Mag-log inDurante cinco años, Kiara ha vivido siendo la Luna no deseada de la manada. Su esposo, Maelor, nunca la ha amado, a pesar de ser su compañero destinado por la Diosa Luna. Sigue manteniendo a su antigua amante a su lado, mientras Kiara soporta las crueles burlas de los miembros de la manada y el apodo que la ha perseguido durante años: la Luna estéril. Maelor le ha dado una última oportunidad. Si no consigue darle un heredero, la echará de su vida. Desesperada por salvar el único matrimonio que ha conocido, Kiara viaja muy lejos para conseguir una rara semilla de la fertilidad. En su quinto aniversario de bodas, prepara una cena romántica con la esperanza de que, al fin, poder darle un heredero haga que Maelor la mire con otros ojos. Sin embargo, él llega acompañado de su antigua amante y la humilla sin piedad. Con el corazón destrozado, Kiara consume la semilla de la fertilidad, pero poco después se ve abrumada por sus intensos efectos. Cuando un hombre entra en su habitación aquella noche, cree que es Maelor, que finalmente ha regresado a su lado. Se entrega a él, convencida de que, al menos por una noche, su esposo por fin la ha elegido. Pero a la mañana siguiente descubre que Maelor nunca entró en su habitación. Y entonces sucede lo imposible. Cassian, el legítimo Alfa que desapareció durante la guerra años atrás, regresa a la manada. Kiara comienza a recordar al desconocido de aquella noche: su voz, tan diferente de la que conocía; su aroma, que no era el de su esposo, y la peculiar cicatriz que tenía en la clavícula. ¿Y si el hombre al que confundió con su esposo era en realidad Cassian, el propio hermano de Maelor?
view moreCAPÍTULO UNO
KIARA
Coloqué con cuidado el último plato sobre la mesa del comedor y retrocedí unos pasos para contemplar todo lo que había preparado. Me aseguré de que cada detalle estuviera en su sitio, porque aquella noche no era una noche cualquiera para mí.
Era nuestro quinto aniversario de bodas.
Habían pasado cinco años desde que me convertí en la esposa de Maelor, cinco años desde que la Diosa Luna me concedió al hombre que una vez creí que me amaría más que a nadie en el mundo y cinco años intentando convencerme de que su frialdad era solo algo pasajero.
Miré la mesa y esbocé una pequeña sonrisa.
Las velas ardían suavemente, la comida aún estaba caliente y no faltaba ninguno de los platos favoritos de Maelor. Había preparado sus comidas preferidas, comprado su vino favorito e incluso colocado un pequeño regalo junto a su plato.
Por una noche, quería olvidarme de todo lo que había sufrido durante aquellos cinco años.
Quería creer que nuestro matrimonio todavía podía salvarse.
Llevé una mano al pequeño saquito que escondía bajo mi vestido.
Dentro estaba la semilla de la fertilidad.
Había viajado muy lejos del territorio de nuestra manada para conseguirla. Pasé horas en el camino hasta encontrar a una antigua sanadora que me advirtió que aquella semilla era extremadamente rara y que no debía consumirla a menos que estuviera completamente preparada para afrontar sus efectos.
No lo dudé ni un instante.
Durante cinco años, los miembros de la manada me habían llamado estéril.
Luna estéril. Esposa inútil. Compañera indigna.
Aquellas palabras me perseguían a todas partes.
Las mujeres susurraban a mis espaldas cada vez que pasaba cerca de ellas, y algunos de los miembros más antiguos de la manada ya ni siquiera intentaban ocultar su decepción cuando me miraban. Incluso Maelor había dejado de fingir que tenía paciencia conmigo.
Me había advertido que, si no conseguía quedar embarazada, me echaría de su vida.
Tragué saliva mientras volvía a tocar el saquito.
Consumir aquella semilla haría que, por fin, todos me vieran de otra manera.
Quizá dejarían de llamarme estéril. Quizá empezarían a respetarme. Quizá Maelor volvería a mirarme como a su esposa, en lugar de verme como una mujer que le había fallado.
De repente, escuché unos pasos al otro lado de la puerta.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Maelor.
Saqué rápidamente la semilla del saquito y me la llevé a la boca. La tragué justo antes de que él entrara.
Me presioné los dedos contra los labios y respiré profundamente, intentando calmar la emoción que crecía dentro de mí.
Aquella noche sería diferente.
Le daría una razón para quedarse a mi lado.
La puerta principal se abrió.
Me volví rápidamente hacia ella con una sonrisa, pero esta desapareció en cuanto vi quién acompañaba a mi esposo.
Elyra.
La antigua amante de Maelor.
Entró en nuestra casa con una mano apoyada cómodamente en el brazo de él, como si aquel fuera su hogar y tuviera todo el derecho del mundo a estar allí.
Maelor apenas me dedicó una mirada antes de dirigir los ojos hacia la mesa del comedor.
Su expresión no cambió en absoluto.
Me obligué a sonreír.
—Feliz aniversario, Maelor. Feliz aniversario para nosotros.
Me miró durante unos segundos y después volvió a observar la mesa.
En lugar de sonreír, soltó un suspiro.
—Kiara, después de cinco años, sinceramente esperaba encontrar algo más importante esta noche que una mesa llena de comida y velas. Habría sido mucho mejor que quien me recibiera al llegar fuera un bebé, en lugar de tú, aquí de pie, fingiendo que tenemos algo que celebrar.
Mi sonrisa se quedó congelada en el rostro.
Bajé la mirada, intentando ocultar el dolor que me llenaba los ojos.
—Sé que todavía no te he dado un hijo, pero nunca he dejado de intentarlo. Por favor, Maelor, dame una oportunidad…
—¿Todavía sigues esperando? —se burló Elyra con una risita.
Levanté la mirada hacia ella.
Me sonrió antes de continuar hablando.
—Kiara, llevas cinco años esperando. En algún momento deberías aceptar la verdad en lugar de decorar una mesa y fingir que Maelor va a enamorarse de ti de repente solo porque hoy es vuestro aniversario.
Apreté los dedos contra la tela de mi vestido.
Maelor volvió a mirarme.
—Tienes hasta que salga la luna para recoger tus cosas e irte de aquí.
Me quedé sin palabras.
No podía creer lo que acababa de escuchar.
Aquella era nuestra casa. Yo era su esposa. Y, aun así, me estaba echando como si no hubiera significado nada para él durante los últimos cinco años.
Maelor se dio la vuelta y se marchó sin esperar mi respuesta.
Elyra lo siguió sin decir una sola palabra.
Me quedé inmóvil, observándolos mientras caminaban hacia el dormitorio. Mis ojos no podían apartarse del hombre que había sido mi esposo durante cinco largos años.
La puerta se cerró tras ellos.
Y me quedé sola.
Las velas continuaron ardiendo. La comida permaneció intacta y el regalo que había comprado para él siguió junto a su plato vacío.
Lentamente, me dejé caer en una silla.
De pronto, una intensa oleada de calor me recorrió el vientre.
Solté un grito ahogado y me aferré al borde de la mesa.
—¿Qué me está pasando?
Una segunda oleada me golpeó, mucho más fuerte que la primera.
Todo mi cuerpo comenzó a arder y mi respiración se volvió cada vez más agitada.
La semilla de la fertilidad…
Estaba haciendo efecto.
La sanadora me había advertido que sus efectos podían ser intensos, pero jamás imaginé que serían tan fuertes.
El calor se extendió por todo mi cuerpo hasta que incluso el aire a mi alrededor me pareció sofocante.
Mi visión comenzó a nublarse.
Intenté levantarme, pero las rodillas me temblaron y estuvieron a punto de ceder.
Volví a agarrarme a la mesa, desesperada por mantenerme en pie.
Entonces escuché unos pasos que se acercaban desde el pasillo.
Levanté la cabeza.
Por un instante, la esperanza regresó a mi corazón.
Maelor.
Quizá había cambiado de opinión. Quizá había recordado que aquella era nuestra noche especial.
Quizá se había dado cuenta de lo cruel que había sido conmigo y había regresado para disculparse.
Mis labios temblaron mientras miraba hacia el pasillo.
Un hombre alto apareció lentamente en el comedor.
Mi visión estaba demasiado borrosa para distinguir bien su rostro.
—¿Maelor? —susurré.
El hombre se detuvo.
Su voz profunda llegó hasta mis oídos.
—No soy…
Antes de que pudiera terminar la frase, me levanté de la silla y tropecé mientras me acercaba a él.
—Maelor, has vuelto por mí —dije con voz débil y quebrada, aferrándome a su camisa.
El hombre se puso rígido.
—No puedo…
—Por favor… —supliqué.
Otra oleada de calor me recorrió el cuerpo y me arrebató las pocas fuerzas que me quedaban.
Levanté la mirada hacia él, apenas capaz de mantener los ojos abiertos.
Por un breve instante, mis ojos se detuvieron en su clavícula.
Tenía una cicatriz fina que le cruzaba la piel.
Maelor no tenía esa cicatriz. Estaba segura de ello.
Pero apenas pude procesar aquel detalle antes de que una nueva oleada de calor me atravesara el cuerpo.
Debería haber comprendido de inmediato que el hombre que tenía delante no era mi esposo.
Sin embargo, mi mente ya no funcionaba con claridad.
La semilla de la fertilidad se había apoderado de mi cuerpo y, después de todo lo que Maelor me había hecho sufrir aquella noche, lo único en lo que podía pensar era en sentirme amada por el hombre al que llevaba cinco años suplicándole que me quisiera.
—Por favor… —volví a susurrar, apretando con más fuerza la camisa del desconocido.
Antes de que pudiera decir otra palabra, me incliné hacia él y presioné mis labios contra los suyos.
Durante un instante, permaneció inmóvil.
Entonces mis piernas cedieron.
Me sostuvo antes de que pudiera caer al suelo y me levantó en sus brazos mientras la habitación seguía dando vueltas a mi alrededor.
Apenas tenía fuerzas para mantener los ojos abiertos…
CAPÍTULO CUATROPOV de KiaraMe quedé mirando a la sanadora como si hubiera olvidado cómo respirar.—Estás embarazada.Sus palabras resonaron en mi cabeza y se negaron a desaparecer, incluso después de que la sanadora guardara silencio.Embarazada.Durante cinco años, esa había sido la palabra que tanto había rezado por escuchar.Durante cinco años, había visto a otras mujeres de la manada llevar a sus hijos en el vientre mientras yo las observaba desde la distancia. Sonreía cada vez que hablaban de sus embarazos, aunque algo dentro de mí se rompía un poco más cada vez.Había soportado los susurros, las miradas de lástima, las risas crueles y aquel apodo que me perseguía a todas partes.La Luna Estéril.Y ahora, después de tantos años, la Diosa Luna por fin había respondido a mis plegarias.Pero, en lugar de felicidad, el miedo comenzó a instalarse lentamente en mi pecho, porque sabía perfectamente cuándo había comenzado aquel embarazo.Sabía de quién era el hijo que llevaba en mi vie
CAPÍTULO TRESPOV de KiaraHabían pasado dos meses desde aquella noche que lo cambió todo.Dos meses desde que abrí los ojos en una habitación desconocida y creí, durante unos pocos minutos de pura ingenuidad, que Maelor por fin había regresado a mí.Dos meses desde que descubrí que el hombre que me había llevado en brazos hasta aquella habitación nunca había sido mi esposo.Dos meses desde que Cassian, el hombre al que todos creían muerto, regresó a la manada.Y durante esos dos meses, había hecho todo lo posible por evitarlo.Cada vez que me enteraba de que Cassian estaba en la residencia principal, buscaba una excusa para quedarme en mi habitación.Cada vez que lo veía a lo lejos, cambiaba de dirección antes de que pudiera notarme. Y cada vez que escuchaba su voz cerca de mí, el corazón comenzaba a latirme con tanta fuerza que tenía que recordarme a mí misma cómo respirar.No sabía qué me asustaba más: haber pasado aquella noche con el hermanastro de Maelor o ser incapaz de olvidar
CAPÍTULO DOSPOV de KiaraDesperté lentamente. Abrí los ojos y contemplé el techo desconocido que tenía sobre mí, mientras la suave luz del sol se filtraba por las cortinas. Intenté comprender dónde estaba y por qué sentía el cuerpo tan débil.Durante unos momentos, mi mente se quedó completamente en blanco.Entonces, los recuerdos de la noche anterior comenzaron a regresar.Era nuestro quinto aniversario de bodas.Recordé haber preparado la cena para Maelor y haberlo esperado con el corazón lleno de esperanza. Sin embargo, él había regresado con Elyra, me había humillado delante de ella y después se había marchado con ella, dejándome sola.Recordé haber tomado la semilla de la fertilidad y el extraño calor que se había extendido por todo mi cuerpo.Después, recordé que alguien me había llevado a su habitación.¡Maelor! Había regresado a mí. ¡Por fin habíamos estado juntos la noche anterior!La semilla de la fertilidad funcionaría. ¡Ahora sí podría quedar embarazada y tener un bebé!U
CAPÍTULO UNOKIARAColoqué con cuidado el último plato sobre la mesa del comedor y retrocedí unos pasos para contemplar todo lo que había preparado. Me aseguré de que cada detalle estuviera en su sitio, porque aquella noche no era una noche cualquiera para mí.Era nuestro quinto aniversario de bodas.Habían pasado cinco años desde que me convertí en la esposa de Maelor, cinco años desde que la Diosa Luna me concedió al hombre que una vez creí que me amaría más que a nadie en el mundo y cinco años intentando convencerme de que su frialdad era solo algo pasajero.Miré la mesa y esbocé una pequeña sonrisa.Las velas ardían suavemente, la comida aún estaba caliente y no faltaba ninguno de los platos favoritos de Maelor. Había preparado sus comidas preferidas, comprado su vino favorito e incluso colocado un pequeño regalo junto a su plato.Por una noche, quería olvidarme de todo lo que había sufrido durante aquellos cinco años.Quería creer que nuestro matrimonio todavía podía salvarse.Ll












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