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Cap. 13: Auto negro

Autor: M. Díaz
last update Fecha de publicación: 2023-03-09 23:40:45

Cap. 13: Auto negro

Ritter se levantó y tomando a Egmont de la mano se acercó a María. 

—¿Dónde está Lara ahora? —le preguntó.

María se sorprendió y juntando sus cejas repreguntó:

—¿Qué dónde está Lara?  —Ritter asintió —, Ah sí, fue a una diligencia.

El hombre se inquieto, con su mano abierta sobó su frente.

—Necesito hablar urgentemente con ella, ¿tiene su número?

—No traigo mi teléfono y no me lo sé —El hombre ladeó la cabeza y chasqueó la lengua.

Egmont  lo escuchó y  levantó su cabecita estirando el cuello para ver a Ritter, pero este miraba al frente, entonces jaló de su camisa y este  miró hacia el niño.

—Yo si me sé el número de mi mami —María desmesuró sus ojos sorprendida.  

Ritter se agachó al lado de su hijo y con admiración y esa mirada brillante le dijo:

—Ve diciéndome los números y yo los marco —Ritter sonreía henchido de orgullo viendo conque seguridad los dijo sin rectificar ninguno.  

Ritter espero respuesta pero Lara no le atendió.  Se removió inquieto. Luego pregunto:

—¿Dónde puede estar metida que no responde?

Egmont a su lado levantó las cejas y como si repentinamente recordase,  le dice —: ¡Ah, eso debe ser  que esta reunida con tío Emil.  

Ritter apretó la mandíbula y frunció el ceño llevando el celular a su bolsillo.  

—Entonces deben estar muy ocupados —dijo y se balanceó de lado a lado mientras hablaba con ironía.

Egmont lo miró de reojo y con carita traviesa le preguntó:

—Oye, Ritter. ¿Tienes novia?

Ritter se bajó hasta ponerse en cuclillas, sonreía jocoso oyendo a su hijo.

—¡¿Novia?

—Sí, los novios se ven y se oyen toooodo el tiemo que están juntos. Se miran  cada rato y se ríen, hasta de sólo verse se ríen.   —Ritter vio a María y ambos rieron—, ah y también se dan besitos.

Ritter recordó su corto tiempo de noviazgo con Lara, los momentos que compartieron y su mirada  siempre tierna, brillante y fija en él, se reía también, se reía mucho cuando estaban juntos, sonreía de solo recordarlo.

Egmont le tocó el hombro con golpecitos para sacarlo de sus pensamientos.

—Mira… Entonces dime si tienes novia.

—Si es así como dices entonces no tengo novia —dijo con picardía.

Enseguida Egmont sonrió esplendido y continuó diciéndole:

—Es qué mami tampoco tiene novio… ¿No crees que mi mami es muy hermosa?

El hombre se acomodó la corbata y miró de reojo a María.

—Sí, es muy hermosa, pero  ella y ese amigo Emil?

Egmont ladeó su cabecita y encogió su nariz, mientras negaba con los labios apretados… después le dijo—: A ella no le gusta Emil, bueno si le gusta pero como su amigo.

—¿Cómo sabes que sólo le gusta como amigo? —preguntó Ritter muy serio.

—Porque él siempre le regala flores, pero mi mami no le da besitos, sólo toma las flores porque le gustan…

—¡Ah, ya veo! Pero creo que a tu mami no le gustan como yo.

Egmont rodó sus ojitos de lado a lado, entonces con avidez  le dijo:

—¿Por qué no le regalas flores? —Ritter sonrió.

—¿Le estás buscando novio a tu mami?

Egmont rió sonoro.

—No, yo sólo quiero verla feliz y que sonría.

—¿Es que no sonríe?

—No como antes… —rodó sus ojitos al piso y agregó—…, de que yo enfermara.

Ritter sintió esa punzada nuevamente. Se levantó y le tocó la nariz.

—Voy a regalarle flores, te lo prometo —Egmont levantó sus cejas y le mostró su puñito, el cual Ritter tocó.  

—Señora María, puede llevárselo Ya… Yo me comunicó con Lara más tarde. Gracias por su tiempo.

—No se preocupe doctor. Hasta luego.

María bajaba la acera con Egmont de la mano cuando Ritter  divisó de frente una auto negro  que venía a gran velocidad y pudo notar claramente que el conductor tenía puesta una montañera negra y grandes gafas oscuras e iba directamente hacia María y su hijo.  Ritter sintió el gran peligro en que estaba su hijo y la abuela, así que sin pensarlo saltó a la calle y en su carrera se   atravesó al auto empujando lejos a María con el niño y quedando él en el piso,  obligando al conductor a maniobrar para esquivarlo y llevándolo a chocar contra su auto aparcado al frente. En el rebote el auto negro golpeó a Ritter cuando se levantaba, expulsándolo a distancia, mientras emprendía  una aparatosa huida dejando partes que se le desprendían por toda la calle.

Egmont corrió con María a ayudar a Ritter, pero estaban muy asustados.

Ritter llamó a la policía que se presentó al lugar enseguida.  Mientras una ambulancia llegaba y subían a Ritter en ella.  Lara llegó en ese momento, se sorprendió al ver que María estaba frente a la ambulancia.

—¿Mamá que sucede? ¿Qué te pasó? ¿Estás bien?

—Si hija, gracias a Dios no nos pasó nada.

Lara miró a la ambulancia y vio a Egmont adentro.

—Egmont,  ¿Estás bien?

—Mami estoy bien, pero mi amigo no, él nos salvó y ahora está mal —los ojitos de Egmont se movían de un lado a otro asustadizos.

Lara se volvió para ver quién era la persona herida y se encontró con Ritter tendido en la camilla y a quien  atendían los paramédicos. Le colocaban un collarín y le inmovilizaban las piernas.

—¿Qué … Qué haces ahí Ritter?  ¡Dios mío! ¿Qué pasó?

—Un arrollamiento señora, el señor fue arrollado por un vehículo que se dio a la fuga.

—Ahhh, ¿Pero está bien?

—Sí —respondió el hombre—, sólo el golpe en la pierna —, ¿usted  lo acompañará al hospital?

—Mami, se lo van a llevar solito, no mami, no lo podemos dejar solito.  Él salvó a la abuela y a mí —los ojitos de Egmont se aguaron. Lara no entendía nada.

Ritter le habló entonces:

—Estoy bien Lara, llama a un oficial aquí, por favor.

Un oficial se acercó a Ritter.

—Mire oficial el auto que está al frente es mi auto, los pedazos que ve en calle son del auto que me impactó. Pienso que intentaban llegar hasta la señora y el niño, yo me atravesé para impedírselo, fue un intento de asesinato. Revisen las cámaras de seguridad.

—Está bien, investigaremos. Él auto será llevado a la comisaria, le llamaremos.

Lara subió a la ambulancia y preguntó:

—¿A dónde lo llevan?

—No iré a ninguna parte —aclaró Ritter —. Tú y yo necesitamos hablar ahora mismo.

Lara y María lo ayudaron a subir al ascensor, mientras que Egmont le llevaba el abrigo y los guantes.

Al entrar Egmont corrió a la mesa y trajo una silla a rastras.

—Mami sube su piernita aquí.

Ritter se emocionó por el gesto de su hijo. Asintió agradeciendo.  Luego se dirigió a Lara  enojado:

—¿Con quién estabas que no atendiste mi llamada?

Lara lo miró de reojo mientras le llevaba la pierna a la silla. María llegaba con las bolsas frías, Egmont se las ponía en el pié y María en las piernas. Lara los miró a todos, respiró profundo y les dijo:

—Bueno, ahora me dejan sola con este señor, que tenemos que hablar. 

Egmont alzó sus manitas y dijo:

—Mami, dale comida que seguro tiene hambre —Ritter miró a Lara y esta,  al igual que María y él soltaron la risa. Después de que todos soltaron esos nervios, ese  susto y aquél temor que los sacudió con aquellas risas, todo quedó en silencio. Entonces se centraron en Egmont, quien  trémulo comenzó a decir:

—Mami—,  yo tuve mucho miedo, oí las llantas de ese auto tan cerca de mí que tuve mucho miedo y si tu amigo olvidado no hubiese corrido y nos empuja, mi abuela y yo estuviésemos en el hospital o no sé que nos hubiese pasado —Egmont apretaba sus deditos de una mano dentro de la otra y no miraba a nadie, sólo sus ojos estaban muy abiertos mientras brotaban lágrimas.

Lara desmesuró sus ojos y levantó a su hijo en brazos apretándolo fuertemente, ella lo consoló, calmándolo.  Ritter apretó la mandíbula.  Pensó entonces en lo que pasó... Su hijo estaba tan afectado que al narrar lo que vio y sintió, se metió de nuevo en ese momento.

«Él sintió aquél auto tan cerca de él porque vio que sus llantas iban en dirección a él y por eso sintió ese pánico que acaba de revivir. Ese auto tenía una sola finalidad y era acabar con mi hijo»

—Lara —dijo Ritter levantándose—. Ustedes no pueden quedarse aquí, sus vidas corren peligro, aquí están en un gran peligro.

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