Share

Amor por proxy
Amor por proxy
Author: Alice Hard

Capitulo 1

Author: Alice Hard
last update publish date: 2026-08-26 23:00:00

"Ayúdame, Cupido".

El zumbido constante de mi teléfono sobre la mesa de noche no paraba. Era el grupo de W******p de amigos, Zona Rosa, que a estas alturas parecía más una corte de inquisición dispuesta a quemarme en la hoguera de la soltería. El grupo estaba completamente enloquecido, soltando notificaciones como si hubiera estallado la tercera guerra mundial.

~Manu: Anne, necesito que lleves a alguien a la doble cita del sábado. Sí o sí. No acepto un "no" por respuesta.

~Jav: Por Dios, estamos perdidos. Anne lleva milenios soltera. Literalmente, es un fósil viviente en el amor.

~Mateo: Es más probable que nos caiga un meteorito el sábado en la cabeza que Anne consiga una cita real.

~Frank: Amigues, tengan un poco de fe. ¿Verdad, Anne? Sal del escondite y danos señales de vida.

Demonios. Absolutamente todos en el grupo estaban emparejados. Menos yo. Yo era la excepción a la regla, el adorno solitario en la repisa, la tía solterona del grupo a mis veintitantos años. A veces creía firmemente que Cupido no solo me había fallado en las reparticiones, sino que me tenía una inquina personal, generacional y profundamente malintencionada.

Miré la pantalla con odio y tecleé una respuesta defendiendo lo poco que me quedaba de dignidad:

~Anne: Ay, vamos, chicos.  Qué poca fe me tienen. De verdad son unos exagerados.

~Manu: Pero... ¿Vas a ir con alguien el sábado al restaurante? Responde con un sí o un no.

~Anne: Obvio que sí. Voy con alguien.

Mentira. Una mentira tan gigantesca, monumental y estúpida como mi propia desesperación. Pero prefería comerme un sapo vivo y entero antes que ser la 'solterona oficial' de la mesa por otro año consecutivo, aguantando sus miradas de lástima y sus consejos de autoayuda barata.

~Frank: ¡¿Qué?! ¡Es el fin del mundo! ¡Anne irá con alguien! ¡Se abre la tierra y los cielos cantan!

Apagué las notificaciones de golpe, lanzando el celular contra la almohada como si quemara. Necesitaba pensar, respirar y trazar un plan maestro antes de que el sábado llegara a cobrarme la factura de mi imprudencia. Puse mi playlist de Taylor Swift a todo volumen, con "Shake It Off" retumbando en mis oídos como un himno personal de resistencia, hasta que un ruido ahogado, feo y sumamente violento proveniente de la cocina me hizo quitarme los audífonos de un tirón.

Era Vicki, mi querida compañera de piso, ahogándose con un trozo de calamar frito como si no hubiera un mañana en este planeta.

—¡Vicki! ¡Demonios! —grité, corriendo hacia la cocina con el corazón en la garganta.

Por suerte, en aquellas vacaciones insufribles con mis padres, donde nos obligaron a tomar un curso de verano de supervivencia, había aprendido primeros auxilios básicos. La agarré por detrás con desesperación y, aplicando un tirón seco y preciso justo debajo de sus costillas, el maldito trozo de calamar salió disparado por los aires hasta estrellarse contra la ventana.

—¡Por todos los santos, Vicki! ¿Qué estabas haciendo? ¿Intentando matarte un martes por la tarde? —le reproché, con las manos temblando. —¡Anne! —jadeó ella, roja como un tomate y con los ojos llorosos—. ¡Casi me da un infarto! Pero dime... ¿Es cierto lo que leí en el chat? ¿De verdad tienes con quién ir el sábado?

El suspiro que solté podría haber apagado una vela a tres metros de distancia. Me dejé caer contra la barra de la cocina.

—No, Vicki. No. Obviamente, no tengo con quién ir. Me inventé semejante estupidez porque no soporto su presión social.

—¿En serio? ¡¿Y por qué mentiste en el chat grupal?! ¡Casi me muero del susto dos veces en menos de diez minutos! —exclamó ella, frotándose la garganta adolorida.

—Vamos, no es para tanto el drama.

—¡Claro que lo es! ¿Sabes cuánto llevas soltera? Demasiado tiempo. La respuesta es indefinidamente demasiado para una chica de nuestra edad.

—Es que no lo entiendes —me quejé, arrastrando las palabras y desplomándome en una silla—. Estoy harta. Harta de los hombres, de sus jueguitos mentales, de sus mensajes en visto y de su eterno aire de superioridad insoportable.

—Pues sal con una mujer, o búscate un actor pagado por hora en una agencia, pero soluciona tu vida —dijo ella con total naturalidad, como si estuviera sugiriendo comprar pan en la esquina de la cuadra.

—¿Y dónde se supone que consiga un novio de mentira a última hora? ¿En una máquina expendedora en la estación de metro? —O descárgate Tinder. Todo el mundo encuentra un desastre conveniente y rápido ahí. Es solo pasar el dedo a la derecha. Lo más fácil del mundo moderno.

—¡Carajos! No creo que sea tan sencillo ni tan milagroso.

Ese día, arrastrada por la dignidad completamente por los suelos y la presión inminente del sábado, terminé cediendo. Descargué la maldita aplicación en el teléfono. Mi perfil era un desastre absoluto, pero lo configuré rápido con una foto decente donde al menos salía con buena iluminación. Empecé a deslizar perfiles de chicos con frases sumamente pretenciosas, fotos falsas en el gimnasio y poses ridículas, hasta que me topé con uno que destacaba por completo entre la mediocridad: cabello ligeramente ondulado, una sonrisa arrogante que daban ganas de borrarle a golpes y unos ojos penetrantes que parecían juzgarte a través de la pantalla. Se llamaba Gabriel.

No sé si fue el insomnio, la rabia acumulada o la pura desesperación de quedar bien, pero le di a la derecha sin pensarlo dos veces.

¡Match!

La pantalla brilló con la notificación. Antes de que el cerebro pudiera detener a mis dedos, estos volaron sobre el teclado. Quería a alguien directo, alguien que no me viniera con tonterías románticas ni frases de catálogo.

Yo: Hola. ¿Estás disponible el sábado para fingir que eres mi novio frente a mis amigos insoportables? Te compensaré por las molestias.

Me quedé mirando el mensaje enviado con los ojos bien abiertos. Sí, directa a la locura total. Dos minutos después, su respuesta llegó como un balde de agua helada directo en la cara.

Gabriel: No sé quién seas, ni por qué crees que estoy disponible para payasadas de citas falsas. Consíguete a otro idiota en esta app.

¿¿Disculpa?? ¿Un total desconocido rechazándome a mí con tanta prepotencia? Mi ego, que ya estaba bastante golpeado por la sequía amorosa, se encendió en llamas instantáneamente.

Yo: Mira, cerebrito de pacotilla, si te escribí fue porque parecías el menos insoportable de todo este catálogo de Tinder, pero ya veo que me equivoqué rotundamente. Quédate con tu ego inflado y vete a pasear.

Gabriel: Jaja. ¿Ego inflado? Curioso que hables de eso cuando estás rogando en una aplicación de ligue por un novio fake para el fin de semana. Si tan desesperada estás por encajar, tal vez podamos llegar a un acuerdo mutuo. Pero bájale dos rayitas a la actitud defensiva, nena.

¡Nena! ¡Me había dicho "nena" con un descaro tremendo! Odiaba profundamente que me hablaran de esa forma tan condescendiente. La chispa de un odio mutuo e instantáneo nació allí mismo, ardiendo con la fuerza de la dinamita pura.

Yo: Te veo mañana sin falta en la cafetería 'Tío Rico' a las 3:00 p.m. en punto. Y te juro que si aceptas fingir, será estrictamente por dinero, porque me caes rematadamente mal desde el primer segundo.

Gabriel: Perfecta coincidencia, genio. A mí también me repugnas, pero me sirve tu propuesta desesperada. Nos vemos mañana. No te vayas a acobardar.

Apagué el teléfono de golpe, con las manos temblando de rabia pura. Ese tal Gabriel era un imbécil arrogante, insufrible, cínico y con una pinta de infiel empedernido que tiraba para atrás.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Amor por proxy   Capitulo 37

    “La anatomía de una filtración”El viernes amanece en Londres con un cielo plomizo y una llovizna fina que golpea contra los cristales de Mayfair. El plazo de cuarenta y ocho horas se ha agotado. A las siete de la mañana, el silencio de la suite se quiebra no por una alarma, sino por el sonido incesante de tres teléfonos sonando en simultáneo en el despacho de Gabriel.Me levanto de la cama con la pierna pulsando de dolor, ajustándome la bata de seda negra. Al salir al pasillo, encuentro a Miller de pie junto a la entrada, con la tez más pálida de lo habitual y la tablet corporativa temblándole imperceptiblemente en la mano. Gabriel está de espalda al ventanal, en mangas de camisa, sosteniendo el teléfono contra el oído con la mandíbula tan apretada que los tendones del cuello se le dibujan como cuerdas tenues.—Córtenles el acceso al servidor de prensa y emitan una orden de restricción fiduciaria —ordena Gabriel con una voz gélida que corta el aire como un bisturí — No quiero a un so

  • Amor por proxy   Capitulo 36

    “Cupido y el arte de no cundir en pánico (en pijama)”El silencio de las tres de la mañana en una suite de Mayfair no es un silencio normal; es un silencio caro, denso y con olor a alfombra importada que te recuerda a cada segundo que estás a diez mil kilómetros de tu casa, con la rodilla cosida y un cronómetro imaginario sobre la cabeza.Me giré por quinta vez en la cama de matrimonio, soltando un quejido ahogado cuando el vendaje elástico me tiró de la piel.—Treinta y seis horas. Me quedan exactamente treinta y seis horas antes de que la rubia de porcelana mande mi legajo de la FADU a la prensa —mascullé contra la almohada de plumas, mirando el techo de molduras doradas.Si las crisis existenciales pagaran alquiler, yo ya sería dueña de medio piso en Palermo.Me incorporé despacio, me acomodé el abrigo largo sobre el camisón y me quedé sentada en el borde del colchón, mirando mis propios pies. Era una estampa gloriosa: de un lado, la pierna izquierda vendada como la de una momia e

  • Amor por proxy   Capitulo 35

    Cupido y el sabueso que no aprendeGabriel no dijo una sola palabra en el trayecto desde el salón principal hasta la salida de la galería. Me sostuvo del brazo con una firmeza que bordeaba el control absoluto, guiándome a través del enjambre de fotógrafos que disparaban sus flashes en Mayfair. En cuanto el chofer abrió la puerta del sedán blindado y nos deslizamos al interior, el portazo metálico amortiguó de golpe el murmullo de la calle. El espacio en el asiento trasero se redujo a la nada; el aire del habitáculo estaba tibio, cargado de cuero importado, calefacción silenciosa y una tensión eléctrica tan espesa que casi se podía cortar con las uñas. Gabriel no le dio la orden al chofer de arrancar. Se quedó inmóvil a mi lado en la penumbra, con la silueta recortada contra las luces amarillas de la calle que se filtraban por los cristales polarizados. —Ahora sí, Wagner —repetí al acomodarme en el tapizado, sosteniéndole la mirada con la barbilla en alto y marcando cada palabra con u

  • Amor por proxy   Capitulo 34

    "Cupido y la anatomía de un cheque"Subí la escalera de caracol del área privada de a un escalón por vez, sujetándome del pasamanos de acero con los nudillos blancos por la tensión y la rabia. Cada vez que apoyaba el pie izquierdo sobre la moqueta espesa del primer piso, un latigazo sordo me subía por la articulación, avisándome que la gasa apretada debajo del vestido carbón comenzaba a ceder. La sangre tibia me volvía a filtrar la piel a la altura de los puntos adhesivos, pero la indignación me sirvió de anestesia pura.Segunda puerta a la izquierda.Giré la perilla de bronce pulido y me colé en el despacho principal de Anyer Roux. La habitación estaba en penumbra, iluminada únicamente por el resplandor helado de las luminarias de la calle que entraba por el enorme ventanal de la fachada. Sobre un imponente escritorio de madera de nogal, despejado de todo ordenador, descansaba una sola carpeta rígida de color azul noche con el sello grabado en seco de la firma de ciberseguridad y det

  • Amor por proxy   Capitulo 33

    "Cupido y la tarifa de una advenediza"El trayecto en el sedán blindado hasta el corazón de Mayfair fue un infierno de tensión silenciosa y estática densa. El habitáculo olía a cuero importado, a calefacción seca y a ese perfume amaderado a cedro y llovizna de Gabriel que se me metía por los poros, sofocándome la poca paciencia que me quedaba. Gabriel apenas despegó los ojos de su teléfono corporativo en todo el camino; respondía correos a dos manos, revisaba gráficos de cotización y enviaba audios en un alemán tajante con esa cadencia mecánica, despiadada y fría que usaba cada vez que entraba en modo de guerra patrimonial. Era la máquina en su máxima expresión.Yo iba pegada a la ventanilla contraria, con los brazos cruzados como un escudo improvisado sobre el pecho y la mirada perdida en las luces borrosas de Londres, sintiendo el roce áspero de la lana fría sobre la venda elástica que me cubría la pierna. Para esa noche había rescatado el diseño carbón de Sloane Street: un vestido

  • Amor por proxy   Capitulo 32

    "Cupido y el juego de Anyer"La luz pálida de las diez de la mañana entraba a raudales por los inmensos ventanales de la suite, recortando rectángulos dorados sobre el suelo pulido. Me obligué a salir de la cama arrastrando la rodilla vendada con una terquedad casi suicida, mordiéndome la lengua cada vez que la articulación amenazaba con ceder bajo mi peso. Sterling me había prometido que los puntos adhesivos aguantarían si no hacía payasadas, pero el simple acto de mantenerme en pie sobre la alfombra ya se sentía como una pequeña rebelión física contra el reposo forzado que Gabriel había intentado imponerme.Miller no estaba montando guardia en el pasillo, lo cual agradecí con cada fibra de mi cuerpo maltrecho. Bastante humillante había sido su advertencia del día anterior como para tener que aguantar su mirada de piedra a primera hora del día.Sin embargo, el magnate no había dejado ni un solo cabo suelto. Sobre la isla de mármol de la cocina descansaba una bandeja de plata relucien

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status