LOGINGilbertSolté un suspiro lento. Liliana me miró, confundida por mi expresión.—Liliana, entra primero. Te lo explicaré todo más tarde.—Liliana asintió y enseguida hizo lo que le pedí, pero aquella mujer le bloqueó el paso.—¿No es extraordinaria? Es tan hermosa.—En cuanto escuché su voz, una oleada de repugnancia me invadió. Todo mi cuerpo se tensó y me apresuré a acercarme a ella, agarrándola bruscamente de la mano.—Cállate.—La aparté de allí a la fuerza.Después de haberla tratado con tanta brusquedad, debería haber comprendido a esas alturas que no la quería cerca.—¡Suéltame! ¿Por qué tratas así a tu propia madre?—Se mostró obstinada, respiró hondo y me fulminó con la mirada.Puede que fuera mi madre, pero jamás olvidaría lo que había hecho. Me había abandonado por otro hombre, olvidándose de sus responsabilidades como madre. Cuando estaba en la secundaria, mi padre murió en batalla.Todavía estaba conmocionado por todo lo que había sucedido, pero lo que más me impactó fue de
Gilbert—Ya me he decidido. Quiero esa para la cuna de nuestro bebé— dijo Liliana, señalando la cesta de mimbre marrón claro.Asentí mientras la escuchaba.—Está bien. Por favor, envíen esta y el resto de nuestras compras a esta dirección.—Eché un vistazo a los numerosos artículos que habíamos elegido. Después de hablar, me volví hacia Liliana. Ella sonreía feliz mientras se acariciaba el vientre. Sabía que estaba a punto de repetir aquellas palabras.—Mira, tu papá te quiere muchísimo.—Había perdido la cuenta de cuántas veces lo había dicho, pero cada vez que la escuchaba, me sentía feliz. Estar con ella era algo por lo que siempre estaría agradecido.Era devoto de la Diosa de la Luna, pero no era alguien que rezara a menudo, visitara el templo para rendirle homenaje o le pidiera bendiciones. Liliana, en cambio, era diferente. Había crecido en una familia muy devota.Estaba familiarizada con esas prácticas, así que, una vez a la semana, visitaba el Templo de la Luna para rezar y pa
BastianMe tomé un momento para calmarme antes de regresar a la pista de hielo. Al mirar hacia un lado, vi a Sava y Vincent sentados allí, ambos con una sonrisa en el rostro.La sesión de entrenamiento había salido bien. Después de dividir al equipo de hockey en dos grupos y darles algunas instrucciones a los jugadores sobre cómo debían jugar, regresé al hielo para jugar junto a ellos y demostrarles algunas técnicas.Vi a Gilbert acercarse a mí y lanzarse inmediatamente al ataque. Utilizó su velocidad y su cuerpo para intentar impedir que avanzara.Sin embargo, conseguí esquivarlo, impulsándome con ambas piernas mientras aceleraba sobre el hielo. Cuando logré controlar el disco, decidí contenerme deliberadamente en lugar de marcar un gol de inmediato.Ya había tres jugadores plantados frente a mí, y los observé con una mirada penetrante.—Voy a mostrarles de lo que soy capaz.—Los tres jugadores no se dejaron intimidar. De hecho, me gustó la determinación que vi en sus ojos. Se movier
SavanaEl pánico se apoderó de mí de inmediato y abrí de una patada la puerta de hierro que tenía delante.—¡Vincent!—Grité, preparándome para entrar corriendo y rescatarlo. Pero, en cuanto entré, me encontré con una escena que me dejó sin palabras.Mis ojos permanecieron fijos en lo que tenía delante.—Hola, mamá— Vincent sonrió y me saludó con la mano, mientras mantenía un pie apoyado sobre la cabeza de la mujer que lo había secuestrado.—Tú... ¡ugh...!— Un gemido escapó de los labios de la mujer.Antes de que siquiera pudiera moverme para golpearla, Vincent le pisoteó la cabeza varias veces más.—Eres muy ruidosa. Te dije que te callaras.— En ese momento, me di cuenta de que mi hijo podía ser tan cruel como su padre. No mostró la menor preocupación, ni siquiera cuando la sangre comenzó a brotar de la cabeza de la secuestradora.—Vincent.—Me acerqué a él y lo levanté en brazos, examinándolo cuidadosamente para asegurarme de que no tuviera ninguna herida.—¿Estás bien?— le pregunt
SavanaMi respiración era terriblemente irregular. Me temblaban las manos y no dejaba de mirar a mi alrededor cada pocos segundos.Desde que había recibido la noticia de la desaparición de Vincent, no había podido tranquilizarme. Lo había estado buscando por todas partes, no solo dentro de la casa inteligente del señor Lewis, sino también en los alrededores.—¿Has encontrado a Vincent?— le pregunté a un guerrero que se acercó a mí.—Todavía no, Luna.—No solo mis propios guardias estaban buscando a Vincent. La gente de la casa inteligente también lo estaba buscando. Sin embargo, incluso después de varios minutos de búsqueda, no podía sentir la presencia de Vincent en absoluto.—Bastian... ven aquí rápido. Alguien ha secuestrado a Vincent.—Mi voz tembló cuando finalmente se estableció la llamada.—Sava, mantén la calma. Empezaré a buscarlo ahora mismo.—La voz de Bastian se mantuvo tranquila. Sabía que comenzaría a buscar a nuestro hijo de inmediato. Pero, aun así, no podía librarme d
SavanaLa persona que me despertó con tanto entusiasmo aquella mañana fue Vincent. Ya estaba sonriendo y parecía increíblemente emocionado.—¡Vamos, mamá!—Comprendí perfectamente lo que quería decir, así que salí rápidamente de la cama y me preparé lo más rápido posible. Teníamos que llegar pronto al Centro de Aprendizaje Victory.Primero desayunamos juntos, y Bastian se unió a nosotros, aunque más tarde no nos acompañaría al centro de aprendizaje.—Papá, es una pena que no puedas venir con nosotros.—Bastian sonrió. Sabía que había decepcionado a Vincent, así que le acarició suavemente el rostro a su hijo, esperando que eso pudiera consolar un poco al pequeño.—Papá irá contigo la próxima vez— le prometió.Vincent asintió.—Está bien, papá. Lo recordaré.—Después volvió a comer con entusiasmo.Si Bastian no hubiera tenido asuntos que atender ese día en el consejo, sin duda habría venido con nosotros. Él también deseaba acompañarnos.Poco después, nos pusimos en camino, rodeados de h







