INICIAR SESIÓNEstimadas lectoras y lectores Espero les guste el capitulo, ayer me tome un día para descansar, pero ya estoy de regreso.
Antes que nada, mis más sinceras gracias. ¡Gracias por dedicarles un momento de su tiempo para leer mis libros! Sé que hay días en los que no subo capítulos y las dejo picadas; la verdad es que hay días en los que mi mente no me da las palabras correctas y, honestamente, no me gusta subir capítulos solo por subir.Esta historia la leí capítulo por capítulo y me gustó; plásmame la verdadera esencia y conflictos internos de quien fue el primogénito de los D’Angelo.Espero que les haya gustado la bella historia que se desarrolló entre el protagonista y la protagonista, quienes iniciaron una relación cargando la sombra de su propio pasado.La idea de este libro es mostrar que, muy a pesar de que tengamos un pasado turbio y en ocasiones doloroso, siempre podremos salir adelante; siempre habrá alguien que nos acepte tal como somos. Tal vez no es inmediatamente, tal vez primero nos debemos encontrar a nosotros mismos o tal vez una chispa viene y enciende todo.Mis queridas lectoras y lectores
--- Diez años después ---Luciano se paró al lado de Ángela; ambos miraron hacia el mismo lugar. Él rodeó la espalda de la mujer con un brazo; aquello fue una muestra de cariño sincero y honesto.—¿Cómo estás? —dijo él luego de un largo momento de silencio.—Bien, Luciano, bien… —dijo Ángela al tiempo que se limpiaba las lágrimas que corrían por sus mejillas.Luciano apretó más el abrazo y dijo:—A él no le gustaría verte así…—Aún no me acostumbro a la idea de que ya no está…—Nadie, yo creo que nadie, se ha acostumbrado. —dijo Luciano tragándose el gran nudo en su garganta.—Hasta en el último momento hizo lo que le dio la gana, ¿verdad? —dijo Ángela mirando la placa con las letras del nombre de su amado esposo grabadas. —¿Sabías que yo siempre decía que quería que él muriera antes que yo?—¿Por qué pensabas eso? —preguntó Luciano, intrigado.—¡Corazón! ¿Acaso nunca lo viste haciendo labores del hogar?—No, ¿Por qué me preguntas eso?—¡Era un desastre! Habrá sido muy juez, muy juez,
Aquella familia se despidió de la abuela Agripina prometiendo regresar tan pronto naciera el pequeño Massimo. Amelia veía a sus hijas, a su hijo y a su esposo; no podía sentirse más feliz y tranquila. La vida la había puesto en el momento y lugar correctos; nada había llegado ni antes ni después, todo había sido justo cuando debió suceder.Mientras caminaba tomada de la mano de su marido, no pudo evitar que a su mente llegara el recuerdo de su exmarido; no sabía dónde estaba, no sabía qué había sido de él, no le importaba, solo deseaba que, estuviera donde estuviera, fuera feliz tanto como ella lo ha sido todos estos años.—¿Ya más tranquila? —preguntó Luciano, sacándola de sus pensamientos.—¡Sí! ¡Mucho más tranquila!—Bien, ahora vamos a casa de la abuela, ahí pasaremos la noche y mañana nos iremos de regreso a Italia, ¿ok?—Luciano, pero la casa de mi abuela no está habilitada para que podamos quedarnos. -dijo recordando las palabras de Daniela.Luciano sonrió y dijo:—Yo no diría
Luciano, al ver y escuchar a su mujer, dijo:—Señora Torres Cuautle, mucho gusto, le puedo asegurar que su hija, nieta, está en buenas manos. Espero que le haya gustado lo que hicimos con su tumba; sé que no tuve el honor de conocerla, pero debe saber que hizo un excelente trabajo en criar a Amelia.Ella es la mujer más amorosa, cariñosa, paciente y entregada que me ha tocado conocer. Siendo totalmente honesto, creo que si Amelia no hubiese aparecido en mi vida, yo no sería quien soy ahora. Ella llegó a mi vida y la de Almendra en un momento de oscuridad y, aunque su vida era gris, puedo confesar que con su sola presencia, con esos ojos café llenos de curiosidad y esa forma tan característica de ser, llenó nuestra vida de luz, de calor y, sobre todo, de amor.Señora Torres Cuautle, debe saber que voy a amar, cuidar y respetar a su hija todos los días de mi vida; además, debe conocer a sus nietos. —dijo Luciano, bajando de sus brazos a Olaf para que el menor y las niñas le ayudaran a
—¿Luciano?La apacible voz de Amelia lo hizo reaccionar.—¿Qué sucede, mi vida?—Es por aquí, mira, quiero que conozcas a mi tía abuela.Luciano miró a los ojos a su bella mujer, quien ya llevaba una evidente barriguita, la cual prácticamente era resultado de aquella intensa luna de miel, donde cumplió con su palabra tal como lo había dicho.—Amelia, por favor, camina con cuidado, recuerda que estás embarazada. —dijo Luciano mirando cómo su mujer se apresuraba a llegar a la tumba del único familiar que conoció.—¡Tranquilo! Estoy embarazada, no estoy enferma, ¿acaso no has escuchado ninguna de las recomendaciones de Ángela?—Solo ve más despacio, ya he hecho mucho para traerte a México; de ser por mí, hubiese esperado a que el bebé naciera, pero eres igual de terca que Ángela y es mejor no explorar aquellos terrenos sinuosos.Amelia volteó a verlo y le lanzó una mirada acusatoria.—¡Almendra, Vanesa! ¡Por favor, vengan por aquí, corazones, no es por ahí, es por aquí! —dijo Amelia corri
La noche no fue ni larga ni corta; la mañana los alcanzó al tiempo que juntos cayeron rendidos ante el cansancio producido por todo lo sucedido en aquellas cortas horas.Amelia sentía un inmenso cansancio y sueño, tanto así que solo cerró los ojos y no los volvió a abrir hasta que ya pasaba de medio día.—¡Amelia! ¡Mi vida! Ya es hora de levantarse, ¿no tienes hambre? ¿Quieres que pida servicio en la habitación?—Dios… Preferiría no tener que levantarme…Ella pudo escuchar cómo Luciano sonrió, orgulloso de su cometido, orgulloso de la noche que habían pasado juntos.—Anda, cariño, ven, vamos, debemos bañarnos y salir a conocer el lugar.—¿Qué hay de esa promesa de no salir de la habitación?—¿De verdad quieres que continúe? Yo podría seguir todo el día, pero, mírate, con unas cuantas horas estás que no puedes levantarte.Amelia le lanzó una mirada acusadora y a la vez descarada.—Está bien… Vamos, es hora de conocer el lugar.Tras una larga ducha en donde ambos se perdieron en todo lo







