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EL RASTRO DE LA SERPIENTE

Author: Rocio Sofia
last update publish date: 2026-10-23 04:36:29

El silencio en el sótano era denso, pesado, como el aire antes de que caiga un rayo. El rostro de Renzo Bellini se había transformado en una máscara de piedra tallada, dura e impenetrable. Sus ojos de un azul glacial estaban fijos en Tina, quien temblaba de pies a cabeza mientras las lágrimas arruinaban el maquillaje de su rostro.

—M-muestra el teléfono de nuevo, Marco… —balbuceó Tina con la voz quebrada por el pánico, buscando desesperadamente la mirada de los guardias. —¡Renzo, mi amor, escúc
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    La oscuridad del despacho principal de la mansión Bellini en Nueva York solo era interrumpida por el parpadeo constante de los monitores de alta resolución. Las persianas metálicas estaban cerradas a cal y canto, impidiendo que la luz del exterior penetrara en un recinto que llevaba semanas convertido en el centro neurálgico de una obsesión enfermiza.Renzo Bellini permanecía sentado frente al escritorio, con los codos apoyados sobre la madera y las manos entrelazadas cubriendo parte de su rostro. Sus ojos azules, surcados por venas rojas debido a las interminables jornadas sin dormir, miraban fijamente a un hombre que se encontraba de pie al otro lado de la mesa.Se trataba de Smith, un exanalista de la inteligencia militar británica reconvertido en uno de los cazarrecompensas cibernéticos y operativos más caros, despiadados y escurridizos del mundo occidental. Vestía un traje arrugado de gabardina gris, con una cicatriz fina cruzando su mejilla izquierda y una sonrisa cínica dibujad

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    Las órdenes de Renzo Bellini habían sido claras, absolutas y de condena a muerte: Tina había sido expulsada de la mansión y la sentencia dictaba que, si se acercaba a menos de diez millas del territorio de los Bellini, los hombres de seguridad tenían la instrucción de eliminarla sin juicio. Sin embargo, en el bajo mundo, la desesperación y el engaño a veces encuentran rendijas por donde colarse.Durante las semanas posteriores a su destierro, Tina no había huido a Europa ni se había resignado a perder su estatus. Utilizando documentos falsificados, favores pendientes con antiguos capos de la costa este y filtrando información falsa sobre supuestas conspiraciones contra el clan, había logrado tejer una red de manipulación que acorraló a los intermediarios del Don. Alegando ante la cúpula que su repentina desaparición desataría rumores inaceptables y debilitaría la imagen pública de la familia frente a la inminente cumbre de joyeros en Europa, había conseguido lo que parecía imposible:

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