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Capítulo 30: El Análisis de lo Invisible

Author: Nahue
last update publish date: 2026-04-23 22:46:37

Claris Lenor Montir se movía por el laboratorio forense central con una parsimonia que inquietaba a los técnicos de guardia. Había exigido exclusividad total para procesar las muestras de tejido recolectadas en la zona de obras, alegando que sus instrumentos de "resonancia molecular" eran extremadamente sensibles. El inspector a cargo, asediado por la prensa y la falta de resultados, no tuvo más remedio que ceder el espacio, permitiendo que la experta se encerrara con los restos de los obreros.
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    El silencio que siguió a la destrucción de Silas en el Gran Salón del Castillo de Blackwood tenía una cualidad sagrada, casi irreal. La luz plateada y pura que Tamara había emanado comenzó a recogerse lentamente, como hilos de seda mística regresando a su fuente, hasta que la imponente loba blanca de majestuoso pelaje se desvaneció, permitiendo que la abogada recuperara su forma humana. Zack corrió de inmediato hacia ella, envolviéndola en sus brazos protectores, mientras Valerius y Jackson daban un paso atrás, contemplando los escombros limpios de lo que alguna vez fue una amenaza global para sus mundos.En el rincón oscuro del salón, apoyada contra la pared agrietada que había amortiguado su caída, Claris Lenor Montir comenzó a incorporarse con evidente dificultad. Sus costillas protestaban ante cada respiración y su túnica de seda negra estaba manchada de su propia sangre, pero sus ojos amatista, fijos en Tamara, conservaban una lucidez implacable. Rechazó con un leve gesto de la m

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    No hubo una señal de inicio, ni un grito de guerra; simplemente, la paciencia de la criatura se evaporó y el aire fue sustituido por el silbido cortante de sus alas de murciélago abriéndose con la fuerza de un vendaval. Silas, esa masa amorfa de pesadilla y ónix, se impulsó desde su trono de escombros con una potencia que pulverizó las piedras bajo sus pies, convirtiéndose en un borrón de color gris ceniza y sombras violáceas. El primero en reaccionar fue Zack, cuyo instinto de Alfa Negro le permitió interceptar la trayectoria de la bestia, pero el choque fue similar a chocar contra una montaña en movimiento. Zack, transformado en su forma más letal, hundió sus garras en el torso de la criatura, buscando carne que desgarrar, pero sus dedos solo encontraron una superficie coriácea y fría que repelió el ataque como si fuera acero blindado. Silas, con una agilidad que su tamaño no sugería, giró sobre su propio eje y golpeó a Zack con el dorso de su mano derecha. Las garras de ónix dejaro

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    Cuando las puertas del Gran Salón se abrieron por completo, el estruendo del metal contra la piedra murió en un vacío absoluto. La recámara principal del Castillo de Blackwood no era una habitación, era una catedral a la decadencia. El techo, que en algún momento debió albergar frescos renacentistas, se había desplomado parcialmente, dejando que la luz de la luna filtrara columnas de plata sobre una alfombra de huesos pulverizados y ceniza. El aire allí no solo era frío; era denso, con una presión barométrica que hacía que los oídos de Jackson y Zack pitaran. Grandes pilares de granito, corroídos por una humedad negra que parecía latir, sostenían una cúpula donde las sombras se retorcían como serpientes.En el centro de este desierto de piedra, sentado sobre un montículo de escombros que imitaba un trono, no aguardaba el vampiro aristócrata que Valerius recordaba de las viejas crónicas. Lo que estaba frente a ellos era una aberración que desafiaba la taxonomía de lo oculto. Silas habí

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    La escalera de caracol del Castillo de Blackwood ascendía como el esófago de una bestia petrificada. El aire, ya viciado en los niveles inferiores, se volvía aquí una amalgama asfixiante de ozono, piedra húmeda y el rastro químico del miedo que Silas emanaba desde las alturas. Zack encabezaba la marcha, con sus garras rozando ocasionalmente los muros de granito, dejando surcos profundos que revelaban su estado de alerta absoluta. Valerius lo seguía de cerca, con su herida del hombro ya cerrada gracias a su fisiología superior, aunque su traje de seda oscura lucía jirones que daban fe de la brutalidad de Lilitu. Jackson y Tamara flanqueaban a Claris, quien caminaba en un silencio clínico, con sus ojos amatista brillando intermitentemente mientras procesaba las corrientes de energía que fluían por la estructura.Al final del ascenso, desembocaron en una antecámara circular iluminada por candelabros de hierro cuyos cirios goteaban una cera negra que parecía viva. Allí, bloqueando el acce

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