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Capítulo 3

last update publish date: 2026-08-24 02:22:05

Kim Yeonhwa

El auto se detiene frente a mi casa. Las luces de las ventanas iluminan las paredes de ladrillo. Bajo del vehículo y camino hacia el pequeño portón negro.

Al entrar, encuentro a mi madre viendo su K-drama y, aunque podría subir a mi habitación, decido acercarme a ella porque necesito hablar sobre la posibilidad de cambiar de nutriólogo o buscar otra solución.

—¿Te fue mal en la cita? ¿Le caíste mal a tu suegra? —me pregunta. Mi madre se acerca un poco y entrecierra los ojos para ver mejor—. ¿Estabas llorando? —frunce el ceño.

Al escuchar «¿Le caíste mal a tu suegra?», siento un salto en el pecho.

—Ninguna de las tres —me apresuro a decir—. Solo me pasé la mano sucia por la cara y ya sabes que empiezo a lagrimear —miento.

—¿Entonces por qué vienes haciendo puchero? —vuelve su vista a la televisión.

—Cuando iba en el taxi, vi a unas chicas delgadas y me dio envidia por lo bonitas que se veían… —no termino de hablar porque soy interrumpida por mi madre.

—Pero tú también eres bonita, tal y como eres.

Aprieto los dientes con fuerza para contener mi molestia, porque para mi madre es muy fácil decirlo, pero ella no sabe lo que se siente estar en este cuerpo.

—Mamá, quiero cambiarme de nutriólogo, porque ya han pasado tres meses y no veo resultados.

—Yeonhwa, él es el mejor nutriólogo de Seúl. Mírame —mi madre se levanta y da un giro—. Yo estaba más gorda que tú y he bajado mucho de peso. Además, tú bajaste cinco kilos —se vuelve a sentar en el sofá.

—Según el doctor, yo bajé de peso, pero yo me sigo viendo igual. Creo que es una e****a.

—Sabes que bajar de peso nunca ha sido fácil para ti. Tu padre y yo somos de complexión gruesa por naturaleza, y tú lo has heredado; aun así, he notado que has perdido peso.

—¿En serio? —pregunto ilusionada.

—Sí, ¿por qué le mentiría a mi propia hija?

Me levanto del sofá y me pongo frente al gran espejo que refleja todo mi cuerpo. Miro mi rostro para notar si se ve más pequeño mientras muevo la cabeza de un lado hacia otro, pero lo veo tan grande como una sandía. Bajo la vista hacia mi cuerpo, pero sigo teniendo esos brazotes que odio, la barriga tan grande como si estuviera embarazada y las piernas tan gordas como las de un elefante.

Aprieto los puños con rabia y me muerdo el labio inferior. Me volteo hacia mi madre y la miro con los ojos entrecerrados.

—¿Te estás burlando de mí?

—No, lo digo en serio.

«Típico de madre, para ellas siempre estamos lindas, aunque seamos feas», pienso.

—¿Me cambiarás de nutriólogo, sí o no?

Mi madre suelta un suspiro de cansancio.

—No, él es el mejor nutriólogo de Seúl.

—¡Dices que quieres ayudarme, pero no lo estás haciendo!

—¡Pero lo estoy haciendo! Siempre te busco lo mejor y lo sabes. No seas malagradecida —grita mi madre, enojada.

Suelto un suspiro con pesadez y pongo los ojos en blanco. Empiezo a caminar a paso rápido, alejándome de mi madre. Subo las escaleras que llevan hacia el segundo piso y, al llegar, sigo por el pasillo hasta que me detengo frente a la puerta de mi habitación. La abro y, al entrar, cierro la puerta de un portazo a mis espaldas.

Me siento en la cama y saco mi celular de la cartera. Pongo mi dedo para que escanee mi huella y se desbloquea. De inmediato, escribo en el buscador: «¿Cómo bajar de peso rápido?». Me salen un millón de videos, pero termino presionando el que más me llama la atención y empieza a reproducirse.

Una chica delgada, con un cuerpo hermoso, sostiene un frasco de pastillas cuya marca desconozco mientras dice:

—Todo el mundo me pregunta cuál es el truco para tener un cuerpo delgado, y es esto —ella muestra el frasco de pastillas—. Solo tienes que tomarte una al día y no tienes que hacer dieta ni ejercicio. Así estaba yo antes —la chica muestra una foto de ella cuando estaba gorda—. Y mírame ahora. No pierdas tu tiempo y cómpralo ya.

Sin pensarlo dos veces, presiono el enlace que me lleva hacia la página. Escribo mis datos y le doy a comprar.

***

Mis compañeros van llegando a nuestro salón poco a poco, mientras que mi mejor amiga y yo ya estamos en nuestros asientos conversando. Yo he movido mi silla y la he puesto al lado de la de Yuna para que estemos más cerca y no tengamos que hablar en voz alta, para que mis otros compañeros no escuchen lo que estamos hablando.

—¿Cuándo conociste a la madre de tu ex, le caíste bien? —le pregunto con mucha curiosidad.

—Sí, mi exsuegra me trataba como si fuera su hija. ¿Por qué lo preguntas? ¿Le caíste mal a la tuya? —Yuna levanta una ceja.

Bajo la mirada y me muerdo el labio inferior con incomodidad.

—Al principio, la madre de Joon hizo algunas insinuaciones sobre mi peso. Me sentí mal, pero no le di mucha importancia porque tenía la esperanza de que, aunque sea, le cayera bien mi personalidad, hasta que escuché una conversación de ella con mi novio en la que me criticaba por ser rellenita. Pero lo que más me dolió fue que Joon dijo que solo estaba conmigo porque no ha conseguido a alguien mejor.

Una sonrisa burlona se dibuja en los labios de Yuna.

—Yo le doy la razón a tu suegra, porque todo el mundo quiere una nuera para presumir con sus amigas lo linda que es y, si su hijo tiene una relación seria que ellas piensan que habrá probabilidades de llevar al matrimonio, querrá nietos bonitos —Yuna nota cómo la expresión de mi rostro decae—. Lo siento si te ofendí, sabes que soy cruda y directa con mis palabras.

—No me molesta, me encanta que seas así —miento. Aunque por dentro me duelen las palabras de mi amiga, ella tiene razón. Lo bueno es que pronto vendrán las pastillas que me ayudarán a ser esa chica linda que todo el mundo quiere y que tanto yo deseo ser.

—¿Cuándo toca matemáticas? —me pregunta Yuna.

—Después del almuerzo —le respondo.

—Me pasé toda la noche resolviendo los ejercicios que el profesor de matemáticas dejó ayer. Espero que no deje tarea hoy y menos esos ejercicios.

—Se me olvidó hacer los ejercicios anoche. ¿Me los pasas, por favor?

Yuna pone los ojos en blanco.

—Está bien, pero no te acostumbres —ella abre su mochila, saca el cuaderno de matemáticas y me lo pasa.

—Gracias.

La puerta del salón se abre y, al ver que entra la profesora de Sociales, de inmediato ruedo mi silla hacia la derecha, donde se encuentra mi lugar. Pero la profesora no entra sola, porque detrás la sigue el chico nuevo, que viene muy calmado, mientras que dos chicas que entran junto con ellos vienen detrás de él, murmurando entre ellas mientras lo miran fijamente.

Volteo a ver a mi amiga, que fulmina con la mirada a las dos chicas que vienen detrás de Tae-yang, y una sonrisa se forma en mis labios.

La profesora se detiene al frente del escritorio.

—¡Saluden! —ordena en voz alta el presidente del curso.

Todos nos levantamos.

—Buenos días, profesora —saludamos en voz alta al mismo tiempo y hacemos una reverencia.

Todos volvemos a nuestros asientos.

—Yo voy a escribir el nombre de uno de ustedes, junto con un país que van a exponer, y la persona que yo mencione en la pizarra tendrá que formar un grupo de cuatro con las personas que ustedes mismos seleccionen —explica la profesora. Se da la vuelta y empieza a escribir.

Me quedo atentamente viendo los nombres que ella está escribiendo y veo que la profesora escribe mi nombre junto con el país de México en el tercer grupo.

—¡Sí! —escucho que dice mi amiga emocionada.

—Ya pueden venir y elegir a sus compañeros —dice Ría al terminar de escribir en la pizarra —.También tienen que hacer una maqueta representativa del país que le ha tocado. Les doy 14 días.

Yo me levanto de mi asiento, al igual que los otros compañeros a los que les tocó el mismo grupo, pero me detengo cuando Yuna me agarra por la muñeca.

—¿Qué sucede? —le susurro.

—Elige a Tae-yang —dice Yuna en voz baja.

Una sonrisa se dibuja en mis labios y asiento con un movimiento de cabeza.

—Está bien.

Yuna me suelta de la muñeca y camino hacia donde se encuentran mis otros compañeros que también fueron elegidos por la profesora. Las dos personas que van delante de mí son los primeros en elegir y después sigo yo. Escojo a Tae-yang, el chico nuevo; a Hana, una de las chicas más inteligentes y bellas del curso; y, por último, a Yuna.

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