LOGIN“Señora, sus padres solicitan su presencia de inmediato.”
Las palabras eran corteses, ensayadas, pero Liora sintió la advertencia que las acompañaba.
Elevó la mirada hacia Nadia y forzó una leve sonrisa en sus labios. “Por supuesto.”
Al darse la vuelta, respiró hondo, calmándose antes de comenzar a caminar de regreso al comedor. El pasillo parecía más largo que antes, el suelo pulido reflejando el suave resplandor de las arañas de luz. Cada paso le provocaba un dolor sordo en la cadera, un recordatorio persistente de la caída de la que no se había recuperado. Ajustó su ritmo, ocultando lo mejor que pudo la ligera cojera. La debilidad no se toleraba en esta casa.
Nadia caminaba a su lado en silencio. Sus ojos se posaron una vez—solo una vez—en los pasos irregulares de Liora, y luego se apartaron rápidamente. No dijo nada, y por eso, Liora se sintió agradecida.
“Señora,” murmuró Nadia tras un momento, con voz baja y cuidadosa, “sus padres… y la familia Williams parecen muy molestos.”
Los dedos de Liora se cerraron ligeramente a su costado.
“¿Qué pasó ahora?” pensó internamente.
Su estómago se tensó mientras aumentaba el paso, ignorando la protesta aguda de su pierna. Con cada paso más cerca del comedor, un peso incómodo se asentaba en su pecho, como si su cuerpo ya supiera lo que le esperaba.
En el momento en que cruzó el umbral, el temor se enroscó a lo largo de su columna.
Mia estaba acurrucada contra el hombro de Celeste, su rostro manchado, lágrimas resbalando por sus mejillas mientras lloraba suavemente. Sus padres permanecían cerca, murmurando palabras de consuelo. El aire estaba cargado de tensión, pesado y sofocante. Cuando Liora entró, cada movimiento se detuvo. Todas las miradas se volvieron hacia ella.
Los ojos de su madre se endurecieron al instante.
“No puedo creer que haya dicho esas cosas sobre nosotros,” habló Celeste primero, con tono suave pero herido. “Especialmente hacia Mia.”
Los labios de Liora se entreabrieron. “Yo—”
“Fue cruel,” susurró Mia, aferrándose a su manga. “Dijo cosas que nadie debería decir jamás.”
La habitación pareció inclinarse.
En ese instante, Liora entendió exactamente lo que estaba pasando.
La estaban incriminando.
“¿Y qué exactamente le hiciste a mi hija?” exigió la Sra. Williams, con voz afilada de furia.
“Yo no—” Liora dio un paso adelante, con el pulso martillando en sus sienes.
“Nos habló con tal arrogancia,” interrumpió Celeste con suavidad, “como si estuviéramos por debajo de ella.”
Los sollozos de Mia se intensificaron, sus hombros temblando.
Le hablaron encima—voces superpuestas, acusaciones apilándose una sobre otra—hasta que las palabras de Liora se enredaron inútilmente en su garganta. Por más que intentara hablar, estaba silenciada.
Su madre ya había comenzado a disculparse, su voz apresurada y desesperada, la humillación evidente en cada palabra. Su padre permaneció sentado, expresión fría e inescrutable, hasta que finalmente se levantó para repetir las disculpas con formalidad rígida.
El corazón de Liora se hundió.
Esto ya no se trataba de la familia Williams.
“Parece,” dijo la Sra. Williams con frialdad, su mirada hacia Liora, “que no entrenaste bien a tu hija, Helene.”
Las palabras golpearon más fuerte que cualquier bofetada.
“Nos retiraremos.”
Mientras la familia Williams se daba vuelta y salía, Liora observó el preciso momento en que la máscara compuesta de su madre se quebró. La perfección lo era todo para ella, y esa noche, Liora la había destrozado más allá de toda reparación.
Las puertas se cerraron con un golpe final y resonante.
Siguió el silencio.
Su madre se giró lentamente.
Los pies de Liora se movieron por instinto, retrocediendo.
“¡Madre, por favor—”
“¡Niña estúpida!”
Su madre avanzó, la furia ardiendo en sus ojos. Liora se quedó paralizada. Correr solo empeoraría la situación.
“¿Qué has hecho?” chasqueó su madre, sus uñas puntiagudas hiriendo dolorosamente el brazo de Liora al empujarla hacia atrás. “Te dijimos que te comportaras. Y elegiste humillarnos.”
“Madre, por favor escuche—”
“¡No hables cuando yo estoy hablando!”
“Pero—”
La mano de su madre permaneció suspendida en el aire por medio segundo.
Luego cayó.
La bofetada impactó con fuerza brutal, haciendo que la cabeza de Liora girara hacia un lado. Perdió el equilibrio y se desplomó al suelo, el dolor explotando en su cadera mientras un grito agudo escapaba de su garganta.
“¡DIJE QUE NO HABLES CUANDO YO ESTOY HABLANDO!”
Sus oídos zumbaban. La habitación se volvió borrosa. Las lágrimas brotaban libremente ahora, calientes e implacables.
“Estás confinada a tu habitación,” continuó su madre con frialdad. “No saldrás de esta casa hasta que yo diga lo contrario. Me avergüenzas a cada oportunidad, y aprenderás tu lección. ¿Entendido?”
“S-Sí, Madre,” susurró Liora, su voz apenas audible.
Satisfecha, su madre se dio la vuelta, dejando tras de sí maldiciones mientras abandonaba el comedor.
Liora permaneció donde había caído, su cuerpo temblando.
Su padre se acercó, su sombra extendiéndose sobre ella. No levantó la mirada.
“Eres una desgracia,” dijo con voz plana.
Luego se alejó.
Un sollozo ahogado escapó de ella. Presionó una mano sobre su boca, amortiguando el sonido mientras sus hombros temblaban. Permaneció así un largo rato antes de obligarse a levantarse. Cada movimiento dolía. Aun así, cojeó hacia las escaleras, cada paso más pesado que el anterior.
Una vez dentro de su habitación, cerró la puerta con llave y se hundió en el suelo, con la espalda apoyada contra ella.
Un golpe sonó momentos después.
“Por favor,” susurró con voz ronca. “Solo quiero estar sola.”
“Señora, soy Nadia,” llegó la suave respuesta. “Por favor, déjeme entrar. Traje comida… y medicina.”
Liora se limpió el rostro y abrió la puerta.
Nadia la guió con cuidado hacia la cama, ayudándola a sentarse. Liora gimió al sentir presión sobre su cadera, y los ojos de Nadia se llenaron de disculpa.
“Primero debo atender tu brazo,” dijo Nadia suavemente.
Solo entonces Liora notó el moretón oscuro que se expandía por su piel.
Observó en silencio mientras Nadia aplicaba el ungüento con manos cuidadosas, cada toque deliberado y suave.
“Gracias, Nadia,” murmuró Liora.
“No es nada, señora.”
“Nadia.”
“Sí, señora?”
Liora inhaló lentamente, su mirada fija en el suelo.
“Necesito pastillas anticonceptivas.”
Sienna caminaba de un lado a otro por su habitación, con el pecho agitado y el rostro contorsionado por la rabia. No podía dejar de pensar en lo que había sucedido unas horas antes. No se había marchado inmediatamente. En cambio, había permanecido sentada en su coche durante varios minutos, gritando una y otra vez hasta que finalmente regresó a su apartamento.—¡Arghh! —gritó Sienna mientras se tiraba del cabello.No podía creerlo. Ashvin tenía una esposa. Una esposa… y una hija.Se negaba a aceptar que estuviera casado con otra mujer que no fuera ella.—No puedo permitir esto —susurró con locura mientras continuaba caminando de un lado a otro por su habitación—. Esto no puede estar pasando. Ashvin es mío. Siempre ha sido mío y no permitiré que una maldita cazafortunas me lo robe.Sus manos temblaron mientras las apretaba con fuerza.—Tengo que hacer algo —murmuró para sí misma.Se sentó en el borde de la cama, jugueteando nerviosamente con los dedos.—Tengo que deshacerme de ellos. D
Sienna caminaba de un lado a otro por su habitación, con el pecho agitado y el rostro contorsionado por la rabia. No podía dejar de pensar en lo que había sucedido unas horas antes. No se había marchado inmediatamente. En cambio, había permanecido sentada en su coche durante varios minutos, gritando una y otra vez hasta que finalmente regresó a su apartamento.—¡Arghh! —gritó Sienna mientras se tiraba del cabello.No podía creerlo. Ashvin tenía una esposa. Una esposa… y una hija.Se negaba a aceptar que estuviera casado con otra mujer que no fuera ella.—No puedo permitir esto —susurró con locura mientras continuaba caminando de un lado a otro por su habitación—. Esto no puede estar pasando. Ashvin es mío. Siempre ha sido mío y no permitiré que una maldita cazafortunas me lo robe.Sus manos temblaron mientras las apretaba con fuerza.—Tengo que hacer algo —murmuró para sí misma.Se sentó en el borde de la cama, jugueteando nerviosamente con los dedos.—Tengo que deshacerme de ellos. D
Liora se quedó momentáneamente desconcertada por las palabras de aquella mujer.Por un instante estuvo a punto de perder el equilibrio, pero logró mantenerse firme antes de que se notara. Lo último que quería era darle la satisfacción de pensar que sus palabras la habían afectado.La mujer seguía observándola con aquella misma sonrisa arrogante, con los brazos cruzados sobre el pecho, como si ya hubiera ganado. Ya no decía nada.Simplemente esperaba.Esperaba a que Liora perdiera la compostura.Liora lo comprendió enseguida.Fuera cual fuera el juego que aquella mujer estaba intentando jugar, ella no pensaba participar.—Haz el favor de apartarte —dijo Liora con calma, manteniendo el rostro sereno a pesar del torbellino de emociones que amenazaba con salir a la superficie.Durante un breve instante, la sonrisa de suficiencia de la mujer vaciló.Solo un segundo.Después volvió a aparecer.—Supongo que todavía no sabes quién soy —dijo con una suave risa—. Me llamo Sienna.Hizo una pausa
En el instante en que esas palabras salieron de la boca de Ashvin, el salón estalló en caos.Los murmullos se propagaron entre los invitados como un incendio, mientras exclamaciones de sorpresa llenaban el ambiente. Las conversaciones se mezclaban unas con otras y un sinfín de miradas se dirigieron hacia Ashvin y Liora. Varios invitados sacaron inmediatamente sus teléfonos, ansiosos por ser los primeros en difundir la impactante noticia de que el soltero más codiciado del país se había casado en secreto.Liora se sintió de pronto abrumada por toda aquella atención.Hace apenas unos instantes, la gente solo sentía curiosidad por ella.Ahora…Todos sabían exactamente quién era.La esposa de Ashvin Grey.El peso de cientos de miradas hizo que su corazón latiera con fuerza. Instintivamente, apretó la mano de Ashvin.Casi de inmediato, él respondió estrechándola con suavidad.Aquel pequeño gesto le recordó, sin necesidad de palabras, que no estaba sola.—Y-Yo no tenía ni idea… Lo siento mu
—No te preocupes, Liora. Estarás bien —dijo Ashvin mientras estrechaba con más fuerza la mano de Liora.Había notado el nerviosismo reflejado en su rostro mucho antes de que llegaran. Ella hacía todo lo posible por ocultarlo tras una pequeña sonrisa, pero la forma en que sus dedos temblaban ligeramente entre los de él y las discretas respiraciones que seguía tomando la delataban por completo.Ashvin no quería que se sintiera abrumada. En apenas unos minutos la presentaría ante algunas de las personas más influyentes del país. Una vez que eso ocurriera, todas las miradas del salón estarían puestas en ella. Quería que estuviera preparada, pero, sobre todo, quería que supiera que no tendría que enfrentarse a todo aquello sola.Liora levantó la vista hacia él e intentó sonreír, pero el intento apenas duró un instante.—No sé por qué de repente estoy tan nerviosa —admitió en voz baja—. Te prometo que hace unas horas no me sentía así.Esa misma tarde, Helena había llevado a todo un equipo d
—Iré contigo.Liora levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Ashvin. Su voz era suave, pero firme, a pesar del nerviosismo que le revolvía el estómago. Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Ashvin, una que también alcanzó sus ojos. Había esperado que aceptara. Sabía que seguía sintiéndose nerviosa, pero el simple hecho de que estuviera dispuesta a entrar en su mundo por él significaba más de lo que ella imaginaba.—Te prometo que estaré contigo todo el tiempo —dijo con dulzura mientras apoyaba una mano sobre su hombro. Su pulgar rozó ligeramente la tela de su manga, como si intentara calmar la tormenta de emociones que ya podía ver reflejada en ella.Liora soltó un largo suspiro.—¿Estás seguro? —preguntó en voz baja—. Podría quedarme con Helena. Estoy segura de que tendrás personas importantes con las que hablar y socios de negocios a quienes atender.Ashvin negó con la cabeza casi de inmediato.—Tú eres mi prioridad mañana por la noche —respondió—. Sí, habrá invers







