LOGIN—¿Me vas a castrar? —preguntó Helios, los ojos abiertos de par en par.
Grasya entrecerró la mirada, feroz y llameante.—No solo castrar. ¡Si alguna vez me vuelves a hacer esto, te lo corto todo!—¿Q-qué? —Se miró a sí mismo: la camisa rota que dejaba al descubierto el pecho, y más abajo—. ¿Cómo es esto culpa mía? Eres tú quien me toca.—¡Tú me enseñaste! —replicó ella—. ¡No lo sabría si no me lo hubieras mostrado! ¿Quién dio el primer paso? ¿Fui yo? No… tú. ¿Q—Helios… mírate. —La mirada de Perseia lo recorrió de arriba abajo cuando salió de la suite de partos privada—. Pareces haber estado en la guerra.El resto de la familia de Crassus se volvió desde el salón, todas las miradas rastreándolo de la cabeza a los pies.Sabía que estaba hecho un desastre. El cabello erizado en mechones salvajes, la camisa rasgada de arriba abajo, arañazos marcándole el pecho. En las manos tenía marcas de media luna donde Grasya había apretado con tanta fuerza que las uñas le habían roto la piel.Perseia chasqueó la lengua, a medias divertida, a medias compasiva. —No sé si reír o llorar. Pareces tú el que acaba de dar a luz.—Sigue —dijo él con sequedad, sosteniéndole la mirada con un gesto afilado y sarcástico—. Añade más. No te contengas.En cambio, ella soltó una carcajada. —¡Lo siento! Es que… ¡te ves horrible! Pero… ¡eres padre ahora! ¡Eso merece celebrarse! —Sirvió dos vasos de whisky ámbar y le
—¿Me vas a castrar? —preguntó Helios, los ojos abiertos de par en par.Grasya entrecerró la mirada, feroz y llameante. —No solo castrar. ¡Si alguna vez me vuelves a hacer esto, te lo corto todo!—¿Q-qué? —Se miró a sí mismo: la camisa rota que dejaba al descubierto el pecho, y más abajo—. ¿Cómo es esto culpa mía? Eres tú quien me toca.—¡Tú me enseñaste! —replicó ella—. ¡No lo sabría si no me lo hubieras mostrado! ¿Quién dio el primer paso? ¿Fui yo? No… tú. ¿Quién lo puso todo patas arriba entre nosotros? Tú otra vez. ¿Quién se acercó primero a quién? No fui yo.El rostro de Helios se retorció, indefenso. —Bueno… técnicamente, tú viniste a mí…—¡Silencio! —espetó ella—. ¡Solo vine porque encerraste a mi padre en tu villa!—¿Por qué estamos discutiendo del pasado, cara mia?—¡Porque me duele el vientre! ¡Y porque me duele, estamos repasando todo! —gritó, cada línea de su rostro marcada por un dolor sin piedad.
—Dominic Valeron.Presidente-Regente de Valeron Holdings. Su imperio se extendía por todo el país y más allá: puertos, pistas de aterrizaje, redes logísticas, contratos de seguridad privada tejidos en la misma columna vertebral de la nación. Junto a los Virelli y un puñado de casas antiguas, era uno de los pocos que podía erigirse como igual a la familia de Crassus en poder e influencia.Igual… pero nunca lo bastante para superarlos.Ni una sola subasta ni guerra de licitaciones en la que hubiera participado un de Crassus le había salido bien. Y rara vez aparecía en aquellos eventos.Ahora Helios entendía el porqué. El viejo los había estado evitando a propósito.Evitando también la mirada pública: protegiendo su verdadera identidad, moviéndose entre dos vidas, cuidando de no resbalar y dejar que la máscara se resquebrajara.—¿Es de verdad su abuelo? —preguntó Perseia—. ¿El abuelo de sangre de Grasya?Helios asintió, pes
Grasya se asomó por la ventana del segundo piso cuando los motores de los coches empezaron a rugir por el camino de entrada. Sonidos familiares: vehículos de lujo, el ronroneo inconfundible de los autos de la familia de Crassus atravesando las rejas uno tras otro.Helios se acercó por detrás, las manos deslizándose con suavidad alrededor de su cintura. Las palmas le acariciaron la curva del vientre y se inclinó para besar el costado de su cuello, doblando su alta figura solo para alcanzarla.—¿Qué miras ahí afuera? —murmuró contra su piel.—¿Es una reunión familiar? —preguntó ella, señalando con la cabeza la procesión que serpenteaba por el largo camino.—Han venido todos a hablar —dijo Helios—. Saben lo que ha estado ocurriendo… no están a oscuras. Pero quieren oírlo todo de frente, juntos.—¿Así funciona… en este mundo?Él emitió un sonido bajo en la garganta. —Primero es familia. *Alla famiglia non si mente.* A la famili
—Respecto a las preocupaciones planteadas sobre nuestro sistema de inteligencia artificial, quiero asegurarles a todos: el asunto ha sido resuelto por completo. La plataforma actual se desconectará de inmediato, y una versión mucho más avanzada se lanzará en breve.Helios de Crassus habló con una compostura inquebrantable, su expresión abierta y a la vez autoritaria. Las cámaras lo flanqueaban desde todos los ángulos, los flashes iluminaban la sala a intervalos, pero el CEO de Vasileia ni siquiera parpadeó. Permanecía intacto, imperturbable.Frío. Sereno. Tan despiadado como siempre.Estaba de pie en el gran auditorio de Vasileia, tras haber convocado a la prensa para responder a los escándalos que zumbaban alrededor de su empresa como avispas enfurecidas. Sobre aquel escenario parecía tallado en hormigón armado: inamovible, irrompible. Solo su porte hablaba de autoridad absoluta. Incluso los reporteros elegían las palabras con reverencia, aterrados de dar
—¿Grasya?Parpadeó despacio al oír aquel barítono tan familiar. Su mirada se enfocó: ahí estaba él, su marido, justo frente a ella. No se había dado cuenta de que había terminado de hablar; la mente se le había ido a repasar todo lo ocurrido.—Helios —susurró, suave y bajo.—Esta es la primera… y la más dura cosa que has tenido que hacer. No será fácil. —Le tomó el rostro entre las manos. El agua caía sobre ambos, pero ella solo sentía su calor.Cerró los ojos y exhaló. —Lo sé.—No naciste en este mundo. No creciste en él. Pero recuerda esto: yo estoy aquí. Siempre. Nunca te dejaré. Puedes tener miedo cuando las imágenes regresen, cuando despiertes de madrugada. Tienes derecho a tener miedo. Y cada vez que el miedo te encuentre… solo gírate hacia mí. Ven directo a mis brazos. Te sostendré y nada te hará daño.Una sonrisa tenue y tierna le rozó los labios. Las lágrimas le brillaban en los ojos. Helios la amaba de forma tan c







