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37. Lazos Inquebrantables

last update Fecha de publicación: 2024-08-04 06:59:49

Javier despertó con una sonrisa, y palpó al lado, su cuerpo, exigiendo el de Andrea para volver a sentir su calor cobijando su miembro erecto. Pero al abrir los ojos, la encontró en el sillón de la esquina, con el rostro tenso y angustiado.

—No puedo quedarme —susurró ella, evitando su mirada—. Alberto…

—Al diablo con ese cabrón —espetó Javier, incorporándose—. No voy a permitir que vuelvas con él.

Andrea se levantó de un salto, buscando su ropa, frenética.

—No lo entiendes. Él tiene…

—¿Qué? ¿P
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Último capítulo

  • Atrévete   Epílogo (Parte 2)

    El cielo empezaba a oscurecer y la brisa de la tarde acariciaba el rostro de Andrea mientras observaba a su hijo dormir en la cuna. Habían sido semanas agotadoras, aunque cada segundo valía la pena. Al principio, Alexander era un niño tranquilo durante el día, pero la noche parecía ser su momento favorito para causar estragos. Desde que salieron del hospital, ellos apenas habían dormido.Andrea sonrió al recordar a Javier jugando con Alex en el suelo de la sala esa mañana. Jamás habría imaginado esta escena en sus momentos más oscuros.El camino había sido difícil, y algunos de sus recuerdos aún la hacían estremecer, como la muerte de Alberto. Aunque fue en defensa propia, todavía pesaba en su conciencia. Sin embargo, cada obstáculo superado la fortaleció y la vida que ahora compartía con Javier y su hijo era un recordatorio constante de que eligió vivir, amar y ser feliz.Le tomó una foto a Alex con su pijama nuevo y la envió al chat grupal que compartían ambas familias. Rio cuando t

  • Atrévete   Epílogo (Parte 1)

    Durante los primeros meses de su embarazo, Andrea terminó el proyecto y resultó ser un éxito rotundo. Y por ahora, su prioridad era disfrutar de esta nueva etapa en su vida. Los días transcurrían entre los cuidados excesivos de la familia de Javier. Y si escuchaba otra vez que el embarazo era la etapa más hermosa de una mujer, lo golpearía. Porque para Andrea había sido imposible dormir, porque el bebé no dejaba de moverse. En las últimas semanas, comía peor que un cosaco, vomitaba, y segundos después tenía un hambre voraz. Era un ciclo casi enfermizo igual que las idas al baño.Javier tenía casi tantas náuseas como ella, y no estaba segura si era broma, pero no paraba de repetir que quería tener tres o cuatro más. Así que le respondía que si no fuese quien tuviese que llevarlos, seguro estaría feliz de colaborar. No obstante, pese a los motivos poco alentadores, no se podía quejar de que todos la consintieran. No le avergonzaba admitir que le bastaba acariciar su prominente abdomen,

  • Atrévete   102. Catarsis

    Bajó del auto al darse cuenta que no avanzaba entre el tráfico y se echó a correr. El rugido de los truenos ahogaba los latidos frenéticos del corazón de Javier mientras avanzaba por las calles inundadas de la Ciudad de México. La lluvia, implacable, se mezclaba con las lágrimas de desesperación que no podía contener. Solo tenía un pensamiento en mente: llegar a Andrea antes que Alberto.El viaje desde Estocolmo había sido una tortura. Horas interminables en un avión privado, incomunicado por las tormentas eléctricas, sabiendo que el peligro acechaba a la mujer que amaba, después de que Germán le dijera que la dejó en casa, sola, casi lo volvió loco.Estuvo a punto de ser arrollado varias veces calles atrás, pero ahora el tráfico era más denso y eso le dio la libertad de avanzar más rápido, aunque temía no llegar a tiempo para protegerla.El mensaje de Hunter había sido claro: «Las cámaras detectaron movimiento en el perímetro y ahora están desconectadas. Ya llamé a la seguridad del

  • Atrévete   101. Quebrando cadenas

    El corazón de Andrea se aceleró, pero respiró hondo, intentando mantener la calma. «No soy la misma de antes», se recordó, viendo cómo las gotas de lluvia resbalaban por el rostro de quien una vez fue su verdugo.—Vengo en son de paz —dijo él, agitando un pañuelo blanco entre sus dedos con un gesto que pretendía ser juguetón, pero a ella le hizo apretar los labios.Le sonrió con coquetería y le ofreció el enorme ramo de flores. El agua que escurría de los tallos formó un charco oscuro a sus pies.Andrea retrocedió por instinto cuando él empujó el ramo hacia ella, sin poderse creer que esto era real y no una de sus pesadillas recurrentes.—No, Alberto. No quiero hablar contigo —*su voz salió más firme de lo que esperaba, pero cuando intentó cerrar la puerta, el pie de él ya bloqueaba el marco.—Por favor, chiquilla...El familiar apelativo la estremeció de pies a cabeza y aunque empujó de nuevo, era como intentar mover una pared.»Me enteré que estabas en la ciudad y quise venir a pedi

  • Atrévete   100. Fantasmas bajo la lluvia

    El estruendo de un trueno sacudió la casa, y Andrea se despertó con un grito ahogado, su cuerpo empapado en sudor frío. Sin tiempo para pensar, saltó de la cama y corrió hacia el baño, cayendo de rodillas sobre la taza, dando arcadas violentas.El sabor amargo en su boca la hizo cepillarse los dientes y se dio una ducha con agua fría, pero al salir, Andrea observó su reflejo en el espejo, notando las ojeras que se habían formado bajo sus ojos. Seguía teniendo la misma pesadilla siendo perseguida.—¿Qué me está pasando? —murmuró, olvidándose del horrible sueño e intentando recordar si había comido algo en mal estado, aunque ya llevaba un par de días así.La luz grisácea del amanecer se filtró por la ventana, acompañada por el constante repiqueteo de la lluvia. Andrea suspiró, sabiendo que el mal tiempo significaba que tendría que trabajar desde casa, porque no pensaba quedar atrapada en el tráfico por horas.Se dirigió a la cocina, por algo que calmara su estómago revuelto, y se encont

  • Atrévete   99. Misterioso benefactor

    Andrea atravesó un enorme y desolado pasillo, con el sonido de sus tacones como fondo mientras se acercaba a la reunión, donde esa tarde conocería al fin al adinerado benefactor del proyecto que lideraba y discutir su nueva petición.Permanecer en México por seis meses más le parecía innecesario y aunque insistió en verlo desde que recibió la nota, era hasta hora, casi tres semanas después que aceptaba reunirse. Agnes, su jefa, la llamó paranoica, pero Andrea no dejaba de repetir la curiosidad que le causaba aquella insistencia en mantener su anonimato. Era bien sabido que si el proyecto lo respaldaba una persona reconocida en sociedad, lograban un mayor éxito de divulgación. Miró sobre su hombro y aunque se encontró con los ojos impasibles de Germán, el guardaespaldas que le impuso Javier, no podía quitarse esa molesta sensación de estar siendo observada.Recibió su maletín y suspiró antes de tocar las puertas de cristal esmerilado y al empujarlas se encontró con tres hombres de di

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