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Rumores

Autor: Lea Faes
last update Fecha de publicación: 2024-06-21 20:42:05

Los días siguientes fueron un torbellino para Tony, se levantaba al amanecer para ocuparse del rancho, cuidaba de Lupita por las tardes y por las noches se transformaba en el sensual bailarín que hacía suspirar a medio condado.

Una noche, mientras se preparaba para su show, Pancho se le acercó en el vestuario improvisado del Rusty Spur.

— Oye, Coyote —dijo, con una sonrisa pícara— ¿Ya te enteraste del nuevo apodo que te pusieron las clientas?

Tony arqueó una ceja, curioso.

— ¿Nuevo apodo? Pos' no me digas que ya no soy el Coyote.

Pancho soltó una carcajada.

— No, compadre, ahora te dicen 'El Semental de Texas'.

Tony casi se ahoga con el agua que estaba bebiendo.

— ¿El qué? —exclamó mientras tocía— ¡Pos' ya ni la amuelan! ¿Qué se creen que soy? ¿Un caballo de exhibición o qué?

— Pos' algo así, compadre —respondió Pancho, sin dejar de reír— pero no te quejes, que eso significa más billetes en tus bolsillos.

Tony sacudió la cabeza, pero no pudo evitar sonreír.

— Pos' ni modo si así me quieren llamar, que así sea, total mientras pueda seguir ayudando a mi amá y a Lupita, hasta de burro me disfrazo si es necesario.

Esa noche, cuando Tony salió a la pista, los gritos y silbidos fueron ensordecedores.

— ¡Ahí está El Semental de Texas! —gritó alguien entre la multitud.

Tony, decidido a vivir a la altura de su nuevo apodo, comenzó a moverse con más sensualidad que nunca.

— ¡Órale, muchachas! —gritó, guiñando un ojo al público—. ¡Que esta noche, El Coyote... digo, El Semental, va a hacer que se les olvide hasta cómo se llaman!

Las mujeres enloquecieron, lanzando billetes y gritando piropos cada vez más atrevidos, Tony, en su papel, respondía con comentarios igualmente picantes.

La noche transcurrió entre bailes, risas y propinas generosas, cuando finalmente terminó su turno, Tony estaba empapado en sudor pero con una sonrisa de oreja a oreja.

— Don Pedro —dijo, contando los billetes— creo que voy a tener que ampliar mi guardarropa, a este paso, voy a gastar más en aceite pa' los músculos que en comida pa' las vacas.

Don Pedro soltó una carcajada, palmeándole la espalda.

— Pos' tú sigue así, muchacho, que desde que empezaste a bailar aquí, el negocio va viento en popa.

Tony guardó el dinero, sintiéndose orgulloso pero también un poco abrumado.

— Pos' quién diría que estos músculos iban a ser mi boleto pa' salir de apuros, ¿Eh? Si mi apá me viera ahorita, seguro me daba de coscorrones por andar de exhibicionista.

Al llegar a casa esa noche, Tony encontró a su madre despierta, esperándolo en la cocina.

— M'ijo —dijo Guadalupe con preocupación— ¿No crees que te estás exigiendo demasiado? Te veo cansado.

Tony se sentó junto a ella, tomando sus manos entre las suyas.

— No te preocupes, amá, estoy bien, además —añadió con una sonrisa pícara— ¿sabías que ahora me llaman 'El Semental de Texas'?

Guadalupe abrió los ojos enormemente.

— ¡Antonio Treviño! —exclamó, entre escandalizada y divertida— ¿Pos' qué clase de show estás haciendo en ese bar?

Tony soltó una carcajada.

— Nada malo, amá, te lo juro por la virgencita, nomás bailo y hago el payaso un rato, pero pos' parece que a las muchachas les gusta.

Guadalupe sacudió la cabeza, pero no pudo evitar sonreír.

— Ay, Toño, eres igual a tu padre, siempre encontrando la forma de salir adelante, aunque sea de las maneras más locas.

Tony besó la frente de su madre.

— Pos' de algún lado tenía que sacarlo, ¿No? Y hablando de salir adelante —añadió, sacando el fajo de billetes de su bolsillo— mira nomás lo que trajo el Semental esta noche.

Guadalupe contó el dinero, sus ojos se llenaron de lágrimas.

— ¿Ay, m'ijo!

Tony la abrazó con fuerza.

— Vamos a poder pagar tu tratamiento y que te vas a poner bien, y si pa' eso tengo que bailar todas las noches y dejar que me llamen Semental, Potro o hasta Burro de Carga, pos' que así sea.

Guadalupe rió entre lágrimas, abrazando a su hijo.

— Eres un buen muchacho, Toño, tu padre estaría orgulloso.

Tony sintió un nudo en la garganta.

— Gracias, amá, y tú vas a estar bien, ya verás, entre El Coyote, El Semental y todos los apodos que me quieran poner, vamos a salir de esta.

Esa noche, mientras se preparaba para dormir, Tony miró por la ventana hacia el rancho que tanto amaba, la vida había dado un giro inesperado, pero él estaba decidido a enfrentar cualquier desafío que se le presentara.

— Pos' a darle, Coyote —se dijo a sí mismo— que la vida es como un rodeo: a veces te toca montar, y a veces te toca bailar, pero siempre hay que dar el mejor espectáculo.

Y con esa filosofía, Tony se preparó para otro día de trabajo duro en el rancho y noches de baile desenfrenado en el Rusty Spur. Porque para él, no había nada que no pudiera enfrentar con un poco de humor, mucho corazón y, por supuesto, unos cuantos movimientos de cadera.

Al siguiente día, muy temprano, Tony ya estaba de pie, listo para comenzar sus tareas en el rancho, con un suspiro, se pasó la mano por el cabello revuelto y miró hacia la habitación de su madre.

—Vamos, Coyote —se dijo a sí mismo —que la vida no espera a nadie, ni siquiera a los sementales de Texas.

Entró silenciosamente al cuarto de Guadalupe, encontrándola aún dormida, los efectos de la quimioterapia eran evidentes en su rostro pálido y el pañuelo que cubría su cabeza calva. Tony sintió que el corazón se le encogía.

—Ay, mamacita —murmuró, besando suavemente la frente de Guadalupe —te me vas a poner bien, ya verás, aunque tenga que bailar hasta que se me caigan las botas.

Salió de la habitación y se dirigió al cuarto de María donde se encontraba Lupita, la pequeña, que ya había cumplido 8 meses, estaba de pie en su cuna, sonriendo al ver a su padre.

—¡Buenos días, mi reinita! —exclamó Tony, levantándola en brazos —pos' mira nomás esa sonrisa. Si con eso hasta se me olvida que tengo más problemas que vaca en un rodeo.

Lupita soltó una risita, agarrando la nariz de Tony con sus manitas regordetas.

—Ay, chamaca —dijo Tony, fingiendo morderle los deditos —tú sí que sabes cómo alegrarle el día a tu apá, si no fuera por ti y tu abuelita, pos' ya me hubiera vuelto loco como gallina sin cabeza.

Mientras cambiaba a Lupita, Tony no pudo evitar reflexionar sobre cómo había cambiado su vida en los últimos meses.

—Mira nomás, m'ija le dijo a la bebé, tu apá era un vaquero hecho y derecho, y ahora ando de bailarín en un bar, pero pos' como dicen, Dios nunca se equivoca, y tú, mi Lupita, llegaste cuando más te necesitábamos."

Una vez que Lupita estuvo lista, Tony la llevó a la cocina, donde su prima María ya estaba preparando el desayuno.

—Buenos días, primo —saludó María —¿Cómo amaneciste?

—Pos' como siempre, prima —respondió Tony con una sonrisa torcida —con más problemas que pelos en la cabeza, pero listo pa' darle duro.

María rió, negando con la cabeza.

—Ay, Tony, no sé cómo le haces para mantener ese humor tuyo.

—Es un don, primita —dijo Tony, guiñando un ojo —eso y mucho café.

Después de desayunar y asegurarse de que María tuviera todo bajo control con Lupita y Guadalupe, Tony salió a ocuparse del rancho. Mientras arreaba el ganado, no pudo evitar notar que varias vacas parecían enfermas.

—Ay, no —murmuró, acercándose a una que lucía particularmente mal —pos' esto sí que no me gusta nada.

Pasó la mañana examinando al ganado, su preocupación fue creciendo con cada animal que mostraba síntomas de enfermedad. Para el mediodía, ya había contado cinco vacas muertas.

—¡Me lleva la que me trajo! -exclamó, pateando una piedra con frustración, y lanzado al piso su sombrero —pos' ¿Qué más me va a pasar? ¿Me va a caer un rayo encima o qué?

Sacó su teléfono y, una vez más, intentó llamar a los dueños del rancho, como siempre, solo escuchó el tono de marcado sin respuesta.

—¡Pinches patrones! —gritó al aire, su frustración había alcanzado el límite —¡Cinco años sin dar señales de vida! ¿Pos' qué se creen? ¿Que el rancho se cuida solo o qué?

Pasó los siguientes minutos despotricando contra los ausentes dueños, prometiendo todo tipo de venganzas cuando finalmente aparecieran.

—Ya verán —gruñó, guardando su teléfono —cuando se dignen a aparecer, les voy a dar un recibimiento que ni se imaginan. Les voy a decir sus verdades más claras que agua de manantial.

Regresó a la casa para el almuerzo, tratando de calmarse antes de ver a su madre, Guadalupe estaba sentada en la mesa de la cocina, luciendo pálida pero con una sonrisa en el rostro.

—¿Cómo te sientes, amá? —preguntó Tony, besando su frente.

—Pos' como si me hubiera pasado encima una manada de toros —respondió Guadalupe con un débil intento de humor —pero aquí andamos, m'ijo, dándole guerra.

Tony sintió que se le formaba un nudo en la garganta, pero lo disimuló con una sonrisa.

—Esa es mi jefa —dijo, guiñandole un ojo —más resistente que cactus en el desierto.

Se sentó junto a ella y comenzó a contarle sobre su mañana, exagerando sus aventuras para hacerla reír.

—.. .Y entonces, amá —dijo, gesticulando ampliamente —la vaca me miró como diciendo —¿Pos' tú qué me ves, güey?' Y yo le dije, 'Nada, doña, nomás checando que no se me haya volteado el corral'.

Guadalupe rió débilmente, sus ojos brillaron con diversión a pesar de su cansancio.

—Ay, Toño —dijo, sacudiendo la cabeza —tú y tus ocurrencias.

—Pos' ya ves, amá," respondió Tony con una sonrisa —si no me río, me vuelvo loco, y ya bastantes problemas tenemos en la familia, ¿No?"

La tarde pasó entre cuidados al ganado enfermo y preparativos para su show nocturno en el Rusty Spur. Cuando llegó la hora de irse, Tony besó a Lupita y a su madre, prometiendo regresar pronto.

—Cuídate, m'ijo —dijo Guadalupe —y no dejes que esas muchachas te manoseen mucho.

Tony soltó una carcajada.

—No te preocupes, amá, que este cuerpo solo es pa' mirar, no pa' tocar.

En el Rusty Spur, el ambiente estaba más animado que nunca, Don Pedro lo recibió con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Tony, muchacho! —exclamó —llegas justo a tiempo, el lugar está a reventar.

Tony miró alrededor, notando que, efectivamente, el bar estaba lleno hasta los topes, pero algo llamó su atención.

—Oiga, Don Pedro —dijo, frunciendo el ceño —¿O es mi imaginación, o hay más hombres de lo normal?

Don Pedro se rascó la cabeza, luciendo un poco incómodo.

—Pos' verás, Toño... Han estado corriendo algunos rumores por ahí...

—¿Rumores? -preguntó Tony, arqueando una ceja —¿De qué habla?

—Pues… —Don Pedro bajó la voz —dicen que ya no te gustan las mujeres, m'ijo, que ahora solo te rodeas de hombres.

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Último capítulo

  • Bandido de amor   Epílogo

    11 años despuésEl Sol apenas asomaba cuando Tony despertó, sintiendo el calor de Marjorie contra su pecho, la abrazó más fuerte, respirando el aroma a lavanda de su cabello, sus manos recorrieron suavemente la curva de su cintura, deleitándose con la suavidad de su piel bajo la camiseta.—Buenos días, princesa —susurró, besando su cuello con delicadeza.Marjorie se giró hacia él, sonriendo con los ojos cerrados, Tony se perdió un momento en sus pestañas, en la forma de su boca.—Mmm... cinco minutos más, vaquero —murmuró ella, acurrucándose más cerca.—¿Solo cinco? —Tony deslizó sus manos por su espalda, bajo la tela— Pos' yo tenía otros planes...La besó suavemente, tomándose su tiempo, saboreando cada momento, sus labios trazaron un camino desde su boca hasta su cuello, mientras sus manos exploraban su cuerpo.—Te amo —susurró cerca de su oído— cada día más.Marjorie respondió enredando sus dedos en su cabello, atrayéndolo más cerca, se besaron apasionadamente, olvidando el mundo m

  • Bandido de amor   Final

    El calor asfixiante de la corte hacía que hasta los abanicos parecieran rendirse. Tony se acomodó en el banco de madera, sintiendo cómo el traje negro le apretaba el cuello.A su izquierda, Marjorie repasaba documentos con el abogado, sus dedos tamborileaban sobre la mesa, a la derecha, Pancho masticaba un palillo, tenía los ojos clavados en la puerta trasera por donde entraría Sarah.—No mires pa’lla cuando entre —murmuró Tony — no le des el gusto.Pancho escupió el palillo al piso.—Pos’ si me pongo nervioso, mejor me avisas pa’ salir a respirar —respondió, limpiándose el sudor de la frente con un pañuelo rojo— esa víbora de cascabel va a escupir puro veneno.El golpe del mazo del juez hizo callar el murmullo de la sala, Tony apretó los puños cuando vio entrar a Sarah, escoltada por dos guardias.La que una vez fuera una mujer altiva ahora parecía una sombra, tenía el pelo grasiento pegado al cuello, pero sus ojos, esos ojos de víbora seguían brillando con el mismo odio.—Señora Joh

  • Bandido de amor   La justicia llega

    El sol quemaba como si el mismo cielo quisiera castigar la tierra aquel maldito día, la iglesia, llena hasta el tope de gente.Tony se mantenía inmóvil junto al ataúd de Guadalupe, con las manos clavadas en los bolsillos del traje que le quedaba apretado, cada apretón de manos, cada abrazo de los vecinos, le dolía más que una puñalada.—Tony, hermano… si necesitas algo —le decía Pancho por quinta vez, la voz le temblaba igual que sus bigotes—. Nomás avísame y…—Ya sé, compa —lo interrumpió Tony, sin mirarlo, con los ojos clavados en el crucifijo detrás del altar— Gracias.Marjorie, parada a su lado, le apretaba el brazo cada vez que sentía que su cuerpo se tensaba demasiado, Lupita, sentada en las piernas de María, jugueteaba con un pañuelo negro.—¿Abela? —preguntó la niña de pronto, señalando el ataúd con su dedito regordete.María tragó saliva, mirando a Tony de reojo, él cerró los ojos, sintiendo cómo el corazón se le partía otra vez, como explicarle a su pequeña que ya no vería a

  • Bandido de amor   El último adiós

    El pitido de las máquinas se escuchaba en el pasillo, era un sonido agudo y constante que parecía rasgar el alma de Tony.Los doctores se encontraban dentro del cuarto, sus voces entrecortadas se mezclaban con el sonido de los aparatos. Tony permanecía pegado al vidrio, sus manos temblaban mientras las mantenía apoyadas en la fría superficie, como si de esa manera pudiera transmitirle su fuerza a su madre a través del cristal.— ¡Ándale, amá! ¡Tú puedes! Pos' eres más fuerte que un roble viejo, siempre me lo has demostrado — susurró con voz entrecortada, cada palabra salía como un grito ahogado.Sus ojos no se apartaban del cuerpo inmóvil de Guadalupe, esperando, rogando que sus párpados se abrieran, que su voz volviera a sonar con ese tono cálido y firme que tanto lo había guiado.Marjorie y Pancho permanecían a su lado, Pancho lo sostenía por los hombros, mientras las rodillas le temblaban, Marjorie tenía las lágrimas corriendo por su rostro, pero se mantenía firme, sabiendo que Ton

  • Bandido de amor   Cobardes

    Tony o podía procesar lo que acababa de escuchar, Sarah, la madre de su hija, había intentado matar a su madre.— No puede ser... no puede ser... —murmuraba una y otra vez.— Tony, mi amor —Marjorie intentó acercarse, pero él se alejó bruscamente.— ¡Pos' esa víbora me las va a pagar! —rugió, su voz quebrándose— En cuanto mi amá salga de aquí, yo mismo...— Tony, por favor —Marjorie logró sujetarlo del brazo— Tu madre te necesita entero ahorita.El médico que había estado hablando con ellos fue llamado repentinamente por una enfermera que salió corriendo del área de urgencias.— ¡Doctor! ¡Es la señora Treviño! —gritó la enfermera.— ¡NO! —Tony intentó seguirlos, pero dos enfermeros lo detuvieron— ¡DÉJENME PASAR! ¡ES MI AMÁ!— Señor, no puede entrar —insistió uno de los enfermeros, luchando por contenerlo.— ¡Pos' suélteme! —forcejeaba Tony— ¡Mi amá me necesita!María, que sostenía a Lupita, se acercó a Pancho con lágrimas en los ojos:— Mi amor, tenemos que llevar a la niña al rancho,

  • Bandido de amor   Terrible noticia

    María corrió hacia donde yacía Guadalupe, al acercarse, el corazón le dio un vuelco al ver que no se movía. Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas mientras veía el cuerpo inmóvil de su tía.— ¡Tía! —gritó mientras se dejaba caer de rodillas junto a ella— ¡Por favor, tía! ¡Respóndeme!Sus manos temblaban mientras intentaba tocarla, una señora mayor se acercó corriendo.— ¡Dios mío! ¡La empujaron! —exclamó la mujer— ¡Yo las vi! ¡Vi todo!En lo alto de la escalera, Sarah y su madrastra seguían riendo, celebrando loq ue habían hecho.— Una menos —se burló Sarah con veneno en la voz— Vámonos antes de que llegue seguridad.— Que se pudra en el hospital, ojalá se muera —añadió la madrastra mientras se alejaban a toda prisa.La gente comenzó a arremolinarse alrededor, una joven se arrodilló junto a María.— Tranquila, ya llamé al 911 —le dijo con voz suave— mi esposo es médico, viene para acá.María no podía contener el llanto:— Es mi tía... es como mi madre... por favor… — suplic

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