LOGIN—Dominic Valeron.
Presidente-Regente de Valeron Holdings. Su imperio se extendía por todo el país y más allá: puertos, pistas de aterrizaje, redes logísticas, contratos de seguridad privada tejidos en la misma columna vertebral de la nación. Junto a los Virelli y un puñado de casas antiguas, era uno de los pocos que podía erigirse como igual a la familia de Crassus en poder e influencia.Igual… pero nunca lo bastante para superarlos.Ni una sola subasta ni guerra de—Dominic Valeron.Presidente-Regente de Valeron Holdings. Su imperio se extendía por todo el país y más allá: puertos, pistas de aterrizaje, redes logísticas, contratos de seguridad privada tejidos en la misma columna vertebral de la nación. Junto a los Virelli y un puñado de casas antiguas, era uno de los pocos que podía erigirse como igual a la familia de Crassus en poder e influencia.Igual… pero nunca lo bastante para superarlos.Ni una sola subasta ni guerra de licitaciones en la que hubiera participado un de Crassus le había salido bien. Y rara vez aparecía en aquellos eventos.Ahora Helios entendía el porqué. El viejo los había estado evitando a propósito.Evitando también la mirada pública: protegiendo su verdadera identidad, moviéndose entre dos vidas, cuidando de no resbalar y dejar que la máscara se resquebrajara.—¿Es de verdad su abuelo? —preguntó Perseia—. ¿El abuelo de sangre de Grasya?Helios asintió, pes
Grasya se asomó por la ventana del segundo piso cuando los motores de los coches empezaron a rugir por el camino de entrada. Sonidos familiares: vehículos de lujo, el ronroneo inconfundible de los autos de la familia de Crassus atravesando las rejas uno tras otro.Helios se acercó por detrás, las manos deslizándose con suavidad alrededor de su cintura. Las palmas le acariciaron la curva del vientre y se inclinó para besar el costado de su cuello, doblando su alta figura solo para alcanzarla.—¿Qué miras ahí afuera? —murmuró contra su piel.—¿Es una reunión familiar? —preguntó ella, señalando con la cabeza la procesión que serpenteaba por el largo camino.—Han venido todos a hablar —dijo Helios—. Saben lo que ha estado ocurriendo… no están a oscuras. Pero quieren oírlo todo de frente, juntos.—¿Así funciona… en este mundo?Él emitió un sonido bajo en la garganta. —Primero es familia. *Alla famiglia non si mente.* A la famili
—Respecto a las preocupaciones planteadas sobre nuestro sistema de inteligencia artificial, quiero asegurarles a todos: el asunto ha sido resuelto por completo. La plataforma actual se desconectará de inmediato, y una versión mucho más avanzada se lanzará en breve.Helios de Crassus habló con una compostura inquebrantable, su expresión abierta y a la vez autoritaria. Las cámaras lo flanqueaban desde todos los ángulos, los flashes iluminaban la sala a intervalos, pero el CEO de Vasileia ni siquiera parpadeó. Permanecía intacto, imperturbable.Frío. Sereno. Tan despiadado como siempre.Estaba de pie en el gran auditorio de Vasileia, tras haber convocado a la prensa para responder a los escándalos que zumbaban alrededor de su empresa como avispas enfurecidas. Sobre aquel escenario parecía tallado en hormigón armado: inamovible, irrompible. Solo su porte hablaba de autoridad absoluta. Incluso los reporteros elegían las palabras con reverencia, aterrados de dar
—¿Grasya?Parpadeó despacio al oír aquel barítono tan familiar. Su mirada se enfocó: ahí estaba él, su marido, justo frente a ella. No se había dado cuenta de que había terminado de hablar; la mente se le había ido a repasar todo lo ocurrido.—Helios —susurró, suave y bajo.—Esta es la primera… y la más dura cosa que has tenido que hacer. No será fácil. —Le tomó el rostro entre las manos. El agua caía sobre ambos, pero ella solo sentía su calor.Cerró los ojos y exhaló. —Lo sé.—No naciste en este mundo. No creciste en él. Pero recuerda esto: yo estoy aquí. Siempre. Nunca te dejaré. Puedes tener miedo cuando las imágenes regresen, cuando despiertes de madrugada. Tienes derecho a tener miedo. Y cada vez que el miedo te encuentre… solo gírate hacia mí. Ven directo a mis brazos. Te sostendré y nada te hará daño.Una sonrisa tenue y tierna le rozó los labios. Las lágrimas le brillaban en los ojos. Helios la amaba de forma tan c
Advertencia: Contiene violencia que algunos lectores pueden encontrar perturbadora. Se recomienda discreción.—Cuéntame exactamente qué pasó dentro de la sala de partos.Grasya levantó la vista hacia él. Su mirada la sostenía con firmeza mientras sus manos se deslizaban con cuidado sobre su piel, borrando cada rastro, cada mancha, asegurándose de que no quedara ni una gota de sangre.Ella suspiró y dejó que la memoria la llevara atrás…—No puede entrar, señor de Crassus. Yo me ocuparé de su esposa. Se lo prometo: la señora de Crassus estará a salvo y dará a luz sin problemas.—Si le haces daño a mi mujer o a mis hijos, te voy a matar, joder.El fuego ardía en los ojos del jefe de la mafia.Grasya, recostada en la camilla, lo miró de reojo. En su mirada brillaba un miedo genuino, afilado, a pesar de que habían repasido cada detalle del plan.Helios sabía que, por muy firmes que tuviera las riendas, las cosas podí
«¿Qué vas a hacer conmigo ahora?» La voz de Matteo se quebró, cruda y desesperada. «Si vas a matarme, ¡hazlo de una vez! ¿Por qué alargar esto?»La sangre seguía goteando de su brazo, empapando la camisa. Estaba pálido, el rostro tenso por el dolor, y se estremecía cada vez que un movimiento tiraba de la herida.Dos guardias de Kratos lo flanqueaban. Apenas podía moverse: esposado, los codos sujetos con fuerza, inmovilizado.Los labios de Helios se curvaron apenas, fríos y sin prisa. —Relájate. Llegarás a tu destino pronto. No tengas tanta prisa —dijo con tono sereno, sin una sola sombra de tensión en el rostro.Esa compostura solo hizo que Matteo apretara más los dientes. —¿«Enviarme» adónde? ¿Adónde me llevas?—A tu tumba —sonrió Helios, afilado y seguro—. ¿Adónde más?Matteo calló, pero la rabia seguía ardiendo en sus ojos.Helios le dio un golpecito en la mejilla. Luego otro, más fuerte. El sonido resonó







