FAZER LOGIN“Te necesito en la oficina”
Recibí un mensaje de mi padre, era mejor salir de este infierno.
Caminé hasta llegar a la oficina de mi padre.
Ethan estaba sentado frente al escritorio de mi padre, su presencia no era un buen presentimiento. Me quedé de pie, puesto que no iba a sentarme cerca de ese tipo.
—Génesis. Ethan, el prometido de tu hermana, me ha hecho una propuesta interesante de inversión, pero quiero consultarla antes contigo.
¿Una propuesta de inversión?
—¡Claro! Dime.
—Existe una oportunidad para invertir en la bolsa. Sabes que no cualquiera puede hacerlo y tener éxito. Ethan lo ha hecho varias veces y ha salido triunfador, pero ahora, con el apoyo de la empresa, queremos recurrir a un negocio más grande.
No conocía a Ethan ni sus habilidades en la bolsa, pero no me gustaba la dirección que esto estaba tomando.
—¿De cuánto estamos hablando?
—Tres millones de dólares —mencionó Ethan.
—¡¡¡¡¿Qué?!!!! ¿Están locos? ¡Esa cantidad es para pagar una planilla completa! No, no estoy de acuerdo en hacer semejante inversión.
—¡Escucha, Génesis! Si todo sale bien, tendremos el doble. ¿Te imaginas? Eso sería de gran ayuda para las futuras inversiones de nuestra empresa. —habló mi padre.
—¡Pero no de esa manera! No podemos arriesgar ese dinero. La nómina está por pagarse. Si ese dinero no está en nuestras cuentas, no podremos pagarles a nuestros empleados y no estoy de acuerdo en correr el riesgo.
—Eso no pasará —intervino Ethan—. El dinero estará antes de que la planilla se pague.
—¡No! Dime, ¿cómo voy a confiar en alguien como él sin siquiera conocerlo? —cuestioné.
Ethan se dirigió a mi padre.
—Matías, puedo asegurarte que ese dinero estará allí, y si eso no sucede, me encargaré de recuperar cada centavo, aun si tengo que vender todas mis propiedades. Esa es mi garantía.
¡Este tipo estaba loco! No iba a llevar a la ruina mi empresa.
—¡Papá, no lo hagas, por favor! No podemos arriesgar ese dinero —Mi papá pareció pensarlo. Solo esperaba que tomara en cuenta mis súplicas.
—¿Cuándo se paga la nómina de empleados? —preguntó.
—Quedan seis días —respondí.
—¿En cuánto tiempo se recupera la inversión? —interrogó.
—Cinco días —respondió Ethan—. Te aseguro que ese dinero estará duplicado en las cuentas de la empresa. Estoy tan seguro que me atrevo a pedirte un puesto formal en la empresa.
¡Lo que me faltaba!
—¡Muy bien!... lo haremos entonces —afirmó mi padre.
Mi padre estaba loco. Ethan sonrió triunfante, estrechó la mano de mi padre y salió, no sin antes dedicarme un gesto burlón. El muy imbécil se sentía todo un ganador.
—¿Por qué aceptaste esa locura? Él se irá en unos días. Si se pierde la inversión, solo huirá…
—Él no se irán, Génesis. Ayer anunciaron que se quedarán en la ciudad de manera definitiva. Están en busca de una casa, mientras tanto vivirán en la nuestra.
Lo que me faltaba… Ahora tendría que aguantarlos por meses.
—Todo saldrá bien. De lo contrario, me encargaré de que devuelva todo y con intereses.
—Espero que no te arrepientas de esto —advertí.
Salí de su oficina furiosa. No tenía idea de por qué me había llamado si, de igual manera, él tomaría la decisión que quisiera.
—¡Génesis! ¡Génesis!
Los gritos de mi amigo Will provocaron que me detuviera.
—¿A dónde vas? En unos minutos haremos la segunda ronda para elegir al ganador.
—¡Eso no me importa! Deja que Adrien sea el ganador, ya no me interesa. Cuando pase por mi madre, de seguro ella no lo contrata.
—¿Por qué el mal humor? —cuestionó—. Si es por lo que pasó anoche con Adrien y tú…
—¡No! No tiene nada que ver con eso. Es Dafne y su novio, ellos son los culpables. Solo quiero ir a dormir. Mañana te contaré todo con detalles.
—Está bien, descansa y relájate.
Me despedí de mi amigo, tomé el ascensor y me dirigí al estacionamiento. Tenía un dolor de cabeza terrible y no era por las botellas de la noche anterior. Para nada. Todo esto era culpa de Dafne y su noviecito.
Cuando salí del ascensor, solo quería llegar a mi auto e irme a casa.
—Hola, Génesis.
El estúpido de Adrien estaba delante de mí.
—¡Déjame en paz! —lo hice a un lado y quise pasar de largo.
—¡Espera! Quiero hablar contigo.
Me tomó del brazo y me obligó a retroceder unos pasos. Me empujó levemente hasta llevarme contra la pared, colocando sus manos a ambos lados de mi cabeza.
—Creo que ayer tuvimos un pequeño malentendido.
¿Pequeño? Ja, por favor. Pero sabía lo que trataba de hacer, sabía que su carrera estaba en mis manos.
—¿Ah, sí? —dije de manera coqueta, tratando de seguirle el juego.
—Sí. Escuchaste mal. De verdad, tú me pareces muy hermosa.
—¿En serio?
Adrien se acercó y dejó un beso en mi mejilla.
—Sí, muy linda. Y yo estoy dispuesto a hacer lo que tú quieras.
Iba a empujarlo y darle una lección, pero un par de ojos azules me detuvieron. Ethan estaba a lo lejos observándonos.
—¡Génesis!
—Si dime… —Adrien se acercó mucho más.
Tomé a Adrien por los hombros, lo empujé hacia atrás y levanté la rodilla, golpeándolo directamente en ese lugar sensible para todo hombre.
—¡Ni se te ocurra volver a tocarme! Si me ves, pasa de largo, porque, si no, haré que toda tu carrera de modelito se vaya a la basura.
Le di un último empujón, provocando que cayera al suelo mientras se quejaba del dolor en sus partes íntimas.
Ethan seguía ahí de pie, observando la escena. Eso era demostración de que a Genesis Wood, no podía subestimarla.
ValentinaUn año después.Estaba sentada en el suelo de mi taller dibujando un vestido cuando Adam entró sin tocar.—Tengo una pregunta —dijo tirándose en el sofá con la familiaridad de un hombre que lleva meses entrando sin tocar y que ya no pretende cambiar.Pero ya estaba acostumbrada a su actitud, arrogante, altruista, tierna, amorosa, gentil. Todo eso era Adam Fox—Dime.—¿En qué momento pasamos de "no de paciencia" a esto?—¿A qué?—A que tengo un cepillo de dientes en tu baño, una guitarra en tu sala, la mitad de mi ropa en tu clóset y a tu padre llamándome "hijo" cuando me ve llegar.—Fue gradual.—Fue rapidísimo.Me reí. Porque tenía razón. Lo que empezó como un "espérame" se convirtió en cenas que terminaban tarde, en mañanas que empezaban juntos, en una llave de mi apartamento que le di "por si acaso" y que usaba todos los días. Nunca hubo una declaración formal. Nunca hubo un "¿quieres ser mi novia?" con flores y rodilla en el suelo como hizo Adonias. Solo pasó. Como las m
GénesisSeis meses después.Las luces del teatro se apagaron y la música empezó a sonar. No la música que estaba programada sino un reggaetón que hizo girar cabezas en toda la primera fila.—Sofía —murmuré.Leyla me miró. Las dos al mismo tiempo hacia el fondo del escenario donde Sofía y Luca estaban a cargo de la consola de sonido porque Valentina cometió el error de confiarles esa responsabilidad y ellos cometieron el acierto de aprovecharla.Un técnico corrió hacia ellos. Cambió la música. Volvió la melodía elegante que Valentina eligió para su primer desfile. Sofía levantó los hombros con la inocencia de una niña de once años que sabe exactamente lo que hizo y que no se arrepiente.—Tu hija es un peligro —me susurró Leyla.Leyla se rio. Yo también. Porque reírnos en la primera fila de un desfile de moda mientras dos menores saboteaban la música era exactamente el tipo de caos que definía a nuestras familias. Y después de todo lo que vivimos, el caos pequeño era un regalo.La prime
ValentinaPapá se levantó de la cama sin mi ayuda por primera vez en semanas.Fue despacio. Con cuidado. Apoyándose en la mesita de noche con una mano. Después de un paro cardíaco, un desalojo y el descubrimiento de que la mujer con la que se casó era una criminal que le robó hasta el último centavo, era un milagro que no necesitaba más nombre que la terquedad de Rodrigo Rojas.Había pasado casi un mes desde la muerte de Morgana. De Dafne. Todavía no sabía cómo llamarla. Tal vez nunca lo sabría.Las investigaciones revelaron lo que ya sospechábamos: Dafne desvió el dinero de papá a cuentas que ella controlaba. Fabricó la quiebra. Orquestó el desalojo. Todo para financiar su estilo de vida, iba a huir y mantenerse con el dinero de mi padre.Fuimos al abogado esa mañana.—Las investigaciones han avanzado —dijo abriendo una carpeta—. Recuperamos la mitad del dinero que Morgana les robó. El resto va a tomar tiempo porque parte de los fondos pasaron por cuentas internacionales. Pero con lo
AdoniasLlevaba tres días en cama y ya quería arrancarme la pierna yo mismo.No por el dolor. El dolor lo controlaban los analgésicos. Lo que no controlaban era el aburrimiento de un hombre acostumbrado a tener cada minuto organizado y que ahora pasaba las horas mirando el techo, revisando redes sociales que no le importaban. La puerta se abrió.Mía. Con una bandeja en las manos, el pelo recogido en una coleta desordenada y una sonrisa que me aceleró el pulso más que cualquier analgésico.—Te traje tu postre favorito —dijo entrando —¿Flan de caramelo?—Flan de caramelo. Lo hice yo. Así que si sabe raro, te lo comes igual y me dices que está delicioso.—¿Tú cocinaste?—No actúes tan sorprendido. Heredé algunas habilidades de mi madre que no son solo el sarcasmo y la capacidad de destruir egos con una sola mirada.Se acercó a la cama. Puso la bandeja en la mesita de noche. Y cuando se inclinó para acomodar la cuchara, la tomé del brazo.—Agáchate —le dije.—¿Para qué?—Agáchate.Se ag
GénesisAdonias abrió los ojos a las seis de la mañana.Llevaba ocho horas en el hospital. La operación fue de emergencia: la bala le atravesó el muslo izquierdo sin tocar la arteria femoral, lo cual según el cirujano fue un milagro de milímetros. Le sacaron la bala, le cosieron, le vendaron y lo conectaron a una máquina que pitaba con la regularidad de un metrónomo que marcaba el ritmo de mi alivio.Estuve toda la noche sentada junto a su cama. Sin dormir. Con su mano entre las mías. Mirando el monitor que confirmaba que su corazón seguía latiendo porque mi propio corazón necesitaba esa confirmación cada segundo.Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue mi cara. —Mamá —dijo con la voz rasposaLe besé la frente. —Todos estábamos preocupados —le dije—. Mucho más Adam. No se movió de la sala de espera en toda la noche. Y Valentina tampoco. Esa chica te quiere, tienes una gran novia, Adonias. Se quedó hasta que el cirujano salió a decirnos que estabas estable.Adonias desvió la mi
EthanWill estaba sobre Dafne en el suelo.La sostenía con todo el peso de su cuerpo. Ella debajo. Él encima. Las manos de Will agarrándole las muñecas contra el piso. Las manos de Dafne intentando soltarse con una fuerza que no correspondía a su cuerpo pero que venía de un lugar más profundo que los músculos.—Te amo —le dijo Will con la voz quebrada, mirándola desde arriba—. Te amé durante veinte años. Más de lo que amé a nadie. Más de lo que debí amar a nadie. Pero esto tiene que parar, Dafne. Tiene que parar de una vez.Dafne dejó de forcejear. Lo miró desde abajo. —Will —susurró ella.Entonces se escuchó el disparo.Seco. Amortiguado por los dos cuerpos. Un sonido que no retumbó en la sala como los anteriores sino que se quedó entre ellos como algo íntimo, privado, que solo les pertenecía a los dos.Will y Dafne se quedaron quietos.Un segundo. Dos. Tres. Sin moverse. Sin respirar. Will se levantó. Despacio. Se apartó de Dafne con la lentitud. Se puso de pie. Retrocedió. Y camin







