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Capítulo treinta. Reproches

last update Data de publicação: 2026-05-31 07:59:04

Jake

Mantengo la sonrisa congelada en la cara mientras el fotógrafo dispara la última ráfaga de flashes. Siento la luz blanca quemándome las pupilas, pero el verdadero fuego lo tengo por dentro, subiéndome por el cuello, asfixiándome. En cuanto el entrevistador estrecha mi mano y nos agradece la «exclusiva del año», el aire me falta. Donna se levanta de la silla con la elegancia de una reina, despidiéndose con un gesto sutil antes de girar sobre sus talones y caminar de regreso al pasillo de la
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  • Casada con el Enemigo. Guerra de CEO's    Capítulo ciento treinta y cuatro. Votos en Manhattan y un nuevo hogar

    El bullicio de Nueva York contrasta enormemente con la paz del rancho, pero la elegancia de la ocasión viste a la ciudad con una luz distinta. La catedral en Manhattan está adornada con arreglos florales de rosas blancas y eucalipto. El murmullo de los invitados de la alta sociedad llena el recinto hasta que el órgano principal comienza a resonar con fuerza.Al pie del altar, Roland luce imponente. Su porte erguido, su traje de etiqueta a medida y la serenidad de sus facciones muestran a un hombre que ha dejado atrás cualquier sombra del pasado. A su lado, Mark Connelly actúa como su padrino con una sonrisa de orgullo indiscutible.Las puertas principales se abren y el silencio cae sobre la iglesia. Sarah avanza por el pasillo central del brazo de su hermano George. Viste un vestido de novia de encaje delicado, sobrio y de una elegancia atemporal. A los lados, la familia ocupa las primeras filas: Barbara secándose las lágrimas con un pañuelo de seda; Jake abrazando a Donna por la cintu

  • Casada con el Enemigo. Guerra de CEO's   Capítulo ciento treinta y tres. Una visita inesperada

    El mediodía en el rancho McKenzie trae consigo un viento fresco que despeja finalmente la bruma de la noche anterior. En el porche, los parches de hielo han sido reemplazados por tazas de té reparador de la abuela Maeve. George, ya recuperado y con su sombrero bien calado, se encuentra al pie de la escalera revisando una de las sillas de montar, cuando el sonido de un motor interrumpe la paz del valle.Un todoterreno de alquiler, algo polvoriento por el camino de tierra, se detiene frente a la casona. De la puerta del conductor desciende Rebeka Warner. Luce una camiseta blanca sencilla, vaqueros cómodos y la misma chaqueta de cuero de la noche anterior. Su piel canela resplandece bajo el sol del mediodía y sus rizos oscuros se mueven con la brisa como si tuviesen vida propia.George se detiene en seco. Los ojos de un verde extraño, ese tono impreciso entre verde y miel que cambia según la luz, se fijan en ella con sorpresa y un chispazo inevitable de alegría.—Vaya... así que el vaque

  • Casada con el Enemigo. Guerra de CEO's   Capítulo ciento treinta y dos. Resaca

    El sol de la mañana entra sin piedad por las amplias ventanas de la casona del rancho, golpeando la cocina con una luz brillante que parece una tortura para los supervivientes de la noche anterior. El silencio de la madrugada ha sido reemplazado por el sonido tenue de platos y el goteo constante de la cafetera.Jake es el primero en aparecer en la cocina. Avanza a pasos lentos, como si el suelo estuviera moviéndose con intención de tirarlo, viste un pantalón de pijama y una camiseta gris al revés. Lleva una mano pegada a la frente y la otra extendida en busca de apoyo.—Por favor... díganme que aun no amanece por favor —gime Jake dejándose caer en una de las sillas del comedor de diario con un gruñido dramático.Donna sale de la despensa cargando una jarra de jugo de naranja fresco y una bolsa de hielo envuelta en un paño de cocina. Se detiene a mirarlo con los brazos en la jarra y una sonrisa burlona que no intenta ocultar para nada.—Buenos días, mi valiente vaquero de la gran ciuda

  • Casada con el Enemigo. Guerra de CEO's   Capítulo ciento treinta y uno. Entre whisky y verdades, también hay sorpresas

    El bar del pueblo no ha cambiado un solo listón de madera en los últimos treinta años. El olor a serrín, cerveza derramada y cuero viejo envuelve el ambiente mientras la música de una viga de madera cruje bajo los pasos de los parroquianos. Lejos del mármol, las corbatas italianas y las juntas directivas de Manhattan, seis hombres se acomodan alrededor de una mesa redonda de roble desgastado, luciendo camisas abiertas y la actitud de quien finalmente ha soltado una pesada armadura.Jonatan mira con cierta reserva el vaso de vidrio grueso que el tabernero acaba de poner frente a él, lleno de un líquido ámbar sospechosamente oscuro.—¿Esto es whisky o disolvente de pintura, George? —pregunta Jonatan arrugando la nariz mientras lo huele.—Es whisky de la casa, doctor. Cien por ciento artesanal —se ríe George, dando un buen trago sin pestañear—. Aquí no hay etiquetas doradas ni vasos de cristal tallado. Te lo tomas y agradeces que te queme la garganta, porque para eso se viene a un bar de

  • Casada con el Enemigo. Guerra de CEO's   Capítulo ciento treinta. Una familia agradecida de estar unida

    El olor a estofado casero, pan recién horneado y especias llena cada rincón de la casona del rancho McKenzie. La enorme mesa de madera del comedor, que normalmente alcanza para la familia, hoy ha sido extendida con caballetes e improvisada con manteles largos para acomodar a todos. Las risas y el murmullo de conversaciones cruzadas resuenan contra las paredes, creando una atmósfera de calidez que hace olvidar cualquier amargura del pasado.Jake Connelly se encuentra al pie de la mesa, sirviendo vino en las copas de los adultos mientras Donna, a su lado, termina de acomodar los cubiertos con una sonrisa radiante. Donna viste una blusa holgada y el cabello recogido de forma desenfadada, luciendo esa belleza serena que a Jake todavía le quita el aliento.—Míralos a todos, Jake —susurra Donna rozando su hombro con el de su esposo—. Hace unos meses estábamos al borde del colapso, y hoy el comedor parece una fiesta de pueblo.Jake la toma por la cintura, pegándola suavemente a él y dándole

  • Casada con el Enemigo. Guerra de CEO's   Capítulo ciento veintinueve. Sobreprotección

    El amplio salón de la residencia Morrison-Connely en Nueva York parece un campo de golf considerando que Jonathan se traslada de un lado a otro sin poder contenerse ya que se rehúsa de manera soberbia a permitirle a Vera viajar en el Jet privado de la familia. Ella se encuentra sentada en uno de los cómodos sillones del salón con los brazos cruzados Vera siempre ha sido una mujer inteligente e independiente razón por la cual en este momento le es imposible aceptar que su propio esposo quien la conoce bien, la cuide como si fuese una bebita de meses de nacida.—Jonatan, por el amor de Dios, hijo. Si sigues dando vueltas vas a hacer un hoyo en el piso —comenta Frederick desde el sillón individual, ajustándose las gafas con su acostumbrada serenidad.—¡Es que no entiendo por qué tenemos que subirnos a un avión justo ahora! —exclama, deteniéndose en seco y señalando a su esposa como si fuera de porcelana fina—. Vera está recién embarazada. ¿Tienen idea de lo que la presión de un avión o e

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