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Capítulo 2

last update 게시일: 2026-08-24 02:18:04

Kim Yeonhwa

El auto baja la velocidad hasta que se detiene. Mi celular vibra en mi mano y miro la notificación que dice: «Ha llegado a su destino».

Abro la puerta del auto y me bajo. El carro avanza y se va, mientras yo me quedo admirando la casa de mi novio por un momento. Es de dos plantas, de color blanco y con un diseño muy moderno, como las casas que están haciendo hoy en día. Su balcón y la puerta de entrada están iluminados por una luz amarilla. Tiene un pequeño patio con un árbol no muy frondoso.

Mi novio y yo tenemos noventa días de novios, pero esta es la primera vez que vengo a su casa. Él me dice que su madre no para de insistir en querer verme y termino accediendo, a pesar de que las ganas que tengo de conocerla están por el piso, porque tan solo no saber qué va a opinar de mí o si no le voy a caer bien me carcome los pensamientos.

Empujo el pequeño portón y me adentro. Camino por el caminito de piedra que me dirige hacia la entrada. Al estar frente a la puerta, toco el timbre. No pasa ni un minuto cuando la puerta se abre y veo a mi novio, que me recibe con una cálida sonrisa.

—Estás hermosa —me dice Joon.

—Gracias —le respondo y siento cómo mis mejillas se sonrojan.

—Pasa o ¿te vas a quedar afuera?

—Lo siento, es que estoy nerviosa —le confieso y entro. Al estar dentro de la casa, me percato de que a la madre de Joon le gusta mucho el blanco, porque las paredes, el sofá, la alfombra y el estante que sostiene la televisión son del mismo color. Excepto por una pintura de un barco en el mar y las cortinas de color gris, que se encuentran abiertas, permitiendo que la luz del sol entre por la ventana.

—No te preocupes, mi madre desde que te vea le vas a encantar —me asegura Joon mientras cierra la puerta.

Sus palabras provocan que mis nervios se calmen y que el deseo de conocerla se incremente.

—¿Dónde está tu madre? —quiero saber al no verla por ninguna parte.

—Vamos, ella está en la cocina, terminando de preparar la mesa —me coge de la mano y siento una pequeña electricidad recorrer mi cuerpo. A pesar de que ya tenemos mucho tiempo de novios, sigo sintiendo esas sensaciones como si fuera el primer día.

Atravesamos toda la sala hasta que llegamos a la cocina. El olor a comida recién hecha invade mis fosas nasales y, al ver toda esa comida encima de la mesa, un pequeño rugido en mi estómago se hace presente.

La madre de Joon se encuentra echándole una especia a uno de los platos y, cuando ella se voltea para ponerlo encima de la mesa, se forma una sonrisa en sus labios al vernos, pero, así mismo como llega, desaparece. Noto cómo me mira de arriba abajo y hace una pequeña mueca con sus labios, pero la oculta con una sonrisa que claramente se ve forzada. Solo ese pequeño gesto de disgusto me hace sentir una punzada de decepción en mi pecho.

Hago una pequeña reverencia.

—Es un gusto conocerla, señora —hablo sin ganas.

—El gusto es mío y no me llames señora, que me hace sentir como una vieja. Mejor llámame por mi nombre, Hyun.

—Lo siento, no lo volveré a hacer.

Me muero de hambre, ya empecemos a comer —exclama Joon.

Joon suelta mi mano y camina hacia la mesa; yo lo sigo de cerca. Jala una silla y se sienta, y yo tomo asiento a su lado. Frente a nosotros, en la cabecera de la mesa, la madre de Joon se acomoda.

Todos empezamos a servirnos de los diferentes platos que están en la mesa y, por un minuto, nadie habla.

—¿No has pensado en bajar de peso, Yeonhwa? —pregunta Hyun.

Esas palabras mueven algo dentro de mi pecho, porque ahora sé cuál es su decepción conmigo. Es obvio que seguramente ella está esperando una chica delgada y muy bella que pueda presumir con sus amigas, pero yo no tengo ninguna de las dos.

Yo asiento con un leve movimiento de cabeza, sin ganas, y una sonrisa dibujada en mis labios que espero que no se note que no surge de mí y que tan solo es provocada para que no note lo que realmente siento por dentro.

—Ella está con el nutriólogo. Tiene una dieta, pero no veo que le haga efecto —comenta Joon y se lleva a la boca un trozo de cerdo con los palillos de metal.

—Sí está haciendo efecto. Bajé cinco kilos —respondo en voz baja

Joon traga su comida y después habla —no parece, porque yo te veo igual todos los días.

Me muerdo el labio inferior con incomodidad, porque mi novio tiene razón. La máquina de medir el peso muestra que bajé cinco kilos, pero yo me sigo viendo igual de gorda. Creo que, en vez de bajar, estoy subiendo.

—Veo que no comes nada. ¿No te gusta la comida que hice? —pregunta Hyun.

Miro toda la comida que está en la mesa y el estómago me gruñe fuertemente. No tengo ganas de comer, no quiero estar más gorda de lo que ya estoy, pero tengo que hacerlo, porque no quiero ser una maleducada con mi suegra, que tanto se esmeró en hacer la comida.

—Sí, me gusta —tomo mis palillos de metal que están al lado de mi plato lleno de arroz, agarro un poco de kimchi y me lo llevo a la boca—. Está muy bueno —hablo mientras me tapo la boca para que no me vea masticar.

—Tienes que estar agradecida con mi hijo, que a pesar de que tienes sobrepeso, te eligió como su novia. Mi hijo es demasiado bueno —se queda mirando a su hijo con una gran sonrisa al tiempo que le soba el cabello.

—Mamá, no exageres —Joon levanta levemente el mentón.

Pasa una hora y, durante ese proceso, comemos tranquilamente. La madre de Joon me pregunta: ¿Cómo te va en la escuela? ¿Quiénes son tus padres? ¿En qué trabajan tus padres? ¿Tienes hermanos? Y, entre otras cosas, no faltan los comentarios que ella suelta sutilmente sobre mi físico. Todo eso me lo tengo que aguantar, porque me lo merezco por ser fea y tener el cuerpo de una bola de fútbol.

Me encuentro en la sala, mirando por la ventana y esperando que llegue el taxi para llevarme a mi casa. Mientras tanto, mi novio está con mi suegra, ayudándola a recoger los platos.

Veo un carro anaranjado con un pequeño letrero arriba que dice «taxi» y que se detiene al frente de la casa. De inmediato, camino hacia la cocina para avisarle a mi novio y a mi suegra que ya llegó el taxi, pero me detengo en seco cuando escucho pronunciar mi nombre.

—Yeonhwa es perfecta para mí, mamá —escucho decir a Joon.

Una sonrisa se dibuja en mis labios y siento cómo un calor recorre mi pecho.

—Será que ella es imperfecta para ti, Joon. Te mereces algo mejor. Una chica hermosa, con un cuerpo espectacular, no un ogro —suelta Hyun con un tono muy serio.

Esas palabras para mí son como un balde de agua fría. Si antes me sentía mal por los pequeños comentarios que suelta con disimulo, estos me hacen sentir peor. Yo había notado su decepción cuando me vio, pero tenía la esperanza de caerle bien y así ganarme su aprecio.

—Mamá, mira mi rostro. Está dañado por el acné y, por más que me pongo los mejores tratamientos y vaya a los mejores dermatólogos, mi piel sigue igual —Joon eleva un poco el tono de voz a su madre y se nota que ya está molesto.

—¿Pero qué tiene que ver esa chica con tu problema en la piel? O, mejor dicho, ese tanque de guerra —la risa de Hyun resuena en todo el lugar, pero Joon no ríe, o al menos no lo escucho reír.

La risa de Hyun se detiene.

—¿Cómo voy a conseguir una chica hermosa y de buen cuerpo si mi rostro está así? Yeonhwa es la mejor chica con la que puedo estar por ahora.

«Entonces, él no está conmigo porque me quiere. Solo soy lo que cualquiera puede tomar cuando no tiene opciones».

Mis ojos se humedecen poco a poco y, en menos de un minuto, las gotas de lágrimas caen como una cascada por mis mejillas. Me agarro del pecho fuertemente, como si eso detuviera el fuerte dolor que siento, y empiezo a correr para salir rápido de esta casa.

Cuando estoy frente a la puerta, la abro con mi mano libre y, al salir, mientras aún me sostengo el pecho, llego al pequeño portón de hierro y hago lo mismo. Abro la puerta del taxi y entro.

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