Share

Capitulo 5

Author: Lady Santos
last update publish date: 2025-10-14 17:21:39

—¿Qué tengo que hacer? —pregunté sin pensar mucho los riesgos, después de todo, nada podía ser peor a todo lo que ya había enfrentado.

—Entonces ya capté tu atención. —Menciono burlón.

—Solo habla.

—No es tan simple, señorita Morana. En caso de aceptar, necesito completa confidencialidad, y no solo de palabra. Deberá de firmar varios papeles donde jura ante la ley y en nombre de su nación que nada de lo que se le informara debe ser revelado al público.

—¿Y que si lo revelo? ¿Otro problema legal más?

—No, la matarán. —la frialdad en su voz fue tanta que un escalofrío me recorrió.

Iba en serio, muy en serio.

—¿Leah sabe de esto?

—Tu amiga no debe saber de esto. Es algo entre nosotros. —a medida que hablaba solo me hacía pensar que en verdad deseaba una clase de servicio especial, era inevitable pensar más allá de algo casual.

Pero más allá de eso solo pensaba en si realmente valía la pena el meterme en todos esos problemas solo por... No, no puedo decir que es "algo de dinero", es mucho dinero.

Mordí mi labio, pensando en todas las malditas posibilidades, en el hecho de que podría ser que quisieran sacarme un riñón o que me sacaron un ojo, tendría mucho sentido ya que está todo el rato mirando mis ojos. Había tantas posibilidades.

—Mis ojos no son muy buenos para la venta, tengo miopía con astigmatismo y una gran probabilidad de sufrir cáncer en ellos por ser grises.

—No planeo sacarle los ojos, considero que están muy bonitos ahí en donde están.

Oh bueno, supongo que puedo aceptar.

Al final, dinero es dinero.

—¿Aceptarás o no? Aunque no es muy buena idea preguntar a una borracha que desea hacer con su vida.

—Si aceptaré. ¿Qué hago? ¿Dónde pongo mi tipo de sangre y huella?

—Tranquila, eso ya lo tengo. —¿Qué?

Maldito acosador.

Estúpidos militares, se creen que se las saben todas.

—Habla entonces. —por mucho que pedía y pedía que hablara, aquel hombre al frente de mí, no hablaba.

Estaba cansada por su suspenso, se notaba que me había mencionado el dinero solo con tal de ponerme ansiosa y aceptar su oferta.

Hasta que note como colocaba entre mis dedos un lapicero, y el sonido de varias hojas siendo dejada encima de las sábanas. No tardé mucho en entender, él deseaba que firmara los documentos y soltando un suspiro de fastidio los tome entre mis manos, logrando leer a duras penas aquellas letras del documento.

—No logro ver nada.

—¿Quieres que lea por ti? —Me pregunto.

—Bueno. —Le pase los papeles, muy mala idea en verdad.

El hombre al frente de mi carraspeó su garganta, preparándose para leer.

—El presente contrató de confidencialidad es un acuerdo mutuo en dónde Morana Claire Hudghes Díaz. —«Hasta mi nombre completo se lo sabe, que horror.» —Se compromete a prestar por un año continuo sus servicios sexuales al general Atlas Leckler —«Ese Leckler me suena conocido-... un momento ¿Cómo que servicios sexuales?» —Y que al final del año en curso se saque uno de sus ojos pará vender-

—¡Ay dame acá! ¡Me estás tomando por loca! —Le arranque los papeles de la mano, viendo como comenzaba a reírse de mi. —¡Grosero! ¡Pervertido!

—¡Solo era una broma!

—¡Cállate y déjame leer!

Lamente el dejar mis lentes de visión en mi casa, no pensé que los necesitaría. Pero al menos no estaba siendo apresurada por Atlas, quien ya estaba en su teléfono esperando a que lea los documentos después de que se canso de burlarse de mí.

Así que me tomé mi tiempo de leerlos por mucho que me costó, y firme en donde tenía que firmar.

—Listo. —Le entregué los papeles, expectante de saber en qué me había metido.

Vi al castaño tomar entre sus manos los papeles y pasarlos uno a uno para asegurarse de que no me había saltado ni una sola firma, hasta vi como verifico que todas sean iguales.

«Este hombre se las sabe todas»

—El DNI. —Me pidió, a lo cual solo apunte a mi cartera en él suelo y el mismo lo saco y reviso. Paso un tiempo para que terminara de revisar y finalmente volver a guardar los papeles. —Tenemos la sospecha de que Sunday Crazy es la pieza principal en una red de trata de personas.

Subí una de mis cejas, extrañada por lo que decía. En los últimos cinco años que trabaje ahí, nunca había escuchado tal cosa.

—Desde el año 2026 la desaparición de personas dentro del país fue en un aumento considerable. Llegó un punto en el que se considera preocupante pero no se volvió una noticia nacional, ya que ninguna editorial o canal de periodismo hablaba del tema.

—Podría ser por qué no llego la información a ellos.

—En el 2026 la editorial "Strawberry" público una noticia referente al tema, después de que ocurrió eso la gente habla de movimientos sospechosos por parte de Sunday Crazy. No había pasado ni un mes de cuándo la noticia fue publicada y la editorial "Strawberry" ya estaba en quiebra con una deuda de más de mil millones de dólares con Sunday Crazy. El CEO de la editorial hasta el día de hoy no se ha atrevido a testificar ante la policía o a la prensa.

—¿Eso que m****a tiene que ver con las fuerzas militares de Estados Unidos?

—No es algo de tu incumbencia, la verdad. —Su seriedad fue objetivo de mi atención por unos segundos, el que guardará secretos me hacía estar algo nerviosa, más cuando hace tan solo unos minutos atrás estaba bastante bromista .

Pero llegaba un punto en el que era lo de menos.

—Sigue hablando.

—Después de ese día las noticias de trata de personas disminuyeron aún más si eran posible, al punto de que solo ciertas personas en las redes sociales son capaces de hablar de ellas corriendo el riesgo de desaparecer sin dejar rastro alguno. Al menos el 90% de esas personas han desaparecido.

—Eso debería ser el problema de los policías. Me estás metiendo en la boca de un lobo hambriento.

—No, tu sola te estás metiendo por la paga de $10.000. ¿Qué más quieres para hacer el trabajo? ¿$15.000? Puedo dártelos.

—¿Por qué tan desesperado por qué lo haga? Ya firmé un contrato de confidencialidad, cual sea la razón por la que haces todo esto a espaldas de tus colegas, puedes contármelo.

—¿Lo harás o no? —Fruncí mis labios ante la rudeza de su voz, y fastidiada por no lograr saber lo que tanto buscaba solo asentí.

—Si lo haré. ¿Qué debo hacer?

—Requiero que vuelvas a Sunday Crazy-

—¿Disculpa? No puedo volver ahí, robe $1.000 y tire una cafetera por la ventana.

—No me interesa lo que hayas hecho, así hayas tirado una cafetera por la ventana o hayas robado un riñón a alguien. Vas a volver así sea pidiendo de rodillas que te vuelvan a dar empleo y con una cafetera de los modelos más recientes para el ridículo de tu jefe Patrick al que le escupiste la cara. ¿Me escuchaste? —Lo mire disgustada, notando como su mirada esmeralda se apartaba unos segundos como un completo cobarde que no logra sostener la mirada de una simple pero muy hermosa mujer como yo. —¿Me escuchaste si o no?

—Si, pesado. —Revolee los ojos, fastidiada.

—En los campos de concentración, te fueran partido la cara de una cachetada ante tan falta de respeto a un superior.

—Lastima que no estamos en un campo de concentración ni mucho menos eres mi superior, estamos en una discoteca y yo soy solo una pobre borracha en una habitacion junto a un hombre sobrio con mi labial en sus labios. En la calle, donde nadie dudará en partir una botella en tu cabeza si salgo llorando y diciendo que me golpeaste o incluso hasta acosaste.

—Que confiada eres al buscar problemas.

—Confiada no, solo tengo tantos que ya me importa una m****a tener otro más. —Me tire en la cama, agarrando la cobija y cubriéndome. —Largo de aquí, quiero dormir un rato.

—Dejare todo el papeleo que necesitas en tu casa, bueno... no hay nada de papeleo, una lastima que comiences a trabajar sin nada.

—¿Cómo sabes la dirección de mi casa-... Bueno, tienes hasta mi huella, es obvio que vas a saber donde vivo, mi tipo de sangre, cuantas veces al dia voy a baño. Olvídalo. —El peso a un lado de la cama se aliviano, aquel hombre atrás de mi era un peso monstruo de casi 110kg de puro músculo y parecía que su ausencia en la cama fue un alivio para el mueble.

—Que tenga un buen descanso de solo una hora, señorita Morana. —Fue lo último que escuché de aquel hombre antes de que la puerta se cerrará.

Era tarde, muy tarde.

Y antes de que llegaran mis amigas a buscarme en verdad deseaba descansar un poco, ya que lo primero que haría al volver a mi hogar sería volver a salir para ir a mi querida y adorada editorial, Sunday Crazy.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Amado Sargento — Giornalista   Capítulo 37

    —Voy a la farmacia. —Le avisé a Valeria mientras me colocaba mis zapatos, al fin al segundo día de nuestro viaje me había dignado a ir a comprar la prueba de embarazo. Confío plenamente en que no paso nada, pero nunca se puede saber que cosas borro un mal momento de mi cabeza. Y que si en verdad había un niño dentro de mi vientre, ir a alguna clínica clandestina a deshacerme de él. Ya que yo no iba a darme el castigo de vivir toda mi vida viendo el rostro de alguien que nació a través de tan amarga noche. Y yo no le iba a dar a una criatura un castigo que no merecía, ya que nacería inocente de todo pecado pero la historia detrás de como llego al mundo haría que se atormente de por vida. Ya que sería incapaz de amarlo. —¡Trae unas gomitas! —¡Entendido! —Me despedí mientras salía de la habitación del hotel, el cual le dije a Valeria que yo iba a pagar al estar cansada de dormir por tantas horas continuas en el asiento del autobús, cosa que tampoco era buena para Valeria, quien es

  • Amado Sargento — Giornalista   Capítulo 36

    —Te puedo dar 81$ por cada gramo de este arete. —Me dijo el comprador de oro, el precio me pareció bien así que le vendí los dos aretes sin pensarlo mucho. Los dos aretes daban un total de tan solo 24 gramos y ya tenía en mi bolsillo nada más que casi dos mil dólares.-¿Está interesada en vender uno de esos collares también? -No, en otra ocasión puede ser. -tome mi dinero y lo guarde, no pretendía estar ahí otro segundo más ya que Valeria me estaba esperando. Dentro de una hora volvía a abordar el camión para seguir sus viajes, ahora iba a hacer una ruta hasta Guatemala y estaba claro que iba a ir. Mi impulsividad me llevo a estar más lejos de casa de lo que deseaba, y si fuera por mi era capaz de llegar hasta Caracas, que era donde estaba casi toda mi familia paterna, la cual tenía años sin ver. Pero más que estar afectada por lo que ocurrió deseaba reunir las fuerzas suficientes para poder ver a la cara a mi padre. Y también pensar profundamente si en verdad todo lo que pasó fu

  • Amado Sargento — Giornalista   Capítulo 35

    El viaje de California a México no fue tan largo como pensé.Pensé que serían al menos diez horas de viaje pero solo fueron seis y más bien nos tardamos un poco más ya que la conductora insistió en qué fuera al hospital al verme tan mal herida, asi que en el momento en el que cruzamos la frontera, Valeria dejo a todos los pasajeros en la terminal y a mi me llevo al hospital.—Señorita... ¿Nos podría decir cómo se hizo eso? —Trato de preguntarme el doctor, un muchacho joven que parecía que estaba en sus pasantías y para su mala suerte yo había sido una de sus primeras pacientes, ya que a pesar de su cordialidad no tarde en ignorarlo, solo queriendo estar tranquila en aquella camilla mientras curaban las plantas de mis pies.Y al parecer el se dió de cuenta de ello, ya que no tardo en mostrar una pequeña mueca en su rostro y darle una pequeña orden a su compañera para que me proporcionará ciertas medicinas, yendo junto a Valeria, quien me estaba esperando no muy lejos de dónde estaba.—

  • Amado Sargento — Giornalista   Capítulo 34

    Ya había salido de la mansión.Pensé que no lo iba a lograr y que sería atrapada por alguien que me vería y armaría un alboroto, dejando en evidencia mi terrible estado.No existe mucha lejanía entre la mansión y mi persona, estaba cerca de la calle en dónde me había dejado Atlas. Vi varios automóviles parados con las ventanas abajo, más ninguno de ellos se llevaba mi atención.—Señorita, venga con nosotros. -Me dijo un hombre que bajo de uno de los tantos autos, solté un gruñido fastidiada. —Por favor, venga.—¡No me toques! -Grite llena de cólera, haciendo que aquel hombre se alejara unos cuantos pasos de mí.No sé quién mierda es y mucho menos me interesa saberlo, solo quiero llegar a casa y encerrarme en mi cuarto hasta que mi cara se pudra por la porquería que tengo en ella.Fuí a esa maldita fiesta deseando tener algo de información, ver si lograba conocer a alguien de vital importancia para toda esta porquería de la trata de personas y... sentía como si no fuera logrado una mie

  • Amado Sargento — Giornalista   Capítulo 33

    No sé cuánto tiempo paso, había perdido el hilo de tiempo después de haber estado horas dormida, o quizás desmayada. Si es que lo estaba, ya que en verdad estaba casi tocando el infierno de forma literal después de que me dieran a tragar tal cantidad de drogas tan mortal. Me dolía desde las puntas quebradas de mi cabello hasta la uña de mi dedo más chiquito, sentía como si hubiera sido tomada en un callejón por bandalos los cuales me golpearon hasta que se cansaron de mi y solo me dejaron tirada en una cama tan rígida que hacia mi espalda doler. Abrí mis ojos, la oscuridad de la noche me indicaba que ya había pasado el día enteró, quizás hasta podría ser de madrugada. Pero no lograba ver más que la luz de la luna colarse por la ventana, iluminando un poco aquel cuarto oscuro que solo me daba una sensación de... Asco. Traté de levantarme, mis brazos me dolían tanto que apenas era capaz de sostener mi propio peso. Pero había algo anormal en esta situación... Pase mi mano por mi ro

  • Amado Sargento — Giornalista   Capítulo 32

    Esta es la habitación. -Despues de indicarme la habitación se retiro tan rápido como llego por mi al jardín, en cuestión de segundos ya no lo veía a lo lejos y agradecí por ello dentro de mi cabeza mientras comenzaba a tocar el vestido por encima de las telas. Deseaba saber si el micrófono seguía conmigo o ya lo había perdido.Para mí suerte, el micrófono seguía conmigo a pesar de todas las vueltas que había dado. Pude sentirlo entre las dos capas de la tela del vestido al palpar un poco. Así que finalmente ya al sentirme un poco más segura por la idea de que Atlas me estaba escuchando, entré a la tan famosa habitación después de haberme asegurado de que todo estaba bien.-¿Hola? -Llame apenas estuve dentro de la habitación, pero no parecía haber nadie. Lo único que había dentro de ella eran algunas copas de vino donde solo dos de ellas estaban servidas y la botella ya destapada, lista para seguir sirviendo más vino en aquellas copas lujosas.La habitación era grande pero no parecia s

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status