige dejar de soñar con él y que puedo salir con alguien más, aunque sea una mentira.

—¿Pretendes usarme? —preguntó Alejo y la otra asintió lentamente mientras alzaba una ceja y fruncía los labios de una divertida manera—... Que mala eres.

—No soy mala —alegó la castaña—, soy tan buena persona que iré a la fiesta con mi mejor amigo que no tiene una pareja para ir porque la mujer que ama no lo ama

—Sí eres mala —reiteró Alejo y su compañera, amiga y colega en el cuidado de la salud sonrió socarronamente, batallando en abrir los ojos luego de cerrarlos un poco.

Y, a pesar de que en un inicio Alejo miró mal a su mejor amiga, terminó riendo otra vez; probablemente por el alcohol.

—Mejor vámonos —sugirió el rubio, poniéndose en pie y sintiendo cómo el mundo giraba a su alrededor—... Uhg, creo que estoy muy ebrio.

Dicho eso, con ambas manos de palma en la barra, donde las apoyó para no terminar en el piso, escuchó un golpe seco a su lado y giró la cabeza lento, sintiendo cómo eso también alteraba su equilibrio, para terminar viendo a su mejor amiga sentada en el piso, mirando a la nada con una expresión casi divertida de ver.

Meredith, que también se había sentido mareada cuando se puso en pie, pero que, a diferencia de Alejo, no había alcanzado a sostenerse de ningún lado porque en lugar de inclinarse al frente lo hizo hacía atrás, se fue de sentaderas al piso y terminó contrariada hasta que su cerebro le llamó idiota y le informó que se había caído.

La joven se rio a carcajadas mientras todo el mundo la observaba, entonces, Alejo negó con la cabeza y la ayudó a levantarse, decidido a ser su apoyo para sacarla de ese lugar, a pesar de que tampoco se sentía lo suficientemente bien.

Apoyados el uno con el otro, parados en la orilla de la acera de una solitaria, silencia y fría calle, Meredith Carson y Alejo Díaz no sabían ni qué demonios estaban haciendo o qué debían hacer, y todo era mucho más confuso cuando Meredith se reía de la nada, terminando por contagiar a su mejor amigo.

Ellos eran un par de borrachos con el cerebro apagado, o al menos era así con las funciones racionales.

» ¿Crees soportar un viaje en taxi? —preguntó el jefe de enfermeros y la joven negó con la cabeza.

—No sin vomitar —declaró la castaña y Alejo suspiró.

—Entonces quedémonos en ese hotel —señaló el joven de cabello rubio platinado y de ojos miel y, al ver asentir a su mejor amiga, muy ebria y casi dormida, la arrastró hacia el final de la calle donde un luminoso letrero mostraba el nombre el hotel.

El hotel era pequeño y el recepcionista en turno ni siquiera les prestó atención. En esa área de la ciudad había muchos bares y discotecas, así que sus clientes siempre eran personas ebrias que no se encontraban en las condiciones de hacer más que arrastrarse al refugio más cercano para dormir; y eso era lo que proporcionaban ellos.

Alejo pagó la habitación, arrastró a su amiga hacia el elevador y le cubrió la boca con su suéter para que el suelo no terminara cubierto con el vómito de la joven que, inevitablemente, dejó el cuerpo de la chica cuando su estómago resintió el movimiento del elevador.

—Necesito darme un baño —declaró Meredith, sintiéndose asqueada porque, además de haber vomitado el suéter de Alejo, se había vomitado un poco encima.

—Ni siquiera puedes sostenerte en pie —declaró el rubio y la castaña le miró fijo—. Te podrías ahogar con el agua, o resbalar y caer. Duerme así, mañana temprano te das ese baño.

Meredith entendió lo que su amigo decía porque, conforme pasaba el tiempo, ella se sentía cada vez peor: más mareada, más soñolienta y con más asco; pero aún así no quería dormir en las condiciones en que se encontraba justo en ese momento.

—¿Me ayudas? —preguntó la joven y el hombre le miró con los ojos muy abiertos hasta que la vio cómo casi se caía cuando cabeceó involuntariamente y luego casi lloró—... No quiero dormir sucia... por favor.

Alejo suspiró de nuevo, como lo llevaba haciendo toda la noche, y decidió meterse un poco en su papel de enfermero profesional, ese que no veía el cuerpo de las mujeres como el cuerpo de una mujer, sino como un cuerpo de un paciente que necesitaba de su apoyo.

**

—Supongo que no funcionó —declaró Alejo cuando, a la mañana siguiente de una tremenda borrachera para curar su corazón, abrió los ojos y se encontró con su mejor amiga mirándole casi aterrada.

Ambos estaban en la misma cama, ambos desnudos y con obvias señales de haber intimado demasiado; y eso le horrorizaba un poco también.

Mary Ere

Hola, hermosuras, vuelvo con una segunda parte de esta novela. Ahora toca el turno de ser feliz a Alejo... ¿o será su turno de sufrir?

| 15
Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • AMOR PARA DOS   PARTE II. CAPÍTULO 52

    «Casarse es para siempre». No dejaba Miranda de repetirlo para sí misma. Y es que, desde la tarde anterior, un miedo irracional le estaba embargando, y ahora que se veía vestida de blanco, todo se ponía mucho peor; y no lo entendía. Ella se había planteado esa situación muchas veces, y siempre creyó que estaba bien, que casarse no era malo, es decir, sus dos hermanas mayores estaban casadas y se veían de verdad felices. Pero ahora que la ansiedad la tenía a punto de vomitar, no estaba segura de querer unir su vida a alguien para siempre. La joven castaña, de ojos azules casi grises, se miró en el espejo de nuevo y el hueco en su estómago se agrandó. Los nervios la carcomían. A pesar de verse totalmente hermosa en ese vestido blanco de escote discreto, con ese maquillaje perfecto y ese peinado alucinante, no se sentía nada segura. Vio por la ventana de su habitación cómo iban llegando uno a uno sus invitados, todos elegantes y felices, incluyendo a sus hermanas y sus familias; y se

  • AMOR PARA DOS   PARTE II. CAPÍTULO 51

    —¿Siempre no intentarás volver a trabajar? —preguntó Meredith que, veía a sus hijas menores a punto de entrar al jardín de niños, de tres años, también.—Yo creo que no —respondió Marisa, viendo al menor de sus hijos: Saíd, corriendo detrás de su hermano mayor, que siempre jugaba a esconderse de él—. Me gusta ser madre y ama de casa; además, ser madre y ama de casa ya es tremenda chinga, no quiero ser algo más que eso, no creo que pudiera soportarlo sin volverme loca.—Pues yo si voy a regresar al trabajo —informó Meredith, que ya estudiaba un posgrado para ponerse al corriente de la medicina pediátrica, pues la había dejado un poco de lado, también por haberse convertido en mamá y decidido que sus hijos crecerían bajo su cuidado y protección hasta que debieran despegarse un poco de ella, y eso estaba a punto de ocurrir ahora que entrarían al jardín de infantes.» Me dieron trabajo en el centro médico de tu zona residencial —explicó la segunda hermana Carson—, y como queda cerca del c

  • AMOR PARA DOS   PARTE II. CAPÍTULO 50

    —¡Kyaaaa! —gritó Meredith, dando pequeños saltitos de emoción, sin prestar atención a esa sonrisa nerviosa que su hermana mayor contenía.Y es que era tanta la felicidad de la mayor de las Carson, que sentía que explotaría algo si es que se dejaba llevar por esas emociones que la comenzaban a desbordar.—¿Por qué no me dijiste que podías embarazarte si era de manera asistida? —preguntó la pediatra, que no soltaba las manos de su hermana mayor.—Porque no lo sabía —respondió Marisa y Meredith ahora sí que la soltó, mientras su rostro ponía una expresión de confusión y llevaba sus manos a su cintura—, como pensé que no podía serlo, y temía que cualquier cosa pudiera romper mi corazón, decidí no investigar nada, para no tener esperanzas. Me quedé solo con la idea de que no podría ser madre jamás.—Ay, mensa, tonta, idiota, pendeja —le dijo Meredith cada cosa al tiempo que golpeaba uno de los brazos de su hermana mayor—. Eres tan idiota que quiero pegarte.—Ya me pegaste —señaló Marisa, m

  • AMOR PARA DOS   PARTE II. CAPÍTULO 49

    —Pues, según los estudios realizados, no debería haber ningún problema para la implantación de un óvulo fecundado —aseguró la médico que los estaba atendiendo y a los que, por puros nervios, Marisa estuvo a punto de negarse a conocer—, aparte de los riesgos normales, me refiero.Marisa casi se emocionó; pero, al conocer la aclaración, se dio cuenta de que, en realidad, no iría a la segura, así que de nuevo comenzó a tener miedo y ganas de salir de ese lugar, así, sin intentarlo siquiera.Porque, como bien decía el dicho, el que no intenta, no gana; y ella y Marisa tenían un complemento para ese dicho popular, que era: el que no arriesga, no gana, pero tampoco pierde; y ella no quería perder, sabía que no sobreviviría si lo hacía.Sabino, que conocía lo suficientemente bien a su esposa como para saber en lo que estaba pensando, tomó su mano, fría por los nervios que la estaban invadiendo, y la llevó a su boca para depositar en ella un dulce beso y poder hacer la promesa que quería hace

  • AMOR PARA DOS   PARTE II. CAPÍTULO 48

    —Meredith está embarazada —informó Marisa a su esposo, que esperaba en la cama a que ella terminara de ponerse mil cosas en el rostro y cuello, para poder dormir a su lado—. Estaba muy emocionada, y yo también.Sabino la escuchó con atención, y pudo darse cuenta que de verdad Marisa estaba muy emocionada por el nuevo embarazo de su hermana menor, y también recordó aquella vez en que la joven le habló de su problema de infertilidad.—Ah —hizo el hombre demasiado bajo, y luego pensó que había sido justo en ese momento en el que se había comenzado a enamorar de ella.Porque, luego de eso, le puso mucha más atención, y se fue enamorando un poco más con cada cosa que la joven hacía, porque todo de ella le comenzó a encantar.Marisa le comenzó a encantar desde ese momento, y aun así hubo cosas que se perdió.Es decir, él sabía que ella era infértil, pero no habían ahondado en detalles al respecto, así que desconocía esa parte, parte que, en un inicio, cuando no se querían ni un poquito, a p

  • AMOR PARA DOS   PARTE II. CAPÍTULO 47

    —¿Decidiste una guardería? —preguntó Meredith, viendo al pequeño Axel subirse a esa resbaladilla por la parte de la resbaladilla, justamente.Los chicos estaban por cumplir tres años, y realmente era un tormento preocuparse por todo lo peligroso que parecían ser ellos mismos para ellos mismos. De alguna manera era como si estuvieran intentando lograr una misión suicida, y todos los adultos a su alrededor debían ser sus salvadores, y eso era, en serio, muy agotador, por eso Meredith se había rendido.—¿No lo vas a bajar de ahí? —preguntó Marisa, preocupada por su desastroso sobrino, el cual no disfrutaba mucho cuidar, porque era tres veces más inquieto que Saúl.Pero eso no era lo peor, lo peor no era el exceso de actividad infantil a la que Marisa no estaba acostumbrada, lo peor era que algo en Axel incentivaba la energía de Saúl, quien terminaba siendo el doble de inquieto de lo que era habitualmente, así que, era raro que el pequeño de ojos verdes no terminara con un rasguño, un mor

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status