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—Mañana temprano te revisará la ginecóloga. Por ahora, necesitas descansar.El médico terminó de revisarCasandra asintió lentamente.Todavía le costaba creer lo que acababa de escuchar.Estaba embarazada.La palabra daba vueltas en su cabeza una y otra vez.Iba a tener un hijo.El doctor se despidió y salió de la habitación, dejando nuevamente a Casandra y Horacio a solas.Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.El silencio era extraño.Después de todo lo que habían vivido, de todas las discusiones, decepciones y heridas que todavía permanecían entre ellos, aquella noticia había cambiado algo.Casandra bajó la mirada.Su mano volvió a posarse sobre su vientre.Todavía era completamente plano.No había ninguna señal visible de que dentro de ella estuviera comenzando una nueva vida.Sin embargo, ahora sabía que allí estaba.—Un hijo… —susurró.Sus ojos se llenaron de lágrimas.—Voy a tener un hijo.Horacio la observó.Había algo diferente en su mirada.Vio a Casandra.Horac
—Sí, amor.Horacio se inclinó hacia ella, intentando contener todas las emociones que lo estaban desbordando.—Soy yo.Casandra lo observó durante varios segundos.Sus ojos todavía estaban nublados por el cansancio y la confusión.Parecía estar intentando descubrir si realmente estaba despierta o si todavía se encontraba atrapada en aquel extraño sueño que había tenido.—¿Qué pasó? —preguntó finalmente.Horacio tragó saliva.No quería asustarla.—Te desmayaste.Casandra frunció ligeramente el ceño.Intentó incorporarse, pero Horacio reaccionó de inmediato y colocó una mano sobre su hombro.—Despacio. No te muevas todavía.—¿Estoy en un hospital?—Sí.Ella miró a su alrededor.Las paredes blancas.El suero conectado a su brazo.El sonido lejano de los médicos y las enfermeras caminando por el pasillo.Entonces, poco a poco, los recuerdos comenzaron a regresar.Y después recordó a Horacio.Había pensado que él era parte de una alucinación.Cuando lo vio frente a ella, creyó que su mente
El corazón de Horacio latía con tanta fuerza que sentía que iba a salírsele del pecho.Tenía las manos temblorosas sobre el volante y apenas podía concentrarse en la carretera.Solo podía pensar en ella.En su rostro pálido.En la forma en que había quedado entre sus brazos.En el miedo que había sentido cuando comprendió que podía perderla.—Por favor… resiste —murmuró mientras aceleraba.No le importaba nada más.No le importaban las reglas de tránsito, ni el tráfico, ni los minutos que parecían convertirse en una eternidad.Solo quería llegar al hospital.Cada vez que miraba de reojo hacia el asiento del copiloto, sentía que el miedo le apretaba el pecho.—No me hagas esto, amor.La posibilidad de perder a la mujer que amaba.Finalmente, las luces del hospital aparecieron frente a él.Horacio frenó casi de golpe.Bajó del automóvil y rodeó el vehículo rápidamente.Abrió la puerta y la tomó entre sus brazos.—Mi amor… por favor, resiste.Entró al hospital cargándola.—¡Ayuda! ¡Por fa
Casandra no imaginó que el trabajo pudiera ser tan difícil, ni menos que hubiesen cliente que no fuesen tan amables, algunos eran agresivos, otros intimidantes.Algunos neutrales y otros demasiado acosadores.Había hombres que bebían demasiado y comenzaban a comportarse de manera desagradable con las meseras.Algunos intentaban tocarlas cuando pasaban a su lado, otros insistían en invitarles bebidas y se molestaban cuando ellas rechazaban.Incluso había quienes intentaban obligarlas a beber con ellos.Casandra siempre encontraba la manera de apartarse.—No, gracias. Estoy trabajando.—Solo una copa.—No puedo.Sonreía y se marchaba.No quería meterse en problemas.Por supuesto, alguno que otro cliente había intentado pasarse de listo.Pero Casandra había aprendido a poner límites.No permitiría que nadie la humillara.El bar estaba lleno.La música sonaba.Las mesas estaban ocupadas y los empleados corrían de un lado a otro.Casandra llevaba una bandeja con bebidas cuando escuchó algo
Horacio y Joaquín llegaron hasta la dirección que les había proporcionado el investigador.Durante todo el trayecto, Horacio apenas había pronunciado una palabra.Tenía las manos apretadas sobre sus piernas y la mirada fija en el camino.¿Y si Casandra se negaba a verlo?¿Y si lo odiaba?Intentó no pensar en eso.Lo único que quería era verla. Ver a su hijo.Pedirles perdón.Cuando el automóvil se detuvo frente al pequeño edificio, Horacio bajó inmediatamente.Joaquín lo siguió.—¿Estás seguro de que quieres hacerlo así? —preguntó.Horacio asintió.—No puedo seguir esperando.Caminó hasta la puerta.Su corazón latía demasiado rápido.Levantó la mano y llamó.Después de unos segundos, escucharon pasos.La puerta se abrió.Una joven apareció frente a ellos.—¿Qué necesitan?Horacio la miró.—¿Dónde está Casandra?La mujer frunció el ceño.—La señora está trabajando.—¿Dónde?—¿Quién la busca?Horacio respiró profundamente.Sacó su credencial y se la mostró.—Soy su esposo.La joven parec
Casandra llegó a la ciudad con una pequeña maleta, su bolso y su hijo.Nada más.No tenía un plan perfecto.Tampoco sabía cuánto tiempo podría sobrevivir allí.Cuando bajó del autobús, se quedó unos segundos parada en la acera, observando a las personas caminar a su alrededor.Todo era diferente.Incluso el ritmo de la ciudad parecía más acelerado que el lugar del que había escapado.Apretó la mano de su hijo.—Vamos —murmuró—. Todo estará bien.Aunque no estaba segura de que fuera verdad.Había conseguido suficiente dinero para instalarse unos días en un pequeño hotel de paso mientras buscaba un departamento que pudiera pagar.No podía permitirse desperdiciar sus ahorros.Cada moneda contaba.Durante los primeros dos días recorrió varias calles preguntando por habitaciones y pequeños departamentos en renta.Algunos eran demasiado caros.Otros estaban demasiado lejos.Y en más de una ocasión tuvo que marcharse porque el propietario no quería rentarle una vivienda a una madre con un niñ







