INICIAR SESIÓN¡He vuelto, después de tanto tiempo! Me siento tan apenada con todos ustedes por las promesas no cumplidas. Pero aquí estoy, esperen dos capítulos más antes de que acabe el día. ¡Gracias por el apoyo y el amor!
Gia.En cuanto bajo del auto y entro al restaurante, no hace falta que nadie me oriente, pues puedo distinguir casi justo frente a mí, a una mujer delgada, alta, de cabellera negra y la misma aura importante que mi Arthur.Camino hasta ella con pasos torpes mientras me aliso la falda del vestido.Ella me detecta antes de que pueda acercarme por completo y se levanta enseguida de su silla.Contengo el aliento.—¡Oh! Gia. Gia Norwood —dice, con una sonrisa gigante mientras nos decidimos si nos abrazamos o solo nos damos un beso en la mejilla.Ella besa mi mejilla y me abraza con fuerza.—S-Señora Orlov…—suelto al fin, cuando nos separamos. La mujer me aparta la silla, yo le agradezco con la mirada. Es tan desbordante de una forma buena que me eriza—. Es un placer conocerla.Ella también se sienta, no dice nada mientras me mira, con esa sonrisa que poco a poco se apaga, hasta que sus ojos se llenan de lágrimas. Una lagrimas se escapa, y llevo mi mano hacia la suya sobre la mesa.—No te p
Arthur.Al dejar el teléfono a un lado, siento una presión en el pecho. Miro mis manos, y ahora soy consciente de todo el tiempo que llevo sin usar guantes.Eso es porque siempre quiero tocar a mi mujer sin perder un instante.Shura me mira por el retrovisor, y la pregunta sale sola.—¿He cambiado demasiado?Temo que mis sentimientos por Gia me hagan ver vulnerable.Él se sorprende por la pregunta. Jamás le había pedido opiniones.—Sigue ganando casos, señor.Tomo eso como algo positivo. Mi vida se tambaleó sin Gia a mi lado, pero en cuanto ella regresó, obtuve una gran victoria.Pese a lo que sucede con el maldito Dimitri, puedo decir que ella ha llegado a mi vida para traerme la suerte que no sabía que necesitaba.Llego al bufete y saludo a todos como de costumbre. Pero al entrar a mi oficina, suspiro.Su llegada anoche para buscarme me conmovió. Estuve todo el día buscando una solución estable para salvar el trasero de Dimitri y la empresa, mientras a la vez investigaba la posibili
Gia.Apenas Smirnov me divisa, sonríe, pero no es una sonrisa del todo alegre. Nos saludamos y cuando cuestiona si acaso quiero mudarme de la ciudad, niego.—No creo que vaya a gustarte mi respuesta —expreso, por lo que él guarda silencio—. No puedo seguir viviendo en esas mansiones, y decidí vivir con Arthur.No es una sorpresa para él, y luce decepcionado.—Usted es responsable de sus propias decisiones —se limita a decir—. Ahora, ¿está segura que esta vez sí quiere vender? Se ha retractado varias veces.Respiro profundo. Uno mis manos sobre la mesa. Quisiera poder decirle el por qué me estoy desligando al menos de eso, pero no sería seguro, con nadie.—Esta vez es definitivo.Él ni siquiera cuestiona nada más, se mete a su teléfono y hace algunas llamadas. Me dice que el lunes las mansiones deben estar completamente desocupadas, y que la empresa inmobiliaria irá ese día. Hablamos sobre el precio y luego se despide, afirmando que tiene mucho trabajo encima.—Por favor cuídese, señor
Arthur.Estiro mis manos tensas y respiro profundo. Poco a poco me controlo.Sé que Smirnov le contó cosas sobre mí. Y al enterarse que ella venderá las mansiones del difunto, sabrá que vivirá conmigo.Tomo finalmente mi teléfono de nuevo y llamo.Él no tarda en responder. Lo interrumpo cuando va a hablar.—Будь осторожен, чтобы снова не говорить Джиа обо мне плохо, адвокат. (Ten cuidado con no hablarle mal de mí a Gia, abogado.)Smirnov suelta un exhalo.—Ella ya sabe la clase de persona que eres. Aun así, sigue contigo.Corto la llamada, tiro el teléfono a un lado.Mis emociones han estado en una maldita montaña rusa desde que Gia me dijo que consiguió esas grabaciones.Es un alivio saber que solo vio lo que me conviene, y también lo es el hecho de que ella destruyera esa evidencia.Sin embargo, nada me hubiera hecho sentir mejor como quemar yo mismo esa basura.Shura estaciona frente a la empresa de mi nuevo cliente, y me ajusto el saco antes de salir de la camioneta.La mañana iba
Gia.Despierto sola en la cama de Arthur. No hay rastros de luz natural, pero tengo el presentimiento de que ya amaneció. Allí acostada, miro toda la habitación.Este es el lugar en donde muy seguramente despertaré todas las mañanas.Giro el rostro hacia la almohada a mi lado y la abrazo mientras percibo el aroma de Arthur. Sin embargo, mi estómago se tensa al recordar lo sucedido ayer, y nuestra conversación.La moral de Arthur se amolda a sus necesidades, y eso me hace pensar en si realmente cumplirá todas las promesas que me ha hecho hasta ahora.Decido no pensar en ello, pero los recuerdos de aquel vídeo aparecen. Siento un nudo en mi garganta.Lev fue como un padre para mí, pero fue un monstruo con numerosas personas. No puedo volver a dormir bajo el mismo techo donde llevó a cabo sus abusos.Al levantarme y notar que mis maletas no están a la vista, alzo una ceja. Abro el closet y me encuentro con mis pertenencias conocidas allí, mientras todo lo suyo está del otro lado. El cont
Gia.Tengo que sentarme en la cama para poder tranquilizarme. Allí respiro profundo, pero el nudo no se va de mi garganta.Intenté ignorarlo. No quería arruinar la noche de Arthur. No quería que se molestara.Pero su molestia por mi llanto hacia Lev me recordó nuestros acuerdos. Ya no estoy dispuesta a que me imponga cosas como esas.Y necesito decirle lo que vi, de todos modos, de alguna u otra forma terminaría descubriendo el porqué de mi actitud.Al finalmente calmarme, alzo la mirada hacia él.Arthur no se ha movido de su lugar. Está a medio vestir, con las manos en puño, mirándome de una forma que jamás me había visto.—¿Q-Qué viste?Me sorprende su titubeo. ¿Por qué tiene que verse tan molesto? Yo soy la que sufre.—No voy… No voy a decirle nada ni me ve de esa forma… Me asusta, señor Orlov.Arthur va a decirme algo, pero se lleva un puño a la boca y se muerde los nudillos. Luego se gira hacia la pared. Lo escucho respirar, intentar controlarse.Pasan unos segundos horribles.—D







