LOGINMARISSAEl viento era inusualmente frío.Azotaba los campos de entrenamiento como si tuviera una intención cruel, enroscándose alrededor de mis botas y enredándose en las trenzas de Lyna mientras se mantenía frente a mí, postura firme, ojos concentrados. Habíamos estado entrenando toda la mañana—o más bien, ella había estado entrenando y yo tratando de no reírme cada vez que resbalaba en la hierba escarchada.“Otra vez”, gruñó, sacudiéndose la nieve del codo.“¿Estás segura? Tu orgullo ya ha recibido suficientes golpes por hoy.”“Cállate.”Sonreí de lado y levanté mi espada de nuevo. Estábamos a punto de enfrentarnos otra vez cuando una sombra pasó demasiado rápido sobre nuestras cabezas. Mi lobo reaccionó al instante, cada pelo de mi cuerpo erizándose.Lyna se quedó inmóvil. “¿Lo sientes?”Asentí lentamente. “Algo está mal.”Soltamos nuestras posturas de práctica y echamos a correr. No más entrenamiento. Solo instinto.El castillo no estaba lejos, pero cuando llegamos al borde del ja
AUDACUSNunca pensé que llegaría el día en que estaría suplicando.Ni en esta vida ni en la anterior. Y aun así, allí estaba—empapado en un orgullo que ya no podía permitirme conservar, tocando puertas que antes se abrían para mí en silencio.“No abrimos nuestras puertas a los fantasmas”, dijo el guardián de las Montañas Serafín, sin siquiera molestarse en mirarme.“No soy un fantasma”, le dije.“Caminas como uno.”Las puertas permanecieron cerradas. Mi nombre, antes pronunciado con asombro, ahora solo se susurraba en rincones de miedo o disgusto. Hailey había logrado eso.Su ascenso fue mi caída.Su poder, una sombra que ahora se alzaba más alta que incluso las alianzas más antiguas que yo creía sagradas.Dejé las montañas con el viento azotando mi capa y sin respuestas.“Bastardos”, murmuré.La desesperación tiene un sabor amargo. Cubre la parte posterior de tu garganta como bilis y se instala detrás de tus ojos, tensando tu mandíbula cuando el orgullo insiste en que grites en su lu
AUDACUSNunca pensé que llegaría el día en que estaría suplicando.Ni en esta vida ni en la anterior. Y aun así, allí estaba—empapado en un orgullo que ya no podía permitirme conservar, tocando puertas que antes se abrían para mí en silencio.“No abrimos nuestras puertas a los fantasmas”, dijo el guardián de las Montañas Serafín, sin siquiera molestarse en mirarme.“No soy un fantasma”, le dije.“Caminas como uno.”Las puertas permanecieron cerradas. Mi nombre, antes pronunciado con asombro, ahora solo se susurraba en rincones de miedo o disgusto. Hailey había logrado eso.Su ascenso fue mi caída.Su poder, una sombra que ahora se alzaba más alta que incluso las alianzas más antiguas que yo creía sagradas.Dejé las montañas con el viento azotando mi capa y sin respuestas.“Bastardos”, murmuré.La desesperación tiene un sabor amargo. Cubre la parte posterior de tu garganta como bilis y se instala detrás de tus ojos, tensando tu mandíbula cuando el orgullo insiste en que grites en su lug
HAILEYSiempre supe que llegaría el día en que tendría que dejarla ir; aun así, ninguna profecía ni preparación logra preparar a una madre para despedirse de su hija, incluso si es una hija concebida con tu semilla sin tu conocimiento. El sol apenas había cruzado el horizonte cuando desperté. El cielo era suave y pálido, un rubor silencioso antes del ardor de la despedida. Estaba de pie en el jardín oriental del castillo, con los dedos hundidos en el dobladillo de mi túnica, mirando el valle cubierto de niebla. Pude sentirla antes de oír sus pasos.Akasha... No me giré.Todavía no. Necesitaba un momento para respirar.Mi corazón había estado demasiado lleno durante días; sabía que este día llegaría. Y ahora ha llegado.“¿Madre?” Su voz era suave detrás de mí.Me giré lentamente. Se veía radiante, el cabello recogido en trenzas doradas, las sedas ceremoniales del rito de apareamiento envolviendo sus hombros. La marca de su linaje ardía tenuemente en su clavícula. Se veía joven y antigu
AKASHAExhalo mientras Jaden sale de mí y me dice que me cuide. Todos han sido muy comprensivos, especialmente Madre, pero hoy no estoy nada bien; me hago un ovillo de dolor cuando él cierra la puerta.El aroma a incendio forestal se pegaba a mi piel, pero no era humo. Era mi deseo excesivo por mis compañeros.Mis manos temblaban mientras agarraba el borde de la colcha en medio de la habitación. La luz de la luna entraba por la ventana arqueada, dibujando rayas plateadas sobre mis brazos desnudos. El fuego en la chimenea crepitaba, pero solo aumentaba la atracción líquida en mi interior.—Akasha…La voz de Virgo, baja y profunda, áspera en el borde del control. Me giré lentamente hacia él, con las pupilas dilatadas, y la loba dentro de mí abriéndose paso al frente, suplicando contacto, reclamando.Sabía el olor que los había traído aquí. Mi celo había llegado… y no había pedido permiso.Lucian caminaba justo detrás de él, completamente sin camisa. Sus ojos eran tan oscuros como un ecl
KAELEl viento en las cumbres orientales mordía hoy, cortando las nubes con una precisión que me gustaría usar para llegar al torbellino que amenazaba nuestro mundo. Me encontraba en la barandilla del balcón, con la capa ondeando detrás de mí, mientras el viento susurraba sus secretos contra mi piel y llamaba a Draco.Aurora entró en silencio. Sus pasos siempre eran precisos, siempre silenciosos. Pero yo la reconocería en cualquier parte, incluso cuando se movía como una sombra.—Dijo la verdad, Kael —afirmó, colocándose a mi lado.La miré de reojo. —¿Noah, el nuevo rey oso?Ella asintió.Su cabello plateado estaba trenzado con hilos de amatista, y sus ojos ardían con las tormentas que bailaban sobre los acantilados. —Vino en paz y con una advertencia, mientras intentaba ganar reconocimiento o una alianza con la Reina.Incliné la cabeza hacia un lado. —Audacus fue a verlo a él, no al revés.—Sí. Suplicando lealtad. Suplicando ejércitos.—Y él lo rechazó.—Se rio en su cara, segú







