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El Colapso de la Altitud

Author: Florenciars
last update publish date: 2026-06-26 05:13:33

Narra Alexander

La cabina del Gulfstream se había convertido en un ataúd de metal y silicio donde la lógica se desvanecía ante la urgencia de la supervivencia. La vibración no era solo mecánica; era el pulso de un comando externo que desmantelaba, capa por capa, el sistema de navegación que Amelia y yo habíamos codificado para ser inexpugnable. Mis manos, grandes y acostumbradas a la firmeza de la autoridad, se aferraban a los mandos manuales con una intensidad que tensaba cada músculo de mis a
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  • Amelia: PROHIBIDA PARA EL HEREDERO   EL CÓDIGO QUE NOS MANTUVO UNIDAS

    A MIS LECTORAS.Al llegar a este punto final, donde las pantallas se apagan y los personajes por fin encuentran el silencio que tanto buscaron, me resulta imposible no mirar hacia atrás y ver el camino que hemos recorrido juntas. Escribir esta historia ha sido una de las experiencias más intensas y reveladoras de mi vida, pero no habría sido la misma sin la presencia constante, silenciosa o vibrante, de ustedes al otro lado de la pantalla.Para mis lectoras: gracias por haber sido el motor de este sistema. Cuando comencé a tejer la historia de Amelia y Alexander, no sabía exactamente hasta dónde nos llevaría este juego de poder, intrigas y romance oscuro. Solo tenía una premisa y dos personajes que se negaban a rendirse. Sin embargo, fueron ustedes, con su lectura capítulo tras capítulo, quienes le dieron sentido a cada giro de la trama. Gracias por haber sido las cómplices de nuestras traiciones, por haber sufrido con cada bala, por haber analizado cada hackeo y por haberse permitido

  • Amelia: PROHIBIDA PARA EL HEREDERO    Donde el Sistema no Llega (Epílogo)

    Narra: AmeliaUn año ha pasado desde que el humo del helicóptero se disipó en las Feroe. Si alguien me hubiera dicho, mientras revisaba servidores en los sótanos de Aberdeen, que terminaría mis días horneando pan en una cocina pequeña y luminosa frente a una costa que no aparece en los mapas comerciales, me habría reído con la misma frialdad que reservaba para mis adversarios.Aquí, el único sistema que gestiono es el cambio de las estaciones.Dejé la bandeja sobre la mesa de madera rústica y miré hacia la ventana. Alexander estaba afuera, cortando leña para el invierno. Ya no viste trajes hechos a medida ni chalecos tácticos. Lleva una camisa de lana desgastada y sus manos, que una vez estuvieron marcadas por el peso de las armas y la autoridad de una junta directiva, ahora están curtidas por el trabajo de la tierra. Se detuvo un momento, secándose el sudor de la frente, y me vio a través del cristal. Su sonrisa, esa que antes solo aparecía cuando ganábamos una batalla corporativa, a

  • Amelia: PROHIBIDA PARA EL HEREDERO   El Algoritmo del Destino

    Narra: AlexanderEl sol comenzó a filtrarse entre las nubes bajas, bañando los acantilados de las Islas Feroe con una luz dorada que parecía casi irreal después de meses de vivir entre sombras, códigos y acero. El helicóptero del arquitecto era ahora poco más que un esqueleto humeante contra la roca, un recordatorio estático de que habíamos ganado una guerra que nadie más sabía que estábamos librando.Amelia estaba a mi lado, respirando el aire puro del norte. Por primera vez, sus manos no estaban sobre una terminal, ni sus ojos buscaban una brecha en la seguridad; estaban entrelazados con los míos. El peso del "Corazón del Algoritmo", ese pequeño dispositivo que una vez tuvo el poder de doblegar imperios, descansaba ahora en el fondo del mar, hundido por nosotros en la fosa más profunda de la bahía. Habíamos borrado nuestras identidades, nuestras deudas y nuestro pasado.—¿Sientes eso? —me preguntó, rompiendo el silencio. Su voz ya no tenía la urgencia de la superviviente, sino la ca

  • Amelia: PROHIBIDA PARA EL HEREDERO   La Última Ejecución

    Narra: AlexanderEl aire en los acantilados era puro, frío y cortante, un contraste brutal con el hedor a químicos del búnker. A mis espaldas, Amelia se mantenía firme, con la terminal portátil aún encendida, sus dedos danzando sobre el cristal líquido con una velocidad sobrehumana. Ella no solo estaba hackeando el helicóptero; estaba cerrando el cerco, eliminando todas las rutas de escape posibles.—Tengo control sobre los sistemas de navegación —anunció, su voz clara y desprovista de cualquier titubeo—. El arquitecto cree que despegará hacia el continente, pero el piloto automático está siendo redirigido hacia el norte, a un área sin cobertura donde sus sistemas de comunicación ya no tienen salida.Observé el helicóptero. Las turbinas giraban con un gemido agudo, levantando una nube de gravilla y niebla. Corrí hacia el borde de la pista, sintiendo la adrenalina destilando cada gota de veneno que aún quedaba en mis músculos. No necesitaba disparar, no todavía. Necesitaba que el hombr

  • Amelia: PROHIBIDA PARA EL HEREDERO   El Algoritmo del Caos

    Narra: AmeliaLa vista se me nublaba, teñida por un velo gélido y grisáceo que no provenía de la neblina exterior, sino del gas que llenaba mis pulmones. Cada inhalación se sentía como fuego líquido, una toxina diseñada con precisión quirúrgica para adormecer el sistema nervioso central antes de apagarlo por completo. El contador parpadeaba en la pantalla principal con una indiferencia matemática que me helaba la sangre: 00:04:12.A mi lado, Alexander era una fuerza de la naturaleza negándose a ser contenida. A pesar de la herida de bala en su hombro y del veneno que ya corría por sus venas, se arrastró hacia los conductos de ventilación superiores. Lo vi quitarse la chaqueta táctica con un gruñido de puro dolor, rasgando la tela para intentar taponar la rejilla de donde emanaba el siseo constante del gas. Sus músculos se tensaban al límite, sus nudillos estaban blancos y su respiración era un eco ronco en las paredes de concreto.—¡Amelia, no te quedes ahí! —su voz sonó distorsionada

  • Amelia: PROHIBIDA PARA EL HEREDERO   100: La Isla de los Ecos

    Narra: AlexanderEl motor de la lancha se detuvo finalmente, dejándonos a merced de la corriente en una bahía oculta por acantilados negros y dentados. Las Islas Feroe se alzaban ante nosotros como los dientes de un monstruo antiguo, envueltas en una niebla tan espesa que parecía tener peso propio. Amelia salió a cubierta, envolviéndose en mi chaqueta táctica. El aire estaba cargado de sal y soledad, pero para mí, era el aroma de la victoria. O eso quería creer.—¿Es aquí? —preguntó, su voz apenas un susurro que se perdió entre el graznido de las aves marinas.—Es el final de la línea —respondí, bajando los suministros.El búnker no era una instalación moderna; era una fortaleza de la Guerra Fría excavada directamente en el granito. Mientras arrastrábamos el equipo hacia la pesada puerta blindada, un detalle hizo que mi instinto de depredador se activara. El barro cerca de la entrada estaba fresco. Había huellas de botas militares, profundas y recientes.—Amelia, detente —ordené, mi m

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