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La rutina puede ser diferente.

Penulis: Black-Wings1777
last update Tanggal publikasi: 2026-09-08 02:20:35

Colocó la taza de café en la mesa, esbozó una sonrisa de cortesía y asintió con la cabeza cuando el cliente le agradeció. Caminó hacia la barra y dejó la bandeja encima de otra. Si no hubiera sido por el recordatorio de Jacob sobre el horario de descanso, tal vez hubiera seguido trabajando.

En la cocina vio a Fernanda, el plato vacío frente a ella, al igual que su mirada. Laín pasó por su lado y se dirigió hacia Thomas, quien sonrió y le sirvió la comida.

—Sea lo que sea que esté pasando, esp
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  • Anhelos.   La verdad se convirtió en secreto.

    El jurado finalizó con un veredicto unánime: culpable.Aplausos, gritos y llanto acabaron con el silencio sepulcral que, hasta hacía un instante atrás, reinaba en la sala. El juez golpeó el mallete varias veces.—¡Silencio! —exclamó—. Orden en la sala. Abogados, acérquense, por favor.Ambos letrados (defensor y acusador) cruzaron una mirada mordaz, como si quisieran iniciar una guerra entre ellos. Hablaron con el juez y, luego de unos minutos, ambos volvieron a sus lugares correspondientes.Ningún abogado era tan prestigioso y solemne como él: apariencia imponente, facciones duras, mirada ininteligible y un porte digno de absoluto respeto.Un hombre con una reputación impecable al momento de hacer su trabajo.(...)Ignacio inhaló y exhaló profundamente, un ritual que siempre hacía antes de abrir la puerta y entrar a la casa.—Hola, cariño. —Volteó a ver a su esposa y forzó una sonrisa—. ¿Ganaste el caso?—Por supuesto, querida —dijo, con tono alegre y orgulloso. Miró hacia la sala de

  • Anhelos.   Se volvieron uno solo.

    Había estado leyendo el mismo documento una y otra vez, como si las palabras impresas pudieran darle la respuesta que llevaba semanas buscando.Soltó un suspiro sonoro, guardó los papeles dentro del cajón del escritorio y se reclinó en la silla. Cerró los ojos por unos instantes, pero la picazón en su garganta le hizo fruncir el ceño. Arqueó una ceja y vio el vaso al lado del portalápiz. Se lo llevó a la boca, dio un pequeño sorbo y, luego, lo levantó a la altura de su mirada. Entrecerró los ojos mientras observaba el líquido ámbar.—El hielo se derritió y se mezcló con el whisky. —Una risita incrédula se deslizó de su garganta—. Se volvieron uno solo. Apagó la computadora y se puso de pie. Hizo malabares mientras se colocaba el saco, sostenía el maletín y rodeaba el escritorio. Una sensación cálida en su pecho. Un burbujeo en su estómago. Salió de la oficina y se despidió de su secretaria, deseándole un buen fin de semana.Se dirigió hacia el ascensor, como alguien que parecía ca

  • Anhelos.   Un despertar diferente.

    Laín se detuvo en medio de la sala, tragó saliva y contuvo la respiración mientras contemplaba la cama. La figura se movió, la manta se deslizó hacia un costado y un rayo de sol dejó una caricia tibia sobre la piel descubierta del abdomen.Cuando tomó una bocanada de aire y la calma se deslizó por su pecho, Laín giró sobre sí mismo y se dirigió hacia la cocina, manteniendo su respiración bajo control. Se movió con cautela y sus manos eran plumas al tomar los cubiertos. Preparó tostadas, huevos revueltos y café. Dejó un plato de avena, otro de frutas y una taza de té de jengibre sobre la encimera. Con su propio desayuno, se sentó en el sofá, quedando de espalda hacia el dormitorio. Decidió no encender la televisión por el momento y comenzó a comer. Iba por el último bocado de tostada cuando oyó un ligero quejido. Enderezó su postura al darse cuenta del reflejo en la pantalla oscura: alguien estaba detrás de él. Volteó lentamente la cabeza y, lo que vio, le produjo un efecto sedoso que

  • Anhelos.   Quiero verte.

    Se masajeó la sien izquierda mientras leía el informe en la pantalla de su computadora. Se reclinó hacia atrás, soltó un suspiro sonoro y tomó el vaso de whisky. Un sorbo y otro. La tensión en sus hombros no cedió. —Esto no está bien —musitó entre dientes. El frío en su lengua le hizo fruncir el ceño y miró el vaso en su mano. Murmurando para sí mismo, se puso de pie y caminó hacia el minibar. Con el vaso recargado, volvió sobre sus pasos, rodeó el escritorio y se detuvo frente al ventanal.«—Aprendí que puede ser divertido, sobre todo cuando se trata de ti. —La voz sonó suave y contenida, como si compartiera un secreto—. Un año y medio es bastante tiempo para conocer a alguien.Un espasmo le recorrió el cuerpo cuando miró de soslayo: la pequeña sonrisa en los labios rosados no había desaparecido. —A las personas les gusta alimentar a los cisnes y a los patos —comentó, señalando con la mano hacia el lago mientras el ritmo de sus pasos aminoraba.La luz de la farola proyectó las som

  • Anhelos.   La rutina puede ser diferente.

    Colocó la taza de café en la mesa, esbozó una sonrisa de cortesía y asintió con la cabeza cuando el cliente le agradeció. Caminó hacia la barra y dejó la bandeja encima de otra. Si no hubiera sido por el recordatorio de Jacob sobre el horario de descanso, tal vez hubiera seguido trabajando. En la cocina vio a Fernanda, el plato vacío frente a ella, al igual que su mirada. Laín pasó por su lado y se dirigió hacia Thomas, quien sonrió y le sirvió la comida. —Sea lo que sea que esté pasando, espero que hable contigo —dijo Thomas, asintiendo con la cabeza hacia Fernanda.Laín soltó un suspiro, tomó el plato y esbozó una pequeña sonrisa, que fue más una mueca. Miró hacia la mesa, dudó unos segundos y decidió que no tenía sentido seguir ignorando el elefante en la habitación. Volvió sobre sus pasos y dejó el plato sobre la mesa; cuando corrió la silla, Fernanda dio un respingo. Él se sentó y comenzó a comer despacio, como alargando el tiempo antes de decir algo de lo que, tal vez…—Lo sie

  • Anhelos.   No te perderé de vista.

    —Li, espero que no te moleste que haya venido de visita con mi primo —dijo Fernanda, dando un paso más hacia Laín.La sonrisa de Laín se convirtió en una mueca y Drazen se preguntó qué podría hacer para…—No, claro que no, Fer. Es solo que…—Traje algunas cosas para la cena —interrumpió ella, con una sonrisa en la voz.—Fernanda —espetó entre dientes y miró de soslayo el coche.—Hola, Drazen. —La voz tenía un eco de timidez, pero también una firmeza al pronunciar su nombre—. Es… bueno verte. —Esto es cosa de Fernanda. Fue ella quien me dijo que me llevaría a un lugar y creí que… —dejó de hablar cuando Laín inclinó la cabeza y lo miró con incredulidad, pero notó el temblor en los labios.Ignorando el calor que trepaba por su cuello, Drazen negó con la cabeza, inhaló hondo y metió las manos en los bolsillos de su pantalón. Fernanda apretó los labios y abrió la puerta trasera del coche. Tomó las bolsas de compras y se las pasó a Laín. —Entonces, ¿podemos pasar, Li? —preguntó Fernanda.

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