LOGINTengo que aceptarlo León es un encanto de hombre, pero es un gran amigo de Antón, aunque no deja de decir que soy una obra de arte.
—Bueno, ¿y cuándo es la boda? —pregunta León con su copa de vino.
—Pronto —dice Antón.
—Espero mi invitación.
—Así será.
En ese momento llega Alba, que saluda de forma efusiva a León.
—Mira nada más cómo has crecido —dice León con una sonrisa.
—Y tú sigues estando igual de guapo y simpático. Primo, ya está todo listo para la boda.
Cuando Alba menciona eso, siento cómo mi ánimo cae. Al acordarme de las duras palabras de Antón, solo imaginarme todo eso me indispone.
—Si me disculpan, me voy a retirar. Tengo un poco de dolor de cabeza.
Veo cómo Antón se acerca y toma mi rostro.
—¿Quieres que te lleve algo?
Hijo de puta, qué hipócrita me saliste.
—No —le respondo de forma seca.
Me despido de los demás, pero antes escucho que León le dice:
—¿Problemas en el paraíso?
—Nada que un buen sexo no pueda arreglar. - Maldito... no sabes cuánto te odio.
Al llegar a la habitación cierro la puerta con seguro y la trabo con una silla. Así me aseguraré de que no entre ese imbécil.
Al rato escucho cómo alguien intenta entrar y luego oigo sus gritos.
—¡Joder, Ana, abre la puerta! - No le diré nada. Que se joda. —¡Abre la maldita puerta! -Por mí puedes gritar todo lo que quieras. No abriré.
—Antón, ¿qué son esos gritos? —Es León.
—No, hombre, no me deja entrar.
—¿No pues que no era nada que un buen sexo no arreglara? —responde con humor.
—Ya cállate. ¡ANA, ABRE LA JODIDA PUERTA!
—Joder, no seas necio y déjala por hoy. Mañana hablan.
Creo que Antón le hace caso porque ya no se escuchan más voces. Así que ahora sí me dedico a dormir.
A la mañana siguiente me levanto, me doy una ducha rápida y me pongo unos jeans y una blusa.
Corro la silla, destrabo la puerta y salgo de la habitación para ir a comer algo, ya que muero de hambre. Pero me llevo la sorpresa de ver a Antón que, al verme, me toma con fuerza del brazo.
—Que sea la última vez que me dejas afuera de mi habitación.
Me suelto como puedo y lo miro con puro odio.
—No entiendo para qué quieres dormir conmigo.
—¡Eres mi prometida!
—¡Una prometida por negocio! - Creo que ya estoy perdiendo la paciencia.
—Pues me importa una m****a. Tu deber es estar conmigo.
—Pues ve a donde tu mujer... Ah, verdad, no puedes porque está muerta.
Antón pierde el control porque lo siguiente que siento es cómo su mano se estrella contra mi mejilla, haciéndome girar la cara.
—¡¿QUÉ MIERDAS TE PASA?! —grita León mientras se acerca y toma mi rostro—. ¿Estás bien?
—¡No toques a mi mujer!
—¡Mira lo que le hiciste, animal! - Señala mi rostro, que siento palpitar por el dolor. Me sentía aturdida en ese momento, no sabia como reaccionar a lo que acababa de pasar. ¡Antón me golpeo! Donde quedo ese hombre cariñoso que conocí…
—Quiero... quiero irme.
Cuando digo eso, Antón se llena aún más de coraje y me toma del brazo con fuerza.
—Tú de aquí no te vas, y me aseguraré de tenerte. - ¿Qué quiere decir?
—¡ALBA! ¡ALBA!
—Mierda, ¿cuál es tu griterío? —dice con cara de sueño.
—La boda se hará hoy.
Todos nos quedamos con cara de póker.
—¿Qué? ¿Pero por qué? —dice ella sin entender.
—Porque yo lo digo. Ahora arréglala.
Miro con odio a Antón y veo cómo León y Sandro me observan con lástima.
—Vamos, hay mucho por hacer.
Alba prácticamente me arrastra, pero yo no soy consciente de nada. Solo siento que me hacen cosas, pero no puedo pensar con claridad.
Luego de varias horas, Alba me mira con una enorme sonrisa.
—Quedaste hermosa.
Me levanto y me veo al espejo. Sin poder evitarlo, una lágrima rueda por mi mejilla.
—Hey, no llores. No me gusta verte llorar.
—Alba, ¿me podrías dejar sola, por favor?
Ella me mira con tristeza y luego se va. Todo llega de golpe a mi mente: mi padre, la manera como Antón me secuestró. Él me engañó haciéndome pensar que lo amaba y yo, como una idiota, pensé que él también me amaba. Pero él siempre va a amar a su difunta esposa y yo solo seré su maldito negocio.
—Vaya, estás hermosa. - Me volteo y veo a León, que ya está arreglado. —Pero no te ves feliz.
—¿Crees que después de todo lo que pasó puedo estar feliz?
Él se acerca y, sin que yo me lo espere, me abraza.
—Lo siento tanto.
—Pronto estaré unida a un hombre que solo me ve como un objeto. No quiero una vida así.
Miro a León a la cara y, con la mirada suplicante, le pido:
—Sácame de aquí. Ayúdame a llegar a mi padre, te lo suplico. - Puedo ver en su mirada que se debate entre ayudarme o no.
—Linda, yo...
Somos interrumpidos por Sandro, que nos mira de forma extraña.
—Ya es hora.
Al llegar al altar puedo ver que los ojos de Antón brillan, aunque no entiendo por qué. Los míos solo muestran lo desolada que me encuentro y lo desdichada que soy.
—No quiero ver tus ojos tristes —dice con ternura.
—Entonces para todo esto —le suplico.
—No lo haré. Las cosas serán como yo quiero.
Él jamás me dejará ir. Jamás seré libre... a no ser que...
No... no podría. Mi padre moriría del dolor, pero yo no soportaría estar toda mi vida al lado de un hombre que me ve como un objeto.
Los votos matrimoniales comienzan y cada uno dice el suyo, pero cuando yo termino digo una frase que solo escucha él.
—Prometo odiarte cada día de mi vida y lucharé para salir de tu jaula de oro, así tenga que salir muerta de ella.
Veo que se pone tenso, pero no dice nada.
Al final la ceremonia termina y ahora estoy oficialmente casada con Antón. Cada segundo se me hace más atractiva la idea que tenía desde el inicio, pero esperaré el momento adecuado.
—Felicidades —dice Alba.
—Haré mi primer baile con mi esposa. - ¿Por qué mejor no dices con mi negocio?
Él me arrastra a la pista de baile y comienza a bailar.
—No me gustó lo que dijiste.
—A mí no me gustan tantas cosas y, sin embargo, me las tengo que aguantar. - Pongo mi mano en su parte trasera y tomo lo que necesitaba. —Pero tranquilo, no me quedaré por mucho tiempo aquí.
Me separo y le apunto con el arma. Todos sus hombres me apuntan y él parece sorprendido por mi acción.
—Baja eso. No sabes utilizarla.
Idiota... Yo crecí en la mafia.
En un rápido movimiento le quito el seguro y le vuelvo a apuntar.
—¿Decías...?
—Joder, Ana, baja eso —dice León.
—Tranquilo, no te mataré.
Veo algo de tranquilidad en su mirada, pero esa desaparece cuando me apunto a mí misma.
—Mataré a tu negocio. Vas a sentir por segunda vez lo que es quedar viudo.
—Ana, espera. No cometas una locura. Piensa bien las cosas.
—Yo no tengo nada que perder. Lo perdí todo el día que apareciste. Ya no me importa nada. Al fin me acordé por qué estoy aquí. Si yo muero, ya no tendrás con qué amenazar a mi padre.
—¡Mierda! Le perdonaré la deuda, pero no hagas nada.
—Tu palabra ya no vale nada. Igual no pierdes nada, solo soy un puto negocio.
Cuando voy a disparar, alguien toma el arma que tenía y alcanza a herirme de un tiro en la pierna.
—¡Ahhh!
—¡Ana! —Antón corre hacia mí, pero cuando intenta tocarme yo no lo dejo.
—Aléjate de mí.
—Soy tu esposo. Te juro que no dejaré que vuelvas a hacer esa estupidez. - Me río como una desquiciada.
—Mientras esté contigo no descansaré hasta lograr mi objetivo.
—Entonces no me queda más que encerrarte y mantenerte bajo estricta vigilancia.
—Haz lo que te dé la gana. Ya no me importa nada.
Me levantan y me llevan a una habitación para curar la herida, que no fue muy grave. El doctor se va y, para mi mala suerte, se queda Antón.
—Quiero que te vayas.
—Me iré, pero instalaré unas cámaras aquí.
Le sonrío macabramente.
—Haz lo que quieras. En algún momento encontraré la forma de cumplir mi cometido.
Él me tira sobre la cama y se coloca encima de mí.
—No permitiré que eso pase. - Lo miro con odio, pero también con dolor.
—Pruébame...
Llevo encerrada aquí dos semanas con estricta vigilancia. Todos ven lo que hago. Lo único bueno es que en el baño no hay cámaras. Parezco una puta prisionera.
—Aquí está la comida, señora.
—Gracias.
Miro la comida con asco y, como hago todos los días, la tiro al inodoro. Si no puedo matarme como quiero, al menos lo haré muriéndome de hambre.
—Veo que estás despierta.
Al voltear, la cara de Antón se transforma en una de preocupación.
—¿Estás bien? Te noto muy pálida.
—¿Qué quieres?
—Tu padre llamó y dice que quiere verte. Para que veas que no soy tan inhumano, le dije que podía verte solo si me traía una parte del dinero.
—Claro... la plata por encima de todo. - Él se acerca y acaricia mi brazo.
—¿Seguro te estás alimentando bien?
—¿No tienes cámaras vigilándome las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana?
—Ana, no quiero discutir.
—Entonces lárgate, que de solo verte me das asco. – su cara se pone completamente fría
—Pues qué lástima, porque me verás la cara por muchos años.
—Claro, no hay que soltar al negocio.
—Ana, yo...
—Tú nada. Solo vete y déjame sola. Cuando llegue mi papá, házmelo saber.
ANASTASIADespierto con un terrible dolor en todo mi cuerpo, pero en especial en mis costillas. Y ni hablar de la cabeza, siento que me va a explotar.-Pequeña - al abrir mis ojos veo a mi padre sentado a mi lado. Este parece cansado, como si no hubiera dormido en días - al fin despertaste.-Oh, papá.El llanto se acumula y comienzo a llorar, pero rápidamente soy abrazada por mi padre, como cuando era pequeña.-Ya, preciosa, aquí está papá.-Fue horrible, papá. Creí que moriría. Leonardo se enloqueció.-Lo sé, mi niña, pero ahora estás a salvo y no dejaré que nada te pase.-¿Lograron detenerlo? - Este se pone tenso y aprieta las manos.-No, hija, pero te juro que lo atraparé.La puerta se abre, dejándome ver a una persona que carga un ramo precioso de rosas-Al fin despiertas. -Joder, es Antón. Está muy guapo.-Te traje estas rosas. Sé que te gustan mucho.-Son preciosas, gracias. - Le dedico una tierna sonrisa.-Petrov, ¿podría hablar a solas con Ana?Se me hace extraño que Antón sea
ANASTASIAEsta situación se salió de control. Me estoy viendo al espejo y veo dos grandes hematomas en mi rostro. Al bajar a mis brazos, veo los dedos de Leonardo marcados y, cuando levanto mi blusa, veo más hematomas. Definitivamente, no reconozco a la persona que tengo al frente. Ahora siento mucho miedo, no sé si mi padre o Antón me vengan a buscar.-Ana, cariño - cuando veo a Leonardo que entra, por instinto me alejo de él. -Tranquila, no te haré nada.-No te acerques - le suplico. Por un instante veo en su mirada algo de culpabilidad, pero se recupera rápidamente.-Arréglate, nos vamos - ¿Qué? ¿Irnos? No...-¿A dónde?-Eso no debe importarte. Ahora arréglate, no me hagas enojar. Odio ver tu cara lastimada.Este sale, dejándome sola y, como no quiero que se enoje, decido hacer caso y me cambio rápido con unos pantalones y una chaqueta.Bajo las escaleras con algo de dificultad y noto que hay bastante movimiento.-¡Vámonos! El imbécil de Ivanov ya debe estar en camino.¿Antón vendr
6 meses despuésYa han pasado muchos meses y ahora ya me siento más acostumbrada viviendo en Argentina, lo que aún no me acostumbro es a no ver a Antón. Todavía me pregunto cómo estará. Mi padre no ha dejado que sepa nada de él. Lo único que tengo claro es que no ha querido firmar los papeles del divorcio.-Tierra llamando a Ana - dice Agus, una amiga que conseguí aquí en Argentina que me ha hecho gran compañía. Le conté lo que me pasaba, pero omití la parte de que vengo de una familia mafiosa y que me casé con un mafioso.- Lo siento, Agus.-¿Todavía pensando en tu marido? - cómo me conoce esta mujer.- No lo puedo evitar - suelto un suspiro y tapo mi cara.-¿Por qué no lo llamas?-¿Qué? ¡¿Estás loca?! Mi padre me matará si lo llamo. Además, quizás él ya no quiera saber nada de mí. Ha pasado mucho tiempo.-Por Dios, Ana, si él no quisiera saber nada de ti, ya te hubiera dado el divorcio.Bueno, en eso puede tener la razón, pero aún no sé por qué carajos quiero saber de él. O sea, ¿qu
ANASTASIA PETROVDespierto con una terrible sensación de mareo. Abro mis ojos lentamente y me doy cuenta de que esta habitación no es la mía. ¿Dónde mierdas estoy?Con mucho cuidado me paro y veo que hay un baño, así que aprovecho y hago mis necesidades. Luego me doy cuenta de que hay una ropa con una nota que dice que me la coloque. Hago lo que me piden, me doy un baño y luego me pongo lo que me trajeron, que, para mi sorpresa, todo es de mi talla.Miro hacia la puerta y noto que está abierta, así que salgo de la habitación, dándome cuenta de que estoy en un palacio. La casa es enorme y está llena de lujos.—Al fin despertaste.Esa voz...—¿Fuiste tú el que me secuestró?—No te secuestré, Ana. Solo te salvé de estar en un matrimonio que no avanzaba. Tu padre vio tus marcas y me pidió ayuda.—Leo, no era la forma. Ahora Antón me va a buscar por cielo y tierra.—Ana, estamos muy lejos de Antón. Él no nos puede hacer nada. - ¿Cómo así? ¿Acaso salimos del país?—¿Dónde estamos?—Argentin
Llego a la casa y, sin importar los gritos de Antón, cierro la puerta de un portazo. Tiro todo lo que encuentro a mi alrededor, ya que la rabia y el dolor me están consumiendo lentamente.—¡Abre la maldita puerta!—¡Vete a la mierda! —Siento cómo la puerta se abre de golpe, dejando ver a un Antón muy enojado.—Que sea la última vez que te vea hablando con Leonardo.—¿Qué pasa? ¿Acaso tienes celos de él? - Este se queda serio mirándome.—Al menos él es más hombre que tú.Cuando menciono eso, los ojos de Antón se oscurecen y, en un rápido movimiento, me tira a la cama.—Te voy a demostrar que soy más hombre que cualquier otro.Se coloca encima de mí mientras comienza a dejar besos en mi cuello y escote.—¡Suéltame!Intento no caer en su trampa, pero Antón sabe perfectamente dónde tocar para hacerme sentir en las nubes, y así fue como caí en sus manos. Tuvimos una noche de pasión increíble, pero cuando todo terminó me sentía la peor basura del mundo. Me sentía sucia y usada; solo quería
Había pasado un mes y ahora me encontraba mucho más recuperada. Gracias a la ayuda de todos logré recuperar el peso que había perdido, y las terapias me habían ayudado muchísimo.¿Y las cosas con Antón?Bueno... él se había portado de maravilla. Al parecer estaba decidido a conquistarme y, siendo sincera, ¿quién era yo para negarle esa oportunidad?Sentí unos brazos rodear mi cintura, pegándome contra un pecho firme.—Hola, esposa mía —susurró Antón junto a mi oído, erizando cada centímetro de mi piel.—Hola. ¿Qué haces tan temprano aquí?—Quiero invitarte a cenar. Así que ponte esto que te traje. - Me extendió una bolsa y vi una caja de zapatos sobre la cama. —Te espero en una hora.Salió de la habitación y yo corrí al baño para darme una ducha rápida. Después continué arreglándome. Cuando saqué el vestido de la bolsa, me quedé sin palabras. Era precioso: estaba cubierto de pedrería y tenía un escote que, estaba segura, haría que a Antón le diera un infarto.Una hora después bajé las







