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CAPÍTULO 100: ALTITUD Y CELOS

Autor: Sandraeliza
last update Data de publicação: 2025-12-13 04:28:59
El contraste entre la tierra salvaje de Alaska y la burbuja de lujo y tecnología del jet privado Fitzgerald fue tan abrupto como deliberado. Subir por la escalerilla fue cruzar un umbral no solo físico, sino simbólico: dejaban atrás el refugio de madera y nieve y se reincorporaban, paso a paso, a un mundo de líneas pulidas, acero y expectativas.

El capitán O’Malley, un hombre de pelo canoso y saludo militar, les esperaba en la puerta. Conocía a Nick desde que era un adolescente rebelde que colab
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  • ANTES DE SER LA REINA   CAPÍTULO 248: EL ASCENSO DE LA REINA DE HIELO

    El nuevo día no trajo consuelo, solo una luz grisácea y fría que se filtraba por las pesadas cortinas de la mansión Moretti. Isabella se levantó de la cama con una rigidez mecánica, como si sus músculos hubieran olvidado cómo moverse por voluntad propia. Sus pies descalzos sobre el mármol frío fueron el primer contacto con una realidad que ya no quería habitar.Caminó hacia el baño y dejó que la puerta se cerrara tras ella, aislándola en un cubículo de silencio absoluto. Abrió la llave de la ducha y esperó a que el vapor llenara la estancia, buscando un calor que no lograba encontrar en su propio cuerpo. Bajo el agua hirviente, Isabella cerró los ojos, dejando que el chorro golpeara su espalda, intentando imaginar que el agua era capaz de lavar no solo el rastro de la noche anterior, sino el dolor que se había incrustado en sus huesos. Se cepilló los dientes con movimientos erráticos, sintiendo el sabor mentolado como algo extraño, ajeno.Al terminar, se envolvió en una bata de seda y

  • ANTES DE SER LA REINA   CAPÍTULO 247: EL JURAMENTO DE LAS SOMBRAS

    El motor del deportivo de Isabella rugía por las calles de Manhattan, pero para ella, el sonido era un eco lejano, casi irreal. Sus manos, firmes por años de entrenamiento, temblaban ahora sobre el cuero del volante. La ciudad desfilaba a su lado como un borrón de luces y sombras, una metrópoli que antes le pertenecía y que ahora se sentía como una celda de cristal.Apenas tres cuadras después de alejarse del edificio de Nick, el aire se le terminó. Fue un impacto físico, un golpe seco en el esternón que le impidió inhalar. Las lágrimas, que había contenido con una voluntad de hierro frente a él, desbordaron sus ojos con una violencia tal que la carretera desapareció tras una cortina de sal y fuego. Isabella frenó en seco en una calle lateral, el chirrido de los neumáticos protestando contra el asfalto.Se desplomó sobre el volante. El llanto que emergió de su garganta no era humano; era el lamento de un animal herido de muerte. Lloró por Nick, por el calor de su piel que aún sentía e

  • ANTES DE SER LA REINA   CAPÍTULO 246: EL PESO DEL “PARA SIEMPRE”

    La mañana se filtró por las persianas del departamento de Nick no como una bendición, sino como una intrusa despiadada. Los rayos de luz, cargados de partículas de polvo que danzaban en el aire, cortaban la penumbra de la habitación con una precisión quirúrgica, desnudando la realidad que ambos habían intentado ignorar durante la noche. Isabella despertó sintiendo el peso del brazo de Nick sobre su cintura, un ancla de carne y hueso que la mantenía unida a la única realidad que deseaba habitar. El rastro del sexo reciente y el perfume amaderado de él inundaban sus sentidos, creando una burbuja de paz que, ella lo sabía bien, estaba a punto de estallar en mil pedazos de cristal roto.Se quedaron en silencio un largo rato, simplemente respirando el mismo aire, escuchando el latido del corazón del otro, que retumbaba con una fuerza sorda contra el pecho. No había prisa por abrir los ojos, porque abrirlos significaba aceptar que el reloj de arena se había agotado, que los granos finales e

  • ANTES DE SER LA REINA   CAPÍTULO 245: EL ECO DE LO QUE PUDO SER  

    El silencio en el departamento de Nick era absoluto, roto solo por el susurro de la lluvia que ahora golpeaba los cristales con una cadencia hipnótica. Sin embargo, en la mente de Isabella, el mundo era radicalmente distinto.Eran las tres de la mañana cuando el sueño la atrapó. En su visión, no había edificios de cristal ni armas humeantes. Había un campo infinito de trigo dorado bajo un sol que no quemaba, sino que acariciaba. En el centro de aquel paraíso, un columpio de madera colgaba de un roble centenario. Nick estaba allí, vestido de blanco, con una expresión de paz que Isabella nunca le había visto en la vigilia. Entre ambos, mecían a un niño de unos dos años. El pequeño tenía el cabello castaño claro, alborotado por la brisa, y cuando reía, sus ojos azules —el azul exacto de Nick— brillaban con una pureza que le atravesaba el alma a Isabella.Las risas inundaban el lugar, un sonido tan cristalino que parecía borrar todas las muertes y traiciones del pasado. Luego, se tendiero

  • ANTES DE SER LA REINA   CAPÍTULO 244: EL VENENO EN EL JARDÍN

    El amanecer en la mansión Moretti no trajo la paz, sino una claridad despiadada. La lluvia de la noche anterior había dejado paso a una mañana de un sol radiante y engañoso que hacía brillar las gotas de agua sobre los rosales del jardín como si fueran diamantes. Era una estampa de perfección aristocrática que ocultaba la podredumbre que se gestaba en el interior de sus muros.Giuseppe, Alessandra e Isabella se encontraban desayunando en la terraza trasera, un espacio de mármol blanco rodeado de estatuas neoclásicas que observaban el festín con ojos vacíos. El aroma del café recién hecho se mezclaba con la fragancia dulce del jazmín y el olor a tierra mojada, creando una atmósfera de tranquilidad que Isabella encontraba asfixiante. Giuseppe leía el periódico con parsimonia, mientras Alessandra removía su té en un silencio elegante, pero cargado de una tensión que nadie se atrevía a romper.Isabella, vestida con un vestido de seda ligera que contrastaba con la dureza que aún sentía en

  • ANTES DE SER LA REINA   CAPÍTULO 243: EL PRECIO DEL SILENCIO

    La luz de la luna llena iluminaba el cielo de Manhattan con una crueldad metálica. Nick Fitzgerald conducía su sedán oficial con la mirada perdida en el horizonte de rascacielos, sintiendo aún el eco del último beso de Isabella en sus labios y el calor de su piel bajo la ducha. Acababan de tomar caminos separados en una intersección de la Quinta Avenida, una bifurcación que simbolizaba la dualidad de sus vidas: ella hacia el trono de sangre de los Moretti, él hacia las sombras de su refugio sin ella.De pronto, el silencio del habitáculo fue interrumpido por el chirrido electrónico de su celular. Nick no necesitó mirar la pantalla para saber quién era. Al contestar, no hubo saludos ni cortesías, solo la voz gélida y autoritaria de Scott Walton que parecía vibrar con una furia contenida.—Te quiero en mi oficina en quince minutos, Fitzgerald. Y no quiero excusas, ni una estupidez más de tu parte. Muévete.El clic seco de la línea cortándose resonó en el oído de Nick como un disparo. «E

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