INICIAR SESIÓNElizabeth
La llegada fue tan inesperada que ir varias veces al baño en medio del vuelo no fue suficiente, sino me causaba más nervios. Una opción sería regresar, no había problema en ello, pero le prometí a mis padres volver con el lío resuelto. Nunca estuve indecisa al hacer algo y esta no será la excepción. —¡Despejen los pasillos, gracias! Grita una azafata de baja estatura en el inicio de la cabina. Que obsesión tiene con chillar, va a acabar con mi puto oído. Por fortuna la fila va rápida y no tardo en salir, camino a la entrada del aeropuerto en la cual me espera Rafael, mi conductor. —¡Elizabeth, es un gusto verla por acá después de mucho tiempo! —Así es, también me agrada verte. Lo abrazo con incertidumbre, pensé que no trabajaba más para mi familia, entonces fue un cambio, extraño. No me molesto en preguntar, ya que sube el equipaje volviendo al volante. —Gracias por recogerme. —Descuida. ¿Al apartamento o quiere que la deje en la empresa?—niego, dejándole presenciar mi cansancio. Me exijo un resposo antes de enfrentarme a las problemáticas y saturarme de trabajo. Yo más que nadie sé cuánto va a llevar esto sin un horario específico para descansar, así que nada mejor que relajarme. Un auto azul con los ventanales arriba y la velocidad por las nubes casi nos choca. Rafael logra reaccionar antes de que suceda tal accidente. Está loco. —¿Qué le pasa a ese imbécil?—reprendo con el disgusto visible—¿No ve o qué? —Tranquila, aquí es normal tal velocidad.—bufa mi conductor—Debe ser que aceleró un poco nada más y no lo tuvo en cuenta.—me mira por el retrovisor sonriendo. Si eso es normal seguramente yo estaría volando. A la final ya no se interpone otro auto loco en medio de la carretera. Intento bajar el equipaje al llegar y se terminan cayendo al suelo. Una risa baja me distrae visualizando el desastre causado. —No funciono hoy, lo siento. —Puedes ir entrando, ve a descansar. Las empleadas vendrán por tus cosas.—asegura con las manos puestas en la cintura y junto las manos agradeciendo. Todavía sigo con la voz chillona de aquella azafata en mi cabeza. Me duele de solo recordar. Con los nervios de punta ingreso al edificio, no logro identificar la fragancia que intuyo es una mezcla de rosas y vainilla, no lo diferencio aún por más que inhalo tres veces seguidas, sólo calma el punzante dolor de mi cabeza. —Bienvenida, señora. Es agradable tenerla entre nosotros.—expresan los trabajadores a los que por supuesto les ladeo una sonrisa en confianza para seguir mi camino. Un chico alto, joven y con la cabeza baja aparece con uniforme en la sala. —Su baño está preparado para cuando quiera disponer de el, permiso.—se retira cabizbajo y a medio camino le impido irse. No entiendo que es lo que pasa... —Soy Elizabeth, no una señora.-me presento con carisma subiendole el ánimo rápidamente—Dile a todos incluyendo a Rafael que los espero en media hora en este mismo lugar. Vamos a platicar un poco. Esta vez con un poco más de felicidad asiente. —No apresures tus pasos como lo acabas de hacer, te puede suceder algun accidente y no quiero eso. —Así lo haré, permiso. Su caminar es despacio, sin apuros y seguro. Lo que me carcome es la forma en que todos los empleados se mantienen con la cabeza baja y las manos cruzadas. Quizás deban atenerse a una regla que no conozco y mucho menos la quisiera ver. No me siento agusto con el miedo instalado en sus ojos, eso fue lo que demostró el chico hace un momento. Espero que este equivocada cuando hable con ellos y solo sea por nervios a mi llegada. Voy a la habitación y esta como la deje, todo en su lugar, solo que el color de las paredes cambiaron a un morado profundo con diseños blancos. Me gusta. Bajo mi sujetador relajando mis senos al instante. Envuelvo mi cuerpo en una toalla blanca seguidamente yendo a la ducha. La tina y sus jabones me quitan la suciedad que cargo, en tanto el cansancio disminuye. Faltando cinco minutos para la charla, seco mi cabello y visto en pijama, fácil y rápido. Hago resonar mi voz con suavidad por toda la sala. —¿Están todos?—inquiero y nadie responde, sino que bajan nuevamente la cabeza en perfecta sincronización. —Respondan tranquilos, ¿están todos?—repito y el único que se atreve a contestar es Rafael. —No, Elizabeth. Aún falta Ethan el cocinero, con dias de anticipacion avisó que no podía asistir hoy. Asuntos personales. —Gracias por decirmelo, ahora dejaremos que ellos me expliquen un poco de lo callados que estan.—le guino un ojo a lo que el asiente.—También quiero tomarme el tiempo de conocerlos, no quiero ser un fantasma al que simplemente sirven. Denme la oportunidad de ganarme su compañía, quiero ser una amiga... Trago el sabor agrio que cala en mi garganta. Nadie hace el ademán de hablar y puedo ver por dónde va la cosa. —Les juro que no soy como mi madre. No busco sobrepasar los límites dejándoles trabajo en exceso. Por esto pido disculpas, estando yo ahora no sucedera más.—aclaro y poco a poco van levantando la cabeza. Asi que era ese el motivo de su silencio, del miedo que navegaba en sus miradas y el temblor de la voz del chico que ahora rumorea con las demás personas a cada lado. Si mi madre observara lo que estoy haciendo, que es llevar un ambiente en paz, se volvería loca. —Muchas gracias por permanecer aquí conmigo y ayudarme en las labores del apartamento. Si tienen algo más para comentarme pueden hacerlo sin problemas. Yo soy Elizabeth para los que aún no me conocen, nada más Elizabeth. Rien todos con mi fingido regaño. Es lo que buscaba.. Suspiro cuando se retiran murmurando uno que otro halago. —¿Mañana irá a la oficina?—pregunta mi conductor. —Sí, seis en punto ya sabes mi horario. Estrecho su mano yendo a descansar. Nadie me garantiza que no sera agotador porque si lo es y no es difícil de llevar si creo que puedo manejarlo. Me cubro el cuerpo con la cobija, cierro los ojos e intento caer en un profundo sueño que logro alcanzar en varios minutos. ************************************************** Gracias por leer, los quiere Yio🌷OMNISCIENTE Hoy más que otros días el sol en la capital de Francia parecía brillante y cálido, afirmando por los altavoces que el día del romanticismo estaba a la vuelta de la esquina. Los atardeceres eran esenciales, únicos... Definir que era simplemente hermoso en su lugar no era suficiente para Elizabeth Sanders. Esta vez no sólo regresaba ella a distraerse, sino su familia ahora compuesta por una persona más, Vera su hija, la cual heredó el caracter exigente y perfeccionista de su padre, mientras que la belleza e inteligencia provenían de su talentosa, carismática y astuta madre.Aunque París no tiene playas naturales, hay opciones para disfrutar del sol y varias actividades en la ciudad, una de ellas es ir a una tienda de moda o tener un día de campo. La elección fue de su hija.—¡El lugar de allá me encanta, papá!—señaló Vera debajo de un árbol que daba a una gran sombra con una maravillosa vista hacia la fuente de agua.Maxin desde lo profundo de su corazón ya reconocía la re
Maya SEIS AÑOS DESPUÉS Obtuve lo que siempre anhelaba para mi futuro: Una familia construida por mí, ser estable, y tener a las personas adecuadas en este recorrido que me ayudó a aprender de los errores; errores que yo misma me atreví a borrar de mi vida para que no volvieran a surgir. Ahora no solo soy yo, por lo tanto si ejecuto una falta implica en ella cuatro personas maravillosas que cada día lo complementan estando en el jardín, en las habitaciones o fuera de las instalaciones de la casa. Marcos, Luca y mis hijos. —¡Grace, Gian, smettila di correre adesso!—«¡Grace, Gian, ya paren de correr!» Los pequeños pasos llegan con energía a mí riéndose a carcajadas, ambos se echan en el césped con esperanza de que sus padres no vengan detrás de ellos. Luca tira de un brazo a Gian haciéndole cosquillas que me confirman la felicidad eufórica con la cual amaneció el día de hoy. Igualmente con Grace cuando Marcos la lleva cargada en forma de caballo en su cuello. —Fiore, si des
Elizabeth Acumulo variedad de emociones en un solo día, mi familia al estar aquí presente junto a la de él; la propuesta de matrimonio y ahora lo que reparan mis ojos. Siento que me ahogaré en tanta felicidad, no encuentro palabras ni la patética forma de expresar lo que llevo en el interior.—A decir verdad, no tienes idea de cuánto esperé este momento, yo mismo me encargué de su diseño así que espero te guste, si no puedes remodelarlo...—Cállate, omitiré lo que acabas de decir. La habitación te quedó preciosa, Cooper. No pensé... No creí que tú...Gira los ojos sonriendo con desdén.—¿Que fuera a hacer algo así?—asiento a lo que él me toma de la barbilla—Concuerdo contigo. Lo hago porque es mi hijo el que llevas adentro, supuse que esto te haría feliz. También lo hice por tí. Lo que una vez firmé en juego, hoy se vuelve realidad—su aliento mentolado me cosquillea en los labios—. Tuviste la oportunidad de escapar y no lo hiciste, admítelo.Rio bajo ante su alta prepotencia.—Te jod
Elizabeth MORDOVIA-RUSIANo tengo idea de cómo carajos hizo que abordara un doctor con nosotros, aunque no es muy difícil sacar la conclusión de dicho asunto con leve temblor haciendo su trabajo cada momento que lo necesitaba, por supuesto, bajo miradas de advertencias por Maxin.Me molesta no poder quejarme de algo.A pleno vuelo el doctor manejaba excelente cualquier herramienta de trabajo. Revisaba mi pulso, monitoreaba a través de un celular la frecuencia cardíaca de mi bebé, una que otra pastilla para descansar y prevenir las náuseas.Para él no hay nada imposible y lo tengo claro desde el principio, sólo quería confirmarlo con el tiempo y éste mismo ha sido testigo del cambio drástico que hemos dado en cuanto a lo positivo en las metas, trabajar en ellas y aprender de los errores. Sí, me emociona, me lleno de felicidad al ver todo lo que está pasando después de pasar por el hecho anterior. Quiero estar con éste hombre, estar a su puto lado y verme en un futuro con él, pero el
MaxinEl sol abrasador se filtra a través de las persianas bien protegidas. En esta ocasión, me obliga a abrir los ojos, maldigo por despertarme antes que sonara mi alarma prevista para dos minutos más de descanso. Ya es una costumbre levantarme más temprano, incluso que los empleados. Aclaro mi vista, poniéndome de pie. Observo a la mujer con el cabello extendido en las cobijas blancas, acostada de lado protegiendo su abdomen. Ese siempre fue su lugar.Se remueve cubriéndose el rostro de la luz solar que efectivamente la hace enojar, así que de inmediato llamo a Margot.—Ubica doble persiana o añade un par de telas—indico a la ventana—. Cubre completamente el cuadro y asegúrate que no le moleste el sol. Necesito que descanse para la hora del vuelo. Ten su equipaje listo, partiremos por la tarde.—Si, joven.Dejo espacio para la toma de medidas que hará y buscar alguna tela que encaje, mientras que yo bajo a la cocina. Agarro mi celular y lo enciendo. No lo he tocado desde ayer. Al i
Maxin «Un hijo nuestro...». Mi mente no ha comprendido la importancia de la noticia, joder. Lo que quiero expresar no puedo simplemente hacerlo en palabras, sino más allá de los hechos. Un hijo equivale a una responsabilidad, compromisos, un vínculo emocional que... con constancia podré aprender. Un hijo de la mujer por la cual me dedicaré a dar la vida si la de ella se encuentra en riesgo. ¿Por qué me lo ha ocultado? No es que pueda hallar una respuesta concreta, sincera, estando recostada en la cama y... M****a, eso de tener que compartir sus tetas con otro ser es mala idea. —Tú y yo no podemos estar juntos. No estás a falta de memoria para que olvides que aún sigues casado.—espeta presenciando el pasado y miro su cabeza, capaz se le ha zafado un tornillo. La escuadriño notando sus celos. Sé por dónde va el rumbo. —No, no te atrevas a desafiarme. Si intentas fingir o realmente no te has enterado de que no estoy casado con nadie, créemelo. No sucederá a menos que sea contigo.







