Compartir

CAPÌTULO 3

Autor: Phevo
last update Fecha de publicación: 2026-06-26 16:04:03

SERA

—No lo haré —susurré, y mi padre me miró por primera vez desde que entré a su oficina.

No había podido pegar un ojo desde que esas palabras salieron de los labios de Damian la noche anterior. Había llorado y dado vueltas en la cama toda la madrugada, y ya había tomado una decisión: no iba a casarme con ese hombre. Jamás.

Mi padre se levantó lentamente de su silla, con la furia pintada en el rostro. Caminó despacio hacia mí y me preparé mentalmente para sus insultos, pero lo que no me esperaba fue el dolor de su mano estrellándose contra mi mejilla.

—Pedazo de basura malagradecida —dijo, arrastrándome hacia él con un tirón que me hizo tambalear—. ¿De verdad te crees lo suficientemente importante como para casarte con Damian?

Me limpié el pequeño corte en el labio y lo miré, sintiendo cómo los ojos se me llenaban de lágrimas. —Entonces no me dejes casar con él —supliqué llorando—. Isabella sí lo vale, convéncelo de que... —otra bofetada cortó mis palabras.

—¡No vuelvas a mencionar el nombre de mi hija, nunca! —rugió, y yo asentí de inmediato.

—¡Yo también soy tu hija! —grité entre lágrimas—. ¿Cuándo te vas a dar cuenta de eso?

Me miró fijamente durante unos segundos, como si le hiciera gracia, y luego me soltó despacio.

Caminó con parsimonia de regreso a su escritorio, se sentó y me clavó la mirada que se le dedica a algo por lo que se tiene muy poca paciencia.

—Has vivido en esta casa durante quince años —dijo—. Has comido en esta mesa. Has dormido bajo este techo. Has llevado un apellido que no hiciste nada por ganarte. —Hizo una pausa—. Esta familia nunca te ha pedido nada hasta ahora. Nada. —Otra pausa, esta vez con la voz más baja—. Vas a hacer esto, Seraphina. O te largas mañana mismo con lo que lleves puesto.

Abrí la boca para hablar, pero él continuó.

—Y los dos sabemos —añadió— que no tienes a dónde ir.

—¿Así que me vas a arrojar a los brazos de un demonio? —le pregunté, y él se limitó a encogerse de hombros.

—La familia se basa en sacrificios. Este es el tuyo.

La oficina quedó en completo silencio. Me quedé allí de pie y sentí cómo algo terminaba de cerrarse dentro de mí; una puerta que había mantenido abierta toda mi vida, un tonto empeño en creer que él podía ser algo más que esto. Se cerró sin hacer ruido. Me di la vuelta para marcharme, pero su voz me detuvo.

—La firma del acta de matrimonio es mañana, asegúrate de estar más que lista —dijo, y salí de ahí sin pronunciar palabra.

Estaba a punto de llegar a la puerta de mi habitación cuando Isabella me cortó el paso. Solté un suspiro de cansancio. Ya estaba lo suficientemente abrumada como para tener que lidiar con los aires de mi hermanastra.

—¿Qué quieres? —pregunté exhausta, y ella soltó una burla.

—Debes de sentirte toda una diva ahora que te eligió a ti, ¿verdad? —preguntó, y yo fruncí el ceño, confundida. ¿Quién en su sano juicio se alegraría de ser arrojada a la boca del lobo? —En hombres como Damian nunca se debe confiar. Los tipos como él destruyen todo lo que tocan. Y cuando termine contigo, no esperes que nosotros recojamos tus pedazos.

Se dio la vuelta y se alejó antes de que pudiera responderle. Me quedé mirando cómo se marchaba; tenía razón. Damian iba a destruirme si me casaba con él, así que me aseguraría de que eso jamás sucediera.

Mi habitación era un caos de empleados y diseñadores. Al parecer, Damian le había ordenado específicamente a mi padre que me hiciera lucir espectacular para la firma del matrimonio. El ama de llaves se había encargado de restregármelo muy temprano esta mañana.

Me moví un poco en el asiento mientras la estilista hacía maravillas con mi cabello y suspiré. En toda mi vida había recibido tanta atención, ¿y solo porque iba a casarme con Damian de pronto obtenía todo lo que alguna vez había soñado? Volví a suspirar y la estilista se detuvo.

—¿Te lastima? —preguntó.

—No, estoy bien —respondí con una sonrisa fingida; ella asintió y continuó con lo suyo.

La puerta se abrió y mi madrastra entró. Se detuvo en seco al verme, con una expresión de sorpresa que no tardó en transformarse en rabia.

—Esto es lo que siempre quisiste, ¿no? —dijo con amargura—. Siempre has codiciado todo lo que le pertenecía a mi hija.

Negué con la cabeza despacio; estaba muy equivocada, al menos en esto. —Yo no quiero esto —le dije, y ella soltó una risotada despectiva.

—Ay, por favor, cállate. —Se acercó a mí y reclinó la cabeza—. Damian solo busca a una tonta débil a la que pueda controlar, ¿y adivina quién encaja perfectamente en esa descripción, Seraphina? —preguntó, dejándome helada. De inmediato recuperó la compostura y sonrió, como si hubiera cumplido su misión.

Miró al diseñador. —Dense prisa, no tardan en llegar —ordenó, y salió del cuarto.

Me quedé pensando en sus palabras mientras el diseñador me ayudaba a ponerme el vestido; pensé en ello cuando me miré al espejo y no fui capaz de reconocerme; pensé en ello cuando el ama de llaves tocó a la puerta para avisar que Damian y sus hombres ya habían llegado, y seguía dándole vueltas al asunto cuando el diseñador aclaró la garganta para llamar mi atención.

—Ya terminé —dijo con una sonrisa, la cual le devolví.

—Gracias —susurré, mirándome una vez más. Me veía diferente, bien, pero por alguna razón no me sentía cómoda. Era un recordatorio del infierno en el que estaba a punto de entrar. —Puedes irte —le dije de repente al diseñador—. No hace falta que me esperes, saldré en un momento —añadí, y él asintió antes de retirarse, dejándome completamente sola.

En cuanto salió, le pasé el cerrojo a la puerta y me fui directo al armario. Iba a escapar; ese era mi único pensamiento mientras revisaba mi ropa a toda prisa. De pronto me detuve y suspiré; la ropa me retrasaría y el servicio podría verme si llevaba equipaje. Solté las prendas que tenía en la mano, caminé hacia mi caja fuerte y la abrí despacio. Miré el dinero que había dentro y la foto de mi madre, la única fotografía que conservaba de ella. Los tomé de inmediato y los oculté entre los pliegues de mi vestido. Tenía que escapar, y tenía que ser ya. Me acerqué a la puerta y la abrí con cuidado; el pasillo estaba desierto. Mi familia estaba en la sala de recepción con ese demonio, y los empleados debían de estar rondando por esa zona, así que tenía unos segundos de ventaja. Si tan solo logro llegar a la cerca trasera por la puerta de servicio, pensé, y me dirigí rápidamente hacia la escalera de atrás.

Bajé despacio y abrí la puerta trasera; por fortuna, no tenía llave. Tal vez la suerte por fin está de mi lado, pensé, y eché a correr hacia la cerca. Pero entonces, escuché esa voz. Una voz profunda y grave que se había quedado grabada en mi mente desde que la escuché hace dos noches.

—¿A dónde crees que vas? —preguntó, y me quedé completamente paralizada.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • ATADA AL REY DE LA MAFIA   CAPÌTULO 60

    DAMIAN—Adelante —dije al fin, después de que los insistentes toques a la puerta de mi oficina privada no cesarán. Kai entró y se detuvo frente a mí. Le había dicho que siguiera a Seraphina y se asegurará de que estuviera bien esa mañana. No la había vuelto a ver desde que la hice venir y terminé con los huevos hinchados, pero ese no era el problema; llevaba dos días enteros sin poder sacarme a Seraphina de la cabeza. Sus labios... no los de la cara, sino los que tenía entre las piernas. La forma en que parecían hechos solo para mí, cómo sabían responder a mi lengua. Solté un suspiro y dejé el bolígrafo despacio. Había estado con muchísimas mujeres y ninguna me había hecho sentir así. Probablemente se debía a que no me la había follado; de haberlo hecho, ya me la habría quitado de la cabeza hacía tiempo, pensé, dirigiendo la mirada hacia Kai.—Jefe —me saludó, y cerré mi portátil.—¿Qué pasa? —pregunté con tono plano, y él avanzó hacia la silla—. No te he dicho que te sientes —dije, y

  • ATADA AL REY DE LA MAFIA   CAPÌTULO 59

    SERAHabían pasado dos días. Dos días desde que le había puesto los ojos encima a Damian, dos días desde mi último orgasmo, un día desde que Christy no me dejaba en paz después de habérselo contado, y apenas unas horas desde que mis compañeros de trabajo me habían dado la bienvenida; y, aun así, no había dejado de pensar en Damian y su boca mágica.—¿Sera? —llamó Luca y me giré bruscamente hacia él.—Mmm —dije, y él frunció el ceño.—No me estabas escuchando —me acusó, y entorné los ojos.—¿Quién dice?—¿Qué fue lo último que dije? —preguntó. Lo miré por un segundo y luego sonreí—. ¿Ves?—Lo siento —hice un puchero y él puso mala cara.—¿Qué te pasa? —preguntó, y me encogí de hombros.—Nada.—Oh, definitivamente es algo; has estado así desde que llegaste a la oficina.—¿Ahora me estás espiando? —bromeé, y él negó con la cabeza con una sonrisa.—Te estás desviando del tema.—En serio —dije, enderezándome en la silla—. No es nada grave. —Me miró fijamente durante un momento y luego...—

  • ATADA AL REY DE LA MAFIA   CAPÌTULO 58

    SERADamian ya me había besado dos veces, pero este beso era diferente. Sentía como si él lo necesitara tanto como yo, como si estuviera respondiendo a mis preguntas sobre si me gustaba en la oscuridad. No sabía cómo me habían salido esas palabras de la boca, pero viendo el beso con el que venían acompañadas, dudaba mucho de arrepentirme. Me acerqué más mientras las manos de Damian me agarraban del muslo y me pegaban a él.—¡Dios, estás tan caliente! —gruñó, y yo me agarré de su cuello. Ya me había dado cuenta de su erección antes, y ver cómo su entrepierna crecía en respuesta a mí hizo que mis bragas se empaparan. Lo apegué aún más por el cuello, pero de pronto se detuvo y yo fruncí el ceño.—¿Qué pasa? —pregunté. Él me miró como si estuviera intentando analizar algún tipo de caso práctico.—¿Es esto lo que quieres? —preguntó de repente, y yo asentí antes de poder evitarlo. Ponerme mojada y preguntarme si eso era lo que quería no era lo que me esperaba de mi esposo, pero esa pregunta

  • ATADA AL REY DE LA MAFIA   CAPÌTULO 57

    DAMIANNo sabía por qué había salido de mi habitación para ir a la de Seraphina. No sabía si era por el hecho de que Christy me había dicho que habían firmado la paz, o porque ella no parecía estar molesta con Kai pero sí conmigo; y sinceramente, no entendía por qué me perturbaba tanto. Estar parado frente a ella en este preciso momento, pidiéndole quedarme en su habitación, parecía un despropósito. «No se lo pediste, se lo suplicaste», me susurró mi voz interior, y me mofé; aún peor.—Sí —susurró ella finalmente, haciéndose a un lado para dejarme pasar.Entré y eché un vistazo a mi alrededor, preguntándome por qué el lugar lucía distinto a la última vez que había estado allí. Caminé despacio hacia la cama y me giré hacia ella.—Sabes que tienes todo el derecho de decirme que no, ¿verdad? —pregunté. Sus labios se entreabrieron, provocando una reacción instantánea en una parte de mi cuerpo.—Lo sé —dijo mientras caminaba hacia la cama. Se sentó y me miró—. Pero quiero que te quedes.Aq

  • ATADA AL REY DE LA MAFIA   CAPÌTULO 56

    SERAUn toque sonó en mi puerta por primera vez desde que regresamos a Nueva York y me fui directo a mi habitación sin hablar con nadie. No le había dirigido la palabra a Christy desde Florida, no le hablé al llegar a la mansión y, aunque sabía que era ella quien llamaba, no estaba lista para enfrentarla.—¿Sera? —llamó Christy, pero no respondí—. Sé que me escuchas, amiga. Por favor, abre y escúchame —suplicó. Suspiré. Con lentitud me puse de pie y caminé hacia la puerta, sintiendo una ligera decepción conmigo misma por no cumplir mi palabra. Quité el seguro despacio y encontré a Christy frente a mí, haciendo un puchero.—¿Puedo pasar? —preguntó, y le rodé los ojos.—No —contesté, regresando a la cama. Ella me siguió.—¿De verdad me vas a guardar rencor por tanto tiempo? —se quejó mientras se sentaba a mi lado. La miré con el ceño fruncido.—No puedes decidir dejarle de hablar a tu mejor amiga tanto tiempo, Sera.—Ni siquiera han pasado veinticuatro horas —dije, a lo que ella ahogó u

  • ATADA AL REY DE LA MAFIA   CAPÌTULO 55

    DAMIANChristy y yo entramos a la habitación justo cuando a Seraphina le daban la ubicación de Kai. Christy y yo nos habíamos quedado atrás después de que ella entrara con Vito para encargarnos de los hombres, pero al entrar aquí no pude evitar recordar sus palabras, la decepción en su rostro al decirlas... Y ahora, ver sus lágrimas era lo último que quería.—¿Estás segura? —le preguntó Christy mientras se acercaba. Se agachó a su lado y le tocó el hombro, pero Seraphina se la quitó de encima.—Sí —respondió. Se puso de pie y se giró hacia Vito—. ¿Por qué Vincenzo llevaría a Kai a la casa de Isabella? —preguntó, a lo que Vito simplemente se encogió de hombros.—Él debería responder eso —dijo él, señalando al hombre casi muerto que yacía en el suelo.—No lo sé —dijo el hombre, y por su voz me di cuenta de que no mentía.—Llévatelo —le ordené a Matteo, que acababa de entrar, pero Sera le cortó el paso.—Muévete, Seraphina —le advertí, pero ella ni se inmutó.—Le di mi palabra —empezó el

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status