FAZER LOGINMiré hacia su pecho, que se marcaba aún más ahora que su camisa estaba mojada. Levanté el rostro y, sí, definitivamente estaba furioso.
—Lo lamento, nunca fue mi intención… —me disculpé. Era cierto que lo odiaba por ser el novio de mi hermana, pero eso no significaba que fuera a ser una maleducada. Yo tuve la culpa.
—Estoy en una reunión con tu padre y no puedo regresar de esta manera... —Se notaba fastidiado, y de seguro quería matarme, pero el hecho de ser la hermana de su prometida lo detenía.
—Es mi culpa, lo reconozco. Yo me encargaré de arreglarlo.
Conocía el lugar perfecto para esto. Subió al ascensor y se colocó a mi lado. Marqué el número del piso al que necesitaba ir.
Todo era silencio en el elevador, solo se escuchaba la estúpida música de fondo. Miré hacia Ethan. Estaba serio. Según había escuchado, tenía un carácter difícil, y se le notaba hasta por los poros. Estaba segura de que pensaba en alguna manera de matarme.
Estúpida Génesis, te metes en problemas tan fácil...
Llegamos al piso de corte y confección. Allí se encontraban los diseñadores y gran parte de la ropa que se vendía en la empresa. Ambos bajamos del elevador. Inicié mi camino y él me siguió.
—Hola, Helena —saludé a la chica encargada de dicha área—. Voy a usar el vestidor y tomar unas camisas.
Ella solo asintió. La presencia del novio de mi hermana la había dejado anonadada… y es que el tipo no estaba nada mal. Caminé unos cuantos metros hasta llegar a los vestidores. Ahí había una gran variedad de ropa.
—Puedes tomar la camisa que desees y probártela. Si te gusta, te la puedes quedar.
—¡Oh, muchas gracias! Qué amable de tu parte regalarme una camisa… Lo cual no hubiera sido necesario si no me hubieras tirado ese vaso de agua —dijo con ironía.
En verdad me estaba aguantando de no decirle unas cuantas groserías. Estaba haciendo lo posible por remediar mi error.
Tomó varias camisas y entró a uno de los vestidores. Me sorprendió que eligiera tantas prendas; imaginé que tomaría cualquiera. Me recosté en una de las paredes mirando hacia un espejo y me di cuenta de que este reflejaba la puerta del vestidor donde se encontraba el prometido de mi hermana.
Lo peor de todo era que estaba entreabierta.
Bueno… no sé si podría decir que era lo peor, ya que tenía una vista perfecta de su torso, el cual ya estaba desnudo.
¡Madre mía! Es el novio de tu hermana… me reprendí.
Desvié la mirada. Mientras esperaba que saliera del vestidor, un mensaje llegó a mi móvil.
"Hola, osito de goma."
Se trataba del extraño con quien había conversado la otra noche.
"Hola, Ms. Domisol. ¿Cómo estás?"
—¡Listo! Encontré la camisa perfecta —Ethan salió del vestidor. Y sí, tenía razón, estaba perfecta.
"Muy bien, ¿qué haces?"
"Estoy en el trabajo. Osito de goma es una mujer independiente y necesita trabajar para lograrlo."
—¡Muy bien! Asunto terminado —di media vuelta y me dirigí al ascensor.
Creí que él se había quedado en el vestidor, pero subió junto conmigo.
"Me gustan las mujeres independientes y autosuficientes."
Fue el siguiente mensaje que recibí. Solo sonreí ante su halago.
—Génesis, ¿no? —mencionó el novio de mi hermana.
Levanté la mirada para encontrarme con la suya. Él estaba recostado en una de las paredes del ascensor, con las manos en los bolsillos.
—Así es. Génesis Wood, la hermana de tu prometida.
—Sé que nuestro primer encuentro no fue el ideal, pero aún hay tiempo para rectificar. Soy Ethan Fox, el prometido de tu hermana.
Extendió su mano y sonreí de manera hipócrita, tratando de parecer genuina. Iba a tomar su mano, pero las puertas del ascensor se abrieron, así que la encogí la mano y salí.
Regresé para la selección de los modelos.
—¿No tienes cosas que hacer con mi madre para tu fiesta de compromiso? —cuestioné a Dafne que seguí sentada.
—Sí, y muchas. Pero preferí estar en la selección y, de paso, pasar tiempo con mi querida hermana. Hace tiempo que no estamos juntas. Es bueno recordar viejos tiempos.
Dafne era una hipócrita. Venía aquí y fingía que no había sucedido nada. Bueno, tal vez para ella no significó nada enredarse con el prometido de su hermana.
—¡Hey, tranquila! —susurró Will en mi oído—. No le des el gusto de fastidiarte. Nada ganas con enojarte. Demuestra que eres mejor que ella.
Mi amigo tenía razón, pero la verdad era que todas las emociones se habían acumulado en tan pocas horas.
—¡Mejor empecemos! —dije. Era mejor tomar las cosas con calma. Dafne estaba aquí y no podía hacer nada para evitarlo.
Inhalé profundo y esperé a que los modelos entraran.
Hacíamos cosas simples: preguntas sobre aspectos personales y experiencia en el modelaje. Nos turnábamos para hacer las preguntas y, después, realizábamos una sesión de fotos. Teníamos en la lista a quince personas, y solo la mitad pasaría a la siguiente fase con mi madre.
Todo transcurría con normalidad. Teníamos casi a los clasificados, faltaba solo uno. La penúltima fue una chica que me pareció excelente para este trabajo; se notaba que tenía carisma y una gran habilidad para esto. Pero aún faltaba un modelo.
—Muy bien, vamos con el último —anunció la asistente.
Todo iba bien, incluso con Dafne a mi lado, pero no contaba con que el último modelo fuera el maldito que había estado en el mismo bar la noche anterior. Aquel que fingió todo el tiempo que le agradaba cuando, en realidad, solo le provocaba repulsión.
—¡Wow! Este tipo es realmente guapo —susurró Dafne en mi oído, dándome un leve codazo.
Él entró con una sonrisa de oreja a oreja, pero se le borró de inmediato al verme.
Yo sonreí triunfante. Sabía perfectamente que sus actos de la noche anterior tendrían consecuencias en este momento.
Porque el karma es una maldita, y siempre debes actuar de manera correcta… nunca sabes en qué momento recibirás una cucharada de tu propia medicina.
Will me miró sorprendido.
—Genesis, recuerda que esto se hace de manera profesional —susurró.
—No te preocupes. Te aseguro que haré todo esto con profesionalismo.
Dafne inició con las preguntas básicas. Yo estaba atenta a sus respuestas y, sobre todo, a esa mancha oculta que tenía en un lado de la frente. Al parecer, la había cubierto con suficiente maquillaje.
No quería que esto se tomara como una venganza, pero la verdad era que a este tipo le faltaba la chispa de ser modelo. Pasamos a la sesión de fotos, tal vez eso lo salvaría… pero no.
Definitivamente, era guapo, pero para el modelaje no servía. Su sonrisa y sus gestos se notaban forzados.
Después de terminar con Adrian, nos quedamos solos para definir a los ganadores. Serían ocho en total.
—Para mí, entre Adrian y Vanesa, elijo a ella. Se nota que es amiga de la cámara. Su naturalidad es inigualable. Creo que es la persona indicada para nuestra empresa.
—¿Acaso estás loca? ¡Adrian está guapísimo! —intervino mi hermana—. Con él, la empresa ganaría muchos contratos.
—También lo lograríamos con Vanesa. Para mí, ella es la indicada. Adrian me parece flojo. Será guapo, pero no tiene la habilidad para esta carrera.
—¡No! Me opongo a tu decisión. Quiero que Adrian se quede.
—¡Dafne, tú no sabes nada de esto! Solo eres buena para estar frente a las cámaras. Yo llevo años aquí, haciendo lo mismo, y sé cuándo alguien es bueno y cuándo no. ¡He dicho que se queda Vanesa, y será así! —vociferé.
—¡Hey! Chicas, cálmense —intervino Will—. Hagamos esto con tranquilidad.
—¡Tú cállate! —dijimos al unísono.
—¡Tú llevarás años aquí, pero no sabes nada de estar en una pasarela! No sabes lo que es ser admirada por todos los que te rodean.
—¡Dafne, no empieces! —dije entre dientes.
Mi hermana estaba logrando irritarme, y eso no era bueno ni para ella ni para la empresa.
—¿Saben qué? ¡Se quedan los dos! —gritó mi amigo—. Haremos unas últimas pruebas en unas horas y se elegirá al ganador. ¡Ahora las dos salen de aquí, toman un vaso de agua y regresan cuando se hayan calmado!
Salí furiosa de aquel lugar.
Dafne se había ido meses de la empresa y ahora quería venir a mandar como si fuera una experta en esto.
ValentinaUn año después.Estaba sentada en el suelo de mi taller dibujando un vestido cuando Adam entró sin tocar.—Tengo una pregunta —dijo tirándose en el sofá con la familiaridad de un hombre que lleva meses entrando sin tocar y que ya no pretende cambiar.Pero ya estaba acostumbrada a su actitud, arrogante, altruista, tierna, amorosa, gentil. Todo eso era Adam Fox—Dime.—¿En qué momento pasamos de "no de paciencia" a esto?—¿A qué?—A que tengo un cepillo de dientes en tu baño, una guitarra en tu sala, la mitad de mi ropa en tu clóset y a tu padre llamándome "hijo" cuando me ve llegar.—Fue gradual.—Fue rapidísimo.Me reí. Porque tenía razón. Lo que empezó como un "espérame" se convirtió en cenas que terminaban tarde, en mañanas que empezaban juntos, en una llave de mi apartamento que le di "por si acaso" y que usaba todos los días. Nunca hubo una declaración formal. Nunca hubo un "¿quieres ser mi novia?" con flores y rodilla en el suelo como hizo Adonias. Solo pasó. Como las m
GénesisSeis meses después.Las luces del teatro se apagaron y la música empezó a sonar. No la música que estaba programada sino un reggaetón que hizo girar cabezas en toda la primera fila.—Sofía —murmuré.Leyla me miró. Las dos al mismo tiempo hacia el fondo del escenario donde Sofía y Luca estaban a cargo de la consola de sonido porque Valentina cometió el error de confiarles esa responsabilidad y ellos cometieron el acierto de aprovecharla.Un técnico corrió hacia ellos. Cambió la música. Volvió la melodía elegante que Valentina eligió para su primer desfile. Sofía levantó los hombros con la inocencia de una niña de once años que sabe exactamente lo que hizo y que no se arrepiente.—Tu hija es un peligro —me susurró Leyla.Leyla se rio. Yo también. Porque reírnos en la primera fila de un desfile de moda mientras dos menores saboteaban la música era exactamente el tipo de caos que definía a nuestras familias. Y después de todo lo que vivimos, el caos pequeño era un regalo.La prime
ValentinaPapá se levantó de la cama sin mi ayuda por primera vez en semanas.Fue despacio. Con cuidado. Apoyándose en la mesita de noche con una mano. Después de un paro cardíaco, un desalojo y el descubrimiento de que la mujer con la que se casó era una criminal que le robó hasta el último centavo, era un milagro que no necesitaba más nombre que la terquedad de Rodrigo Rojas.Había pasado casi un mes desde la muerte de Morgana. De Dafne. Todavía no sabía cómo llamarla. Tal vez nunca lo sabría.Las investigaciones revelaron lo que ya sospechábamos: Dafne desvió el dinero de papá a cuentas que ella controlaba. Fabricó la quiebra. Orquestó el desalojo. Todo para financiar su estilo de vida, iba a huir y mantenerse con el dinero de mi padre.Fuimos al abogado esa mañana.—Las investigaciones han avanzado —dijo abriendo una carpeta—. Recuperamos la mitad del dinero que Morgana les robó. El resto va a tomar tiempo porque parte de los fondos pasaron por cuentas internacionales. Pero con lo
AdoniasLlevaba tres días en cama y ya quería arrancarme la pierna yo mismo.No por el dolor. El dolor lo controlaban los analgésicos. Lo que no controlaban era el aburrimiento de un hombre acostumbrado a tener cada minuto organizado y que ahora pasaba las horas mirando el techo, revisando redes sociales que no le importaban. La puerta se abrió.Mía. Con una bandeja en las manos, el pelo recogido en una coleta desordenada y una sonrisa que me aceleró el pulso más que cualquier analgésico.—Te traje tu postre favorito —dijo entrando —¿Flan de caramelo?—Flan de caramelo. Lo hice yo. Así que si sabe raro, te lo comes igual y me dices que está delicioso.—¿Tú cocinaste?—No actúes tan sorprendido. Heredé algunas habilidades de mi madre que no son solo el sarcasmo y la capacidad de destruir egos con una sola mirada.Se acercó a la cama. Puso la bandeja en la mesita de noche. Y cuando se inclinó para acomodar la cuchara, la tomé del brazo.—Agáchate —le dije.—¿Para qué?—Agáchate.Se ag
GénesisAdonias abrió los ojos a las seis de la mañana.Llevaba ocho horas en el hospital. La operación fue de emergencia: la bala le atravesó el muslo izquierdo sin tocar la arteria femoral, lo cual según el cirujano fue un milagro de milímetros. Le sacaron la bala, le cosieron, le vendaron y lo conectaron a una máquina que pitaba con la regularidad de un metrónomo que marcaba el ritmo de mi alivio.Estuve toda la noche sentada junto a su cama. Sin dormir. Con su mano entre las mías. Mirando el monitor que confirmaba que su corazón seguía latiendo porque mi propio corazón necesitaba esa confirmación cada segundo.Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue mi cara. —Mamá —dijo con la voz rasposaLe besé la frente. —Todos estábamos preocupados —le dije—. Mucho más Adam. No se movió de la sala de espera en toda la noche. Y Valentina tampoco. Esa chica te quiere, tienes una gran novia, Adonias. Se quedó hasta que el cirujano salió a decirnos que estabas estable.Adonias desvió la mi
EthanWill estaba sobre Dafne en el suelo.La sostenía con todo el peso de su cuerpo. Ella debajo. Él encima. Las manos de Will agarrándole las muñecas contra el piso. Las manos de Dafne intentando soltarse con una fuerza que no correspondía a su cuerpo pero que venía de un lugar más profundo que los músculos.—Te amo —le dijo Will con la voz quebrada, mirándola desde arriba—. Te amé durante veinte años. Más de lo que amé a nadie. Más de lo que debí amar a nadie. Pero esto tiene que parar, Dafne. Tiene que parar de una vez.Dafne dejó de forcejear. Lo miró desde abajo. —Will —susurró ella.Entonces se escuchó el disparo.Seco. Amortiguado por los dos cuerpos. Un sonido que no retumbó en la sala como los anteriores sino que se quedó entre ellos como algo íntimo, privado, que solo les pertenecía a los dos.Will y Dafne se quedaron quietos.Un segundo. Dos. Tres. Sin moverse. Sin respirar. Will se levantó. Despacio. Se apartó de Dafne con la lentitud. Se puso de pie. Retrocedió. Y camin







