Share

Capítulo 007

Author: Daly3210
last update publish date: 2025-07-15 04:14:08

Luego de una noche de llorar sin parar, el sol finalmente salió y con él llegó una caja sencilla que contenía su vestido de boda. Bueno, si es que podía llamarlo de esa forma, ya que la pieza era tan decepcionante como su situación actual.

El vestido era de un tono azul claro, ni siquiera era blanco, y tenía un diseño sencillo y elegante, pero no lo acordé para una novia.

Era un vestido sin mangas con un escote en V. A la altura de la cintura, tenía un cinturón fino y brillante que parecía estar adornado con pequeñas cuencas o pedrería. La tela del vestido era ligera y la longitud del vestido era corta, llegando por encima de la rodilla.

Muy bonito, sí.

Muy bonito, pero como para alguien que era invitado a una boda, no como para alguien que se suponía que era la novia.

Valeria reparó en la etiqueta con el precio que tenía aún colgada. 20 $, marcaba. Y lo peor era que decía que estaba en descuento.

«¿Esto era lo mejor que había podido ofrecerle Enzo?», se preguntó, dándose cuenta de que se estaba tomando muy en serio su deseo de castigarla.

Valeria suspiró, mientras se miraba en el enorme espejo y masajeaba su vientre de embarazo.

Sus bebés estaban revoltosas, moviéndose, como si en el fondo supieran que su madre no la estaba pasando del todo bien.

El desayuno llegó a los pocos minutos y comió allí, encerrada en la habitación. Ahora viviría en la mansión Dubois y lo último que quería hacer era salir y toparse con Olivia o con el mismísimo Enzo.

Pero las responsabilidades llamaban, así que entró una empleada a avisarle que debía de estar lista dentro de una hora, ya que el juez estaba pautado para venir a la casa a las once.

Al parecer, la boda sería allí mismo, en la mansión, quizás en el jardín, fue lo que pensó.

Valeria se acercó a la ventana que daba al jardín, esperando ver empleados preparando todo, pero no, no había ni un alma en dicho lugar. Aun así, esto no la desanimó y se dirigió al baño para darse una ducha.

Tenía el tiempo en contra, así que debía de moverse rápido para estar lista.

Se vistió y se arregló, haciendo uso de los artículos de maquillaje que le habían dejado. No era experta en hacerse peinados, pero lo intentó, improvisando un moño alto y despeinado con un toque trenzado. Algunos mechones caían sueltos alrededor de sus sienes y nuca.

De repente, tocaron a la puerta y Valeria se tensó, pero al escuchar la voz de la empleada, quien le preguntaba si estaba lista, se relajó. Aunque esto fue algo meramente temporal, ya que inmediatamente unos pasos irrumpieron en la habitación. Era Olivia.

La mujer la reparó de arriba abajo y dibujó una mueca de desagrado en su arrugada boca.

—Tantos arreglos para nada porque sigues viéndote igual de corriente —soltó con sorna—. Apresúrate que el juez no va a esperar por ti todo el día. Y mucho menos lo haremos nosotros, que tenemos mejores cosas en las que ocuparnos.

Valeria asintió y salió de la habitación siguiendo a la mujer, quien la guio a un despacho cercano.

La decepción la embargó de inmediato al ver que ni siquiera habían podido ocupar el jardín para la unión, sino que, por el contrario, habían elegido el sitio más oscuro y solitario, como si lo que estuviera a punto de suceder no mereciera ser presenciado por nadie.

—Firme aquí —indicó un hombre que, por lo que intuyo, era el abogado de Enzo.

—¿Firmar qué? —preguntó, ya que no tenía ni la menor idea de qué se trataba aquel papel.

—Un acuerdo prenupcial, obviamente —soltó con burla—. No esperará que el señor Enzo se case con usted sin establecer límites antes, ¿o sí?

Valeria se tragó el insulto que quería dirigirle al hombre y tomó el bolígrafo estampando su firma en el papel, pero no sin antes leerlo por encima. Y las pautas eran bastante claras: podría gozar de la fortuna Dubois, siempre y cuando estuviera activo el matrimonio. Una vez divorciada, debía renunciar a todos sus privilegios y no recibiría ni siquiera una mísera parte de la fortuna de su esposo.

—¿Leíste también las letras pequeñas? —sonrió el abogado.

Fue entonces cuando Valeria se percató de que había una cláusula, una cláusula maliciosa, la cual indicaba que dado el divorcio cedería la custodia absoluta de las niñas a Enzo.

—¡No! —gritó al darse cuenta de su error—. ¡Esto no…!

—Ya es tarde —le dijo el hombre de traje, acomodándose la corbata en un gesto triunfante—. Y además, ¿de qué le serviría tener la custodia si usted no tiene nada para ofrecerle a esas niñas?

—Soy su madre —se defendió renuente a renunciar a sus derechos.

—Una madre pobre —contestó—. Concéntrese en cumplir con su papel y le aseguro que no habrá divorcio. Eso es lo único que se le pide.

Valeria sabía en qué consistía dicho papel: debía de soportarlo todo, sin dejar en ridículo a Enzo en ningún momento, sin libertad y sin vida. Viviendo a sus sombras. Todo por el bien de sus hijas y la posibilidad de brindarles un futuro mejor. ¿Pero realmente lo valía? ¿Serían felices las niñas con eso?

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Atrapando al CEO: ¡Tengo a tus trillizas!   Fin

    El dolor la atravesó haciendo que se aferrara al brazo de Erick, pero en medio de todo el pánico, una sonrisa se asomó en sus labios porque no estaba sola. Su ahora esposo no perdió ni un segundo y la levantó en brazos con facilidad, como si no hubiera aumentado varios kilos desde su embarazo. —Respira profundo, amor mío —su voz era calmada, baja, sin un atisbo de pánico en sus ojos grises—. Estoy aquí. No estás sola. Asintió, jadeando, mientras lo abrazaba por el cuello. Meses atrás, lloraba por las noches tocando su vientre, imaginando un parto solitario. Pero ahora Erick estaba ahí, real, vivo, cargándola hacia el auto como si fuera lo más natural del mundo. Su protector, su compañero. Feliz no era la palabra exacta —el dolor era intenso—, pero una paz profunda la invadió porque no estaría sola. Nunca más. Llegaron al hospital en minutos. El equipo médico los esperaba en la entrada de emergencias. Su esposo no la soltó hasta que la colocaron en la camilla, caminando a su lado p

  • Atrapando al CEO: ¡Tengo a tus trillizas!   Capítulo 024

    Una semana después, Celeste decidió que era hora de dar el segundo paso.—Mis padres quieren conocerte —dijo una noche, mientras él le masajeaba los pies hinchados en el sofá. Se mostraba bastante concentrado en la tarea y no se alteró ni un poco ante sus palabras—. Mi padre especialmente. Está… preocupado. Pero sé que cuando te conozca, cambiará de opinión.—Cuando tú digas —asintió sin dudar, moviendo sus manos expertamente—. Quiero hacerlo bien esta vez.Y así la cena se organizó en la mansión Dubois al día siguiente.Celeste estaba nerviosa; su padre tenía fama de intimidante. Su madre era más cálida e intentaba suavizar el ambiente con sonrisas y anécdotas, pero sin que desapareciera del todo la desconfianza en su mirada. Era comprensible había hablado de Erick ya en varias ocasiones y nunca lo había traído a casa. De hecho, ya estaba próxima a dar a luz y ahora era que lo estaban conociendo.Pero él se estaba desenvolviendo bien, saludó con respeto, estrechó la mano de su padre

  • Atrapando al CEO: ¡Tengo a tus trillizas!   Capítulo 023

    —¿Tú… Tú dónde has estado? —tartamudeó, tenía las manos aún en el rostro de él como si temiera que desapareciera si lo soltaba. Erick respiró hondo, cansado, luego de un largo y agotador viaje. Se sentó en la cama con cuidado, atrayéndola hacia su pecho. Su mano grande volvió a posarse sobre su vientre, sintiendo un movimiento suave de la bebé, como si ella también reconociera a su padre.—Creí que nunca volvería a tocarte —murmuró él—. Pensé que había muerto ahí abajo.—Cuéntame —susurró ella, acurrucandose contra él y escuchando el latido fuerte de su corazón. Era real. Estaba vivo de verdad—. Por favor. Necesito saber.—Cuando el techo cayó… todo se volvió negro —cerró los ojos un segundo, recordando—. Desperté bajo los escombros, con una viga aplastándome la pierna y el hombro dislocado. Sangraba mucho. El aire era polvo y humo. Cavé con las manos durante horas, rompiéndome las uñas, hasta abrir un hueco lo bastante grande para arrastrarme. Salí por un conducto lateral que nadie

  • Atrapando al CEO: ¡Tengo a tus trillizas!   Capítulo 022

    Tres meses después… Estaba sentada en un banco de un parque cercano a su departamento. El viento jugaba con las hojas secas haciendo remolinos en sus pies. Su mirada estaba perdida en la nada acariciando su vientre con ternura. —Hoy se movió mucho, ¿sabes? —susurró, como si el viento pudiera llevarle sus palabras a dónde él estuviera—. Creo que ya sabe que le hablo de ti. Que le cuento cómo eras… fuerte, callado, con esa sonrisa que solo me dabas a mí. Ojalá hubieras podido sentirla patear. Ojalá hubieras estado aquí para poner tu mano y ver cómo responde a tu voz. Se lamentaba en silencio de no tener un lugar adonde llevarle flores. Ninguna tumba, ninguna lápida. Solo cenizas dispersas en algún informe clasificado que nunca le entregaron porque no tenía derecho a verlo. Él se había ido de forma definitiva, sin despedida, sin un cuerpo que llorar. No tuvieron futuro. Ni boda, ni casa, ni noches enteras juntos. Todo fue tan fugaz. Y lo peor era que: nunca tuvo la oportunidad

  • Atrapando al CEO: ¡Tengo a tus trillizas!   Capítulo 021

    Afghanistan era un maldito desierto de arena y viento. Era una noche sin luna, perfecta para la operación. Lideraba el equipo Alpha: seis agentes altamente entrenados, visores nocturnos, silenciadores, movimientos precisos para no ser detectados. El complejo era un viejo fuerte reconvertido en mercado negro: paredes de adobe reforzadas, guardias armados con AK-47, y en el sótano, las jaulas. Diecisiete mujeres, algunas adolescentes, secuestradas de pueblos cercanos, destinadas a la trata blanca. Los pasos a seguir eran claros: entrada por el túnel norte, neutralizar centinelas, extraer a las víctimas en menos de doce minutos. —Alpha Dos y Tres, flanco izquierdo. Cuatro y Cinco, conmigo. Sasha, cubre la retaguardia —susurró Erick por el comunicador. Todo iba según el plan. Los primeros guardias cayeron con disparos silenciados directos al pecho, los cuerpos eran arrastrados en las sombras para no alertar al resto. Bajaron las escaleras del sótano. Las mujeres los miraron con ojos

  • Atrapando al CEO: ¡Tengo a tus trillizas!   Capítulo 020

    Su padre no había tardado en revisarla entera, asegurándose de que no estuviera lastimada. La culpa la carcomía, así que les pidió que se sentaran para poder explicar lo que sucedió.—No fue un secuestro —comenzó.—¡¿De qué hablas?! Te llevaron en contra de tu voluntad, Celeste. Todos lo vimos.Negó suavemente.—No puede decirse que sea un secuestro cuando deseaba fervientemente que me sacaran de esa iglesia —se sinceró—. No quería casarme con Francisco, pero no sabía cómo decirlo. Cuando me di cuenta, ya había llegado el día de la boda y no parecía tener salida…—Celeste…—Mamá, yo solo sentí presión. Y no sabía cómo ser valiente y decirles a todos que no quería continuar con esto. Sé que lo que hice es imperdonable, pero si no fuera por… —evitó decir el nombre de Erick, no quería acarrearle problemas más serios—, si no fuera por él, estaría ahorita mismo lamentándome.Se quedó mirándolos fijamente, esperando que dijeran algo. Un regaño, lo que sea.—¿Quién es ese hombre? —preguntó s

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status