LOGIN—¡Me vas a conocer! —chillé para lanzarme hacia ella en modo de batalla, pero sentí una fuerza sujetarme de la cintura, giré la mirada: Era Brandon deteniéndome de lastimar a su dulce princesa, la cual, estaba en un rincón sujetando las sábanas con premura y miedo de ser reprendida por mí, tenía una cara de tremendo susto.
—¡No te atrevas a tocar a: Isabella! —confirió Brandon y entonces, me apartó hacia a un lado. Ese gesto… me destrozó, mi cara se llenó de llanto, sentí que la sangre me hervía y al querer desquitarme con esa niña rubia Brandon se puso frente a ella haciendo una barrera con su cuerpo, para que yo no pueda acercarme.
—¡Para de una vez Chelsea!—gritó y entonces, me tomó de los hombros y me hizo a un lado, apartándome de cualquier daño que pudiera ocasionar, de prisa, quitó sus manos de sobre de mí, como si le asqueara tocarme.
—¡La trajiste hasta mi casa, Brandon! ¡La metiste en nuestra cama! ¿Qué te pasa? —quería explicaciones de lo que estaba sucediendo, las merecía.
—Es mi futura esposa. Isabella Waverly. —dijo con gran orgullo mientras se ponía la camisa y estiraba la mano para sujetar a la princesa rubia.
—¿Tú futura… esposa? —estaba totalmente boquiabierta.
La miré mejor. Una vez vestida, no encajaba con la imagen que mi rabia había creado de ella; parecía más un hada de bosque, con modales impecables y un vestido de diseñador. Demasiado perfecta si la comparaba conmigo.
Quizás Brandon tenía razón… yo no era la chica que él merecía.
Mi cabeza siempre era un carrusel, sobre pensar era mi hobbie favorito y, crearme escenarios ficticios tratando de embonar piezas, mi mejor talento. Brandon había estado raro desde un tiempo para acá, y todo comenzó cuando empezó las visitas frecuentes a su familia, sin saberlo… intuía que le habían metido ideas en la cabeza.
—Así es Chelsea… me voy a casar con Isabella Waverly. —me lo dijo con mucha presunción y arrogancia, se notaba orgulloso de estar con esa hermosa ninfa de bosque. —A ella le voy a dar el anillo de compromiso que ha pasado de generación en generación entre mi familia. —llevaba una sonrisa inmensa en sus labios.
Se suponía que Brandon y yo, nos amábamos, no tenía porqué hablarme así, pero era claro que, solo eran ideas mías porque ahora… me estaba botando por alguien más, sin embargo… aún seguía cegada por mi amor, así que, sus palabras dolían como densas estacas en mi corazón.
La llamada Isabella salió de la casa, Brandon estaba haciendo rápidamente su maleta, mientras tomaba su guitarra y todas sus pertenencias. Yo lloraba amargamente en el suelo.
No sabía que decir, me quedé callada, yo estaba en total shock, intentando asimilar mi dolor.
—Entonces, te vas…—quería verme fuerte, pero no podía, sorbí mi nariz. —Pensé que tendríamos un futuro juntos. —reclamé.
—No eres para mí Chelsea. Mis padres tenían razón, jamás debí meterme contigo. Ahora, estoy comprometido con Isabella y pronto nos casaremos. Ella es por mucho, mejor que tú para desposar. Es la mujer que, esperan que tenga.
—Dime Brandon, ¿Qué te han dicho tus padres? —cuestioné, me causaba curiosidad.
—Que ella tiene…clase, educación, modales, belleza y innumerables cosas que jamás tendría una chica como tú que conocí en una cafetería. Solo fuiste un juego Chelsea, un pasatiempo, si de verdad pensaste que lograrías retenerme a ti, estás muy equivocaba.
Una lágrima rodó por mi mejilla, estaba siendo sumamente cruel, pero también entendía que de eso se trataba: modales, dinero, estatus familiar… era mejor dejarlo ir con alguien que sin problemas pudiera cubrir ese rol.
—Hubiera preferido que tan solo me dijeras que ya no me querías, me cuesta procesar que la trajeras a mi casa y la tomaras en mi cama.
—Lamento eso, fue un error. —dijo, pero él no sentía nada.
—Isabella aguarda afuera Brandon, nunca dejes esperando a una dama. —expresé con cierta ironía, mi tono había cambiado, ahora quería que se fuera de aquí.
Todo en nosotros ahora, estaba roto, nada podía rescatarse, él estaba seguro de su decisión, no importa que tanto le suplicara, el dinero y el estatus social, habían ganado esta batalla, ni siquiera tenía sentido explicarle mi pasado en Irlanda, porque su mascara se había caído.
—No me gusta verte llorar…—volvió a decirme, porque en su rostro no había compasión, había lástima.
—No te preocupes por eso, es la última vez en tu vida que, me verás llorar. —se lo dije mientras con gran velocidad, limpiaba una lágrima de mi mejilla, lo vi asustarse un poco, quizás de verdad sentía pena por mí, de pronto, tomó sus cosas y se fue de mi vista, creo que estaba harto de la escena en donde me ve sufriendo, al salir, aporreó la puerta, aceleró el auto. Se fue.
Me quedé sola en mi cuchitril, quizás mi casa era modesta y pequeña, pero al menos sabía que las cosas que tenía, nadie me las había dado, había trabajo arduamente para conseguirlas.
Nuevamente comencé a llorar amargamente, el día de hoy… había conocido la frialdad de los hombres, si… el príncipe que me había tratado como una princesa de cuentos de hadas, ahora… me repudiaba como si me hubiera convertido en la villana. ¿Qué clase de giro inesperado había dado mi historia? Los hombres eran crueles cuando ya les has dejado de servir porque él se fue de mi vida con sus promesas vacías. Habíamos hablado de matrimonio y ahora, había prometido darle el anillo generacional a alguien más, desposar a alguien más.
Pensé que sabía algo del amor, que estaba aprendiendo cosas del corazón, pero si de algo estoy segura es que, alguien que te “ama” no te trata de la forma en la que él acaba de hacerlo.
Lloré toda la noche mientras me desintoxicaba de todo el amor que un día sentí por él, chillé y berreé como la mujer herida que ahora era. Después de un largo rato, limpié mis lágrimas y me puse de pie, ya era de mañana y tenía que ir a trabajar. La vida seguía.
Sé que pasará y estaré mejor...
Chelsea Hale. Esa noche, no pude dormir, me sentía totalmente anestesiada de mi cita con Adrian y al mismo tiempo, había algo que me estaba apartando el sueño. Tenía nuevamente esa sensación de que algo iba a suceder pronto, pero no sabía qué exactamente. Me tiré en la cama, mi corazón latía con extrema fuerza, eran los efectos de ese encuentro y al mismo tiempo, una ansiedad que comenzaba a hostigarme.No concilié el sueño. Desperté y fui camino al trabajo. Aún tenía muchas cosas qué hacer.Mientras caminaba por el río Támesis, un sin fin de interrogantes me agolpaban.¿Qué debería hacer? ¿Irme o quedarme? ¿Irme o quedarme?Sabía cómo irme, no sabía cómo quedarme. Esa era la verdad, en el transcurso de mi vida, había aprendido a huir, no a estar, pero Adrian… me hacía querer quedarme, el verdadero problema es que no sé cómo. Necesitaba una señal del universo y buscaría la manera de resolver esta situación. Para bien o para mal.Apreté el paso hacía la oficina, las ansías de ver
Narrador-Omnisciente.Chelsea era un imán para él. Se sentía muy atraído hacía ella. Lejos de gustarle, le tenía totalmente prendido. La quería a su lado, de eso estaba seguro. Y esa velada junto a ella, era solo una confirmación de sus sentimientos. No la besó, no porque no quiso, no porque no se moría de ganas de hacerlo. Fue más que… no estaban listos para ello y no se refería a los sentimientos fuertes que sentían el uno por el otro. Esa pasión desbordante que te hace sentir electricidad con el mínimo roce o lidiar con tus fuertes deseos de un contacto boca a boca.Había en la historia de ambos algo más de ello que no se estaba contando. Sentía que tanto Chelsea como él tenían cosas que estaban omitiendo uno del otro que, eran muy importantes para que la situación continuara fluyendo.“Irlanda” así que ella era de Irlanda… no sabía nada más que eso. No hablaba de su pasado ni de su familia, ni del motor que la había impulsado a mudarse a Londres y luego… estaba el hecho, ese celo
Chelsea Hale.La velada seguía transitando de forma espléndida y soñada. El vino había ayudado un poco a amenizar la situación y a sentirme relajada. Sorbí más de mi copa.—Con cuidado. —me dijo Adrian. —Aunque quizás con un poco de suerte, me dejes darte un beso. Tosí ante su comentario y sentí como mi estómago dio un vuelco inesperado. Mis mejillas ardían en carmín. Adrian no se retractó de su “amenaza” quizás ese era el primer aviso, la forma en la que un caballero anuncia que está a punto de cometer una travesura.Nos levantamos de la mesa, próximos a irnos. Entonces… instintivamente sentí una presencia que me perseguía con su mirada.—Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? Yo conocía a la perfección el sarcasmo de esa voz. No era nada más ni nada menos que mi ex que se había convertido en uno de mis enemigos. —Buenas noches Adrian. Chelsea. ¿Están en una reunión de trabajo? Es un poco tarde. ¿No creen? ¡Cuánta explotación laboral!No dejaba de hablar…Adrian le sostuvo la mirada y
Chelsea Hale. Después de convencerme a mí misma de ser valiente. Salí de la casa. Me sentía nerviosa porque sabía que esta era una cita con Adrian, no saldríamos por cuestiones de trabajo.Había sentimientos de por medio y eso era lo que me ponía mal. —Buenas noches, Chelsea. —su sonrisa era inminente, así como su porte varonil y ese perfume que destilaba.Quedé helada. Su peinado era distinto. Su cabello, perfecto y siempre bien peinado, estaba ligeramente alborotado. Tragué duro mientras sentía como mis piernas se volvían una masa gelatinoza. —Buenas noches, Adrian. —alcancé a contestar a medias. —Te ves hermosa. —me dijo con una mirada penetrante y coqueta.—Gr…acias. —alcancé a contestar. Me extendió la mano. El tacto fue electrificante. —Sube. —me incitó al oído.Hice lo que me pidió. Mi corazón latía y latía. Con él, me sentía muy diferente. Nerviosa y al mismo tiempo. Importante.—¿A dónde vamos?Su delicioso perfume, minaba el automóvil. —Chelsea. ¿Qué pasa? —Estoy
Chelsea Hale.Adrian era justamente todo lo que estaba bien. Era la clase de hombre que te hacía sentirte segura e importante.Estábamos en una junta, con el equipo de trabajo. Y podía sentir claramente cómo sus ojos estaban sobre de mí.Me ponía nerviosa, tartamudeaba al hablar. —En la siguiente lámina…Ay Dios, me topé con sus ojos verdes.—Eh… podemos ver los…—vacilé un momento. —Los últimos avances que han habido de la construcción del hospital…—volví a perder la rienda de mis pensamientos. —La arquitecta Laura, nos ayudará a explicar como va la planeación. —me callé y me quedé senté de sopetón.Por suerte, mi participación había terminado.Entonces, sentí el peso de su atención sobre mí. No podía ladear el semblante hacia donde él estaba. Era como una fuerte barrera que me hacía mantener el enfoque en todas partes, menos en el ángulo donde Adrian estaba sentado. —Excelente explicación señorita Hale. —afirmó Adrian mientras perfilaba su mentón y me sonreía ligeramente. Ese ges
Narrador-OmniscienteBrandon y Amelia se encontraron en un bar a altas horas de la noche. La idea era ser discretos.Él le contó lo que había averiguado y le explicó por qué se había acercado a ella. Probablemente Amelia podía ayudarlo a acercarse a ese tal Liam O’Reilly.—¿Liam O’Reilly?—Es un amigo de mi abuelo, pero no sé dónde encontrarlo. Solo sé que tiene negocios en Irlanda.Amelia comenzó a jugar distraídamente con su copa. Sus ojos se perdieron durante unos segundos, buscando alguna posibilidad.—¿Irlandés?Brandon asintió.—Creo conocer a alguien que quizás sepa algo de él, pero tomará un poco de tiempo… Es un cliente que ya no me frecuenta.—¿Hay hombres que prescinden de ti? —bromeó el guapo Kingsley.—Así es. —Amelia bebió un poco de su trago y se mordió ligeramente el labio—. Cuando se casan.Lo dijo con una sonrisa burlona.Brandon arqueó una ceja.—Eso me recuerda… ¿cómo van los preparativos de tu boda?El caballero la miró con una mezcla de recelo y diversión.—Combi







