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Cap. 26: Confusión 

Penulis: M. Díaz
last update Tanggal publikasi: 2023-03-24 23:56:38

Cap. 26: Confusión 

La mansión de Ritter está repleta de gente decorando los jardines para el festejo del cumpleaños de Berit. Ritter se encuentra en Suecia dictando  una conferencia,  pero estaría de regreso en casa aquella noche.

Lara recibe una llamada de Ritter aquella mañana.

—Lara, no me has pedido nada desde que regresaste.

—¿Qué t puedo pedir Ritter, no necesito más de lo que tengo ya?

Ritter sonrió para él.

—Lara, esta tarde es el cumpleaños de Berit, y aunque sé que eres muy sencilla y reservada, la prensa estará en la casa… Voy a darle instrucciones al chofer para que te lleve de compras para ti y para Egmont.

—Es horrible para mi ir de compras, además Ritter tanto mi hijo como yo estaremos a gusto con vestirnos con algo de lo que tenemos en el ropero.

—¡NO! —Subió el tono de voz —Lara frunció el ceño, ella es un poco reacia a imponencias—. Tú eres mi esposa, para la noche cuando llegué lo haré acompañado de algunos colegas que están conmigo en esta ponencia.  

Lara respiró profundo.

—¿Llamas avisarme o para discutir conmigo? —preguntó en tono seco.

—Está bien, no discutiré. Te preparas y vas con el chofer. Ah, creo que es conveniente que madre te acompañe.

—No Ritter, por favor… Puedo ir sola.  

—Madre se está portando bien contigo estos días, así que irás con ella.

Lara banqueó los ojos.

—Quiero que estés bien elegante y adecuadamente vestida.

—…, pero ¿no confías en mis gustos?

Ritter se quedó en silencio.

—No es eso, sólo que es una ocasión diferente. Cuídate  —y cerró la llamada.

Minutos después Aby  ya estaba llamando a la puerta.

—Señora —la cara de Aby lo decía todo, sus labios apretados—. El chofer y… —Lara parpadeó rápido y puso boca de pato—. Y la señora Marlene con su amiga la esperan en el auto…

Lara desmesuró sus ojos y su primer instinto fue llamar a Ritter y gritarle:

«Estúpido, ¿cómo puedo confiar en tu madre?»

—¡AH! ¿Y ahora qué hago?

Respiró profundo y se contuvo.

«No puedo molestarlo, está trabajando, pero ya me oirá…»

—Está bien Aby,  ¡ya estaré lista en un santiamén!

Lara corrió al baño, en pocos minutos estaba lista, antes entró en la habitación del niño.

—Aby, por favor cuídalo bien! —Le dio un beso a su hijo y le hizo una cruz en la frente con sus dedos.

Se fue enseguida al garaje, pero al subirse al auto y dar los buenos días la respuesta fue:

—¡Por Dios Lara! ¿Cómo vas a salir de compras con ese atuendo ridículo?  —Marlene le decía entre risas burlonas acompañada de la susodicha… Erika.

Lara rodó sus ojos de una a la otra y sonriendo sólo dijo:

—¡Bingo! Por fin se les ve feliz al verme. Logré esas risotadas… —saltaron sus cejas repetido y sonriendo ella, les dijo—:  “Con eso tengo mi día hecho”…

Las mujeres cerraron su rostro de inmediato.

—Lara, creo que debes cambiarte… —Lara sin esperar más se dirigió al chofer.

—Disculpe suegrita, pero tengo un niño que atender y no me voy a devolver para ponerme un jeans o un vestido como ustedes —con sonrisa hipócrita le sonrió y completó—: La próxima prometo estar más a compás con ustedes dos…  ¿Vale!

Se giró al chofer.

—Vamos al taller donde va Ritter, dijo que usted sabe.

—No, Lara. Allí es sólo caballeros, así que iremos a mi diseñadora. —Lara sonrió asintiendo.  

—¿Cómo diga?

Poco después entraron a un lujoso taller donde se leían claramente grandes y lujosas marcar.

Lara se sintió aburrida con estas dos mujeres que sólo hablaban del diseñador tal y cual…

Lara las dejó entrar primero y esperó a que saludaran a una mujer muy elegante a las puertas del lujoso atelier.

—Querida Frida —dijo Marlene—. Ella es la esposa de Ritter, para ella necesito trajes acorde para una fiesta infantil y un traje de noche.

—Eres muy linda, muchacha —fue el comentario de Frida.

Marlene de seguido asió a Erika y a la diseñadora por el codo y se alejó. Lara quedó atrás ignorada por completo.

Lara rodó sus ojos y se dedicó a revisar las prendas colgadas en la tienda…

Una señora vino por ella:

—Por favor sígame  para que se pruebe los trajes.

Lara entró en un vestuario y se probó unos hermosos trajes para el día y la noche, Erika señalaba en un catalogo y Marlene ordenaba lo que se probaría. Lara le gustó todo, también zapatos acordes a los trajes. Frida llegó a quedar boquiabierta:

—¡Niña pero que cuerpo tan hermoso tienes! ¡Todo te sienta de maravillas!   Se me ocurre, que me puedes ayudar para ajustar y terminar estos, ¿Puedes hacerme el favor? Son para una bailarina exótica.

Lara miró aquella braga y se encogió de hombros,  al ponérsela ella misma se sorprendió de lo bonito que le quedaba, sólo que mostraba casi todos los senos y hasta el ombligo, todas se quedaron sorprendidas, se entallaba demasiado bien a su cuerpo.

—¡Guao! —Exclamó Frida ante la mirada afilada de Erika y las cejas levantadas de Marlene—. Hasta pareces modelo de grandes pasarelas.

Lara sonrió y opinó:

—Son verdaderamente hermosos y delicados, pero se muestrea demasiado —comentó Lara —mi esposo me ve con algo así y no me deja salir de la habitación.

Erika le lanzó puñales con la mirada.  

—Bueno, a ti no se te ve vulgar, es más diría que te ves genuina y sensual, nada vulgar.

—Envías los trajes que escogimos y los zapatos a casa, también la lencería. Vamos para que escojas los trajes para mi nieto —dijo Marlene, luego ellas se quedaron en un bar y la enviaron con el chofer.

Al llegar a la mansión, Lara se quedó en los jardines con Egmont y Aby, mirando y explorando la bonita decoración.

Ya en la tarde ella y el niño hicieron la siesta, al despertar se encontró con los paquetes del atelier. Mandó a preparar al niño, y luego le pidió a Aby que sacara la ropa de los paquetes y colgara todo en el vestier.

Cuando salió del baño, Adalia tocaba la puerta con insistencia. Lara abrió y se asomó, vio que Adalia vestía un conjunto de falda corta con plises y chaqueta corta en un azul celeste sobrio, zapatos de tacón medio…

—¿Aún no estás lista?  —preguntó—. Necesito que me ayudes. Ni Marlene ni Derek han llegado y se ve feo que esté sola recibiendo a los invitados.

—En unos minutos estoy contigo.

Aby la llamó a donde estaba la ropa extendida en la cama.

—Señora Lara, ¿a usted le gustaron esos trajes?  

Lara desmesuró sus ojos y su rostro palideció al ver lo que había en la cama.

—¡Dios mío! ¿Qué es esto?  

—Señora Lara ¿esos trajes, esos trajes los escogió la señora Marlene y Erika?

—¡No, esos trajes son de una bailarina exótica! Es una confusion. Me  enviaron los trajes equivocados.  ¡Dios mio! Si no logró recuperar el traje para esta noche, no podré acompañar a Ritter esta noche… Sentirá vergüenza de mi…

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