공유

Capítulo 2 Una noche con mi prometido

작가: sasuke
last update 게시일: 2025-11-05 03:38:43

—¿Cómo sabe mi apellido? —preguntó. Su voz sonó más aguda de lo que pretendía.

Él inclinó la cabeza, como si la pregunta lo divirtiera.

—¿No es obvio?

Y entonces los vio.

Dos anillos idénticos en su mano. Los mismos que habían llegado a casa hacía un mes con el representante del duque. Los que su padre había guardado cuidadosamente en el escritorio mientras discutía “los términos del compromiso”.

—Nicolás —susurró Carmen.

—Finalmente —dijo él, quitándose la máscara—. Pensé que nunca lo adivinaría.

Su rostro era exactamente como lo había imaginado… y completamente diferente al mismo tiempo. Atractivo, sí, pero había algo más en sus facciones: una intensidad que le despertaba un recuerdo lejano que no lograba ubicar.

Por un instante, el mundo pareció detenerse. Carmen seguía mirándolo, intentando procesar lo que acababa de descubrir, cuando un murmullo creciente se extendió entre los invitados. No tuvo tiempo de reaccionar antes de que una risa familiar helara el aire.

—Vaya, vaya… parece que nuestra Carmen no ha perdido el gusto por los juegos de fantasía —dijo Andrea, avanzando con Daniel a su lado.

Su tono era tan dulce como venenoso, y su sonrisa, la misma de siempre: esa que usaba antes de clavar el cuchillo.

—¿Qué quieres, Andrea? —preguntó Carmen, sin ocultar su fastidio.

—Nada, solo saludar a mi prima —respondió, fingiendo inocencia—. Me alegra ver que ya encontraste un nuevo entretenimiento.

Miró a Nicolás de arriba abajo, con burla apenas disimulada—. Aunque no creí que te conformaras con un hombre que tiene que esconderse detrás de una máscara.

Daniel soltó una risa incómoda.

—Andrea… —Intentó advertirle, pero ella lo ignoró.

—Oh, no te ofendas, Carmen —continuó ella, con voz empalagosa—. Es solo que cuesta creer que alguien como él quiera comprometerse contigo después de que todos sabemos… bueno —sonrió con malicia—, lo rápido que te reemplazaron.

Un murmullo recorrió el salón. Carmen sintió la sangre hervirle en las venas, pero se obligó a mantener la cabeza en alto.

—Si vas a decir algo, dilo sin rodeos, Andrea —replicó con firmeza—. O al menos intenta no hacer el ridículo frente a todo el salón.

Andrea abrió la boca para responder, pero una voz profunda la interrumpió.

—Creo que ya fue suficiente.

El silencio cayó de golpe. Nicolás dio un paso al frente, y el aire pareció tensarse a su alrededor. Su mirada era fría, cortante.

—No tengo paciencia para los chismes de salón ni para quienes confunden elegancia con crueldad.

Andrea intentó mantener su sonrisa, pero su tono perdió fuerza.

—¿Y tú quién eres para hablarme así?

Nicolás se enderezó, imponiéndose sin necesidad de alzar la voz.

—Soy el hombre al que están insultando cuando se burlan de ella.

Hizo una breve pausa, y con un movimiento deliberado, tomó la mano de Carmen ante todos los presentes.

—Esta es mi prometida.

El murmullo de la multitud se convirtió en un silencio absoluto.

Daniel parpadeó, confundido. Andrea empalideció.

Nicolás añadió con calma, pero con una autoridad que no dejaba espacio a réplica:

—Y no permitiré que nadie la humille. Ni hoy ni nunca.

Por primera vez, Andrea no tuvo respuesta. Se limitó a apretar el brazo de Daniel y apartarse, intentando conservar la dignidad que le quedaba.

Antes de que pudiera procesar lo que ocurría, él le tomó la mano y la condujo hacia un rincón en penumbra. Carmen no protestó. Tal vez debería haberlo hecho, pero había algo inevitablemente correcto en todo aquello.

Y entonces se besaron.

No era su primer beso, pero se sintió como si lo fuera. Las manos de Nicolás encontraron su rostro, y ella se inclinó hacia él, como si hubiera estado esperando ese momento toda su vida. Cuando por fin se separaron, ambos respiraban agitadamente.

—¿Es esto un sueño? —murmuró, sin pensar. Era tan parecido a aquel sueño...

Nicolás se inclinó hacia ella y le mordió suavemente el lóbulo de la oreja. Un escalofrío le recorrió la espalda.

—¿Aún crees que es un sueño? —susurró contra su oído.

Quiso besarla otra vez, pero algo dentro de ella se resistió.

Sus dedos rozaron su nuca y se detuvieron.

—Una mariposa —murmuró, trazando suavemente la forma sobre su piel.

Era su marca de nacimiento. Pocas personas la habían visto, y aún menos la habían tocado.

—Es perfecta —dijo, aunque en su voz había algo extraño. Algo como si hubiera encontrado lo que estaba buscando.

Él la miró y murmuró con voz baja:

—Vamos.

—¿A dónde? —preguntó Carmen.

—Ya lo sabrás —respondió.

Subieron a su automóvil. El motor rugió y, en cuestión de minutos, llegaron frente a un hotel enorme, cuyas luces doradas se reflejaban en los ventanales como brasas en la noche.

Más tarde, entre risas y copas, él la tomó de la mano y la llevó hasta una habitación.

del hotel.

Por fin, esa puerta se abrió y él la empujó adentro. La abrazó tan vigorosamente como pudo, la levantó en el aire y la sentó en un buró. No podía contenerse, y ella lo llamaba con sus besos, con sus talones cerrándose sobre su cintura, con esos ojos verdes nublados que lo perforaban.

Ella también lo abrazó del cuello y él le plantó un beso para comérsela. Uno de sus zapatos cayó al piso. Cerró los ojos y dejó de pensar, de cuestionarse, de preguntarse. Hacía tanto que no sentía esa fuerza liberadora de no medir las consecuencias. Le subió el vestido por los muslos, desesperado por tocar su piel. Era suave, tibia, y cuando llegó a la ropa interior, la sintió empapada, toda mojada para él. Ella gimió su nombre, y eso lo descontroló por completo. Le arrancó el encaje de un tirón, sin cuidado, sin delicadeza.

Ella susurró un “sí” y en esa sola palabra había entrega. Él la miró a los ojos mientras le metía dos dedos. Entraron sin dificultad, recibiéndolo. Ella se arqueó hacia atrás, apoyándose en las manos con el cabello cayendo sobre un hombro. Era la cosa más hermosa que él había visto en su vida. Y era suya, al menos por esa noche. Eso era lo único que le importaba.

Ella jadeaba sin parar, sin dejar de mirarlo, mostrándole sin vergüenza lo que él le provocaba. Una de sus manos comenzó a masajearse un seno, y la de él aceleró. Su cuerpo se tensaba, se relajaba, apretaba más la cintura con las piernas, se retorcía toda y gemía con la boca abierta. Él solo quería verla acabar, venirse en sus dedos.

Y entonces ella le hizo estallar la cabeza. Entre “sí”, “así” y “más”, ella escurrió sus dedos ahí, en ese punto sensible que ya estaba listo y esperando. La mano que tenía libre se aferró a su cabello, lo atrajo un poco más hacia ella y lo besó, metiéndole la lengua hasta la garganta.

De pronto, le costó respirar y se apartó. Sus ojos verdes seguían anclados en los de él. Él miró un segundo hacia abajo, hacia donde sus dedos se perdían dentro de ella, inundados de su deseo líquido, y donde los suyos dibujaban patrones cada vez más erráticos. Ella estaba por acabar.

—Acaba para mí, Carmen —le dijo, y ella apretó la mandíbula.

Ella se deshizo. Se vino con un gemido ahogado, temblando toda, apretándole los dedos, palpitando, contrayéndose. A él se le reseteó el cerebro al verla estirarse hacia la pared, balbuceando, luchando por recuperar el aire. Se quedó quieto, idiotizado por esa imagen.

Cuando ella se incorporó y pudo respirar de nuevo, lo empujó hacia atrás y se bajó del buró. La mano de él era un desastre, uno divino. Y allí los dos se entregaron por amor. Carmen se sintió por primera vez amada de verdad.

Carmen creía que su vida feliz acababa de comenzar, pero no se imaginaba que al día siguiente la esperaba una desgracia.

이 작품을 무료로 읽으실 수 있습니다
QR 코드를 스캔하여 앱을 다운로드하세요

최신 챕터

  • COMPRADA POR MI PROMETIDO EN UNA SUBASTA ME COMPRO COMO AMAN   Capítulo final: El amanecer de las almas rotas

    La carretera que bordeaba el norte de la ciudad era una cinta de asfalto mojado bajo la luna plateada. Carmen conducía con las manos apretadas al volante, sus nudillos blancos reflejando la tensión de su alma. No iba a su oficina, ni a su casa, ni a la iglesia donde se suponía que debía casarse en pocas horas. Iba al único lugar donde el aire todavía sabía a verdad: el viejo mirador del acantilado, el lugar donde, hace años, un Nicolás Valente sin pecados la había besado por primera vez.Detuvo el auto bruscamente. El sonido del motor fue reemplazado por el rugido del viento entre los pinos y el eco lejano de la ciudad. Carmen bajó del vehículo, dejando que la lluvia fina empapara su rostro, mezclándose con las lágrimas que finalmente se permitía derramar.—Sabía que estarías aquí —dijo una voz a sus espaldas.Carmen se giró. La Cobra estaba allí, apoyada en su auto negro, con el rostro sereno bajo la tormenta. No llevaba armas a la vista; solo su presencia protectora.—¿Cómo lo supis

  • COMPRADA POR MI PROMETIDO EN UNA SUBASTA ME COMPRO COMO AMAN   Capítulo 78: El vértigo del destino

    El ascensor del penthouse descendía con una lentitud tortuosa. Carmen observaba el reflejo de su propio rostro en las puertas de acero inoxidable; se veía pálida, con los ojos encendidos por una mezcla de terror y una esperanza que odiaba sentir. Al abrirse las puertas en el vestíbulo, el aire frío de la noche bogotana la golpeó, cargado con el olor a tierra húmeda y asfalto.Allí, bajo la luz tenue de una farola que parpadeaba, estaba él.Nicolás Valente no lucía como el príncipe de la Toscana que había visto hace una semana. Su esmoquin impecable había sido reemplazado por una chaqueta de cuero oscuro, su cabello estaba desordenado por el viento y su mirada... su mirada tenía la intensidad de un hombre que ha cruzado el infierno solo para pedir una última oportunidad.—¿Qué haces aquí, Nicolás? —preguntó Carmen, deteniéndose a varios metros de distancia, como si hubiera una línea invisible que, de cruzarse, la destruiría.—Vine por ti —respondió él. Su voz era un susurro ronco que c

  • COMPRADA POR MI PROMETIDO EN UNA SUBASTA ME COMPRO COMO AMAN   Capítulo 112: Verdades en el fondo de una copa

    Una semana después.La oficina de Carmen Silva en el piso 40 de su corporación era un búnker de cristal y acero, pero ni siquiera eso podía mantener fuera el aroma de las rosas. Por séptima mañana consecutiva, un ramo de rosas blancas con una única rosa roja en el centro descansaba sobre su escritorio de mármol.Fernando entró en la oficina, su rostro marcado por la falta de sueño. Se detuvo frente al ramo y apretó los puños. No necesitaba ver la tarjeta —que nunca llegaba— para saber quién era el remitente.—¿Otra vez? —preguntó Fernando, su voz cargada de un resentimiento que ya no podía ocultar—. Deberías tirarlas a la basura, Carmen. Es una falta de respeto para nuestro compromiso.Carmen, que revisaba unos informes de exportación, ni siquiera levantó la vista. Su corazón latía con una cadencia extraña cada vez que sentía el perfume de esas flores.—Son solo flores, Fernando. No tienen nombre. No tienen dueño.—Tienen el nombre de un muerto que camina, y tú lo sabes —escupió Fern

  • COMPRADA POR MI PROMETIDO EN UNA SUBASTA ME COMPRO COMO AMAN   Capítulo 111: El sacrificio de la rosa Moretti

    El despacho de Giovanni Moretti olía a madera de cedro, tabaco caro y a una historia que estaba a punto de cambiar para siempre. Carmen Silva estaba sentada frente al escritorio de caoba, sosteniendo la pluma estilográfica con una mano que, a pesar de sus esfuerzos, se sentía gélida. A su lado, Fernando López mantenía una postura rígida, con la mirada fija en el documento que sellaría la alianza entre Inversiones Silva y el imperio textil de los Moretti.—Es un momento histórico, Carmen —dijo Giovanni, rompiendo el silencio con su voz jovial—. Mi familia ha guardado este legado por generaciones, y saber que ahora cruzará el océano de tu mano me llena de paz.Carmen forzó una sonrisa. Cada palabra del italiano se sentía como un clavo más en el ataúd de su pasado. Miró el papel. Su firma era lo único que faltaba para cerrar ese capítulo y marcharse de Italia, lejos de los ojos negros de Nicolás que la habían perseguido en sueños toda la noche. Con un trazo firme y elegante, Carmen firmó

  • COMPRADA POR MI PROMETIDO EN UNA SUBASTA ME COMPRO COMO AMAN   Capítulo 110: El abismo

    Ambas mujeres se giraron. Nicolás estaba allí, impecable en un traje ligero, pero con la mirada cargada de una sospecha oscura. Sus ojos se clavaron en los de Carmen, y por un momento, el tiempo se suspendió en un silencio tenso que Isabella no supo descifrar. El pulso de Carmen se aceleró; estar frente a él bajo la luz del día, después de la invasión nocturna en su habitación, era una tortura sensorial.Isabella, rompiendo el hechizo, se acercó a Nicolás y lo rodeó con sus brazos.—¡Amor mío! No es nada —dijo ella con una sonrisa dulce—. Solo le hacía una pregunta hipotética a Carmen. Cosas de mujeres.Carmen vio la oportunidad de escapar y, al mismo tiempo, de lanzar un último dardo.—Bueno... creo que es mejor que los deje solos —dijo Carmen, ajustándose las gafas de sol—. Así puedes aprovechar, Isabella, y le haces esa pregunta que tanto te inquieta. ¿No crees?Isabella bajó la mirada, intimidada por la presencia de su prometido. Nicolás, por su parte, no apartaba los ojos de Carm

  • COMPRADA POR MI PROMETIDO EN UNA SUBASTA ME COMPRO COMO AMAN   Capítulo 109: El Espejo de la Inocencia

    Isabella caminaba con ligereza, guiando a Carmen entre hileras de cipreses y macizos de flores que parecían brotar con una perfección artificial. Carmen, por el contrario, sentía que sus pies pesaban como el plomo. Cada paso que daba la alejaba de la seguridad de Fernando y la hundía más en la realidad de la nueva vida de Nicolás.—¿Qué te parece, Carmen? —preguntó Isabella, deteniéndose frente a un rosal blanco—. Mi padre dice que este es el corazón de la propiedad.Carmen suspiró, intentando que el aire fresco disipara el nudo de su garganta. Miró la inmensidad del paisaje, la elegancia de la arquitectura y la paz que transpiraba cada rincón. Era el paraíso, un paraíso construido sobre los restos de un naufragio que solo ella y Nicolás recordaban.—Está todo hermoso, Isabella. Realmente hermoso —respondió Carmen con una voz que luchaba por no quebrarse.Isabella se giró, clavando sus ojos claros en los de Carmen. Su mirada era limpia, desprovista de la malicia que Carmen estaba acos

더보기
좋은 소설을 무료로 찾아 읽어보세요
GoodNovel 앱에서 수많은 인기 소설을 무료로 즐기세요! 마음에 드는 작품을 다운로드하고, 언제 어디서나 편하게 읽을 수 있습니다
앱에서 작품을 무료로 읽어보세요
앱에서 읽으려면 QR 코드를 스캔하세요.
DMCA.com Protection Status