FAZER LOGINAron apoyó las manos en los bolsillos de su pantalón de vestir mientras observaba la noche, como si pudiera arrancarle respuestas. Su reflejo se mezclaba con la ciudad bajo sus pies: un hombre alto, de hombros fuertes, cabello oscuro ligeramente despeinado y una mandíbula marcada por el cansancio. La camisa negra arremangada dejaba ver el tatuaje tribal que cruzaba su antebrazo, símbolo de su linaje alfa, pero para él no era más que recordatorio de lo que debía ser, y de lo que aún no había encontrado.
La puerta del estudio se abrió con un leve chasquido, como si el silencio que reinaba en la habitación fuera un cristal que se quebraba con la sola presencia de alguien más.
—Aron —la voz grave de Joshua cortó el aire sin pedir permiso, como siempre—. Llegó la confirmación del Consejo Empresarial y… también del otro consejo.
El “otro” resonó en la habitación con un peso que Aron no necesitaba que le explicaran: la reunión de alfas de la región. Se dio vuelta con un suspiro contenido, un gesto que ocultaba la fricción entre la obligación y la fatiga.
—¿Ambos el mismo día? —preguntó, intentando mantener la voz neutral.
—Sí —dijo Joshua, dejando la carpeta sobre el escritorio con un sonido seco—. Reorganicé todo para que puedas atenderlos en Toronto. Es mejor que viajes mañana por la mañana.
Aron llevó la mano al puente de su nariz, casi en el entrecejo, para mitigar la migraña que ya sentía formarse en su cabeza. No era el trabajo lo que le pesaba; era el tiempo. O, mejor dicho, la ausencia de él. Cada minuto era una cuerda que tiraba de él en direcciones que nunca parecían converger.
—Debería haber supuesto que no me dejarían descansar ni un domingo —murmuró, caminando hacia el escritorio con pasos lentos, medidos, como si cada uno le robara un fragmento de energía.
—No eres un hombre que descansa —respondió Joshua con naturalidad, dejando que la verdad flotara en el aire.
—¿Eso es un cumplido o una crítica? —soltó Aron una risa corta, seca, sin humor.
—Una realidad —replicó su beta—. Nunca lo has sido. Ni como alfa, ni como empresario, ni como hombre.
Aron dejó que esas palabras se filtraran en su mente. Nunca lo había sido. Era como si su existencia estuviera diseñada para avanzar sin pausa, hacia un horizonte que siempre se alejaba, hacia un “algo” que nunca llegaba.
Abrió la carpeta y repasó los documentos con atención clínica: firmas, propuestas, fusiones, un evento benéfico… y al final, la convocatoria del consejo de alfas. La tinta negra parecía pesar más que el papel mismo.
—Toronto —murmuró, más para sí que para nadie—.
Hacía meses que no visitaba esa ciudad; siempre había enviado a Joshua en su lugar. Algo se tensó en su interior, un nervio que no sabía si era anticipación, agotamiento, o la mezcla de ambos. Tal vez simplemente era el cansancio de un hombre que había pasado demasiado tiempo esperando algo que no llegaba.
Se dejó caer en el sillón de cuero, sintiendo cómo la tela marcaba la musculatura de su espalda. La luz tenue del estudio iluminaba apenas lo necesario; el resto se sumía en sombras largas, solemnes, como si la habitación misma vigilara sus pensamientos.
—Prepara el jet —ordenó al fin, con voz firme—. Salimos a las ocho.
—Listo —asintió Joshua—. ¿Necesitas algo más?
Aron abrió la boca para decir “no”, pero algo dentro de él se removió, un pensamiento que había intentado reprimir durante años.
—Joshua… —dijo con un tono que llevaba el peso de la duda.
El cambia forma se tensó levemente, reconociendo la rareza en la voz de su alfa.
—Dime —respondió, cruzando los brazos.
Aron se apoyó en el ventanal, dejando que las luces de la ciudad se mezclaran con su mirada, dispersas como latidos erráticos.
—¿Alguna vez… te has cansado de esperar? ¿Crees que existen las almas gemelas? —preguntó, finalmente dejando que su vulnerabilidad se asomara.
El silencio cayó sobre ellos como un manto pesado. Joshua parpadeó, sorprendido. Aron rara vez compartía ese tipo de pensamiento, y mucho menos lo enfrentaba directamente.
—¿Lo dices por tu compañera? —inquirió su amigo, cuidadoso, midiendo cada palabra.
Aron soltó un suspiro áspero, apoyando los codos sobre las rodillas. Su voz salió baja, como si cada palabra costara esfuerzo.
—Mi lobo sigue creyendo que existe, pero yo… —sus dedos se entrelazaron, tensos, atrapando la incertidumbre—. Han pasado demasiados años.
Demasiado tiempo
Joshua se acercó, apoyándose suavemente en el escritorio, su presencia un ancla silenciosa.
—Eres un alfa fuerte, joven, estable. No estás viejo para encontrarla. Tienes incluso siglos por delante, más del promedio humano.
—No es eso —negó Aron suavemente—. Es que… nunca he sentido ni el más mínimo rastro. Ni una señal. Y la mayoría de los lobos encuentran a su pareja antes de los treinta.
—No todos —respondió Joshua, como si leyera el pensamiento que Aron no se atrevía a admitir.
—Tengo treinta y tres —dijo Aron con un tono seco, casi frustrado—. Y no veo señales de nada.
El lobo beta ladeó la cabeza, reconociendo la tormenta interna de su alfa.
—Tu lobo sigue esperando. Eso significa algo.
—Tal vez es un idiota optimista —bufó Aron, aunque por dentro sabía que no era tan simple. Su lobo era perceptivo, fuerte, inquieto… pero jamás desesperado. Siempre expectante, como si aguardara un momento, un lugar, una persona que nunca aparecía.
Aron se preguntó si estaba destinado a la soledad. No por falta de amantes, la Diosa Luna bien era consciente de las amantes que habían adornado su cama por mucho tiempo, pero ninguna dejaba huella. Ninguno calmaba el vacio silencioso que latía en su pecho.
Miró a su beta con intensidad.
—¿Crees que es posible que algunos shifter nazcan sin alma gemela?
Joshua tardó más de lo habitual en responder, midiendo sus palabras.
—Siempre hay una excepción para todo, Aron… pero tú no lo eres. Estoy seguro de eso.
Por primera vez esa noche, Aron permitió que una sonrisa genuina se dibujara en su rostro.
—Si algún día encuentras a tu compañera, voy a recordarte lo ridículo que suenas ahora —dijo su beta, dándole una palmada en el hombro.
—Está bien, está bien —Aron agitó la mano, intentando disipar la carga emocional—. Ya puedes dejar la terapia emocional.
Joshua rio suavemente y salió del estudio, dejando a Aron solo con sus pensamientos.
Las sombras se alargaron, más densas que antes. El silencio era casi tangible, un recordatorio de la espera que aún persistía.
Se levantó, agarró su saco, y preparó todo para el viaje del día siguiente. Pero mientras caminaba hacia su habitación, un pensamiento se instaló en su mente y no se apartó:
«¿Y cómo es ella?»
Un suspiro escapó de sus labios antes de que la oscuridad lo envolviera por completo.
—Por favor —Un gemido ahogado escapó de entre sus labios a medida que lentamente la consciencia la atraía de vuelta a la realidad, arrastrándola lejos del que debía ser que uno de los mejores sueños que alguna vez hubiese tenido“Estoy despierta, estoy despierta” fue lo primero que pensó mientras se incorporaba en la cama con la respiración agitada y su corazón latiendo acelerado en su pechoCreía haber olvidado apagar la luz pero sus ojos tardaron algo de tiempo en acostumbrarse a la oscuridad, la habitación apenas era iluminada por la pequeña luz de la Luna que entraba por una rendija de la cortina, intento enfocar sus ojos mientras salía del asombroso sueño que habia tenido, no sabia que la habia despertado y frunció el ceño al sentir un peso que estaba hundiendo el colchón a su ladoEl peso se movió y todo su cuerpo se tensó a medida que el miedo empezaba lentamente a abrirse paso en su interior, podía sentir un sudor frío corriendo por su espalda y en lugar de pegar la carrera s
Virginia soltó un gran bostezo para luego mirar a ambos lados para ver si alguien la habia visto bostezar sin la más mínima gracia pero no, se encontraba sola en la sala de estar, acaba de terminar de dibujar algunos bocetos de diseño para bolsos que se le habia ocurrido a lo largo de la tarde, ahora que ya no tenía mercancía disponible era buen momento para volver a coser, no podía decir que la idea no la emocionabaPero ahora estaba cansadaSonrió hacia la sala de estar, admirando su trabajo, las paredes eran beige y con cuadros de flores por los pasillos, algunas rosas y begonias estaban espaciadas por la terraza, así como algunos helechos que daban más vida al lugar, todo ello haciendo juego las cortinas que habia cosido y la nueva tapicería de los sofás y sillas, la tela era piel de durazno blanca con detalles en tonos dorados que combinaba a la perfección, a excepción de su favorito, uno con estampados en flores de color salmón, habían sido esos mínimos detalles hechos con todo
Virginia acababa de cruzar el vestíbulo, recién llegaba de haber pagado las cuentas, luego de la feria habia sido lo primero en su mente, estaba a punto de entrar al ascensor cuando de repente su teléfono empezó a sonar, después de un momento y ya dentro de privacidad en la caja de metal contesto la llamada— ¿Dónde estás?Era Maverick, y no sonaba nada felizSolo esperaba que no estuviera enterado de que estaba empezando a pagar las cuentas y que su enojo no se debería a eso, ya le habia sido que queria ser de ayuda mientras estuviera en Londres, sin embargo planea decírselo en persona muy pronto—En el ascensor. Llegando al apartamento…—Llegaré mañana, como a las 8 de la noche.Al instante una sonrisa curvos sus labios, no podía evitarlo, pronto estarían de nuevo juntos, lo había echado tanto de menos. Como una niña una noche antes de navidad, estaba segura de que no podría pegar el ojo en toda la noche después de esa noticia—Dime algo —Pidió él, su tono de voz más tranquiloElla
Dos semanas más tarde…—Es maravilloso, mi madre lo amara —Dijo sonriendo, una chica rubia, sus ojos brillantes mientras tomaba el bolso—Espero le guste —Virginia le ofreció una sonrisa al tiempo que guardaba el dinero de la compra en su monederoY esa habia sido su última venta por ese díaA su alrededor las personas se aglomeraban, no muy diferente a su estadía en el mercadillo de la ciudad, sin embargo esperaba que le feria artística fuera lo que necesitara para que sus bolsos y las cosas que confeccionaba llegaran a más personas, su corazón se inflaba de orgullo al ver las ventas que habia tenido en tan solo la mañanaHabia sido todo un reto converse a Thomas que estaría solo un par de horas fuera del apartamento, habia necesitado para ello también convencer a Maverick en el proceso antes de que se marchara al otro extremo del país por negocios, de otro modo estaba segura de que el guardaespaldas jamás hubiese dado su brazo a torcer Suspiró tomando asiento en un pequeño banco d
Ni todo el día habría sido suficiente para conocer a profundidad las maravillas que deparara Londres para sus visitantes, su recorrido habia empezado en la galería Nacional, el museo más de artes más famoso a los limites de Trafalgar, en todo el centro del país. Se trataba de la plaza más popular de Londres con el imponente monumento que recuerda la victoria de la corona británica frente a franceses y españolesVirginia no habia parado de mirar todo a su alrededor desde la ventana del copiloto con ojos asombrados en todo trayecto, no tenia la menor duda de lo colorida que estaba resultando ser la ciudad, no habia parado de apreciar la hermosa arquitectura, el estilo… Todo era simplemente maravillosoEstaba encantada con las personas de lugar, amables y en su mayoría educadas, muchos le ofrecieron amables sonrisas, en cada parada tomaba fotos para nunca olvidar aquella salida, Maverick no habia parado de colmarla de algun que otro detalle, desde dulces hasta prendar de vestir, incluso
—Sera un placer ser tu guía en este día —Murmuró Maverick con un marcado acento ingles al tiempo que hacia una pequeña reverencia y abría la puerta del copiloto para que entrara a una BMW para luego el ocupar su lugar detrás del volante, esta vez solo serian ellos dosEse día Virginia habia optado por un suelto vestido amarillo de girasoles y con un escote en V con pequeños olanes alrededor y tirantes, también habia traído consigo el gran sombrero que habia comprado el otro día, pronosticaba un soleado en su máximo esplendor al ver los rayos del sol iluminar todo a su paso desde muy temprano, ni siquiera habian a la vista alguna nube, seria un día maravillosoDe eso estaba segura—Woo—Virginia estaba impactada con el interior del vehículo, el cuero le dio la bienvenida asi como el aire acondicionado del interior, el vehículo parecía nuevo e incluso olía como tal, discretamente inhalo el delicioso aroma de algo nuevo antes de que Maverick se inclinara para abrocharle el cinturón de se







