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No vas a ganar

Autor: KrysBella
last update Data de publicação: 2025-10-29 09:27:06
"Pedirle empleo a Tomás" —esa idea rondabs en la cabeza de Leonor.

—Sabes qué Doña Tina, tienes toda la razón. Quizás cambiando de trabajo y alejándome por completo de la vida de Emily y Gabriel todo vuelva a la normalidad. —pronunció con alegría Leonor, era una salida fácil. Si el problema era ella, tal vez Emily dejando de verla se olvidaría de ella.

—Bueno, y que esperas para hablar con Tomás. ¡Anda, anda! ¡Llámalo!

Era muy tarde para hacerlo, posiblemente él ya estaba durmiendo.

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Último capítulo

  • CUANDO EL DESTINO SE REENCUENTRA    El final de Emily

    La tarde estaba perfecta para un respiro. Después de días intensos, de emociones y demás, Gabriel quiso sacar a Leonor y a Clara al parque del centro, ese con los árboles enormes y los columpios viejos que siempre estaban llenos de niños.Clara corría entre las flores, riendo, mientras Leonor la perseguía con la cámara del celular intentando grabar cada gesto. Gabriel observaba la escena desde la banca, con esa sensación cálida y rara de por fin tener algo parecido a la paz.—No puedo creer que estemos así —dijo Leonor, sentándose junto a él—. Hace unas cuantas semanas todo era enredo —Y ahora está empezando a tener forma —respondió Gabriel, tocándole la mano con suavidad—. Igual falta camino, pero vamos juntos.Leonor apoyó la cabeza en su hombro. Por primera vez en meses, se sintió ligera.Clara se acercó corriendo con una flor en la mano.—¡Mami, papi, miraaa! —dijo, con esa mezcla dulce de palabras mal pronunciadas.Leonor se inclinó para recibir la flor, riéndose.Gabriel la obse

  • CUANDO EL DESTINO SE REENCUENTRA    Puedo contar con ustedes

    La mañana siguiente llegó demasiado rápido, aunque para ellos dos se sentía como si el amanecer los hubiera sorprendido en medio de una burbuja donde nada dolía, nada pesaba y todo parecía posible.Leonor despertó primero. Tenía la cabeza en el pecho de Gabriel, y él respiraba profundo, tranquilo, como si el mundo entero por fin se hubiera acomodado en su sitio. Ella lo observó unos segundos, en silencio.—Nunca pensé que volvería a sentir esto —susurró, más para ella que para él.Gabriel abrió los ojos como si su cuerpo reconociera su voz antes que su mente.—¿Sentir qué? —murmuró, ronco, con una sonrisa floja.—Paz —respondió Leonor sin rodeos.Él se incorporó un poco, le acomodó un mechón detrás de la oreja y la miró con ese cariño que ya no se molestaba en ocultar.—Entonces no la sueltes —dijo—. Esta vez voy a hacer todo para merecerla.Leonor tragó, sintiendo cómo las dudas y los miedos trataban de colarse entre las costuras de su calma recién recuperada.—Lo sé —respondió con

  • CUANDO EL DESTINO SE REENCUENTRA    ¿Desayunamos los tres?

    Leonor fue la primera en abrir los ojos. Por un instante no se movió, no respiró, solo sintió el peso cálido de un brazo rodeando su cintura, el pecho de Gabriel apoyado en su espalda, y el ritmo lento de su respiración contra su cuello.Recordó las escenas de la noche anterior y su cuerpo se estremeció, Gabriel estaba allí, a su lado, habían hecho el amor como nunca antes.Sonrió ampliamente, no sentia arrepentimiento o alguna sensación de desaprobación, si no, orgullo y felicidad. Cerró los ojos de nuevo, saboreando la sensación de paz, de presencia y de “estoy aquí” que no necesitaba palabras, pero si hechos. —¿Estás despierta? —murmuró Gabriel, su voz ronca, dormida, peligrosamente dulce.Leonor sintió que el estómago se le apretaba.No por nervios… sino por ese cariño que había estado guardado tantos años.—Desde hace un rato —susurró ella, sin moverse.Él deslizó la mano por su cintura con una familiaridad nueva, pero cuidada; como si temiera avanzar demasiado rápido.—Pensé

  • CUANDO EL DESTINO SE REENCUENTRA    No te detengas

    —Leonor… —dijo él, bajo, ronco—, te juro que pensé que nunca iba a tener otra oportunidad de estar aquí, así, contigo. Ella sintió un escalofrío recorrerle la espalda y sin pensarlo lo abrazó.Los brazos de él la envolvieron de inmediato, como si hubiera estado esperando ese momento desde siempre.Una mezcla de claro, refugio y amor. —Nunca dejé de quererte —dijo ella con la voz hundida contra su cabello—. Me mentí muchas veces, pero no pude olvidarte, nunca. Leonor lo miró directo a los ojos.Esos ojos que siempre decían más de lo que él permitía.—Yo también —confesó él —. Quise convencerme de que te había dejado atrás, pero cuando te veo con Clara, cuando te veo ahora, sé que no es así.Ese reconocimiento, esa aceptación, fue una chispa.Un choque eléctrico, un ahí estás, aquí estoy y esto es real.Volvieron a besarse, lento una vez más un roce suave, casi tímido, como si ambos necesitaran confirmar que seguían siendo ellos—No puedo creer que eres mi Elena —susurró él. Pero cu

  • CUANDO EL DESTINO SE REENCUENTRA    Vamos a intentarlo

    Desde esa noche que Clara lo llamó papá, Gabriel se derretia al escucharla llamarlo así. Leonor aun sentía nostalgia por su pequeña, pero la verdad era que algo estaba floreciendo en ella, algo que quería ocultar, sin embargo, esperaba que las tardes llegaran rápidas para verlo. Ese día, amaneció un poco más tranquilo que los demás, sus padres no estaban en casa quizás por eso era el silencio. Leonor se despertó con Clara abrazada a su brazo, respirando suave, pacífica, como si hubiera dormido en un mundo donde nada podía hacerle daño.Se levantó primero, tomó un baño para refrescarse, una acción de esas que parecen estar hechas a propósito para que algo importante ocurra. Tal vez —pensó Leonor— ese mundo estaba empezando a existir.Miró su celular y allí había lo que estaba esperando, un mensaje de Gabriel:“Hoy paso temprano. ¿Está bien si me quedo un rato más? Quiero ayudar con lo que sea.”Leonor sonrió sin darse cuenta.Un gesto pequeño, pero real.La casa estaría completamen

  • CUANDO EL DESTINO SE REENCUENTRA    Te quiero papi.

    Los días siguientes tomaron un ritmo extraño: uno que Leonor jamás habría imaginado vivir con Gabriel, y que Gabriel había esperado, aunque fuera en secreto, desde el primer día que supo que Clara existía.No fue de golpe. No hubo grandes escenas ni declaraciones. Fue más bien un tejido fino, hecho de pequeñas acciones constantes, de esos gestos que no hacen ruido, pero sostienen mundos enteros.Y cada día, Gabriel añadía un hilo nuevo. La primera vez que llegó después del trabajo, Leonor escuchó el motor del auto detenerse afuera de la casa. Clara estaba pintando en la mesa, con las manos llenas de témperas, cuando levantó la cabeza como si reconociera el sonido.Leonor sintió un cosquilleo nervioso, no lo esperaba tan pronto.Gabriel bajó con una cajita en la mano y una bolsa de papel. Tocó la puerta suave, casi tímido. Cuando Leonor abrió, él sonrió, esa sonrisa medida, sin arrogancia, sin prisa y extendió la mano.Una rosa blanca.—Para ti —dijo simplemente.Leonor parpadeó. Una

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