LOGINBeatrice con discreción, dejó la taza de té sobre la mesa auxiliar y se puso de pie.
—Creo que ya he hecho mi trabajo por hoy. — Emily la observó con sorpresa. —¿Se va? — la anciana sonrió con cariño. —Si, vosotros dos tenéis mucho de que hablar. — Alex alzó una ceja. —Abuela... —No pongas esa cara, no voy a esconderme detrás de la puerta para escuchar. — Emily no pudo evitar sonreír. Beatrice caminó hacía la salida, pero antes de abandonar la biblioteca volvió la cabeza. —Os mandaré café. —y desapareció. La puerta de cerró con un suave clic, el silencio volvió a adueñarse de la estancia. Emily bajó la mirada, nunca se había sentido tan nerviosa. Estaba sola con un hombre al que apenas acababa de conocer. Alex... rompió el silencio. —Parece que nos ha tendido una trampa. — Emily dejó escapar una pequeña risa. —Creo que si. —Y sospecho que lleva días planeándolo. — ella asintió. —No me sorprendería. —volvió a hacerse el silencio. Está vez ninguno de los dos parecía saber cómo continuar la conversación, fue Alexander que habló primero. —Imagino que mi abuela ya le explicó todo. — Emily levantó la vida. —Si. —Y aún así a aceptó. — ella respiró hondo. —Si. — Alexander la observó durante unos segundos. Había esperado encontrar dudas, interés, ambición... pero no encontraba nada de eso en su expresión. Sólo sinceridad. —¿Puedo hacerte una pregunta? —Claro. —¿Por qué? — Emily tardó unos segundos en responder. Caminó despacio hasta el enorme ventanal y contempló los jardines. —Porque vi a una abuela preocupada por su nieto. — él permaneció en silencio. —Y porque no me gustó pensar que alguien pudiera aprovecharse de usted, cuando más vulnerable está. —Aquellas palabras consiguieron sorprenderle, no dijo nada, simplemente la observó y la joven se giró lentamente. —No lo hago por dinero, señor Whitmore. — él apenas sonrió. —Llámame Alexander. — ella dudó unos instantes. —Solo si usted me llama Emily. —Hecho. Por primera vez desde que comenzaron a hablar, ambos sonrieron al mismo tiempo. Alexander apoyó los brazos sobre los reposabrazos de la silla. —Entonces, Emily... creo que deberíamos hablar de las condiciones de este matrimonio. — ella volvió volvió a sentarse frente a él. —También lo creo. — él tomó aire lentamente. Era abogado, los negocios eran parte de su vida. Pero aquella conversación, era completamente distinta. —Lo primero... — la miró directamente a los ojos. —Quiero que sepa que jamás la obligaré a hacer algo que no quiera. — Emily sintió que una parte de la tensión, desaparecía. —Gracias. —Nuestro matrimonio es de mutuo respeto. — ella asintió. —Eso también quiero yo. —No permitiré que nadie la falte el respeto por llevar mi apellido. Ni mi familia, ni mis socios, absolutamente nadie. — Emily sostuvo su mirada. Había firmeza en aquellas palabras, no parecía una promesa vacía... él realmente pensaba protegerla. —Yo tampoco permitiré que nadie intente aprovecharse de tí. — Alex sonrió. —Parece que ya tenemos nuestra primera regla. — ella asintió —Respeto mutuo. —Exacto. — Alex hizo una pequeña pausa antes de continuar. —La segunda. — carraspeó ligeramente. —Para que nuestro matrimonio resulte creíble, tendremos que compartir habitación. — Emily abrió sus ojos, Alex levantó la mano. —No me mal intérprete, jamás cruzaré un limite que tú no quieras cruzar. — Ella soltó el aire delicadamente. —Si algún día desea que duerma en otra habitación, lo haré. Pero mientras intentemos convencer a mí familia. Lo lógico será compartir habitación. — Emily asintió. —Tienes razón. Si vamos a fingir un matrimonio, debemos parecer un matrimonio. — Alexander quedó sorprendido por la naturalidad con la que lo había entendido. —Gracias. — Ella sonrió. —Aunque te advierto una cosa. —¿Cuál? —Roncando no soy precisamente elegante. — él soltó una pequeña carcajada. —Eso habrá que averiguarlo. — los dos volvieron a reír y la tensión empezaba a desaparecer. —Hay algo más. — su expresión volvió a ponerse seria. —Mi padre, mi madre y mi primo Lucas no pueden enterarse de la razón de este matrimonio. — la joven frunció el ceño. —¿Y qué diremos? —Que nos conocimos hace años y que manteníamos nuestra relación en secreto, que nos casamos sin hacerlo público. — Ella asintió. —Bueno, así evitarán sospecha. —Exacto... —¿Tú abuela? —Ella confirmará la historia. — Emily permaneció pensativa. —Habrá que aprender muchas cosas el uno del otro. — Alex alzó la ceja. —¿Cómo cuáles? —Comida favorita, color favorito, música, que le gusta desayunar, que es lo que detesta. No sé, cosas para que sea creíble que nos conocemos desde hace años — Alex sonrió. —Tienes razón. Si hacen preguntas, debemos responder sin dudar. —Será como un examen. —Con la única diferencia de qué, si suspendemos... mi familia intentará destruirnos. — ella dejó de sonreír. Aquello no era ninguna broma, él tenía razón. —Y ahora, quiero saber sus condiciones. — Emily negó con la cabeza. —No tengo muchas. —Dígalas igualmente. — ella bajó la mirada unos segundos. —Quiero seguir trabajando. — Alex la observó sorprendido. —¿Seguir en el restaurante? —Si. Ese trabajo me gusta, me hace sentirme útil. Además, es parte de mi vida, no quiero dejar de ser quién soy solo por estar casada contigo. — él no tardó en responder. —Puedes trabajar el tiempo que quieras. — ella asintió. —Gracias. —¿Algo más? — ella respiró hondo. —No quiero coches de lujo, ni joyas, ni tarjeta de crédito ni ningún capricho. — Alex la observaba, cada vez con más curiosidad. Era la primera vez que alguien rechazaba todas aquellas cosas antes incluso de tenerlas. —Solo quiero pedir una cosa. —Lo que sea. — Emily sintió un nudo en su garganta. —Mi madre necesita una medicación muy cara, llevo meses haciendo esfuerzos para poder comprarlas. — bajó la mirada. —Si acepta el pago del tratamiento... yo no acepto absolutamente nada más. —el silencio inundó el despacho. Alex permaneció inmóvil, aquella mujer acababa de rechazar una fortuna y lo único que pedía a cambio era que su madre pudiera seguir tratándose. Sin darse cuenta... la admiración que sentía por Emily acababa de crecer más. —Comsidelo hecho. — Emily levantó la vista. —¿De verdad? — Alex asintió con firmeza. —Desde hoy, las medicinas de su madre dejarán de ser su problema. —los ojos de Emily comenzaron a humedecerse. —Gracias, Alex. Él sostuvo su mirada unos segundos y, por primera vez desde el accidente, sintió que quizá aquel matrimonio no iba a ser únicamente un acuerdo. Quizá el destino, acababa de sentar frente a él a la persona que más necesitaba sin saberlo.Emily se despertó cuando escuchó el sonido de una notificación.Al principio pensó que procedía de su teléfono, pero, cuando abrió los ojos, descubrió que la habitación seguía a oscuras y que el ruido provenía del otro lado de la cama.Alexander estaba despierto.Sentado en su silla de ruedas, frente a la ventana, sostenía el teléfono entre las manos. La luz de la pantalla iluminaba parcialmente su rostro, y había algo en su expresión que hizo que Emily se incorporara de inmediato.No parecía enfadado.Parecía peligroso.—Alexander. —No respondió. —Alexander —repitió ella, esta vez un poco más alto.Él giró la cabeza hacia ella.—¿Qué haces despierta? —Emily miró el reloj de la mesilla.Las cuatro y diecisiete de la madrugada.—Podría preguntarte lo mismo.—Vuelve a dormir, Emily. —Ella frunció el ceño.—¿Ha ocurrido algo?—No. —Su respuesta fue demasiado rápida.Emily apartó las sábanas y se sentó en el borde de la cama.—No me mientas. —Alexander dejó el teléfono sobre sus piernas y
La tarde había caído sobre la mansión cuando Emily cerró lentamente el libro que Alexander le había prestado.Llevaba varias horas en la biblioteca. Había intentado concentrarse en la lectura, pero su mente volvía una y otra vez a la conversación de aquella mañana. A la forma en que Alexander había decidido cancelar una reunión para desayunar con ella. A sus palabras. «Entonces tendrás mi tiempo».Era extraño.Su matrimonio había comenzado con un contrato, con condiciones y obligaciones que ninguno de los dos había elegido realmente. Sin embargo, durante los últimos días, algo estaba cambiando.Muy despacio.Emily dejó el libro sobre la mesa y se levantó del sillón. Salió de la biblioteca y recorrió el pasillo hasta llegar a la zona privada de la casa.Al pasar frente al despacho de Alexander, escuchó voces.Se detuvo.—No me interesa lo que piensen —dijo Alexander desde el interior.Emily reconoció inmediatamente su voz.—Señor Whitmore, estamos intentando averiguar quién está detrás
La mañana siguienteLa luz de la mañana comenzó a entrar lentamente por los grandes ventanales.Emily abrió los ojos.Durante unos segundos permaneció completamente inmóvil, todavía atrapada entre el sueño y la realidad.Entonces recordó dónde estaba, giró ligeramente la cabeza. Alexander seguía dormido al otro lado de la cama. Emily lo observó en silencio.Sin aquella expresión seria que llevaba prácticamente todo el día, sin las conversaciones de negocios ni las miradas calculadoras. Parecía diferente, más tranquilo. Emily sonrió ligeramente, hasta que se dio cuenta de que llevaba varios segundos observándolo. Apartó rápidamente la mirada.¿Qué estaba haciendo?Se incorporó con cuidado para no despertarlo, pero justo cuando iba a levantarse, escuchó su voz.—¿Llevas mucho tiempo mirándome? —Emily se quedó inmóvil y Alexander abrió los ojos lentamente.—Yo no estaba mirándote. — se defendió —Claro. — habló con sarcasmo.—Estaba...—¿Comprobando si seguía vivo —Emily lo miró.—Exacta
La última de las visitas abandonó la mansión poco después de la madrugada.La música había dejado de sonar.Las conversaciones se habían apagado poco a poco y, finalmente, el enorme jardín que durante horas había estado lleno de invitados quedó prácticamente vacío.Emily permaneció unos segundos junto a una de las ventanas del salón, observando cómo los últimos coches desaparecían por el camino de entrada.La boda había terminado.Su boda.Durante todo el día había escuchado aquella palabra tantas veces que comenzaba a perder su significado.Esposa.Señora Whitmore.Mujer de Alexander.Todavía le resultaba extraño.—¿Cansada? —La voz de Alexander hizo que se girara.Él se encontraba detrás de ella, en su silla de ruedas, vestido todavía con el traje que había llevado durante la celebración.Emily sonrió ligeramente.—Un poco.—Ha sido un día largo.—Demasiado largo. —Alexander soltó una pequeña sonrisa. —Entonces deberías descansar. —Emily lo miró durante unos segundos.—¿Y tú?—Tambi
La celebración continuó durante la siguiente hora.Emily seguía junto a Alexander, escuchando las conversaciones de los invitados mientras intentaba acostumbrarse a aquella nueva realidad.Era su esposa.Todavía le resultaba extraño pensarlo.Cada vez que alguien se acercaba para felicitarla, Emily sonreía y agradecía las palabras, pero por dentro seguía sintiendo que estaba viviendo la vida de otra persona.Hasta que escuchó una voz masculina detrás de ellos.—Así que finalmente lo has hecho. —Alexander levantó la mirada y una sonrisa apareció en su rostro.—Sabía que vendrías. —Emily giró la cabeza.Frente a ellos había cinco hombres.Los cinco vestían trajes elegantes y tenían ese aire de seguridad propio de personas acostumbradas a entrar en cualquier lugar sin necesitar permiso.El primero, de cabello castaño oscuro y ojos grises, tenía una expresión divertida.—¿Cómo iba a perderme la boda del hombre que juró durante años que jamás se casaría? —Alexander negó con la cabeza.—Oli
El día de la boda había llegado, antes de que Emily estuviera preparada para afrontarlo.Durante unas semanas, todo había sucedido demasiado rápido. El contrato, la convivencia, las cenas familiares, la discusiones, las amenazas y sobre todo, Alexander.Ahora estaba frente al espejo de su habitación, observando su reflejo y una mujer terminaba se ajustar los últimos detalles del vestido.Llevaba un vestido blanco de corte elegante, sencillo, pero hermoso. No era excesivamente llamativo, pero se ajustaba perfectamente a su figura. Su cabello oscuro caía en suaves ondas sobre sus hombros.Se miró durante unos segundos, aquella mujer que veía en el espejo parecía otra.-Estas preciosa. - Emily giró su cabeza y vio a su madre.Su madre había llegado aquella mañana a Londres y, desde que había entrado en la habitación, no había dejado de emocionarse.Laura se acercó a su hija y tomó las manos de la joven.-No puedo creer que no niña vaya a casarse. - Emily sonrió.-Mamá...-Déjame disfruta







