MasukCap. 12: Magia
Lara llegó al departamento y se encontró a su madre jugando con Egmont. Entró aún echando chispas, sin embargo se calmó frente a su hijo.
—Egmont, mi amor ¿por qué aún estás despierto? ¿Ya cenaste? —preguntó con la voz aún tensa.
Egmont arrugó su entrecejo y las comisuras de sus labios bajaron instantáneamente, mientras le decía:
—Sí mami, ya lavé mis dientes y puse mi pijama, sólo quería verte antes de dormir.
Lara se volvió a su madre y ladeando la cabeza rodó sus ojos a Egmont y después a ella. Su madre levantándose del sofá le dijo:
—Él insistió en esperarte.
Lara se agachó y abrazó a su pequeño.
—Mi bebé siempre espera a mami… —Sonrió enternecida y levantándolo en sus brazos le dio un besito en la mejilla y lo devolvió al piso—, ve a la habitación ya te alcanzó. Egmont sonrió y avivó su mirada. Dando saltitos se encaminó a su habitación pero oyó a Lara decir en tono bajo:
—Mamá, ¿Quién tiene los documentos sobre Ritter Wolf?
Egmont ladeó la cabecita arrugando el entrecejo y con curiosidad caminó lentamente hacia ellas, entonces preguntó:
—¿Mami, ese señor es el del aeropuerto?
Lara apretó los ojos al darse cuenta que Egmont la oyó. Luego sonrió al verlo, notando su ceja levantada y su mirada curiosa.
—¡Vamos a la cama, que ya es tarde! —le dijo con apremió mientras lo apretaba.
Después de acostarlo se inclinó y le dio un beso en la mejilla.
Egmont, tamborileó sus dedos sobre la cobija y con los parpados bajos los observaba , entonces preguntó dubitativo.
—Mami, ¿Tú si conoces a ese señor?
Lara tragó saliva y frunciendo los labios a la derecha, lo miró indecisa sobre cómo responderle, pero sabiendo lo vivaz de su hijo entonces se sentó a orilla de la cama y le dijo:
—Sí, lo conocí tiempo atrás, cuando visitaba a tu abuela.
—¡Ahh! Fue que no lo recordaste en el aeropuerto —dijo moviendo su dedo índice mientras la señalaba.
—Bueno, es que a veces olvidamos a las personas…
—¡Sí! Yo a veces también olvido al nutriólogo cuando quiero chocolates.
Lara levantó una ceja por un instante y luego entrecerrado los ojos le susurró:
—¡Entendiste mejor de lo que esperaba! —Egmont enserio su rostro, entonces Lara sonrió pegando su frente a la de él y agregó—: Será mejor que duermas.
—¡Sí mami, buenas noches!
Lara lo abrigó bien y apagó la luz al salir.
***
Lara se asomó al balcón. Vio un auto aparcado frente al edificio y pensó:
«Ese auto lleva un tiempo aparcándose allí cada noche, luego vuelve hasta la puerta del edificio cada mañana. Está sospechoso»
María venía con dos tazas de café y se acercó a Lara dándole una.
—¿Qué me dijiste sobre Ritter Wolf? —preguntó María.
—Te pedí el acta de divorcio —María se sentó y sorbió el café sin dejar de mirar a su hija. Lara agregó—: Por favor mamá, aclárame lo que quiso decir Ritter con: “habla con tu madre que ella si sabe lo que te conviene”.
Lara caminó y puso la taza de café en la mesa, luego se sentó frente a María.
—Bueno… Ya que él no se atrevió a decírtelo yo si lo haré… —María le habló con firmeza—. Cuando fui a solicitar tu divorcio, Ritter Wolf se negó, él no aceptó el divorcio.
—¿Qué? ¿Y por qué?
—Me envió con sus abogados. Entonces consulté con el abogado de los Bauer quien me dijo que no valía la pena litigar contra él, ya que sus abogados eran los mejores del país, que nunca les ganaría, que no te ibas a poder divorciar de él hasta que él lo decidiera.
—Mamá, pero por qué no me dijiste eso antes, yo hubiese buscado la forma de persuadirlo.
—Nunca me lo preguntaste, sólo lo diste por hecho.
—Mamá, pero era tu deber. Yo puse eso en tus manos.
—Lara, cuando le pregunté el motivo de su negativa, me dijo: “nunca le daré el divorcio a Lara” yo le refuté que era eso lo que tú querías, entonces fue tajante al decirme: “Lara no puede separarse de mí porque entre ella y yo existe un lazo muy fuerte”. No fue hasta aquella madrugada que me llamaste para decirme que ya era abuela cuando entendí esas palabras del doctor Wolf.
Lara tomó una bocanada de aire, sin embargo las palabras salían entrecortadas y titubeantes.
—Mamá, ahora él se cree con derechos sobre mi hijo.
—Los tiene Lara, no puedes negárselos, él es el padre de Egmont.
—No mamá, tú no entiendes, yo nunca te he dicho que Egmont es hijo de Ritter Wolf.
—Nunca ha sido necesario, Ritter Wolf me lo dijo desde antes de que naciera. Y si algo admiro de los alemanes es que son muy celosos con su sangre y responden inalterablemente por sus hijos. Son realmente fieles a esos lazos. Él es el padre de Egmont y eso tienes que respetarlo, aceptarlo y darle su lugar. Por eso no insistí con el divorcio, más aún cuando vi sus ojos y esa mirada dura de Ritter Wolf en el rostro de mi nieto...
Lara dejó rodar lágrimas por sus mejillas, sólo veía cuan equivocada estaba su madre, no entendía la realidad tan reveladora de María.
—Mamá él no… —Riiiing, Riiiing —el teléfono de la casa sonó rompiendo aquella reveladora conversación.
María contestó, luego se acercó a Lara y limpiándole las lágrimas le dijo:
—Lo más importante es la salud de tu hijo, lo demás se puede solucionar después. Recuérdalo hija —Lara asintió mirándola con el corazón arrugado y la tristeza en todo su ser, luego dijo—: Es Emil, atiéndelo.
—Hola, Emil —respondió Lara con la voz trémula.
—¿Te sientes mal? —le preguntó preocupado.
—No, estoy bien. Ya me iba a dormir.
—Es quiero decirte que he decidió que te tomes un tiempo de baja.
—¿Por qué? ¿Sucede algo con las farmacias?
—No, es que me puse a pensar que si vienes a la oficina no tendrás tiempo suficiente para buscar a ese hombre y eso es lo más importante en este momento.
—¿Seguro qué es eso?
—Todo está bien. Sólo quiero lo mejor para ustedes.
—Siendo así acepto. Gracias Emil.
—Pero ojo, yo estaré al pendiente de ustedes dos.
—Eso lo sé y te lo agradezco mucho —Emil sonrió emocionado.
Lara se tumbó sobre la cama y meditó sobre las palabras de su madre.
«Mi madre también encuentra a Egmont parecido a Ritter. No, peor aún, no lo encuentra parecido asegura que es idéntico a él y está convencida de que es el padre de mi hijo»
Se abrigó y cuando iba a apagar la lámpara recordó algo que la mantuvo en vilo toda la noche.
«¿Podría ser Ritter el padre de mi hijo? Dios mío, si es así me ha estado mintiendo también con eso, me engañó desde el instante mismo en que puso sus manos sobre mí como paciente… Entonces es un monstruo…
Al día siguiente después del almuerzo, Lara fue a recoger los resultados de los exámenes de Egmont.
El niño bajó del transporte y feliz corrió hasta su abuela que lo esperaba frente al edificio, ella aprovechó que Lara no estaba para consentir a su nieto.
—Vamos a la heladería, voy a dejarte comer un helado de chocolate.
Egmont saltó emocionado, pero le dijo:
—¡Que rico abuela! Pero un helado chiquitito, para que no me haga vomitar —María asintió sonriéndole.
Cuando entraban a la heladería, Ritter se paró frente a ellos.
—¡Señor Ritter! —exclamó María sorprendida.
—Señora María —asintió él saludándola, luego se volvió a Egmont quien le estiró su manita.
—Hola conocido —le dijo sonreído. Ritter lo miró enternecido y lleno de orgullo al ver como tenía aquél porte y su rostro, porque desde sus ojos hasta lo estirado de su nariz y esa mirada, era como verse en las viejas fotos que guardaba su madre.
—María, ¿puede dejarme un ratito con él, por favor? —María se encogió de hombros.
—¡Claro! —Exclamó s y se alejó un poco.
Ritter buscó dos vasos grandes de helados de chocolate.
—No puedo comer todo eso —le dijo enseguida. Ritter frunció el ceño.
—¿No te gusta el chocolate?
—Sí, me encanta, pero no puedo comer esa cantidad —dijo Egmont con seriedad —, si lo como todo me desmayo —y tomando la cucharita agregó—: Me comeré sólo un poco, porque no quiero que me hagan otra vez esas terapias que me marean.
Ritter cerró su rostro, él como médico sabe qué enfermedad puede ser. Entonces preguntó:
—¿Acaso es esa enfermedad rara que no te permite comer lo que le gusta a los niños?
—Sí, pero pronto podré comer todo lo que quiera, porque mi mami está buscando a mi papá. Él me ayudará, él tiene esa magia y con él estaré bien para siempre —esto hizo encoger el corazón de Ritter, un extraño dolor hincó hondo y con fuerzas en él —, pronto estaré bien, vinimos aquí por mi papá, por su magia.
—¿Tú madre te dijo que tú papá te dará esa magia? —Ritter estaba conmocionado.
Cap. 114: El beso de los novios. El enorme jardín de la mansión de Derek Wolf estaba decorado de colores pasteles y un gran arco de rosas Blancas lo cubría. Había muchas piedrecitas en el largo camino desde la puerta del jardín hasta el aro de los novios. Un sacerdote estaba esperando mientras apretaba su libro de oraciones en sus manos y un colgante del rosario marcaba unas cuantas enseñanzas que daría el cura a los novios y los presentes ese día, soleado y maravilloso.Aby salió de la mano de su padre, un anciano abogado que se veía tan orgulloso de su hija y de todo lo que ella representaba… Se detuvieron en la entrada principal hasta oír el arrancar de la orquesta y los coros.Todos se pusieron de pié cuando sonaron los compases de un Ave María cantados por un coro de pequeñas y bellas niñas que entre risas y bromas lo cantaban acompasadas.La clínica estaba toda presente. Todos los compañeros de trabajo de los novios y los dueños de las clínicas Wolf estaban allí…El novi
Cap. 113: Un perdón no es suficiente.Derek esperaba en la sala de operaciones, mientras Mía y Ritter estaban en la sala de operaciones. El rostro de Derek estaba totalmente serio, de su boca nadie había oído que pronunciase alguna palabra desde que vio a Aby en aquel pozo de sangre…—Hijo —le dijo Zav sentándose a su lado y apretando su mano dentro de la de él—. Todo va a salir bien.Derek continuaba viendo al frente, a la nada.—A veces no sabemos con quien convivimos, y tu madre siempre ha sido manipuladora, pero jamás imagine que fuese capaz de hacer todas las cosas que te hizo para evitar que te unieras a esta muchacha.Derek resopló.—Mi madre aceptó a Adalia a mi lado, sólo porque con ella a mi lado yo obtendría la vice presidencia de las clínicas, de lo contrario no lo hubiese hecho. Ya luego con nació Berit ella sintió que tenía a alguien más en su vida.Zav sonrió.—Sí, ella pensó que tendría a alguien más a quien manipular, pero se encontró con una dura roca, es decir, Be
Cap. 112: ¡Paralítico!Derek salió de la habitación mientras su madre le seguía.—Madre ¿qué haces aquí? ¿Por qué no avisas que vendrás y llegas así sin avisar y sin tocar a la puerta de los demás… ¿Hasta cuando esta invasión a mi privacidad?—Derek, he venido porque quiero salvarte precisamente de ese francés. ¿O acaso estás interesado en ese francés?Derek soltó la carcajada.—Madre, te repito: ¡RESPETA MI PRIVACIDAD! Lo que yo haga con mi vida es mi asunto y tú no tienes nada que ver con ella. ¿Estamos?—No estamos, no me resigno a ver que tú, sólo por esa necesidad de cariño y de ser reconocido seas capaz de aceptar a ese hombre aquí…—Mamá tú viniste por qué quieres separarme de ese hombre o de todo lo que “ese hombre significa para mi”… ¡MALDICIÓN VETE! DÉJAME DECIDIR LO QUE QUIERO EN MI VIDA Y CON QUIEN! Derek le gritaba tan fuerte que Jérémie estaba muy nerviosa en la cocina caminando de un lado a otro, las mucamas estaban caminando también alrededor de las escaleras y los
Cap. 111: SituacionesDerek apretó la mano de ella cuando la sintió querer zafarse de su agarre, entonces ella chilló de dolor y él miró la mano que mantenía sostenida entre las de él para quedarse sorprendido al ver que el dedo meñique estaba toda la piel negra por una quemadura que había sufrido. Derek se quedó estupefacto al darse cuenta de que su amada Aby tenía una quemada igual a la que había sufrido, esa mañana, su chef Jérémie en la cocina, justo cuando preparaba las delicias que todos degustaban y halagaban por su exquisito sabor. En silencio simuló no haberse dado cuenta de nada, quería escuchar que le diría Aby con respecto a lo que tenía en ese preciso dedo.—Aby, ¿te pasa algo? ¿Te duele esta mano?Ella lo miró con dolor en sus ojos y a punto de llorar.—Es que me quemé este dedo cuando ayudaba a adornar las mesas de degustación, ya sabes que me gusta hacer eso.—Sí, ya veo. Pero es que eso lo tenía que hacer mi chef Jérémie y resulta que este se fue y ni siquiera t
Cap. 110: Doble compromiso.Después de 15 días de intenso trabajo entre las clínicas y la mansión de Ritter preparando los adornos y envolviendo los regalos y premios a entregar al personal, así que se hizo intenso el trabajo que tuvieron que hacer entre todos.Aquél día el rollizo chef llegó bien temprano a las clínicas, ya en las cocinas las ayudantes habían acondicionado con todos los ingredientes que el chef había pedido con antelación.Jérémie estaba ajetreado aquella mañana, mientras que Derek se movía angustiado y marcaba cada cinco minutos un número telefónico, sin embargo ese número parecía estar apagado.Derek entró al auditorio y Lara estaba siendo ayudada a colocar una tarima en el centro, los hombres movían cada cosa según las instruciciones de ella, Derek se le acercó y le preguntó.—Lara, ¿Has tenido noticias de Aby hoy?—Sí, ella está muy ocupada así que no podrá estar por estos lados…—¿Qué dices? ¿Y por qué no podrá estar por aquí? —Por qué ella estará hoy prepar
Cap. 109: Mi esposaSi Derek tenía dudas sobre luchar o no por volver a conseguir el amor de Aby, con este beso todo quedó muy claro. Él no la dejara ir esta vez.Aquella mañana Jérémie llegó muy temprano, estaba animado y conversador. La primera en notarlo fue Berit.—Hallo, Jérémie. Hoy estas contento. ¿Por qué?—Quizás y sólo quizás comparta contigo hoy algún secretito de cocina.—Entonces vendré directo a la cocina hoy. Por cierto Jérémie, la abuela se fue a su chalet, así que en cuanto regresé de clases podemos esta a nuestras anchas.—¿Te gustaría que traiga a Arón más tarde?—Sí —Berit abrió sus ojos enormemente y junto sus manos —. Soy muy feliz al poder compartir con mi… Amiguito Arón. Jérémie sonrió divertido y agregó:—Haré un postre que les guste a los dos.—Nos vemos Jérémie, estoy muy feliz hoy porque tú estad feliz y me traerás a mi niño Arón.***Derek aquella mañana se vistió en un traje de taller en beige todo con una camisa en dos tonalidades más oscuras, lo q







