MasukLeighton pasó la mañana siguiente escondida en su habitación como una cobarde.
Actualizó su currículum. Solicitó doce empleos. Repasó anuncios de apartamentos que no podía permitirse. Cualquier cosa con tal de no bajar y arriesgarse a otro encuentro con Noah.
Su teléfono sonó poco después del mediodía. Chloe.
"Oye, ¿comemos juntas? Hoy salgo pronto."
"Claro. ¿Dónde quedamos?"
"Estoy literalmente abajo. Baja."
Claro. Porque Chloe también vivía allí. Leighton casi lo había olvidado en su afán por evitar a Noah.
Se cambió el pijama por unos vaqueros y un jersey, y bajó las escaleras. A la luz del día, la casa resultaba aún más imponente. E intimidante. Los enormes ventanales dejaban entrar una luz natural que lo hacía todo relucir. El arte de las paredes probablemente costaba más de lo que ella ganaría en un año.
Encontró a Chloe en la cocina, rebuscando en la nevera.
"¡Por fin! Me muero de hambre. ¿Vamos al tailandés que te encanta?"
"Ahora mismo no puedo permitirme comer fuera."
"Invito yo. Sin discusión." Chloe agarró su bolso. "Venga."
Estaban a medio camino de la puerta cuando Noah apareció en lo alto de las escaleras. Hablaba por teléfono en tono cortante sobre informes trimestrales y proyecciones de mercado. Llevaba traje, todo líneas precisas y tejido caro.
Los miró desde arriba. Sus ojos pasaron sobre Leighton sin el menor destello de reconocimiento.
Otra vez.
"Salimos", le avisó Chloe. "¿Quieres algo?"
Él negó con la cabeza, ya alejándose, sin dejar de hablar por el teléfono.
"¿Ves?" dijo Chloe una vez que estaban en el coche. "Apenas es consciente de que existes. Esto va a ir bien."
Leighton forzó una sonrisa. "Sí. Bien."
La comida ayudó. Chloe siempre sabía hacerla reír, y durante una hora casi olvidó el desastre en que se había convertido su vida. Casi olvidó que vivía en una mansión con un hombre que la miraba como si fuera invisible.
Cuando volvieron, Chloe tuvo que correr a una reunión.
"Estaré de vuelta hacia las siete. Podemos ver una película o algo." Le apretó la mano. "Va a salir bien. Te lo prometo."
Leighton asintió y se dirigió de vuelta a su habitación. Pero en algún punto del segundo piso, torció mal.
El pasillo parecía igual que el de su habitación. La misma moqueta, las mismas luces, las mismas puertas cerradas. Pero cuando probó la puerta que creía que era la suya, no se abrió.
Probó el pomo de nuevo. Cerrada con llave.
Un momento. Su puerta no tenía cerradura por fuera. ¿O sí?
Dio un paso atrás y miró a su alrededor. Este no era su pasillo. Nada le resultaba familiar.
"Genial", murmuró. "Perdida dentro de una casa. Esto sí que es tocar fondo."
Retrocedió intentando deshacer sus pasos. Giró de nuevo. Este pasillo tenía cuadros distintos en las paredes. Seguía siendo el malo.
¿Cómo se orientaba alguien en este lugar?
Probó otra dirección. El pasillo desembocaba en una sala de estar que no reconocía. Más giros equivocados. Un baño. Un armario de ropa de cama. Otra puerta cerrada con llave.
Veinte minutos después, estaba completamente desorientada. Nada le resultaba familiar. Todos los pasillos parecían idénticos.
Sacó el teléfono para escribirle a Chloe, pero recordó que estaba en su reunión. Leighton miró sus contactos. Podría llamar a alguien. Excepto que no conocía a nadie más aquí. Su única otra opción era...
No. Ni hablar. No iba a escribirle a Noah Knight para pedirle indicaciones dentro de su propia casa.
Lo resolvería ella sola.
Otro giro equivocado la llevó hasta unas puertas dobles. ¿Quizás daban a un ala que reconocería? Empujó una con cuidado.
Era un despacho. Un despacho enorme con ventanales del suelo al techo que daban a los jardines, un escritorio inmenso cubierto de monitores y estanterías llenas de libros cubriendo las paredes.
Y Noah, sentado al escritorio, mirándola.
"Lo siento", dijo enseguida. "No era mi intención... me perdí."
Él se recostó en la silla. "Perdida."
"Es que su casa es muy grande."
"Llevas menos de veinticuatro horas aquí y ya estás merodeando por habitaciones en las que no deberías estar."
Le ardía la cara. "No merodeaba. Intentaba encontrar mi habitación. Todos los pasillos son iguales."
Se puso de pie, y aunque estaba al otro lado de la sala, ella pudo sentir el peso de su irritación. Rodeó el escritorio hacia ella, y tuvo que resistir el impulso de echarse atrás.
De cerca era aún más imponente. Tan alto que tuvo que echar la cabeza hacia atrás para mirarle a los ojos. Esos ojos oscuros que en ese momento la miraban como si fuera la mayor molestia del mundo.
"¿En qué habitación te puso Chloe?"
"¿La de la ropa de cama azul? ¿Con vistas a los jardines?"
"Ala este, tercera puerta a la derecha."
"Bien. Gracias. Entonces yo..." Señaló vagamente hacia atrás.
"Vas en la dirección equivocada."
Por supuesto.
Él pasó junto a ella hacia el pasillo, y no le quedó más remedio que seguirle. Caminaba deprisa, tomando los giros sin dudar. Ella intentó memorizar el camino, pero era inútil. Todo seguía pareciéndole idéntico.
Pasaron junto a una puerta entreabierta. A través de ella vislumbró un dormitorio enorme. Cama de matrimonio extra grande, muebles oscuros, todo perfectamente ordenado. Su habitación, probablemente.
"Esa es mi habitación", dijo él sin mirar atrás, como si supiera adónde había ido su mirada. "No entres."
"No lo haría."
"Te has perdido intentando encontrar tu propia habitación. No me genera mucha confianza tu sentido de la orientación."
¿Se estaba burlando de ella? No podía saberlo. Su voz era plana, sin emoción.
Se detuvo ante una puerta. "Esta."
Era su habitación. Reconoció la ropa de cama azul a través de la puerta abierta.
"Gracias."
Él asintió una sola vez, ya dándose la vuelta.
"¿Noah?"
Se detuvo pero no se giró. Se estaba convirtiendo en un patrón con él. Nunca darle la cara del todo. Siempre listo para irse.
"De verdad lo siento. Por estar aquí. Por estar en medio. Sé que no querías que viniera."
Ahora sí se giró, sus ojos oscuros encontrando los de ella. "No es nada personal."
"Se siente bastante personal."
"No te conozco. Eres la amiga de Chloe. Nada más."
Las palabras no deberían haberle dolido. Ella tampoco le conocía apenas. Pero dolieron. Porque ella había pasado quince años sabiendo exactamente quién era él. Observándole. Deseando que la mirara de la forma en que la miraba ahora.
Excepto que ahora que la miraba, en sus ojos no había nada más que fría indiferencia.
"Dos semanas", dijo ella en voz baja. "Luego me iré y podrás recuperar tu casa."
Algo cruzó su rostro. No supo interpretarlo. Luego desapareció, y su expresión volvió a ser lisa y cerrada.
"Que así sea."
Se marchó, y esta vez ella no le llamó.
Entró en su habitación y cerró la puerta, apoyándose en ella. Le temblaban las manos. Por la vergüenza, por la rabia, por algo más que no quería nombrar.
Esta versión de Noah no se parecía en nada a la que ella se había construido en la cabeza. Ese Noah había sido amable. Cálido. Alguien que le sonreiría y la haría sentir que importaba.
El Noah real era hielo. Aristas afiladas y puertas cerradas y ojos que miraban a través de ella en lugar de mirarla a ella.
Tenía que soltar la fantasía. El flechazo de la infancia. Todo.
Él no la quería allí. Lo había dejado perfectamente claro.
Le vibró el teléfono. Un mensaje de Chloe.
*La reunión se ha alargado. No llego hasta las 9. ¿Estás bien?*
*Estoy bien. Me perdí intentando encontrar mi habitación pero al final lo resolví*
*JAJAJA esta casa es una locura. Noah me hizo un mapa cuando me mudé*
*¿Hay un MAPA?*
*Mañana te lo busco. Aguanta*
Leighton dejó el teléfono y miró a su alrededor. Preciosa. Perfecta. Todo lo que ella nunca tendría por su cuenta.
Y nunca en su vida se había sentido más fuera de lugar.
Abrió el ordenador y solicitó más empleos. Cualquier cosa para acelerar su salida. Puestos de diseñadora gráfica. Roles de directora de arte junior. Incluso algunos trabajos administrativos que no tenían nada que ver con su carrera. Le daba igual. Solo necesitaba salir.
Dos semanas le parecían toda una vida.
Más tarde esa noche, le rugió el estómago. Se había saltado la cena, demasiado nerviosa para navegar por la casa y arriesgarse a bajar. Pero no podía esconderse en su habitación para siempre.
Pasaban las diez. Quizás Noah estaría durmiendo. O trabajando en su despacho con la puerta cerrada.
Bajó sigilosamente las escaleras, siguiendo el camino que él le había mostrado antes. O lo que creía que era el camino. Todo tenía un aspecto distinto en la oscuridad.
Pero encontró la cocina. Pequeña victoria.
La nevera seguía llena de comida. Cogió pasta que había sobrado en uno de los tápers y la calentó, comiendo deprisa de pie en la encimera.
"De verdad que te gusta andar de puntillas por las noches."
Dio un brinco y casi se le cayó el tenedor. Noah estaba en el umbral. Sin camiseta otra vez. Solo con un pantalón de pijama bajo sobre las caderas.
¿Por qué seguía haciéndole esto?
"No ando de puntillas. Estoy comiendo."
"En la oscuridad. En mi cocina."
"He encendido la luz."
Se adentró en la habitación, y ella se esforzó mucho en no mirarle el pecho. Ni los músculos de los brazos. Ni el tatuaje que no había visto antes, tinta negra serpenteando alrededor de sus costillas.
"Deberías comer comida de verdad", dijo él. "No solo pan y sobras."
"Estoy bien."
"Me estás evitando."
Ella dejó el tenedor. "Me dijiste que me mantuviera alejada de tu camino. Eso es lo que hago."
"¿Perdiéndote en mi casa y colándote en mi despacho?"
"No me colé. La puerta estaba abierta."
"Estaba cerrada."
"¡Entreabierta!"
La comisura de su boca se tensó. Por un segundo creyó que iba a sonreír. Pero entonces su expresión volvió a quedarse plana.
"Dos semanas", dijo. "Intenta no perderte hasta entonces."
Se marchó, llevándose todo el oxígeno de la habitación consigo.
Leighton tiró el resto de la pasta a la basura, sin apetito. Subió las escaleras pesadamente y, de algún modo, encontró su habitación al primer intento.
Se metió en la cama y se tapó la cabeza con las sábanas.
Trece días más.
Podía hacerlo.
Probablemente.
La taza de café de Leighton estaba vacía a las nueve de la mañana.Miraba la pantalla, obligándose a concentrarse en los mockups de Meridian. Los ojos no paraban de borroneársele. Tres horas de sueño hacen eso. Chloe se había marchado al amanecer, abrazándola fuerte en la puerta con promesas de llamar pronto.La mentira sobre Noah seguía pesándole en el estómago."Toc toc."Levantó la vista. Un chico estaba en la entrada de su cubículo sosteniendo dos tazas de café. Alto. Pelo oscuro. Ojos marrones cálidos detrás de unas gafas de montura negra. Llevaba un jersey gris y vaqueros. Informal pero cuidado."Daniel Park. Director Creativo Senior." Dejó una taza en su escritorio. "Latte de vainilla. Leche de avena. Un azúcar."Ella parpadeó. "¿Cómo sabías...""Soy observador." Sonrió. Con facilidad. Sinceramente. "Te vi pedirlo dos veces la semana pasada en la sala de descanso. Pensé que hoy te vendrían bien uno. Tienes cara de haber tenido una noche difícil.""¿Tan obvio?""El pelo es una p
Noah se quedó sentado en su escritorio tres horas antes de poder escribir la primera palabra.El papel se burlaba de él. En blanco. Blanco. Esperando.La mano le agarrotaba alrededor del bolígrafo. Había empezado veinte veces. Arrugado cada intento. La papelera rebosaba de comienzos fallidos.*Querido papá:*Demasiado formal.*Al hombre que se fue:*Demasiado rabia.*No sé por qué escribo esto:*Demasiado débil.Tiró el bolígrafo al otro lado de la habitación. Golpeó la pared. Cayó al suelo tintineando.El teléfono estaba boca abajo sobre el escritorio. En silencio. Sin mensajes de Leighton. Tres días desde la llamada. Había bloqueado todos los números que él tenía.Concentrarse. Necesitaba concentrarse.El Dr. Voss dijo que lo escribiera todo. Cada pregunta. Cada dolor. Sacarlo de su sistema para dejar de cargarlo consigo.Noah recogió el bolígrafo. Empezó de nuevo.*No mereces un saludo. No mereces mi tiempo ni mis palabras. Pero escribo esto de todas formas porque mi terapeuta dice
Llamaron a la puerta a las siete. Tres golpes secos.Leighton abrió. Chloe estaba allí con dos botellas de vino y una bolsa de comida para llevar. Su sonrisa era brillante. Sincera."¡Sorpresa!"La culpa le golpeó como un puñetazo en el estómago."Chloe. Hola. No te esperaba.""Ya lo sé. Por eso es una sorpresa." Chloe pasó junto a ella hacia el apartamento. Se detuvo. Miró a su alrededor. Su sonrisa vaciló. "Ah. Vaya. Es... acogedor."Acogedor. Código para diminuto."No es gran cosa pero es mío." Leighton cerró la puerta. Intentó ver el espacio con los ojos de Chloe. Pintura descascarada en el techo. Mancha de humedad en el rincón. Cocina apenas suficiente para una persona. Todo el apartamento era más pequeño que el dormitorio de Noah."¿Dónde está el sofá?""Aún no tengo. Todavía ahorrando." Leighton señaló las dos sillas plegables junto a la ventana. "Pero tengo sillas. Y una mesa. Más o menos."La mesa era un tablero sobre bloques de cemento. Funcional. Deprimente.Chloe dejó el v
Noah estaba sentado en la sala de espera del Dr. Voss, con la rodilla rebotando. El sillón era de cuero. Caro. Probablemente diseñado para calmar. No estaba funcionando.Un reloj tictaqueaba en la pared. Cada segundo sonaba fuerte en el espacio silencioso. Miró el teléfono. Sin mensajes. Le había escrito a Leighton dos veces el día anterior. Desde un número nuevo. Los dos entregados. Los dos ignorados.Le había bloqueado otra vez.Bien. Era lo que se merecía.La puerta se abrió. El Dr. Voss estaba allí. Mediados los cincuenta. Gafas. Ojos amables que veían demasiado."Noah. Pasa."El despacho olía a café y libros viejos. Un sofá estaba contra una pared. Dos sillones enfrentados. Una ventana con vistas a la ciudad. El Dr. Voss señaló el sofá.Noah se sentó. Se sintió como un niño en el despacho del director."¿Cómo ha ido la semana?" El Dr. Voss se acomodó en su sillón. Bloc en el regazo. Bolígrafo listo."Bien.""¿Solo bien?""Sí."El Dr. Voss esperó. Esa cosa que hacen los terapeutas
Leighton despertó con la luz del sol que atravesaba sus cortinas baratas.Su teléfono estaba boca abajo en la mesita de noche. Lo miró como si pudiera explotar.Los eventos de la noche anterior regresaron de golpe. Su voz. Sus manos. Las cosas que había dicho. Los sonidos que había emitido.Su estómago se retorció.Agarró el teléfono. Abrió la foto de él, la foto que nunca había borrado la miraba fijamente. Él en su cocina, sin saber que ella lo observaba. Suave luz de la mañana. Casi sonriendo.Le había dado poder otra vez. Lo había dejado entrar de nuevo solo con su voz y dos palabras: Te extraño.Patética.Su pulgar se detuvo sobre el botón de eliminar. Ya había hecho esto antes. Lo había bloqueado. Lo había borrado. Luego había guardado su número de nuevo como una adicta que guarda el contacto de su dealer “por si acaso”.Esta vez no.Presionó bloquear. Vio su nombre ponerse rojo. Luego borró el número para asegurarse.Su pecho se sentía vacío.La ducha salió fría antes de calenta
Las tres de la madrugada. Noah dejó de fingir que trabajaba.El teléfono estaba sobre el escritorio. La pantalla apagada. Burlándose de él.Lo había cogido diecisiete veces en la última hora. Lo había dejado diecisiete veces. Cada vez diciéndose que no llamaría. Cada vez la mano volviendo a él de todas formas.Las paredes del despacho se cerraban sobre él. Demasiado silencioso. Demasiado vacío. Solo él y el fantasma de lo que había perdido.El pulgar desbloqueó la pantalla antes de que pudiera detenerse. Su contacto le miraba fijamente. Esa foto. Riéndose. Dios, cómo echaba de menos esa risa.Pulsó llamar.Sonó una vez. Dos. Tres. El corazón le martilleaba contra las costillas. No iba a responder. ¿Por qué iba a hacerlo? Eran las tres de la madrugada y él había estado en silencio dos semanas.Cuatro tonos. Cinco.Luego: "¿Noah?"Su voz. Ronca por el sueño. Confusa. Preciosa.No podía hablar. La garganta se le cerró. Todas las palabras que había ensayado desaparecieron."¿Noah? ¿Estás







